La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘Torre de Hércules’

Un descubrimiento

martes, mayo 11th, 2010

Hace tiempo escuché el nombre de Roberto Arlt en un programa de radio que, en su momento,  me pareció anodino. Fue en boca de un periodista chileno, joven, prometedor, que parecía bastante culto. Sin embargo, para mi sorpresa, luego derivó en el periodismo deportivo, donde se desenvuelve con éxito. En todo caso, lo nombró de manera muy elogiosa, como uno de los mejores escritores argentinos. Copié ese nombre y, tiempo después, hice una búsqueda en internet. Me sorprendió que fuera un hombre interesado por Galicia, al punto que escribió un libro  de viajes titulado “Aguafuertes gallegas”, que compré el año pasado en Argentina.  Por cosas de mi trabajo y también por las demandas de mi tesis de doctorado, no lo leí de inmediato. El pasado fin de semana nos pusimos a ojearlo, junto con mi hija. Para ambas, fue todo un descubrimiento, tanto por su forma de escribir como por las remembranzas que nos trajo su lectura.

En ese libro, escrito hace más de sesenta años y cuya tentación de comentarlo en este espacio que nos brinda GaliciaGlobal no puedo evitar,  Arlt descubre paisajes y semblanzas humanas de una Galicia que me llevó a viajar, por un rato,  a través del túnel del tiempo, recordando mi niñez y adolescencia coruñesa. Artl se pasea por todo  y por todo campo de reflexión posible cuando se piensa en Galicia: la campesina gallega, Santiago de Compostela, la vida en Coruña, la Torre de Hércules, lo que llama “fantasmas” en el paisaje gallego, Betanzos, la pesca del pulpo y la fiesta de los “Caneiros”, por citar algunos focos de sus reflexiones.

Me detuve particularmente en lo que le produce la Torre de Hércules, aunque él reconoce que lo deja indiferente. A mí, no  puede dejarme así pues esa Torre fue testigo de muchos de mis pasos y juegos de niña. Un párrafo me pareció particularmente elocuente: “Respaldada por un horizonte iluminado en exceso, su superficie, a contraluz, se recorta oscurecida y geométrica. Atalaya del Mar, la llama Paulo Osorio”.

Ahora, no tengo ya esa Atalaya del Mar alrededor de la cual pasear y observar el mar. En su lugar, vivo en una ciudad que tiene una atalaya geológica, la Cordillera de Los Andes. Espero enviarles, en los próximos días, una foto de estas montañas que ahora me acompañan, con las primeras nieves del otoño.

La Torre de Hércules

martes, abril 15th, 2008

mundos.jpg

Desde tiempos inmemoriales existe éste faro. Fenicios, celtas, romanos, etc han pasado por su historia.El haber nacido en La Coruña me hace sentir especialmente ligado aesta imagen,vamos que llevo tatuado en mi corazón la Torre, para que voy a negarlo. Ahora se celebra el octavo centenario de la fundación de la ciudad, el Dépor resurge de sus cenizas pasando a ser el mejor equipo de la liga en ésta segunda vuelta (quién lo ha visto y quien lo ve),  observo desde la lejanía ese maravilloso paseo maritimo (esperemos que el mar lo siga respetando),e l precioso ascensor de San Pedro, la belleza inigualable de la vista aeréa que observo con nostalgia desde la webcam. Qué inmenso dolor ver crecer tu ciudad desde fuera sin poder tomar el pulso. Espero que nuestra querida TORRE sea nombrada patrimonio de la UNESCO como también lo ha sido la ciudad de La Laguna, en el norte de Tenerife. Ánimo a todos los que apoyan esa iniciativa, que seguro que lo logramos. Un saludo muy fuerte.

Un mar de referencias

domingo, abril 6th, 2008

Tengo que agradecer a este blog el reencuentro con ciertas referencias que, con el correr de los años, se me habían ido como escapando entre los dedos. Este blog, definitivamente, y para todos los que andamos dispersos por el mundo, gatilla la emoción. Viví mi niñez y adolescencia en Coruña, y es efectivo que padezco de “morriña gastronómica”, como bien dice Claudia en su entrada, desde Argelia. Cuando era niña, odiaba el caldo gallego. Ahora, ¡que no daría por un tazón! Somos bien contradictorios los humanos.

Pero no sólo de añoranzas culinarias vivimos los gallegos. En otra entrada se habla de los acantilados y de los océanos. Me he puesto a recordar mis paseos a la Torre de Hércules, a fines de los años sesenta y principios de los setenta. Nuestra torre, dicho sea de paso y en aquellos años, no era estaba tan glamorosa como ahora y menos, no se le ocurría a nadie postularla como “patrimonio de la humanidad”. Era una torre que estaba ahí, simpática, rodeada de campos con vacas, pero sin constituir un centro de especial atención para nadie. Sin embargo, mi niñez está entrelazada indisolublemente a esa torre a la que, pasados los años, veo que se le ha hecho justicia y hoy corona todo un parque que sirve de solaz y recreación a miles de coruñeses. En aquellos años, y digamos las cosas como son, Coruña le daba la espalda al mar. Era una ciudad como encogida en torno a los Cantones. Hoy, menos mal, es otra cosa y todos los que la visitan, la alaban.

No creo que no haya gallego que no tenga grabado a fuego, en el centro de su mente, la figura de un hórreo. Nadie, según creo recordar, lo ha comentado hasta ahora. El hórreo y el cruceiro son artefactos indisolublemente unidos a nuestras aldeas y campos y no me cabe duda de que, al momento de yo mencionarlo en este blog, muchos de vosotros cerráis los ojos y los rememoráis con vuestra memoria. Yo me he traído mi hórreo chiquito y lo tengo coronando una esquina de mi escritorio de trabajo.

Es cierto que España es más que flamenco y toros. Sin embargo, mi niñez gallega estuvo marcada por lo que yo pienso ahora que era una trilogía esperpéntica: flamenco, que era el folklore oficial; toros y más toros y fùtbol. En aquellos años sesenteros, no había más que un canal y las tardes sabatinas y buena parte del domingo veían las pantallas inundadas de fútbol mientras los parroquianos se instalaban en los bares a fumar y a jugar al mus. No era un panorama muy alentador para una niña de ocho años. Le he declarado la guerra a esta trilogía y debo reconocer que el fútbol me produce alergia.

Y, para terminar por ahora con las referencias a las que este blog me remite de manera inexcusable, no puedo dejar de mencionar a la “piolla”, esa lluvia fina que ya lo creo que moja. Mis recuerdos están indisolublemente unidos a la imagen de la lluvia menudita trás las ventanas, esa lluvia que antaño nos parecía fastidiosa y que prometía arruinar los juegos infantiles. Sin embargo, ante la amenaza de sequía que ya parece ser una epidemia mundial, y que no sólo afectará a Chile, ¡cuánto daríamos por recuperar esa lluvia persistente! 

Luego, hay todo un tema con eso de los olores. Cuando viajo, desde el lejano Chile hasta Galicia, nada más pisar el aeropuero de Santiago de Compostela algo muy familiar inunda mis narices.  No sé bien lo que es: mezcla de pasto, de lluvia, de cocimientos… Siempre le comento a mis hijos que el contraste con Santiago de Chile es demasiado grande. Esta ciudad, que me acoge ya por veintidós años, siempre me parece inodora e insípida. Sin embargo, el olor que me invade cuando llego a Galicia es un olor muy particular, es un olor que me dice que estoy en casa.