De la Vega se va, Jordi Sevilla conspira y los Pepes se disputan la sucesión de Zapatero
Miércoles, Marzo 17th, 2010
Dice el ex ministro Jordi Sevilla que María Teresa Fernámdez de la Vega se va. Que lo dice todo el mundo y, lo que es más importante, que también lo dice ella. La decadencia politica de la vicepresidenta es una evidencia que hasta ahora nadie se había atrevido a señalar de manera pública en el PSOE. Bien es verdad que a Jordi Sevilla se le nota que la herida que le dejó Zapatero al decirle adiós con un portazo todavía le sangra. De hecho, en la misma entrevista en Vanity Fair -cómo les gusta a los dirigentes del PSOE esta revista- Sevilla se queja de que el presidente castiga a quienes caen en desgracia con el látigo de su indiferencia. Siempre será mejor la indiferencia que la venganza o la persecución política. Y dice también Sevilla, más suelto por lo que se ve desde su despacho en Price Waterhouse Coopers de lo que estaba en su abandonado escaño, que para la sucesión de Zapatero en el PSOE sólo hay dos candidatos: Pepe Blanco y Pepe Bono. Así que ya saben. El futuro es un Gobierno con más Salgado y menos De la Vega y un duelo al sol en el PSOE entre “los Pepes”. Por cierto, ¿qué hacía el muy liberal Jordi Sevilla el pasado martes en una mesa del Hotel Santo Mauro de Madrid conspirando con el muy rojo alcalde de Getafe y presidente de la FEMP Pedro Castro? ¿Le estaba enseñando economía en dos tardes como a Zapatero? ¿O es que los dos extremos del PSOE empiezan a repartirse el futuro del partido?
Resulta absolutamente incomprensible el empecinamiento de Rosa Díez en no pedir disculpas a quien se haya podido sentir ofendido con su desafortunado comentario, en el que dijo que Zapatero podría ser gallego “en el sentido más peyorativo del término” y a Mariano Rajoy lo definió simplemente como “gallego”. Más allá de la evidente torpeza intelectual que refleja el comentario, la diputada de UPyD ha tenido sobradas oportunidades de enmendar, corregir o pedir disculpas a quienes ha ofendido. Pero se niega sistematicamente a hacerlo.
El Gobierno y la Xunta llevan más de catorce horas de reunión durante esta semana para intentar un acuerdo en torno a la ley gallega de cajas, que se sumarán a otras siete como mínimo el próximo martes. Pueden parecer muchas, pero no son tantas si se tiene en cuenta que el objetivo es nada menos que evitar sea el Tribunal Constitucional, no el Gobierno ni la Xunta, quien termine por decidir cuál es el futuro de las cajas gallegas y la perspectiva de todo el sistema financiero de Galicia. Podrán dilatar la negociación todo lo que quieran, pero Gobierno y Xunta saben que están condenados a llegar a un acuerdo. Ni los gallegos ni Galicia les perdonarían a ninguno de los dos que no alcanzasen el pacto.
El primer síntoma de deterioro de un Gobierno es siempre la división interna y la consecuente crisis de liderazgo de su presidente. El varapalo al que los mercados están sometiendo al Ejecutivo español parece haber conseguido que se produzca esa divergencia, que no habían logrado los durísimos ataques de la oposición, los malos augurios de los sondeos ni las críticas de los medios hostiles. En el Gobierno parece haber ya dos bandos antagónicos. Por una parte, y con la vicepresidenta económica Salgado y el ministro de Trabajo Celestino Corbacho a la cabeza, quienes piensan que la situación económica es muy alarmante y que por ello es necesario olvidar el discurso de un gasto social y un mercado laboral intocables. Por otra, y con José Blanco, Chaves y el propio Zapatero como abanderados, quienes consideran que en plena crisis el Ejecutivo puede seguir abanderando en España y en Europa un discurso social a la contra de lo que dictan los mercados, convirtiéndose así en el adalid de los más castigados. Al margen de quién de los dos tenga razón, si esa disyuntiva persiste e incluso se agrava, la unidad del Gobierno tiene los días contados y una ruptura sería la antesala de una crisis en el PSOE de inciertas consecuencias. El episodio se ha repetido históricamente con otros gobiernos de distinto signo.
Cuatro fracasos consecutivos en sus únicas cuatro ediciones deberían bastar para que Gobierno y oposición se replantearan la necesidad de celebrar una Conferencia de Presidentes Autonómicos. Las expectativas depositadas en esta cumbre no podían ser más bajas, vistos los precedentes. Pero ayer se superaron todas las previsiones a la baja. PSOE y PP, Gobierno y oposición, echaron mano de las más bajas artes de la política para sumir a un instrumento que debería ser un canal de entedimiento entre comunidades en el más absoluto de los descréditos. Fueron en realidad doce horas del juego de los tramposos.