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Camps y la importancia de guardar el ticket de compra

Martes, Marzo 17th, 2009

ticket-de-compra2Una de las causas por las que Emilio Pérez Touriño no es presidente de la Xunta es su empeño en no contestar a las acusaciones del PP sobre el despilfarro en la decoración de su despacho y en su Audi blindado. “Siguiente pregunta”, contestaba cuando se le preguntaba por la cuestión. Pese que él insistía en que esa actitud respondía a su decisión de no convertir la campaña en un “lodazal”, la impresión que quedaba es que no rebatía las acusaciones y que no aportaba pruebas de que esas acusaciones eran falsas. Las explicaciones que da ahora no sirven para nada.

Viene esto a cuento de la actitud que mantiene el presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, en torno a la compra de sus trajes. Insiste Camps en que el se paga sus trajes, pero elude rebatir con argumentos y, sobre todo, no rebate esas acusaciones con pruebas. Si Camps tiene la factura de los trajes que compra, como las tiene cualquiera que compre cualquier cosa, no tendría más que presentarla y el asunto estaría concluido. Dice ahora que pagó en metálico, pero incluso cuando se paga en metálico le dan a uno un ticket, entre otras cosas por si quiere devolver el producto. Y si Camps ha extraviado ese ticket o lo ha tirado, la solución sería tan sencilla como llamar a la tienda y pedir que le hagan un duplicado de la factura. Todo el mundo, yo mismo incluido, ha hecho eso alguna vez. La empresa estaría obligada a entregarle ese duplicado, al margen de que el asunto se encuentre o no bajo investigación judicial. Si Camps presenta ese ticket y la factura se publica en los medios, se habrían acabado sus problemas. Si no lo hace, y ya está tardando demasiado, todo indica que sus problemas no van a parar de crecer en los próximos días.

¿Puede alguien gastarse 30.000 euros en Milano?

Jueves, Febrero 19th, 2009

La noticia sobre la presunta implicación del presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, en la trama de corrupción que investiga el juez Garzón me ha dejado atónito. Y no es que tenga yo especial confianza en la honradez de Camps, al que no tengo el gusto de conocer. Lo que me resulta incomprensible es cómo nadie puede gastarse 30.000 euros en trajes de la cadena Milano, independientemente de que sea él o su sobornador quien abone la factura.

Quienes no disfrutamos de posibles somos asiduos de Milano. Y sabemos por ello que sus trajes, de correcta y aseada factura, pueden adquirirse por precios muy razonables que en rara ocasión superan los 300 euros. De modo que sí. Antes de que nadie intente implicarme en la trama, confieso que mi único traje, el que utilizo sólo cuando entrevisto a algún personaje de relumbrón o asisto a uno de esos insípidos desayunos informativos en los lujosos salones del Ritz que tan de moda se han puesto en Madrid, es de Milano.

En el caso del señor Camps, estaríamos hablando de que para completar una  factura de 30.000 euros en Milano debería haberse encargado un mínimo de 100 trajes, lo cual parece excesivo incluso para alguien tan preocupado por su aspecto como el señor Camps. Tanto él como su acérrimo enemigo valenciano Eduardo Zaplana tienen fama de ir siempre impecables. Y los ternos que gastan les sientan tan bien que hay quien dice que se los planchan una vez que los tienen puestos. Pero ninguno de los trajes que lucen públicamente tienen pinta de haber sido comprados precisamente en las rebajas de Milano.

Resulta sorprendente por otra parte que todo un presidente de comunidad autónoma y hasta hace poco principal candidato a suceder a Rajoy se deje sobornar por unos trajes de baratillo en una trama en la que El Bigotes y El Gomina hablan con descaro de jugosas   comisiones sobre negocios de miles de millones para personajes tan insignificantes como el ex alcalde de Boadilla del Monte, alias El Albondiguilla. Pero en fin, habrá que esperar a ver cómo queda todo esto para saber si debemos renovar nuestro gastado paño confiando de nuevo en Milano o tendremos que rendirnos ya a las irresistibles ofertas de la cadena sueca H&M. Atentos.

ojd