De espíritu y alma
Lunes, julio 7th, 2008Cuando era pequeña y todavía iba a la iglesia, allí me enseñaron que los pobres eran los negritos del Domund, por los que salíamos a pedir para que tuvieran comida. Mi abuela me decía que tenía que comer todo, porque otros en África no tenían que comer y en la tele veía aquellos niños esqueléticos que parecían salidos de la “Noche” de Elie Weissel.
Más tarde aprendía que también había pobres en mi cole, que sus papás se habían ido a Suiza o al Gran Sol, habían emigrado para tener más dinero. Luego mi papá también se fue a América… Y de alguna manera me di cuenta que los billetes y la pobreza tenían algo que ver: poder comprar, poder tener…
Los mensajes que fui recibiendo a lo largo de mi adolescencia sobre la pobreza siempre se relacionaban con la falta de recursos económicos y luego, un día me di cuenta de que no es así.
Me encontré en el “umbral de la pobreza”,con la pobreza extrema, la pobreza de espíritu y no sé ni cuantas más confusas situaciones y conceptos . Me di cuenta que dentro de los pobres hay muchos tipos, que puedes tener más de dos dólares al día, comida y zapatos, pero no tienes oportunidades de ser lo que quieras, no tienes la posibilidad de ser parte de una sociedad libre, donde no existe el bienestar y si encima eres mujer, apaga y vámonos.
Por eso, como dice Carlos Agulló en uno de sus artículos sobre la evacuación de África, los “pobres “ seguirán llegando a la España progre aunque los devolvamos a casa en 40 o 60 días y tengamos políticas de cooperación rimbombantes como el Plan África .Los pobres seguirán llegando aunque sus países nadan en petróleo, como Chechenia o Guinea Ecuatorial, mientras no puedan cumplir , o al menos intentar, sus sueños.Por eso no solo son pobres los niñitos del Domund, sino los miles de albaneses que llegaban en barco y los rumanos pesadilla de Berlusconi y los chechenios que viven olvidados bajo el peso de Putin, los de Corea del Norte que viven en uno de los regímenes más represivos que existen y, los pobres de espíritu y alma que en nuestros países cierran sus ojos ante la “evacuación” del mundo.









