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El turrón ya está en Vietnam

jueves, diciembre 18th, 2008

Son cosas de la tecnología. Uno, que no la entiende. Después de haber publicado una entrada en Global Galicia digna probablemente de un pulitzer, no se me ha ocurrido otra cosa que borrarla. Pero bueno, memoria, la inteligencia de los mediocres, no me falta, así que intentaremos repasar los puntos tratados en el anterior episodio de esta corta serie desde Vietnam.

Comentaba que este año, desgraciadamente, y al contrario que el turrón, no volveré a casa por navidad. Este año, el turrón ha venido a mí. Cosas de la globalización, ya se sabe.  

Turrón duro, blando, polvorones, yemas, almendrados,  y seguro que habrá algo de cava, que será catalán porque desde aquí los boicots se ven más como puras gilipuertadas, léase la expresión que se imaginan. Y como es tradición casi todo ese turrón acabara sus días en la alacena, hasta que ser reemplazado por una nueva remesa de jóvenes turrones, recién llegados de Occidente, en Diciembre del 2009.

Las razones para quedarse en Vietnam en tan señaladas fechas son diversas y variadas, casi todas de personales que no viene al cuento discutir, pero también claro, ¿Quien quiere volverse a un país que me dice la COPE que se está rompiendo día a día? ¿Quién quiere verse atrapado en una guerra civil que nos sorprenda durante los cuartos, justo antes de las campanadas, mientras la primera de las 12 uvas espera angustiada su triste destino?

 Pues yo no, la verdad, que los toros se ven mejor desde la barrera. Y luego la crisis, claro. Que está la cosa muy chunga. Eso sí, mal de muchos, consuelo de mileuristas, este año la crisis también para los banqueros,  que los ricos también lloran las hazañas de Don Madoff;  y en mil años todos calvos. Y claro, con esta crisis ya no está el horno para Santa Clauses y Reyes Magos. Hay que elegir: ¿La tradición de los tres magos de oriente, o la modernidad del barbudo de Coca Cola? ¿Retrasar los regalos hasta Enero, o recibirlos la semana que viene?

 Difícil elección. Como buen gallego, y para no tener que tomar partido, pues me quedo en Vietnam.

Además en Vietnam se celebra la Navidad. Y que Navidad. Consecuencia del Catolicismo que impusieron los franceses y del capitalismo galopante que inunda la República Socialista.  Los vietnamitas claro, le dan a la celebración su propia interpretación sin acomplejarse. Aquí la Navidad se toma por lo que realmente es, sin disfraces de tradición o religión. Aquí se trata de comprar y comprar cuanto más mejor. Los centros comerciales decorados tan profusamente que le sacarían los colores a Cortilandia. Renos por aquí y por allá, mezclados con nacimientos en los que la mula es un dragón y los reyes magos son, pues como tienen que ser, de Oriente. Miles de niños con trajes de Papa Noel, y niñas vestidas con alitas de ángel y cuernos de reno, quizá ejemplificando como nadie la unión de lo divino y lo pagano que representan estas fiestas, villancicos americanos a volúmenes que claramente exceden el máximo permitido, luces de colores, ofertas, rebajas,  desfiles, en fin, una locura que roza la pesadilla. Pero yo, este año, me quedo.

Vietnam y el arte

miércoles, mayo 7th, 2008

Voy a escribir hoy lo que no pude la semana pasada entera. Pero es que aprovechando el 1 de mayo me he ido hasta Hanoi para conocer un poco de Vietnam y, la verdad, me ha encantado. Hanoi es un caos de motos que no respetan los sentidos y tocan el claxon todo el rato, está lleno de cables por todos lados y tiene mucha polución. Pero también está lleno de puestos de comida (la comida vietnamita es riquísima), de tiendas que venden cosas hechas en seda, de carteles comunistas, altavoces que ponen música y dicen cosas que yo no entiendo (a primera hora de la mañana) y, lo que más me ha impresionado, de galerías de arte. Yo ya había oído que el arte vietnamita está cobrando importancia, pero no sabía que tenían tanta afición. En todas las calles hay mínimo una galería en donde encuentras cuadros de todos los estilos: reproducciones de cuadros famosos, imágenes típicas de Vietnam, iconos budistas, vieja propaganda comunista, cuadros bordados… Ahora los turistas que van ahí compran gorros cónicos y obras de arte (sí, sí, eso me incluye a mí). Eso sí, como en la mayor parte de Asia, regatea todo lo que puedas o te venden las cosas al doble de su precio, aunque sea un cuadro de Picasso… ¿y si les pidiera que me reprodujeran un dibujo de Castelao?

¿Morriña?

martes, abril 8th, 2008

Ho Chi Minh City, o Saigón para quienes se hayan quedado en las películas de Vietnam. Después de 3 años aquí, la verdad es que no sé por dónde empezar, soy un poco tímido.

Precisamente buscando por dónde empezar, estaba yo leyendo algunos de los blogs de Global Galicia esta mañana; y me he dado cuenta de que hay una morriña generalizada. Una entrada tras otra versa sobre las muchas cosas que se extrañan cuando uno deja el terruño. La comida ¡siempre la comida! Y como no, los paisajes, los sabores, los olores y mil otras bucólicas imágenes que se nos vienen a la cabeza siempre que cruzamos Piedrafita, y en las que nunca habíamos pensado de Piedrafita para dentro.

Y me puse a pensar (nota del escritor: deberías hacerlo más a menudo) que tampoco hay tanta diferencia entre Chinos y Chilenos, Checos y Mozambiqueños, Vietnamitas y Gallegos. Al menos, menos diferencias de las que pudiera parecer.

El que suscribe, gastrónomo “extraordinaire” se ha comido su buen lacón con grelos y su bacalao con coliflor en China, ha preparado empanadas de zamburiñas y callos con garbanzos en Vietnam, ha degustado el jamón serrano en Tíbet, y se ha zampado “bocatas” de chorizo en Londres y se ha tomado café con leche y bollos en Tailandia leyendo La Voz de Galicia.

¿Y qué me decís de los paisajes? Esos increíbles paisajes de Galicia que todos recordamos… ese olor de los pinos mojados en una mañana lluviosa de otoño…en Canadá; o ese incesante romper de las olas en los acantilados….de Sudáfrica; esos campos verdes e infinitos de…Irlanda, y esas playas interminables de… Camboya.

Al final, todo depende del viajero, de su capacidad y voluntad de adaptarse, de aprender a disfrutar de las particularidades del lugar en el que le ha tocado vivir, sin renunciar a lo que considera propio. Y en este tiempo en el que vivimos, tan distinto del que nuestros padres y abuelos emigrantes tuvieron que vivir, no es necesario renunciar a estas pequeñas cosas. Ya llega con renunciar a la familia y a los amigos….

La próxima vez cuento como me ha ido con Sardá y su Dutifri comiendo escorpiones en Saigón…