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Annus Horribilis ¿para todos?

Viernes, Diciembre 24th, 2010

Se va 2010 y creo, sin temor a equivocarme, que indistintamente del lugar donde estemos ubicados, al menos si hablamos del hemisferio occidental, coincideremos en que éste no fue un buen año.

Viene a mi memoria, para calificarlo, la referencia que hiciera la Reina Isabel de Inglaterra cuando habló de esta forma, en relación al año 1992, en un discurso ante el consistorio el 24 de noviembre, fecha en que se marcaba el aniversario de su adhesión. Habían sido tantos los eventos desafortunados que habían afectado su vida durante ese periodo, que no encontró palabra mejor para nombrarlo. A nivel hispano, cobró actualidad cuando la prensa se refirió, al año 2007, como particularmente Horribilis para el rey Juan Carlos I, debido a una conjunción de problemas familiares, tragedias y controversias.

¿Por qué digo que 2010 no fue un buen año, en términos generales? Porque casi todo el mundo, directa o indirectamente, sigue afectado por los coletazos de la crisis financiera internacional que partió en el año 2008 y, en lo específico, países como Grecia, Irlanda, Portugal y España, en distintas proporciones. Se me dirá que, con ello, aludo a fenómenos estructurales que han terminado afectando nuestras vidas. Así es,  y existen posibilidades serias de que siga afectándolas mientras no se efectúen reformas de fondo en el sistema financiero internacional y se incrementen las regulaciones. Los banqueros de Wall Street, salvo casos puntuales, andan por ahí tan campantes y no faltará oportunidad para que, nuevamente, se cumpla el adagio de  que “a problemas individuales, soluciones colectivas”. O sea, que terminamos pagando la cuenta países enteros por la inconciencia y negligencia de unos cuantos señores. Sin embargo, habrá otros que no se han sentido directamente tocados por factores económicos y, a pesar de todo, 2010 no es un año que recordarán con placer. Los motivos pueden ser netamente individuales. Por ejemplo, una enfermedad inespeada que vino a suspender sus añorados proyectos personales o bien, vicisitudes familiares.

Como sea, 2010 no será recordado, en la memoria histórica de la humanidad como lo han sido otras décadas. Me refiero a lo que los historiadores califican como “los felices sesenta”, tal era el optimismo universal y las expectativas que se levantaban por esos años.

Para Chile, en particular, 2010 es un Annus Horribilis, pero quizás elevado a la enésima potencia: nos tocó vivir el quinto terremoto más importante de la historia de la humanidad desde que se miden estos fenómenos y con tsunami incluido, afectando a casi el 80% de los chilenos; caen 33 mineros bajo tierra y terminan siendo rescatados luego de una campaña épica; hace pocos días han muerto 82 presos en la cárcel de San Miguel dejando en evidencia el terrible hacinamiento carcelario que se vive en el país; a mitad de año se vivió una huelga de comuneros mapuches que llegó a niveles dramáticos  revelando nuestras deudas con los llamados “pueblos originarios” y, así, suma y sigue. 

Todos los chilenos están deseando, más que nunca, que este año, el año además de su Bicentenario, cuando se cumplen doscientos años de vida independiente, pase pronto y no deje resquicio para que suceda cualquier otro accidente que demuestre nuestras fragilidades, nuestras inconsistencias y cuán distante puede llegar a ser el sueño que repiten persistentemente nuestras autoridades: que Chile sea, al fin, el primer país de América Latina que de el salto al desarrollo.

Cielos codiciados

Viernes, Marzo 26th, 2010

La experiencia de vida del terremoto persiste como comentario obligado de todas las tertulias. A cualquier lugar al que vayas, si prestas atención, escucharás a alguien que se está refiriendo a cómo vivió el megasismo del 27-F.  Sucede, incluso, que es posible descubrir en el mismo interlocutor, pasado casi un mes, relatos superpuestos que van añadiendo más detalles y especificaciones a la forma cómo vivió esa noche.

Uno de los aspectos que más ha llamado mi atención tiene que ver con la proyección del cielo en esa amarga madrugada. He escuchado decir,a varias personas, que cuando salieron despavoridas de sus casas, miraron hacia el cielo y pudieron percibir un extraño resplandor, tanto mientras temblaba como en los segundos posteriores, en que la tierra tendió a sosegarse. Motivada por esas referencias, he tratado de hacer introspección, mirar hacia adentro y tratar de recordar qué cosa ví yo en el cielo esa noche. Efectivamente, ví que entraba más luz por la ventana de mi habitación que de costumbre, mientras ésta se movía como un barco. Cuando logré salir y colocarme en el dintel de la puerta de entrada, también me pareció observar una luz más vívida de lo normal.

Como resultado, ahora acostumbro a mirar con más detalle hacia el cielo, sobre todo en las noches. Y es que los cielos chilenos tienen algo particular. Pude darme cuenta durante el fín de semana pasado, en que subí el cerro El Roble y en cuya cumbre funciona un observatorio pequeño, gestionado por la Universidad de Chile. Su historia se remonta a la presencia rusa previa a 1973. Los rusos vinieron a Chile en esos tiempos en que la colaboración política era muy propicia, entre otras cosas, atraídos por la calidad de su cielo.

Ese observatorio que pude merodear desde afuera, porque estaba cerrado, es pequeño y su arquitectura no deja de evocar algo de la Guerra Fría. Sin embargo, puestos a investigar, descubro que Chile es la sede de cinco importantes observatorios internacionales, pertenecientes a instituciones europeas y americanas. Estos observatorios se distribuyen entre las regiones de Antogasta, Atacama y Coquimbo, que son las que tienen cielos más límpidos y fértiles para la observación astronómica. Tienen nombres evocadores como Cerro Tololo, Cerro Pachón, Las Campanas o el Observatorio La Silla, por citar algunos.

Por la calidad de su cielo, Chile sigue concitando interés para la instalación de otros observatorios similares. En días pasados, hemos podido saber que, a pesar del desastre natural que supuso el terremoto, el Cerro Armazones, ubicado en la segunda región, se posiciona como la locación preferida para la instalación del telescopio gigante European Extremely Large Telescope (E-ELT). Su principal competidor sería la isla La Palma, ubicada en Canarias. Los evaluadores señalan que Chile “posee el mejor equilibrio de calidad del cielo en todos los aspectos y en ese lugar (el telescopio) puede ser operado de una manera integrada con el Observatorio de Paranal”.

Se espera mucho de este supertelescopio ya que servirá,entre otros aspectos, para analizar planetas alrededor de otras estrellas, los primeros objetos nacidos en el universo, agujeros negros súper masivos y la naturaleza y distribución de la materia y la energía oscura que dominan en el universo.

Cuando la tierra todavía no deja de temblar, en su proceso de liberación de energía sísmica, es un gran consuelo poder mirar hacia el cielo y buscar en él algo de refugio. Sobre todo, cuando es un cielo de tan reconocida calidad.

Vivir entre réplicas

Jueves, Marzo 18th, 2010

Han pasado más de quince días desde que tuviera lugar en Chile un terremoto grado 8,8 en escala de Richter, el quinto de mayor impacto en el mundo desde que existen registros.  Esta delgada franja de tierra, sabemos ahora, es sísmica por naturaleza. Caminamos sobre una falla.  Al parecer, el país contiene el 46% de sensibilidad sísmica del planeta y, esto, según se dice, nos asemeja a Japón. Estamos sabiendo mucho, por estos tiempos, sobre sismología y todos los fenómenos a ella relacionados, como tsunamis. Y no podría ser de otra forma: no sólo las consecuencias en vidas humanas y en destrozos materiales es inmensa sino que el terremoto, con sus secuelas llamadas réplicas, sigue hacièndose notar todos los días. Ayer, sin ir más lejos, en la región del Bío-Bìo, la réplica más alta estuvo en el orden de los 5,8 grados. El jueves pasado tuvimos que desalojar el edificio donde trabajo.

Poco a poco, los chilenos se van acostumbrando a la idea de que el suelo los seguirá meciendo, como una cuna traidora. Dicen que será por dos meses, aproximadamente. Este cataclismo de la naturaleza no sólo cambió la agenda política sino que alteró por completo nuestra vida cotidiana y, de paso, nos reveló que Chile es más modesto de lo que muchos creían. El ingreso a la OCDE, como buen alumno de la región latinoamericana al que había que premiar de alguna forma, ha pasado al olvido. Por ahora, la gente no habla más que del terremoto y se han multiplicado exponencialmente los casos de ansiedad y de consumo de antidepresivos. Un porcentaje significativo de chilenos está viviendo cuadros de estrés postraumático. Durante esta semana y providencialmente, porque estaba programado antes del terremoto, visita Chile Boris Cyrulnik, padre del concepto de “resiliencia” o capacidad de salir adelante frente a la adversidad. Nos viene como anillo al dedo la visita de un sobreviviente de campos de concentración como Cyrulnik. Se necesita a gritos voces de aconsejen, que consuelen, que otorguen perspectiva a los efectos ocasionados por este zarpazo de la naturaleza. Los medios de comunicación no cesan de mostras imágenes de los sobrevivientes, historias de dolor y de héroes anónimos lo que, de alguna forma, les permite seguir escarbando en la herida, bajo una apariencia de información que encierra un tanto de morbo. Por otra parte, la empresa privada se encuentra haciendo su Agosto y ha hecho del terremoto una oportunidad para la solidaridad, sí, la solidaridad como negocio.

El terremoto del 27-F en Chile reveló una parte del país que muchos no querían ver. Un Chile donde no son impensables los saqueos y los actos de vandalismo, descartando la idea de vínculos y de capital social; donde no existían protocolos y la institucionalidad para la emergencia era más que precaria; donde los inescrupulosos de siempre construían edificios burlando los controles antisísmicos y, así, suma y sigue. Este Chile que ostentaba récords en el combate contra la pobreza, habiéndola reducido de más del 30%, a principios de los años 90, a cerca del 13%, tendrá ahora que aceptar que se producirá un incremento de la misma, así como un empobrecimiento general de otros sectores, como la clase media. Es con relación a este sector que se habla del “terremoto mentiroso” porque, si bien no tuvo efectos tan dramáticos como se pudo observar en la zona del epicentro y en las costas, ha afectado de igual manera las viviendas de muchas personas que se ven ahora indefensas y sin recursos para arreglar tanto desperfecto. Este Chile seguirá conviviendo con el Chile “europeo”. Así nos ven muchos visitantes y tuve la comprobación hace poco tiempo, cuando nos visitó el Secretario General de la Xunta de Galicia. Esa era su percepción.

Otros, tratan de ver el vaso medio lleno y señalan que el país ha soportado mejor de lo esperado un impacto de más de 8 grados, poniendo como ejemplo el impacto devastador que tuvo sobre Haití un terremoto quinientas veces menor.

Como sea, ya nada podrá ser igual y se habla de la “generación del terremoto” como una forma de condensar el impacto que, sobre niños y jóvenes, tendrá este evento telúrico.

Calma chicha

Miércoles, Abril 29th, 2009

El lunes estuvimos pendientes por si suspendían el transporte público. Parece ser que no, aunque el resto de las medidas continuarán como se había previsto. En los restaurantes sólo hay servicio de venta de comida para llevar. Y afortunadamente ha sido cancelado el corte de agua programado para este fin de semana en toda la ciudad.

El domingo, asustada por la amenaza de endurecer las medidas preventivas, la gente abarrotó los supermercados. Nosotros ayer salimos a hacer la compra: más gente que de costumbre llevándose a casa mucha comida, sobre todo frijoles, arroz, latas, la mayoría con tapabocas, y personal del supermercado limpiando los carritos con desinfectante. 

Tras asegurar en días anteriores que eran veinte las personas fallecidas a causa de esta gripa, el Secretario de Salud, dijo ayer que de los 159 casos de neumonía atípica, sólo habían sido confirmadas siete por la influenza. 

Ya no se sabe qué pensar.

Esta semana el Senado, en contra de las recomendaciones de suspender actividades, aprovechó para ponerse al día, con más de veinte dictámenes pendientes, entre los que aprobaron la ley del narcomenudeo, donde se autoriza la portación de pequeñas cantidades de droga para consumo personal. A modo de prevención, eso sí, las sesiones fueron realizadas a puertas cerradas.

En la calle, a pesar de las medidas tomadas por el gobierno, uno puedo echarse un taco o una quesadilla en algunos de los puestos que siguen funcionando como si nada ocurriese. 

Así son los defeños: amantes del riesgo y del sentido del humor. Tras el reciente sismo, los chistes no se hicieron esperar: “¿Qué le dijo la Ciudad de México a la influenza? ¡Mira cómo tiemblo!”

Alerta 4 y terremoto con chile

Martes, Abril 28th, 2009
La plaza del Zócalo, frente al Palacio Nacional de México semide´sertica tras declararse la alerta

El Palacio Nacional, en el Zócalo, horas después de decretarse la alerta en México. Para ver más imágenes pincha en la foto

“-No recuerdo nada como esto, desde el terremoto del 85”. Me dice mi novia nacida en la ciudad y acostumbrada, como todos los chilangos (nativos de Ciudad de México) a todo tipo de acontecimientos que pueden definir una ciudad de más 20 millones de personas, narcotraficantes incluidos.

El viernes boda y empiezan las primeras noticias, entre la felicidad del acontecimiento, la gente gasta bromas y hace juegos de palabras con definiciones como “influenza”, “pandemia” u otros términos. La última invitada en llegar, nos da a todos un beso y luego dice que su hijo esta ingresado de esa tal gripe….nos quedamos todos callados.

El sábado y domingo, México está vacío. Nos quedamos en casa y vemos las noticias, nos juramos sólo salir para sacar al perro, pero el tianguis (mercado) del domingo, es tan tradicional como bueno. Decidimos ponernos las mascarillas y salir a hacer la compra, esta vez, prescindimos de pararnos en esas mesas alargadas llenas de gente comiendo tacos y compartiendo salsas y condimentos que por cierto, están casi vacías. Las llamadas desde España se repiten y hasta que no digo (no sin mentir) que tengo muy cerca una clínica de urgencias las 24 horas, la familia y los amigos no se quedan tranquilos.

Lunes. Voy a mi reunión de trabajo bien equipado con una mascarilla que nos han vendido al triple de su precio original. Cogemos el coche , mi chica me acompaña y me acerca al centro, esta vez no quiere que coja el metro…. ni yo tampoco. Veo la gente por la calle y calculo que ya, un 35 por ciento llevan mascarilla, un 15 por ciento la lleva, pero no puesta, la otra mitad, son los escépticos o mal informados que existen en todo el mundo y son los que más tranquilos pasean. Toda la gente de la ciudad pensaba que las calles iban a estar vacías de coches, pero es pura mentira, nos paramos en un tramos de 300 metros media hora y pienso que en esta ciudad, aunque se abrieran las puertas del infierno aquí mismo, habría atascos en la entrada. Ponemos la radio y escuchamos las preguntas de la gente y lo que opina, la mayoría que llaman, es por que no se lo creen, piensan que es una burda astucia del gobierno para ganarse votos, el locutor incrédulo, afirma que hay muertos por medio y que por respeto, midan sus palabras….

Llego a la pequeña cafetería donde siempre me tomo mi café antes de las reuniones y me siento a esbozar los primeros textos de este escrito, de repente, el suelo tiembla bajo mis pies y como todo el que habita en esta ciudad, nos fijamos en las lámparas a ver si se mueven. Esta vez ni hace falta, el dueño del local me interrumpe que salga enseguida, pues eso es lo primero recomendado que hay que hacer. Ya afuera, me pregunta si estoy asustado y si me voy a volver a España con todo lo que está pasando, yo le digo que no, que México es una ciudad maravillosa y que si algún extranjero se adapta a México, esos somos los españoles. Pienso mas profundamente para justificar mis propias palabras y me digo que las huestes de Cortes, lidiaron con peores males aquí mismo y aun no del todo convencido de lo que digo y pienso, me regalo la ultima versión de autoconfianza y me digo que “con mi carnet de gallego, me adapto a cualquier parte del mundo”

Al ir a la reunión por la céntrica calle reforma, la vista es de lo más impactante, cientos de personas desalojadas de los edificios en la calle, con mascarillas casi todos y ese calor que ya empieza a pegar más fuerte…”Terremoto, pandemia! El cruz azul pierde!”, eso dice calmado un anciano en un puesto de tacos en una espera imposible de la gente que no va a ir a comer, en este día tan extraño.

En mi reunión, no nos damos la mano, nos relajamos contando gracias de todo lo que pasa, pero al primero que tose, todos le preguntamos si se encuentra bien…era alergia a los gatos…me he salvado de nuevo….

Voy paseando desde el “Caballito” de la calle Reforma hasta Bellas Artes y Zócalo, en 400 metros, ya se cuantos tipos de mascarillas hay en el mercado, sus colores, formas, incluso sus dos clases de nudos, camino y las farmacias que veo, están abarrotadas de gente comprando mascarillas, antigripales y jabón antiséptico, el “Kit de supervivencia Chilanga por excelencia” y una observación, sólo la mitad de esa multitud llevan mascarillas, los demás, están vendidos al destino, no de dios como se diría aquí, si no a las corrientes caprichosas del aire aporcinado.

Cuanto más paseo por esas calles abarrotadas de personas y veo la multitud que somos, pienso en lo fácil que es liquidar la humanidad a base de estornudos y rezo para que lo que veo, sea algo excepcional y que en semanas, sólo figure como un recuerdo en mi mente y un retrato en mi cámara.

Después de mi sesión fotográfica, decido si voy en el metro hasta mi casa, o me subo en un taxi, estafándome unos pesos por notar mi acento extranjero o si nos ponemos a lo peor, asaltándome en mitad de camino….voy al metro.

Me la juego con mi mascarilla ya sudada por mi respiración (dicen que 2 horas es su vida efectiva) y yo llevo toda la mañana con ella. En el metro hay menos gente, pero se nota que todos estamos incómodos y nos miramos de reojo unos a otros intentando buscar un culpable visible al miedo que danza en el ambiente.

Salgo del metro Tasqueña y ya sólo me queda un último escalón, ¡el pesero! (una especie de poco efectivo y viejo microbus). He tenido suerte y ¡está casi vacío!, pero mi animo se desploma cuando la persona que está a mi lado, se suena la nariz varias veces. ¡Lo maldigo en mi interior y mis sentimientos no se apiadan de el ni un segundo!, sudo de calor dentro del bus, me da un ataque psíquico de hipocondría y ya me encuentro mal, desearía apartar a todos de mi lado y caminar por una corredoira gallega, fresca al atardecer.

Abro los ojos y ya es mi parada, camino hacia la casa y los pies me pesan, la máscara ya está sobre mi cuello y sigue el calor sofocante, abro la puerta y me desplomo en el sofá, pienso en mis miedos y en todo lo que he hecho mal en este día, al cabo de unos minutos ya mas relajado, enciendo mi ordenador, abro el Facebook y leo de mi primo un nuevo mensaje:

“No te preocupes primo, los gallegos tenemos un gen que hace que cuando los virus entran en nuestro organismo la sangre se nos transforma en orujo y embolillamos al germen!”

Me reconforto.…

Ya he sobrevivido un día más.

Temblor y gripe

Lunes, Abril 27th, 2009

Hoy, por unos minutos, todos los que habitamos el DF dejamos de pensar en la influenza cuando tembló. Cerca de las 12 del día, mientras el Secretario de Salud daba una rueda de prensa para informar de la situación de la epidemia, un terremoto sacudió la Ciudad de México.

 

Sentí que mi silla se movía, y luego vi las lámparas oscilando de un lado a otro. Lo inquietante no fue la intensidad, sino la duración (de treinta a cuarenta y cinco segundos que se hicieron interminables). Salimos a la puerta para ponernos debajo del marco por si acaso, y porque ahí están las columnas centrales de este edificio de más de veinte pisos.

 

Ya pasado el susto, comenzó a sonar el teléfono. Hicimos las llamadas pertinentes para corroborar que todo el mundo estaba bien. Tengo varios amigos que viven en el centro de la ciudad, en el terremoto del 85 fue una zona de las más afectadas: los edificios son muy viejos, y está asentado sobre lo que antes era una laguna. Debido al sismo, las líneas telefónicas del Centro dejaron de funcionar, la gente salió a las calles, y algunos edificios fueron evacuados. Ahora, ya se ha recuperado la normalidad.

 

Afortunadamente no se ha hablado de víctimas, ni aquí ni en su lugar de origen, el casi siempre epicéntrico estado de Guerrero. La intensidad ha sido media: 5.7 grados en escala de Richter, lo suficiente para que los citadinos olvidásemos la influenza unos minutos.

 

Volviendo al virus, ya se sabe que han suspendido las clases en toda la República como medida de prevención; los restaurantes ya han sido cerrados, se estudia si suspenderán el transporte público, y parece ser que la OMS cambió la alerta a fase 4 (de 6 posibles), debido a que la enfermedad se puede transmitir de persona a persona, provocando así grandes brotes.

 

Yo sigo en casa, obligada por el cierre de las escuelas, el sentido común y el miedo al virus. Sólo saldré si es estrictamente necesario y, al contrario de lo que pensaba al principio, lo haré con tapabocas puesto. Por teléfono, cada poco tiempo hablo con mi gente querida,  para seguir la evolución del tema. Igual que yo, casi todos mis conocidos de aquí seguirán las recomendaciones del gobierno, pasando en muchos casos del escepticismo al miedo.

 

 

La política del hijo único

Viernes, Mayo 16th, 2008

Una de las caractarísticas de la moderna cultura china que más ha salido a colación a raíz del terrible terremoto de hace unos días es la archifamosa política del hijo único. Muchas familias han perdido entre los escombros a sus únicos descendientes, lo que aumenta, si esto es posible, el dolor de los padres.

La política del hijo único fue puesta en marcha en 1979. Después de que Mao, durante tres décadas, animara a los chinos a tener el mayor número de hijos posible –lo que hizo que los 400 millones de habitantes de 1925 ascendiera a los casi 1.000 de principios de los 80–, el objetivo de tal ley fue conseguir que el desarrollo económico fuera más rápido que el aumento de población en un país acostumbrado a las familias muy numerosas. La ley, que excluía a las minorías étnicas –su población supone menos e un cinco por ciento del total nacional–, castigaba con fuertes multas a las familias que tenían más de un hijo.

¿Cuáles han sido las consecuencias de la ley? Pues demasiado complejas y variadas como para que una persona como yo pueda analizarlas. En su conjunto, y siempre desde el punto de vista gubernamental, la ley ha sido un rotundo éxito. El país es ahora mucho más rico de lo que lo era a finales de la década de los setenta, y es evidente que uno de los factores que ha permitido tal desarrollo ha sido el control de la natalidad.

Sin embargo, también ha provocado situaciones realmente trágicas, la primera de las cuales es el asesinato o abandono de miles de niñas en estos casi treinta años que han pasado desde que la ley se hiciera efectiva. Hace falta explicar determinados aspectos de la cultura china para entender el porqué de esta terrible realidad.

La tradición china contempla el matrimonio como la entrega de la mujer al hombre. Esto responde a la norma de las cuatro obediencias del confucianismo más estricto: el discípulo ha de obedecer al maestro, el hijo al padre, el hermano pequeño al hermano mayor y la mujer al marido. De este modo, la mujer, una vez desposada, pasa a depender directamente de la familia del marido: sus suegros se convierten en sus padres, que tienen un poder absoluto sobre ella. Incluso cuando reza, ha de hacerlo por los ancestros de su esposo, y no por los suyos. Esta forma de pensar, que implica la pérdida de la hija tras su matrimonio, unida a que en el campo se cree que un varón puede ayudar más en el duro trabajo diario, ha fomentado el abandono y muerte de tantas niñas recién nacidas. Hoy por hoy, el desequilibrio entre niños y niñas es patente: en China hay 117 niños por cada 100 niñas, y tales cifras, en un país de 1.300 millones de habitantes, suponen una diferencia abismal entre ambos sexos.

Hoy las tradiciones no son tan estrictas, en parte gracias a la política comunista –que, no lo olvidemos, terminó con costumbres tan sádicas como la de los “pies enanos”–, en parte gracias a la inevitable modernización del país. Además, la ley ha sufrido modificaciones para ajustarse a la realidad social: Actualmente los campesinos pueden tener un segundo hijo si el primero es niña, y los matrimonios compuestos de dos hijos únicos pueden tener también dos vástagos, para paliar la falta de tíos y sobrinos en un país en el que la unidad y el apoyo familiar son las bases indiscutibles de todo el sistema.

Otra de las conscuencias de la política del hijo único es la absoluta planificación de la vida familiar. Si la dedicación de padres y abuelos por el único descendiente de la familia es absoluta hasta que éste se independiza, el hijo, ya adulto, estructura toda su vida alrededor de sus padres. A veces me sorprende la madurez con la que se ven obligados a pensar mis alumnos: todos tienen miedo de que sus padres no tengan, en su ancianidad, lo suficiente para vivir con sus pensiones, vista la gran inflacción que azota la economía nacional, por lo que organizan su futuro en función de las necesidades paternas.

Por último, la ley ha provocado una gran brecha en el modelo familiar de los ricos y los pobres. Los primeros, con medios económicos suficientes para pagar las multas que el partido impone por tener más de un hijo, que oscilan entre 6.000 y 60.000 yuanes (de 600 a 6.000 euros), pasean a sus numerosos hijos por las calles de las ciudades más prósperas. Mientras, las familias medias y pobres centran toda su existencia, como ya he comentado, en la educación de su único descendiente. Últimamente el gobierno ha puesto en marcha una campaña que pretende castigar con diferentes medidas a los altos funcionarios, a los famosos y a los empresarios que hagan oídos sordos de la política del hijo único.

Por lo que dicen algunos expertos, con Cai Fang, de la Academia China de Ciencias Sociales, a la cabeza, en 2013 la población china tocará techo para empezar a descender quince años después, cuando será superada por la india.

Como los medios han repetido a lo largo de todos estos días, la población infantil ha sido la más castigada por el terremoto, que tuvo lugar en pleno horario escolar. Aún son muchos los estudiantes que permanecen debajo de los escombros, y de vez en cuando la televisión china (CCTV) ofrece emocionantes imágenes en las que alguno es rescatado con vida, aunque con el paso de los días se pierda la esperanza de que esto siga ocurriendo.

Por último, querría aprovechar para agradecer a todos los que habéis hecho comentarios a mi entrada sobre el terremoto vuestra preocupación por lo que está pasando aquí. Veo en los periódicos que las noticias vans siendo más escasas, y comprendo que es inevitable, pero me anima mucho ver que la gente sigue con emoción esta gran tragedia. Para todos, un fuerte abrazo desde China.

Terremoto en China

Lunes, Mayo 12th, 2008

Hoy, a las 14:28, hora de Beijing (06:28 GMT), un terremoto de 7,8 de magnitud en la escala Richter con epicentro en la provincia de Sichuan ha sacudido China y los países adyacentes. Solamente en la provincia del epicentro se habla ya de entre 3.000 y 5.000 muertos y de más de 10.000 heridos, aunque se prevé que las cifras se disparen en los próximos días.

Nosotros, en Dalian, no hemos notado el temblor –para recorrer, en Europa, una distancia como la que hay entre la ciudad donde vivo y Sichuan habría que atravesar todo el continente–, y no entiendo ni hablo suficiente mandarín como para informarme en los medios nacionales. Los hispanohablantes de mi ciudad nos hemos enterado por los periódicos de nuestros países y por los emails de los amigos.

Sin embargo, se masca el nerviosismo. No pocos de los alumnos de nuestra facultad son de las provincias del sur, y están lógicamente preocupados.

En cuanto a mí, estoy triste. Triste por el sufrimiento este país en el que soy feliz, triste por mis amigos chinos. Y, por supuesto, por las víctimas. Una catástrofe natural es siempre terrible, y todos los muertos valen lo mismo, pero se siente de otra manera cuando vives en el país afectado. Hoy he descubierto, sorprendido, que estoy emocionalmente ligado a China mucho más de lo que pensaba. Espero de todo corazón que no haya más réplicas, que los muertos sean los menos posibles y las autoridades gestionen la crisis con efectividad, cosa que estoy, seguro, intentarán con todas su fuerzas.

Supongo que en estos momentos podemos echar manos de consignas y decir “hoy todos somos chinos”, pero es que hace unas semanas todos tendríamos que haber sido de Myanmar, y siempre africanos, y de tantos y tantos lugares en los que padres como los nuestros, hijos como los nuestros, hermanos y amigos como los nuestros sufren y mueren cada día, muchas veces por causas mucho menos comprensibles que un terremoto. Deberíamos pensar siempre en esa gente, y preguntarnos qué parte tomamos en ese dolor suyo. No somos culpables, claro está, de un terremoto, pero ¿no podríamos trabajar en la erradicación de ciertos tipos de pobreza extrema que magnifican los efectos de guerras y desastres naturales? ¿Y qué decir del cambio climático, que parece afectar siempre a los mismos?

Mejor voy parando, que una cosa me lleva a la otra y no sé dónde puedo acabar. Ahora les toca a ustedes informarme, si no les importa. ¿Qué se dice en España del terremoto? Toda información es bienvenida.

Y Bush y Sarkozy ¿ya le han echado la culpa a la violación de los derechos humanos?

Temblores

Lunes, Abril 28th, 2008

Hoy, a eso de las siete de la tarde, tembló. No hubo alerta sísmica porque no sobrepasó el límite para que así fuera. Una vez más, yo no me enteré.
Desde que vivo aquí, son ya varios los temblores que hubo. Siempre con la misma constante: Eva no se entera.

En una ocasión estaba hablando por teléfono con una señorita de una escuela que me dijo “¿Me puede marcar en veinte minutos? Es que está temblando y tengo que evacuar el edificio.” Yo alcancé a decir “¿Temblando dónde?” Una voz desde el cuarto dijo “Aquí, está temblando aquí, ponte debajo de la puerta.” Eso fue lo que hice, no sin antes añadir que no me había dado cuenta.

Otro día, ya de madrugada, estaba en el ordenador trabajando. En la puerta de casa hay colgando un móvil con una pieza de metal que cuando alguien llama y al abrir y cerrar suena. Y sonó sin que nadie la abriera o cerrase. Yo me levanté extrañada, pensando que a semejantes horas sólo podía ser un vecino. Pero me mareé y antes de poder asomarme a la mirilla, la misma voz del cuarto que yo ya hacía durmiendo me observaba desde la puerta de la habitación “¿Que no sientes que estás temblando? Esta vez es fuerte. Ponte debajo del marco de la puerta.” “Me siento mareada.” “Es del temblor, anda y ven aquí”. Y fui. Un ratito después sí que tocaron en la puerta. Era el vecino de enfrente que venía a preguntar si estábamos bien. Él había bajado a la calle por si acaso con todos sus niños y su esposa, y ahora la procesión de pijamas subía las escaleras de regreso a la cama. Ese día me asusté mucho y no precisamente por el temblor, sino por no haberme enterado.

Hoy pasó lo mismo. Sólo que yo estaba en el cuarto. Y la misma voz de siempre desde la sala me dijo “Está temblando. No se siente muy fuerte pero ponte debajo del marco de la puerta.”

Los marcos de las puertas son curiosos. Yo antes no los tenía tan en cuenta en mi vida. Al parecer son cruciales en los terremotos.

Ironías de la vida o casualidades o señales, a saber, cada cuál que lo interprete como guste, cuando México tembló en el 85 en mi casa estuvimos muy pendientes porque uno de mis tíos estaba precisamente aquí.
Fue un terremoto de 8.1 en la escala de Richter, teniendo varias réplicas, una de ellas al día siguiente con una intensidad de 7.9 en la misma escala.
Aquella mañana del 19 de septiembre del 85 mi novio tenía 7 años y vivía con sus papás en el piso trece de un edificio de veinte. En tales circunstancias creo que yo también me hubiera enterado.