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A tiros

jueves, diciembre 11th, 2008

 Este cuatrimestre, he tenido la suerte de tener una materia muy interesante, con un profesor igual de interesante, de esas que sabes que aprendes, de las que da gusto ir a clase, de las que sirven para algo que casi ningún libro te puede explicar, de las que normalmente se aprenden “en la calle” (siempre y cuando andes con los que debes) o te lo da la experiencia. La materia se llama Liderazgo y resolución de conflictos y el docente en cuestión, Victor Sarasqueta.

Fruto de la casualidad, un domingo, no hace muchos domingos, salía de la biblioteca con mi compañero de piso, el cual tenía que afrontar también sus exámenes finales con la presión de que si todo iba bien  la carrera iba a estar finiquitada. De eso estábamos hablando tranquilamente, hasta que llegamos a la parada a agarrar el colectivo (es que coger buses aquí, está pero que muy mal visto) y una vez allí, esperando por el 63, un autobús clásico que recorre la avenida Las Heras y nos deja en Plaza Italia, pasó algo bastante inesperado. Al escuchar un frenazo y unos bocinazos en el semáforo anterior, cortamos nuestra amena charla sobre el supuesto futuro laboral que nos espera y echamos un vistazo: un conductor de un vehículo negro bajaba la ventanilla e increpaba al chofer del autobús por haber frenado tarde y bastante ladeado, casi rozando su coche. Cuando el disco se puso verde, el coche salió a la par del bus, y justo cuando este estaciona para subir a más pasajeros en mi parada, el energúmeno abandona su coche con una pistola en la mano y pidiéndole al conductor del bus que abriese la puerta. Se montó bárbara. Nosotros no nos dimos cuenta de la gravedad  del asunto hasta que vimos al sujeto petar en el cristal de la puerta con una pistola. Al instante, la gente escapando de la parada del bus, los del bus dentro gritando “Forro!! Abrí la puerta!! Dejanos salir del colectivo!No tenemos nada que ver!!” y mientras el señor conductor, pobre de él, paralizado, tardó tres minutos en abrir la puerta trasera para que la gente pudiese escapar, tres minutos que a mí me parecieron noventa  y a los de dentro del bus, no lo quiero ni imaginar. Yo sólo quería cruzar la calle, aunque me atropellasen, y mi compañero de piso, valiente él, allí plantado como si tuviese un chaleco antibalas, sólo quería seguir mirando el altercado, por lo que vimos la escena desde un punto más alejado.

Cuando subimos al colectivo, nuestro fiel 63, el conflicto había terminado, el llanero solitario ya había enfundado su arma, y el bus de la línea 41 ya se había marchado. Muchos de los “rehenes” estaban en nuestro bus, algunos más tranquilos que otros explicando como había pasado todo. De igual manera, nadie hablaba demasiado. En la siguiente estación, Billy el niño estaba detenido por 6 coches de policía y el amarillo 41 a su lado, me imagino que declarando, o lo que proceda en este caso, en este país.

Un domingo cualquiera es simplemente una expresión que se nos queda corta. Todo aquel que en esta ciudad ponga las noticias para comer, para merendar, para cenar, da igual. Comprobará que la media de tiroteos es, aproximadamente uno por semana, esto, sin considerar Buenos Aires como una ciudad demasiado peligrosa (no quiero ver Caracas, Rio, Sao Paulo, Medejin., Mexico DF…alguna ya comentadas en este blog). Dentro de estos tiroteos, otra cosa que me asombra bastante, es la inmensa cantidad de policías que mueren en ellos Las cifras son bastante alarmantes. Pero no sólo estas, la posesión de armas es algo muy natural en la delincuencia porteña, no hay control alguno y es imposible, ya que la gente de las villas (para simplificar, equivalente a una favela) pueden fabricarlas de manera casera y esto es especialmente peligroso cuando hay guerras internas en las villas, además, claro está de que al poder fabricarlas, su número aumenta exponencialmente. Sin comentar que como se puede imaginar la venta ilegal está  a la orden del día, tanto dentro como fuera de las villas.

Por otro lado y contrastando con datos oficiales, un policía tiene derecho a 6 balas oficiales por año, y si no las usa, paga las que no usa. Es extraño, sobre todo porque el tiro hay que practicarlo, y como las balas son caras, son los propios policías los que si quieren practicar excediendo la ridícula cifra de 6 tiros por año, tienen que comprar balas en el mercado negro, balas truchas.

A veces la impotencia viendo el noticiario crece un poco más, jóvenes que atracan a otro para robarle la moto, este se la da pacíficamente y lo matan igual. Una persecución de la policía mientras el ladrón conducía y tiroteaba para atrás (atravensando uncluso una plaza) hasta que se estrella en una calle. Un niño de 16 años mata a otro porque no quería darle el teléfono movil, dos violaciones en uno de los mejores barrios de la ciudad en la misma semana…son algunas de las noticias del último años.

El último día de clase, Victor Sarasqueta, como siempre, introdujo un tema de debate los 20 minutos iniciales para romper el hielo, y fue justo para comentar la seguridad en Buenos Aires. Todos mis compañeros hablaron sobre si valía la pena manifestarse por barrios pidiendo seguridad cada vez que pasaba algo. Me preguntaron mi opinión y conté algunos de estos sucesos, lo del bus, lo del niño que mata a otro, el descontrol de las armas en las villas, la prueba de tener que matar a alguien para entrar en una banda, y la cantidad de policías muertos. Y ahí se dieron cuenta, de que realmente, es una auténtica locura. En esa clase de personas desde los 21 a los 26 años, un 90% apróx. había visto algún tipo de tiroteo o sufrido un asalto con un arma. Y sin embargo el resultado fue, que debería de haber más seguridad, pero que nadie se sentía amenazado. Quizás esta asignatura debería de ser obligatoria en la reinserción de un delincuente o de un poseedor ilícito de armas, por supuesto no es una respuesta seria, pero es mejor que seguir solucionando todo a tiros.

Realmente, sé que es raro, pero no me siento inseguro, o intranquilo cuando paseo por la calle. Claro está que se que hay barrios que es mejor no visitar en ciertos momentos del día, pero eso pasa un poco en todas las ciudades del mundo. Aunque situaciones como esta, te hacen pensar que de verdad, puede pasar cualquier cosa en cualquier momento.