Reconozco que, como a todos ustedes, la vuelta al trabajo después de las vacaciones me sitúa entre el tedio y la depresión. Y eso que a mí me encanta mi trabajo y mis condiciones laborales son excelentes. No quiero imaginar el retorno de aquellos que tienen empleos monótonos, mal remunerados y en condiciones laborales precarias. Que son la mayoría, dicho sea de paso.
Pero, con ser deprimentes todos los retornos, en mi caso este año la sensación se asemeja a la que padecía Bill Muray en la excelente película El día de la marmota, que en España se tituló de manera más explícita pero menos ingeniosa Atrapado en el tiempo. El protagonista se levantaba cada día y todos los días eran el mismo, el día de la marmota. En efecto, en lo que a la política se refiere, España y los españoles parecemos atrapados en el tiempo.
Me fui a primeros de agosto con una país a la deriva, con un Gobierno incapaz de articular medida alguna siquiera para paliar los efectos de la crisis y una oposición inútil a la hora de ofrecer alternativas y limitada a descalificar todo sin proponer nada. Vuelvo a primeros de septiembre y el país pese a todo se mueve, aunque sigue a la deriva. Y el primer gran debate parlamentario, precisamente sobre la situación económica, me deja estupefacto. La vacuidad de los razonamientos del Gobierno y de la oposición ante la mayor crisis económica de la democracia es tan grande y dura ya tanto tiempo que los ciudadanos y los medios ya ni siquiera reaccionan. Como si estuvueran sedados.
Zapatero explica en el Congreso, y lo hace sorprendentemente para justificarse, que lo que ha ocurrido es que cuando había mucho dinero, todos vivíamos bien y por tanto podíamos aportar más al Estado, lo que hizo es rebajar los impuestos en 20.000 millones de euros, con lo que las arcas del Estado se quedaron tiritando. Y que ahora que la cosa está muy dura, casi nadie llega a fin de mes y todos necesitamos ayuda, no tiene un duro y lo que va a hacer es subir los impuestos para recaudar como mínimo 15.000 millones de euros. Así. Tal cual. Y nadie dice nada.
¿Y la oposición propone algo? No. Y no sólo eso. El presidente del Gobierno ofrece al líder de la oposición repasar conjuntamente la situación económica para aportar soluciones compartidas y Rajoy, en vez de aceptar de inmediato, se pone estupendo y dice que sólo irá a La Moncloa si el Gobierno descarta por completo subir los impuestos.
Lo dicho. El día de la marmota y con los ciudadanos en plena hibernación.