Artículo publicado en La Voz de Galicia 09/02/2012
El futuro del PSOE ¿en manos de perdedores?
La verdadera medida de la falta de proyecto y la confusión política en la que se encuentra sumido el PSOE no la da el hecho de que haya puesto su futuro en manos de quien le ha brindado la mayor derrota electoral de su historia. A fin de cuentas, a los delegados reunidos en Sevilla no les quedaba otra opción. Decidieron prolongar artificialmente la agonía del paciente, antes que hacerse directamente el harakiri, que no otra cosa habría supuesto la victoria de Carme o Carmen Chacón, cuyos méritos para aspirar al cargo continúan siendo un arcano, incluso para muchos de los que la han votado. Eligiendo a Rubalcaba, el PSOE no hace otra cosa que ganar tiempo. Pero bien puede decirse que esos 22 compromisarios que optaron finalmente por blindar el partido apostando por lo viejo conocido antes que por jugar a la ruleta rusa con el discurso impostado y de diseño de la aspirante son los que han salvado al PSOE de caer en el abismo.
Lo que ilustra verdaderamente la situación de abatimiento del partido, decimos, es el hecho de que, después de haberse dejado más de cuatro millones de votos en las pasadas elecciones generales, no haya habido un solo militante dispuesto a disputarle el liderazgo a dos de los máximos responsables de la catástrofe. Que la única opción haya sido escoger entre dos destacados miembros de un Gobierno que, además de traicionar su propio programa, ha sido sin duda el peor de la democracia, dice muy poco en favor de quienes en el partido reclaman públicamente la necesidad de renovar el proyecto.
Lo ocurrido es especialmente deprimente si se tiene en cuenta que cualquiera que se hubiera atrevido a dar el paso dejando claro su distanciamiento radical respecto a lo que se ha hecho en los últimos años probablemente no habría ganado, pero tenía garantizado un resultado digno que obligaría a tenerlo en cuenta como contrapoder a la nueva dirección. Tras semejante renuncia, ahora la única oposición interna a Rubalcaba está abanderada por una dirigente que en realidad no representa a casi nadie. Es decir, que Rubalcaba tiene manos libres para hacer y deshacer. Solo así se entiende que haya podido formar una ejecutiva que tiene el sorprendente mérito de ser incluso peor que la anterior. Kilo por kilo, la nueva cúpula de Ferraz es bastante más floja y gris que la última de Zapatero, como si se tratara de una alineación de circunstancias, a la espera de que salgan los titulares. Todo en este nuevo PSOE da imagen de provisionalidad. De transición. Pero incluso aunque tenga ya la vista puesta en su futuro relevo, Rubalcaba envía síntomas alarmantes. El primero es que elija presidente a un político como Griñán, que dentro de un mes puede ser un cadáver político tras perder Andalucía. El segundo es que su gran apuesta sea Patxi López, que pronto dejará de ser lendakari. El futuro del PSOE quedaría así en manos de tres perdedores
D on Manuel, Felipe, Adolfo. Cuando para identificar a un político basta decir su nombre, es que ha dejado verdadera huella. En España hay 1.377.856 personas que llevan el nombre de Manuel. Pero cuando uno dice don Manuel, todos los españoles saben que se está hablando de Fraga. Usted dice, por ejemplo, José María o José Luis y nadie sabe que se está refiriendo a Aznar o a Zapatero. Para admiradores y detractores, Fraga es una parte crucial de la historia de España.
Los españoles que nacieron en el 39 han convivido más tiempo con Fraga en en el poder o en la oposición que con el propio Franco. La comparación es pertinente, porque la muerte de Fraga supone precisamente la desaparición del último político de primer nivel en activo que constituía un nexo entre el régimen de Franco y la democracia. El expresidente gallego encarna de manera personal, y mejor que nadie, lo que supuso la transición, que, como dijo uno de sus principales artífices, Torcuato Fernández Miranda, se hizo «de la ley a la ley a través de la ley».
Quiere eso decir que quienes hemos criticado en algunas ocasiones a Manuel Fraga por su procedencia del régimen franquista como si eso lo invalidara para ejercer la política en democracia, nos estamos criticando en realidad a nosotros mismos. Porque hay que reconocer que si Fraga no rompió nunca con el franquismo, sino que evolucionó desde él a la democracia, la mayoría de los españoles y todos los partidos mayoritarios renunciaron también a la ruptura con el régimen y optaron por la reforma.
Pero precisamente por ello, la muerte de Fraga debe constituir un punto de inflexión. Si él era el último eslabón político entre el franquismo y la democracia, su desaparición simboliza también el fin del posfranquismo. Uno de sus mayores méritos fue precisamente el de agrupar en un partido democrático a la inmensa mayoría de los franquistas, dejando así en mera anécdota para sorpresa de muchos a la ultraderecha en España, al contrario de lo que ocurre en casi todos los países europeos. Algo que hasta sus detractores deben agradecerle.
La última vez que entrevisté a Manuel Fraga, hace dos años, el viejo león de Vilalba se encontraba ya muy debilitado, pero seguía rugiendo como siempre. Era la época en la que se destapaba la conexión gallega de la trama Gürtel, a través de Pablo Crespo, que fue secretario de Organización de los populares gallegos. La Voz de Galicia quiso conocer de primera mano la versión de Fraga sobre todo aquello. Y, aunque el asunto no le hacía la más mínima gracia, Fraga no escurrió el bulto.
Me recibió en su despacho del Senado con decenas de periódicos sobre la mesa con informaciones sobre el caso debidamente subrayas y con anotaciones en los escasos blancos del papel. Sabía muy bien cual era el objeto de la entrevista y se había preparado para ello. Admitió entonces que cuando conoció las irregularidades en las que había incurrido Crespo ni él ni el resto de dirigentes del PPdeG denunciaron los hechos para “no dar un escándalo”. Pero, expeditivo como siempre, añadió que lo que hizo fue “darle una patada en el trasero” al que luego se convirtió en el número dos de Francisco Correa.
Con cara seria pero con total corrección y máximo detalle, Fraga fue contestando una a una a todas mis preguntas, en las que me interesaba por los pormenores del caso. Hasta que, a la vigésima cuestión, levantó la cabeza y me dijo con una mirada que más que enfado demostraba tristeza por lo que estaba sucediendo: “parece usted un fiscal”. Tuve que explicarle que mi único interés era que diera su versión sobre las afirmaciones de Crespo y del resto de implicados en la trama, que trataban de implicarlo de manera indirecta.
“Lo que ocurrió con Crespo no fue mi mejor momento, desde luego”, acabó por admitir. Después de casi una hora de conversación, Fraga dio por concluida la entrevista como solía hacer siempre cuando consideraba que el tema no daba más de sí. “Sobre este asunto ya he dicho todo lo que tenía que decir. Y punto”. Un nuevo intento de colocar otra pregunta y la respuesta, en tono ya airado fue también la de siempre. “Le he dicho que no hay nada más que decir. Buenos días, he tenido mucho gusto en hablar con usted”. Antes de eso, lo último que me dijo es que todo este asunto no le iba a amargar los últimos años su larguísima carrera política. “No puede uno acertar siempre. Sobre todo cuando se trata de investigar cosas que uno no sospecha que sean posibles. Aunque ahora todo el mundo sabe que sí son posibles. Por desgracia”, me confesó.
Tenía entonces 87 años. Seguía acudiendo cada día a su despacho del Senado. Era el primero en llegar siempre a la Cámara Alta, según me contaron entonces varios senadores y sus ayudantes. Estaba al tanto de todo lo que ocurría en el PP. Había retomado su participación activa en la dirección de los populares. La llegada de Rajoy al liderazgo del PP le había devuelto la ilusión por sentirse útil para el partido, después del ninguneo al que le sometió Aznar. En el Senado, lejos de abandonarse al café, a la charla y a la siesta, como hacían y hacen otros senadores mucho más jóvenes que él, Fraga estaba entonces lleno de proyectos. Me enseño una torre impresionante de libros que estaba leyendo en ese momento para documentarse antes escribir una historia de la Cámara Alta. Y seguía dándole vueltas a su tesis de la Administración única, pionera en la propuesta de reducir las duplicidades administrativas que tanto dinero le cuestan al Estado. Se ha ido precisamente cuando todos han acabado por reconocer que tenía razón.
Manuel Fraga será enterrado el martes a las 17:00 en Perbes (A Coruña). La capilla ardiente se instalará en el domicilio de su hija Isabel, en la calle Fernando el Católico 86, en Madrid, el lunes a partir de las 11:00. La muerte se ha debido a una parada cardiaca como consecuencia de la afección respiratoria que arrastraba desde hace días y que hacía temer por la vida del político gallego, cuya salud se había deteriorado en los últimos meses.
El ex presidente del Gobierno, José María Aznar, tiene previsto acudir a dar el pésame a la familia en torno a las 12:00 y también está previsto que acudan Mariano Rajoy, que ha enviado un artículo a La Voz de Galicia glosando la vida del fundador del PP, y el resto de la cúpula del PP. Una decena de reporteros gráficos permanecen de guardia en el portal del domicilio de la hija de Fraga, en donde se produjo el fallecimiento. Hasta el momento, solo el ex presidente de la Junta de Castilla y León Juan José Lucas se ha acercado a dar sus condolencias a la familia. En la casa familiar se encuentran en estos momentos los servicios de la funeraria encargados de instalar la ca capilla ardiente que se abrirá por la mañana. La familia ha pedido a la prensa que se retire hasta entonces de las inmediaciones de la vivienda.
Tremendo el espectáculo en el Congreso, con un portavoz del PSOE tratando de justificar que el PSOE falseara el dato del déficit diciendo que a pesar de lo que decía el Gobierno todo el mundo sabía que no era cierto y que el déficit era en realidad mucho mayor. Es decir, nosotros mentíamos pero ustedes sabían que mentíamos. Y con un ministro de Hacienda tratando de convencernos de que el PP creía realmente que el déficit era del 6% cuando en la campaña dijeron en privado a quien quisiera escucharles que ese déficit era mucho mayor de lo que decía el Gobierno. Y cuando, además, sabían perfectamente, porque el PP gobierna en la mayoría de comunidades, que las autonomías no iban a cumplir ni de lejos su objetivo. Sabían que las gobernadas desde hace tiempo por el PP no lo harían y conocían también el estado en el que les había dejado las cuentas el PSOE en las autonomías arrebatadas a los socialistas en las últimas elecciones. Uno y otro justificado lo injustificable y mientras tanto el ciudadano pagando su falta de coraje político para decir la verdad.
La composición del Gobierno de Rajoy deja ver que, en contra de lo que asegura, el PP tiene un banquillo realmente corto. Si se excluye a los ex ministros de Aznar (Rato, Trillo, Aguirre etc) a los que lógicamente Rajoy no podía recurrir más allá de lo que lo ha hecho con Pastor, Arias Cañete y Montoro, no se encuentran en el PP dirigentes con suficiente peso político como para que su no presencia en el Gobierno constituya una sorpresa. El único que se ha quedado sin cargo es Esteban González Pons. Y el único presidente autonómico con peso como para ser ministro es Núñez Feijoo, que se descartó hace tiempo. Fuera de eso, nada. Esa falta de banquillo es la que ha permitido que los medios acertaran gran cantidad de ministros en sus quinielas. La Voz de Galicia, por ejemplo, acertó siete de los ocho ministrables por los que apostó el pasado lunes.
Rajoy fue previsible, pero menos. Aunque anunció que habría ministros sin ninguna trayectoria política, lo cierto es todos tienen una amplia carrera política, a pesar de los perfiles técnicos de algunos. Rajoy no ha querido correr riesgos en tiempos de zozobra y se ha garantizado el timón de la política y la economía nombrando como vicepresidenta única a la persona más cercana a él. Soraya Sáenz de Santamaría ha sido su principal apuesta personal desde que llegó a la presidencia del partido. Y esa apuesta se ha saldado con éxito, ya que hasta sus propios adversarios reconocen la labor desarrollada por la que ahora será número dos del Gobierno como presidenta y portavoz del Grupo Popular. Ahora, repetirá ese papel de dirección y coordinación en la mesa del Consejo de Ministros.
En el área económica, apuesta por un especialista como Luis de Guindos, que ya fue secretario de Estado de Economía con Aznar y que se ha impuesto en la pugna a Cristóbal Montoro, que será el responsable de impulsar una nueva política fiscal desde el Ministerio de Hacienda. Antes de asumir el riesgo de dejar el timón de su plan anticrisis en manos de alguien ajeno a la política que pudiera desviarse del camino de la ortodoxia total en materia de déficit y de la austeridad en la que Rajoy piensa basar toda su gestión, ha optado por políticos de confianza. Rajoy refuerza el equipo económico con otra joven de su equipo como Fátima Báñez.
El nombramiento de Ana Pastor como ministra de Fomento es una sorpresa, ya que se la situaba en otro departamento como Sanidad o Interior. Se trata de la segunda ministra de Fomento gallega consecutiva, lo que permitirá a Rajoy que José Blanco no se arrogue el impulso de la finalización del AVE a Galicia. Envía a Gallardón a un puesto complicado como el de Justicia, donde bregará con la vertiente judicial del fin de ETA, en lugar del más agradecido y sin riesgo de Defensa, que era el que ambicionaba el alcalde de Madrid para impulsar sus aspiraciones de suceder al líder del PP. En ese puesto de Defensa sitúa a Pedro Morenés, que ya fue secretario de Estado con Aznar. Paga lealtades allí donde ha podido, es decir, donde tenía amigos preparados par el puesto, caso de Ana Pastor, Jorge Fernández o José Manuel Soria, y no duda en dejar fuera a otros para los que no había acomodo y que obtendrán otros cargos. El ministerio de Sanidad es simplemente un premio a Ana Mato por su fidelidad en el partido y por hacerle la campaña que le ha llevado a la presidencia. El gran derrotado es Esteban González Pons, al que solo le cabe aspirar a la secretaría general del PP en el próximo congreso del partido.
A pesar de que por primer vez el presidente del Gobierno es gallego, Galicia pierde sillas en el Consejo de Ministros. Con Zapatero llegó a haber hasta cuatro ministro gallegos simultáneamente y ahora Pastor se queda como única representante. Aunque Pastor y Feijoo mantienen excelente relación, la reducción de carteras ha impedido que Feijoo cuente con una persona de su equipo directo en el Gobierno
Se trata de un Ejecutivo sin grandes protagonismos políticos y cuyos miembros estarán totalmente al servicio de Rajoy, sin tratar de hacer valer su propio perfil, tal vez con la excepción del alcalde de Madrid.
Está tan sobrado el PP, que se permite ya hacer bromas en los vídeos de campaña. Hoy, presentó uno en el que se juega con el equívoco de que Rajoy es un taxista que le va describiendo a una cliente todos los problemas que tiene España y las soluciones necesarias para arreglar la situación. Como todos los taxistas, vamos. Pero, al final, el misterio se desvela y se comprueba que el taxista no es Rajoy, sino un conductor que asegura que no le hace falta presentarse a las elecciones porque para eso ya está Rajoy, que piensa lo mismo que él. El tono distendido del vídeo de campaña demuestra que en Génova reina la tranquilidad después de los excelentes resultados que auguran los sondeos y de haber ganado el debate.
El propio líder popular ha mostrado ese buen humor en un encuentro con empresarios agrícolas de Canarias. Durante su discurso, ofreció numerosos datos de su vida personal, muy vinculada al archipiélago canario desde hace tiempo ya que acostumbra a pasar sus vacaciones en esta comunidad. El presidente de una cooperativa le invitó a “ampliar” el apartamento que posee en las islas para estar todavía más vinculado a esta tierra. En su respuesta, Rajoy admitió que le convendría ampliarlo porque solo tiene “60 metros cuadrados y 40 de jardín”. Pero aclaró además que ese apartamento lo compró con sus cuatro hermanos, por lo que le correspondería solo un 25%. Y, además, como está casado en régimen de gananciales, su participación se ha quedado en solo un 12,5%.
Explicó también ante numerosos empresarios de la industria del plátano canario que sus hijos comen dos piezas de esa fruta diarios desde hace años. Por último, afirmó que el ex vicepresidente de Canarias, el popular José Manuel Soria, candidato ahora a diputado y del que se habla insistentemente como ministrable, no solo es compañero de partido sino que es un “amigo”. Una circunstancia, dijo, que no tiene que darse siempre y que incluso, “no se da en muchas ocasiones”. No aclaró, en todo caso, a cuáles de sus compañeros de partido no considera amigos.
Mariano Rajoy está en este momento en su casa preparando el debate acompañado del gurú del PP, Pedro Arriola. Durante el cara a cara de esta noche llevará un traje gris y una corbata azul o roja que no se sabe si son las que le regaló el follonero en la entrevista que le hizo para el programa Salvados. Al debate en la Academia de Televisión irá acompañado de Ana Mato, González Pons, el propio Arriola, su jefa de Comunicación, Carmen Martínez Castro y su amigo Tomás Irribaren. Este último ya lo acompañó en el debate que celebró en el 2008 con Zapatero. Se trata de un amigo personal de Rajoy en el que tiene plena confianza y que le acompaña desde hace mucho tiempo en los actos importantes. En el PP se masca la tensión de cara al debate de esta noche. No tanto porque teman una derrota de Rajoy sino porque saben que es el momento culminante de la campaña. Una vez superado el trámite, los populares creen que el resto de la campaña será una alfombra roja para Rajoy.
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