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A gaita e o “tracht”

jueves, abril 10th, 2008

Un 20 de diciembre de 1990 llena el alma de los valores éticos mamados en casa (hay que ser honrado y trabajador),  siguiendo el sabio consejo paterno “os pais teñen que deixar aos fillos” (que en realidad significa lo contrario: es lógico que los hijos funden una familia y para ello abandonen el hogar paternomaterno) y con las alforjas del mulo mecánico C5070F hasta los topes, emprendí el camino del destierro espiritual.

Atras quedaban 50% de trabajo serio, 50% de cachondeos y risas, juerga y facilidad de resolver los problemas del mundo. Enfrente tenía primero Burgos, donde doña Esperanza de Castilla esperaba y esperaba para emprender a dúo el sendero que seguía luego por Francia y Suiza y tenía como destino la Baviera profunda. ¿Baviera? ¿Profunda? Jolines, Pingüinilandia debían llamarla: 20 a 25 grados bajo cero la primera semana de llegada aquí, con calles convertidas en pistas de patinaje exentas de patinadores: ¿Dónde está la gente en Munich en Navidad? ¿y el día después? ¿y el tercer día de Navidad?

Pero como dice, cada vez con mejor voz, Pucho Boedo: “Los días hacen meses, los meses años, los años siglos y el tiempo va cambiando valles y montes, mares y ríos………” .Y la primavera sigue al invierno, el verano a la primavera y el otoño al verano y al año 90 sigue el 91 y así sucesivamente. Las alforjas de mi mula mecánica se fueron vaciando para llenar una vida aquí que se nutria de recuerdos y buenas imagenes.  Pero transcurridos 17 años que constituyen casi un 35 por ciento de mi vida, me doy cuenta que ya la gaita de Seivane está echando telarañas en el armario de la oficina donde escribo estas letras, que el mar rudo del Orzán se me acuerda cada vez menos y es sustituido con frecuencia por la imagen de la cadena de los Alpes, a 100 km de distancia, que en los días de buena visibilidad contemplo con deleite desde la loma del parque del oeste, conjuntamente con la silueta recortada de una iglesia y un rascacielos, el ribeiro (que a veces parecía matarratas: esto no es una crítica es una anotación cariñosa y se refiere a hace más de veinte años) de los bares de la Galera ha dejado paso a hectolitros y hectolitros de jugo de cebada procedente de las campiñas de la Baviera baja, y hasta el año pasado contra la prohibición expresa de doña Esperanza de Castilla me he comprado un “tracht” (leer trajt), traje tipico bavaro con pantalón corto y chaleco para ir a la feria de la cerveza con los colegas de la ofi.

Que nada, que si en vez de estar aquí casi un 35 % de mi vida, llego a estar un 50% más uno, y aquí concluyo mi divagación, preveo que ni siquiera peregrinaré el 25 de julio al cruceiro del parque muniqués donde la Asociacion de Gallegos en Munich celebra la romeria del Santo matamoros. “Deus me arrede” que decía mi bisabuela Pepa! (transcripción literal de mi madre, que yo a Pepa no la conocí). Hasta la proxima.