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De la fauna australiana, o cómo mirar a la muerte a los ojos

Jueves, abril 10th, 2008

Si nos preguntan qué tipos de animales hay en Australia, a todos nos vendrán a la cabeza el canguro y el koala. Alguno habrá que diga el ornitorrinco (no es muy frecuente, pero de verdad que ocurre: yo sin ir más lejos tengo un amigo coruñés cuyo animal preferido es el ornitorrinco, creedlo o no),  pero de ahí no es probable que pasemos.

En este país/continente (mi novio, australiano, se empeña en decir que Australia es un continente, aunque yo ya me encargo de recordarle bien que Oceanía es un continente y Australia una isla /país enorme que forma parte de él) la fauna es muy rara. A simple vista, las cosas podrían parecer normales: un vecino con un pastor alemán, otro con un gato, caballos, ovejas, vacas… Pero no.

A la mínima que te descuidas, paseando por el bosque, puedes ver cosas que te ponen los pelos de punta en un segundo, como por ejemplo serpientes, pero serpientes grandes, venenosas y mortales, no simples vívoras. Sin ir más lejos, cuando nos mudamos a esta casa (tiene un jardín grandote por detrás), el dueño nos dijo que había visto por el jardín una red belly snake de metro y medio (muy venenosas, por cierto) y que lo llamáramos si la veíamos que la venía a coger (el hombre es bombero y tiene un curso hecho de cazar serpientes). Podéis imaginaros el repelús horrible que me dio, tanto que cuando bajo al jardín no me alejo mucho de la casa (y bajo con botas SIEMPRE).

Muy comunes son las arañas. Yo soy una de esas personas que odian las arañas, y desde que vivo aquí es como si estuviera sometiéndome a una terapia de choque día tras día. El buzón les encanta, así que ahora ya voy siempre con guantes a coger las cartas. De momento he tenido dos cerquísima, dentro de casa, que me traumatizaron por completo. Una fue una white tail, que no matan, pero lo que sí hacen es inyectarte su veneno que, desafortunadamente, va llenito de bacterias que causan llagas en la piel a los humanos. La otra fue una huntsmen de 15 centímetros como mínimo de punta de pata a punta de pata que, además, SALTAN. Mi novio no mata las arañas, las coge con un vaso y un cartón y las saca al jardín (dice que da mal karma matar animales… y yo no me acerco a ellas, claramente), pero con esta última no pudo y tuvo que utilizar el espray mataarañas y durante un buen rato, que no se quería morir la tía. La única que no he visto aún (bueno, que no he visto hay muchas, dicen los expertos además que el 80% de las éspecies de arañas australianas están sin catalogar, ahí es nada) es la funnelweb, la más mortal de Nueva Gales del Sur, que teje una tela en forma de embudo y mata a humanos en seguida. Y espero seguir sin verla durante bastante tiempo.

Lo de las arañas la verdad es que hizo que cambiara mis hábitos. Ahora nunca entro en el baño (el baño les encanta) sin antes mirar bien todos los rincones, por si acaso, y no salgo al jardín sin guantes ni botas. Aquí en los colegios enseñan a los niños primeros auxilios en caso de picadura de araña o mordedura de serpiente, y con mucha razón, y la gente hace cosas como poner calcetines dentro de las botas, para que no entre “nada”.

Aparte de las arañas y las serpientes, el resto es bastante normal (sin contar los marsupiales) pero aumentado de tamaño y con colores fosforitos. Hay hormigas que son 20 veces más grandes que las nuestras, por ejemplo (siempre me acuerdo del cómic de Mortadelo y Filemón El sulfato atómico, donde los bichos se volvían gigantes), y lo de los colores… cualquier cosa que sea rojo superllamativo o amarillo fuerte, es peligrosa para la salud fijísimo.

Si queréis leer algo sobre Australia y su fauna (entre otras muchas cosas), os recomiendo En las antípodas de Bill Bryson, un libro de viajes divertido que retrata genial a este país y a sus habitantes.