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Peleando por la residencia

martes, diciembre 2nd, 2008

Hace mucho que no escribo porque estoy teniendo muchos problemas burocráticos en Eslovenia. Sé que no solucino nada quejándome aquí, pero siento que tengo que contar mis experiencias en algún lado, ya que he conocido a un par de gallegos que se están planteando venir a vivir a Eslovenia, y a mí me hubiera gustado saber todas estas cosas antes de mudarme con el fin de venir más preparada.  He decidido contar lo difícil (por no decir casi imposible) que es para una extranjera, miembro de la Unión Europea, que ha vivido aquí 39 meses, casada con un esloveno y esperando su primer hijo,  conseguir que le concedan/extiendan al menos una residencia temporal que le permita quedarse  en este país sin tener que separarse de su marido en 90 días. Saltándose todas las leyes europeas aplican sus propios métodos para intentar, por todos los medios posibles, que se reduzca el número de residentes no eslovenos en un país en el que el 90% de sus habitantes desearía que estuviera “limpio de influencias exteriores”, como suelen decir.

Al acabar mi contrato de trabajo ahora en diciembre, termina mi permiso de residencia temporal, con lo cual tuve que acercarme a solicitar la residencia por matrimonio. Antes de nada aclarar que me he estado informando muy bien y en la mayoría de los países de la UE (al menos en los antiguos miembros), la solicitud de residencia por motivos familiares es automática y sin más complicaciones. Pero en Eslovenia es muy distinto. No sé si lo que hicieron conmigo fue legal o no, pero tengo un buen tocho de leyes europeas impreso, en esloveno, actualizadas en el 2008, según las cuales no lo es y que pienso presentar como prueba si me niegan la residencia.

Llegué allí con mi pasaporte y el certificado de matrimonio. La sala estaba abarrotada, y al coger el numerito de la máquina en la sala de espera, la pantalla dice que tengo a 64 personas esperando delante de mí. Yo era la única mujer en toda la sala, allí solamente había trabajadores bosnios, albanos, montenegrinos y algún árabe. El problema es que los funcionarios no tienen ni idea de cómo tratar a los miembros de la UE, porque apenas tienen casos como el mío. Están acostumbrados a tratar con los que ellos llaman despectivamente “čefurji”, es decir, los trabajadores provenientes de los Balcanes, a los que tanto odian, y a los que no se les aplican las mismas leyes que a mí. Me da mucha pena verlos, van llenos de papeles y los tratan como a criminales. Bueno, como me trataron a mí.

Me acerqué a un estante con varios formularios de colores para rellenar. Escogí el que me correspondía: “Solicitud de ampliación de residencia para miembros de la UE”, y una de las casillas especificaba claramente: “por motivos de familia/matrimonio”. Tras la tortura de la espera llegó mi turno. Una funcionaria amargada me esperaba al otro lado de la ventanilla y se puso a mirar mis papeles con cara de asco. Me dijo que el formulario azul no era el que me correspondía, sino el rojo. ¿Cuál era la diferencia? En la práctica NINGUNA. El formulario azul tenía la casilla que especificaba “matrimonio” y el rojo era exclusivamente el formulario de familia, ambos VÁLIDOS. Pero me dijo que saliera, rellenara el rojo y volviera. Le dije que había más de 60 personas y que tendría que esperar otra vez, que si podría ser tan amable de dejarme rellenar 2 minutos el formulario sin salir. Me dijo “no, porque tengo que ir al cuarto de baño”. Le contesté: “Usted puede ir al baño y yo lo relleno y ya está”, pero me dijo que “no está permitido” (cuando en el 2007 a mí me dejaron rellenar todo dentro de la oficina). Tuve que salir, volver a coger otro número, rellenar el dichoso papel rojo y esperar, y esperar.

Por fin, después de otra hora, llegó mi turno, y esta vez me tocó lidiar con un chico más joven que no tenía ni idea. Miró los papeles y se le veía un poco confuso. Se pasó largos minutos tecleando en el ordenador, comprobando todo, murmurando… y luego me preguntó: “¿Dónde está la fotocopia de la tarjeta de residencia temporal?”. Me quedé a cuadros, porque no hay ningún papel, ley o aviso en la puerta que diga que tengo que dar una fotocopia de una tarjeta que caduca ahora. Le dije si podía ser tan amable de hacer él mismo la fotocopia, ya que tenía la máquina detrás de su silla, de manera que no tuviera que salir del edificio, hacer la fotocopia, volver a coger número y volver a esperar decenas de números. Me dijo que no estaba permitido (en el 2007 me hicieron la fotocopia dentro). Ya estaba furiosa.  ¿Para qué quieren las fotocopiadoras dentro? Tuve que volver a salir, fotocopiar, y volver a entrar . Estaba tan enfadada que entré directamente a su oficina sin esperar, se quedó tan sorprendido (o acongojado) que decidió atenderme sin protestar. Pero… todavía no estaba satisfecho. Me dijo que necesitan un certificado conforme al cual puedo asegurar que tengo el seguro sanitario básico esloveno. Pero al estar desempleada, este seguro sólo lo puedo conseguir con el certificado de residencia por matrimonio. Es un círculo vicioso: sin residencia no hay seguro, y sin seguro no hay residencia. Le expliqué la situación, ya desesperada. Puso cara de pocos amigos, pero me dio un papel según el cual aceptan mi petición de residencia temporal por matrimonio. Después de pagar 7 euros salí de allí agotada y con el papel en la mano.

Me dijeron que esta semana, y con el fin de que procesen la solicitud, tenía que presentar: confirmación de los 3 últimos sueldos (míos y de mi marido), fotocopia de mi tarjeta sanitaria y el certificado del seguro sanitario básico (el que sólo me dan con la residencia).
Si todo sale bien y salgo de este círculo vicioso y me dan el seguro sanitario esta semana, entonces, y sólo entonces, responderán en unos 4 meses a mi solicitud de residencia temporal, y luego me la darán por 5 años. No tengo derecho a pedir la residencia permanente, aunque esté casada, embarazada y empleada, hasta el 2013.

Estuve leyendo leyes y más leyes, y he descubierto que este proceso por el que me hacen pasar y la denegación del derecho a la residencia permanente antes del 2013 es el proceso que se aplica a los NO miembros de la UE. La encargada de recursos humanos de una empresa me dijo que puedo elevar una queja por “discriminación por motivos de nacionalidad”, algo que en Estrasburgo les iba a encantar y que al gobierno esloveno no le conviene en absoluto.

Hoy estuve en inmigración otra vez, con mis leyes estudiadas y mil argumentos que no pudieron rebatir: y conseguí la aceptación de la residencia con los papeles presentados. He ganado la batalla, pero sé que me queda mucho por pelear en este país mientras haya políticos que digan que “el importar productos y trabajadores de la UE provoca que Eslovenia sea cada vez menos Eslovenia y más mezcla confusa de razas”.
Por suerte son muchos los eslovenos que empiezan a darse cuenta de cómo funcionan las cosas, y la gente joven se está poniendo las pilas y denunciando muchas discriminaciones respecto al resto de europeos que residen en este país. Las leyes que la oficina de inmigración publica en internet no tienen nada que ver con la realidad, ya que según esas leyes, por tener yo no tengo ni derecho a asistencia sanitaria básica ni derecho a residencia temporal, pese a estar casada. El truco es saber dónde encontrar las leyes de verdad y conocer a la persona adecuada experta en el tema. Todo funciona por medio de enchufes, favores y a saber qué más. Tuve suerte esta vez. 

¿Discriminación? Más bien “no discriminación”

jueves, noviembre 27th, 2008

Hace cosa de un mes fue noticia que un médico alemán con permiso de residencia temporal en Australia había pedido la residencia permanente pero se la habían denegado por tener un hijo con síndrome de Down, lo cual supondría un gran gasto para el sistema médico australiano. Hoy leo que, finalmente, tras haber sido objeto de una gran atención por parte de los medios de comunicación de todo el mundo, el Ministro de Inmigración se la ha concedido.

La verdad es que todo esto está sacado un poco de quicio. Para pedir el visado de residencia en Australia hay que pasar inexcusablemente una serie de pruebas médicas (análisis de sangre, de orina, radiografías, auscultación, etc.) y, a menos que todo esté perfecto, no te conceden el visado. Esto es así hasta tal punto que una amiga mía holandesa tuvo que repetir el proceso porque su tensión estaba un poco más alta de lo normal. Por lo tanto, no es que a este médico se le denegara la residencia permanente por tener un hijo con síndrome de Down, sino que, como la familia se engloba en la misma solicitud que el solicitante principal, en este caso el médico, a menos que todo el mundo esté perfecto de salud, el visado se deniega.

En las noticias se ha tratado este tema como un caso obvio de discriminación hacia este médico y, especialmente, hacia su hijo. Nada más lejos de la realidad, en todo caso sería un caso de “no discriminación”, porque los trataron exactamente igual que al resto de las personas que pedimos la residencia. No nos olvidemos de que Australia es uno de los países más ricos del mundo con tan sólo 20 millones de habitantes, lo que permite que sus ciudadanos disfruten de unas ayudas sociales impresionantes (los nuevos residentes no tenemos derecho a ellas, dicho sea de paso, hasta pasado un plazo de dos años desde nuestra llegada), y por ello sus criterios para aceptar inmigrantes son muy estrictos.

Mi intención con esta entrada es dismitificar un poco este caso, explicar que existen unas normas que todo el mundo debe cumplir y comentar que en este caso se ha hecho una excepción con este médico porque existe escasez de médicos especialistas en la zona de Australia donde vive (y, obviamente, por la opinión pública mundial). En lo que respecta a la petición del visado, el hecho de que su hijo tenga síndrome de Down es, obviamente, desafortunado, pero no más desafortunado que el hecho de que mi amiga holandesa (veterinaria, por cierto, y en Australia hay escasez de veterinarios) tenga la tensión alta. No piensen que estoy en desacuerdo con que le hayan concedido el visado, al contrario. Pero lo que sí quería dejar claro es que, a diferencia de lo que se ha publicado en la prensa y de la manera en que se ha redactado, no es éste un caso de discriminación, sino todo lo contrario: se ha tratado a esta familia de igual manera que se trata al resto de los solicitantes.