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Olimpiadas poco olímpicas

lunes, septiembre 8th, 2008

Ya estoy en Taiwán. Tengo casa, y hoy he visitado por primera vez mi Universidad.

Sin embargo, no es de mis primeras impresiones como taiwanés de lo que quiero escribir hoy, sino sobre las noticias que me llegan, de aquí y de allá, de diferentes amigos que, desconocidos entre ellos, han vivido en persona las Olimpiadas de Pekín. Es curioso que todos –cinco en total, aunque dos de ellos las vieran juntos– hayan coincidido en su juicio: han sido unos juegos brillantes en lo formal, muy destacados en lo deportivo, y sin embargo, nada, pero nada olímpicos en espíritu.

Y es que parece ser que la actitud del público chino –así en general, se entiende, asumiendo lo arriesgado de las generalizaciones–  ha sido de olímpico desprecio hacia todos aquellos deportistas que no fueran compatriotas. Por lo visto, los estadios, campos y piscinas se atiborraban minutos antes de que los participantes anfitriones lucieran sus habilidades, para vaciarse casi por completo de espectadores nacionales momentos después de que éstos terminaran sus exhibiciones. Insisto, recibo la misma impresión de personas fiables –viven en China y aprecian a sus habitantes– que no se conocen de nada.

Esto es lo malo del nacionalismo a machamartillo: importa nada más lo propio porque la boina tapa el horizonte. Tal comportamiento es irritante siempre, pero en un evento como el olímpico, en el que han de primar la internacionalidad y los vínculos entre patrias y continentes, en el que el protagonista ha de ser el deporte, la superación, el juego limpio y la solidaridad humana, fastidia todavía más que haya gente a la que le importe tres pitos lo de los demás, por bueno que sea lo que tengan que ofrecer.

Si los chinos no se han sentado a admirar a las gimnastas rusas, a los saltadores alemanes, a los fondistas etíopes,  si no les han jaleado en la persecución del lema olímpico –más lejos, más alto, más fuerte–, si solamente han aclamado a sus compatriotas –más nosotros, más nosotros, más nosotros– ¿qué es lo que han aprendido? ¿Qué ha dejado el espíritu olímpico en la capital del Imperio de Centro?

Triste asunto si es cierto lo que mis fuentes me aseguran.

Y ustedes, ¿han oído críticas similares?

Los señores del tiempo

miércoles, julio 9th, 2008

Nunca en mi vida había visto un junio y un julio como el que estamos viviendo en Dalian. En dos meses hemos tenido, y no exagero, cuatro días de sol. El cielo está siempre gris, la niebla es muy frecuente, y de vez en cuando descargan chaparrones que preocuparían hasta a Noé. El otro día no pude salir a cenar porque no había dónde poner el pie: toda Dalian se había convertido en un charco, como aquella Tenotchtitlán, o como Venecia, pero sin aztecas y sin góndolas.

“Bueno –piensa uno en un primer momento– el clima es así: imprevisible.” Pero es que estamos ya no a cuarenta de mayo, sino de junio, y andamos todavía con el sayo a cuestas. Uno, que es de tendencias apocalípticas, piensa en el cambio climático, en veranos sin sol y en glaciares derretidos, en una nueva Era Glacial provocada por la desaparición de la corriente del Golfo. Pero acabo agradeciendo que no haga el calorazo que hizo el año pasado y sigo con mis clases sin dedicarle más tiempo, porque no pueden descuidarse las obligaciones diarias solamente porque hace un tiempo que no se aclara nadie.

Entonces recuerdo haber leído en alguna parte algo sobre las Olimpiadas y la lluvia. Busco en internet, y bingo: el gobierno chino está manipulando el clima para asegurar el buen tiempo durante los Juegos. Cuentan, para ello, con diferentes métodos.

El primero de ellos es preventivo. Durante los meses previos al evento –es decir, ahora– bombardean las nubes con yoduro de plata. Así aumentan su conversación y provocar lluvias a tutiplén. De este modo consiguen que el aire se limpie –y hace buena falta, porque lo de la contaminación en Beijing va mucho más allá de lo que cualquiera de ustedes pueda imaginar–. Además, la descarga sistemática de lluvias hará, se supone, que durante los Juegos las nubes no den la tabarra.

El segundo de los métodos consiste en bombardear –siempre bombardear– con diatomita las mismas nubes a las que han ordeñado sin piedad durante los meses anteriores. La diatomita es, por lo visto, muy absorbente, y en el caso de que amenace chaparrón servirá para garantizar un espléndido sol sobre los estadios y piscinas de la capital.

La manipulación del clima no es una novedad, pero sí es la primera vez que yo puedo vivirla en directo. No me cabe duda de que el extraño verano dalianés se debe a las mañas climáticas del gobierno, y no puedo evitar sentir ciarta aprensión. Ya les dije que tiendo a ser apocalíptico, y me pregunto si disfrutar de un cielo azul durante las Olimpiadas justifica que andemos zurrándole a las nubes bombazos minerales que cambien sus ritmos, sus ciclos y sus cosas, de las que –lo sé, lo sé– no entiendo nada.

¿De verdad es tan grave que llueva en una maratón o en un partido de fútbol? ¿No ha sucedido ya en otras competiciones mundiales? ¿Están sentando los chinos un peligroso precedente y creando la necesidad –porque es una necesidad creada y boba– de que siempre que haya espectáculos tenga que brillar el sol? ¿Terminará Britney Spears por llevar de gira bombas de diatomita para que ninguna nube gris y cargada de tormentas se cargue, valga la redundancia, sus indispensables conciertos?

Y es que, ¿cómo se atreve el clima a condicionar así nuestras vidas? Tenemos derecho a disfrutar de una maratón a pleno sol. Somos los señores de la creación, al fin y al cabo.

El sombrío Pekín preolímpico (versión papel)

martes, julio 1st, 2008

Me pide Carlos Agulló que escriba aquí el artículo que La Voz publicó el sábado pasado en su edición de papel. Dicho y hecho, aquí lo tenéis. ¡Abrazos a todos!

 

 

 

EL SOMBRÍO PEKÍN PREOLÍMPICO

 

Este ha sido un año duro para China: las revueltas en el Tíbet y la mala prensa que generó en Occidente la gestión de la crisis; los supuestos atentados terroristas desarticulados por las fuerzas de seguridad; el terrible terremoto de Sichuan… Y lo que queda aún hasta la clausura de los Juegos. Las autoridades han confirmado la presencia de 100.000 policías y soldados velando por la seguridad de la capital.
A pesar de todo, muchos chinos y todos los extranjeros opinan que la nueva política de visados no está justificada. Se ha convertido el tema de moda: todo el mundo cuenta su experiencia, y el boca a boca es, como siempre, terreno abonado para historias de difícil confirmación en las que extorsión y malos tratos son los elementos principales.
Fue en mayo cuando el gobierno chino anunció la restricción de los permisos de entrada al país. Qing Gang, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, aseguró que se trataba de una medida temporal, pero se ha endurecido con el paso de los meses.
Además, el gobierno apenas ha notificado el cambio de política, y somos muchos los extranjeros que hemos sido víctimas de esta desinformación. El tiempo con el que contamos para registrarnos al regresar a China se ha reducido a veinticuatro horas, y la policía, excesivamente burocratizada y mal pagada, aplica con excesiva flexibilidad un sistema de multas que demasiado a menudo desemboca en chantaje.
El ambiente se ha enrarecido. Todos conocemos casos de personas que han tenido que abandonar el país con precipitación. El New York Times afirma que, desde mayo, el turismo en Pekín ha caído un 14%.
Por si fuera poco, las medidas se han visto acompañadas de un auge del puritanismo: ningún extranjero puede compartir una habitación de hotel con un nativo sin presentar el certificado matrimonial, y las chinas que entran en casa de extranjeros por la noche tienen que firmar y dejar su número de teléfono en portería.
Todo el mundo aquí se hace la misma pregunta: ¿aprovechará el gobierno chino la oportunidad olímpica o seguirá la línea de acción policial y ultra nacionalista que inauguró en mayo? El miedo a la crítica de los demás países, a la pérdida de identidad y a las consecuencias de una política social más abierta y transparente han motivado los últimos pasos en falso del Partido. China tiene el derecho de conservar su identidad en un mundo globalizado, pero no se entiende que la solución pase por controlar con quién duermen sus ciudadanos. Más allá de las consecuencias económicas de las medidas, se echa de menos una visión humanista que enlace esta China moderna con su tradición sin pasar por la represión de las consecuencias de una apertura económica que el propio gobierno promovió en su día y sigue con entusiasmo de recién llegado a la fiesta capitalista.
¿Llegaremos a ver una China en la que el liberalismo y el socialismo se integren en armonía? Difícilmente. Lo único que a estas alturas está claro es que el País del Centro se enfrenta a las Olimpiadas sin pasar por el aro –olímpico– del aumento de las libertades.

El sombrío Beijing preolímpico

domingo, junio 22nd, 2008

Acabo de regresar de un viaje de trabajo a Beijing. Se celebraba, organizado al alimón por la Consejería de Educación y el Instituto Cervantes, el I encuentro de profesores de español en China. Ha sido realmente interesante, pero de eso hablaré otro día.

Hoy quiero hablar del Beijing preolímpico. No sé, porque era pequeño y además no pisé Barcelona durante el 92, si en España la cercanía de las Olimpiadas nos volvió tan paranoicos, ansiosos e infelices como está volviendo a los Chinos.

Ya he hablado en otra entrada del endurecimiento de los controles del gobierno sobre la población extranjera. Muchas de las visas que hasta este 2008 se expedían con facilidad se han convertido ahora en tesoros inalcanzables, provocando el regreso a casa de muchos de los expats, como se refieren a nosotros en inglés. La policía se pasa las tardes llamando a las puertas de las casas de los extranjeros para comprobar si están registrado, y si sales de China solamente te dan veinticuatro horas para que pases por la comisaría a comunicar que has vuelto.

Pero lo de este fin de semana en Beijing ha sido el colmo. Decenas de historias sobre extranjeros que han tenido que volverse a su casa porque no les han renovado los papeles, sobre noches en el calabozo, sobre el trato descortés y veladamente amenazador de algunos policías (yo mismo lo viví, como ya les conté). Claro que, ¿qué vamos a decir los europeos sobre tolerancia con los inmigrantes? Cuidado, que me desvío.

Pero más desazón me ha provocado, al respecto de la nueva actitud de las autoridades Chinas ante la proximidad de las Olimpiadas, lo que me sucedió al reservar el hotel donde me alojé. Escogí en la página web una habitación individual para tres noches, pero una ventanita emergente me avisó de que no quedaban ya, y que la siguiente opción era una habitación doble con dos camas individuales. El precio subía poco, y acepté la propuesta del recepcionista electrónico.

A los diez minutos recibí un email en inglés de los responsables del hotel, en el que se me decía (traduzco):

 

“Estimado Señor Salas:
Gracias por elegir nuestro Hotel. Ha reservado usted una habitación doble con dos camas individuales. ¿Viene usted solo o acompañado? Le comunicamos que si su acompañante es una ciudadana china tendrán que presentar el certificado de matrimonio. Atentamente Fulanito de Tal”.

 

Así de claro lo piden las autoridades. Un curioso arranque de doble moral para un país en el que la prostitución es una realidad cotidiana, en el que el tráfico de mujeres también lo es (son muy habituales las prostitutas filipinas, por ejemplo, sobre todo en Hong Kong y el resto de las grandes ciudades del sur). Pero resulta que si yo voy a Beijing con una hipotética novia china no puedo dormir con ella, porque está feo eso de las relaciones prematrimoniales. ¿A quién se le ocurre andarse tocando sin el permiso de la Gran Autoridad Moral, el Partido?

Pues vaya con las Olimpiadas, si es para eso para lo que sirven: endurecimiento de las medidas policiales, enrarecimiento del ambiente entre nativos y extranjeros (“Los chinos hacemos estos Juegos para nosotros, nos dan igual los extranjeros”, dijo la responsable de los trámites del visado de la Embajada de China en México al hermano de un amigo mío tras denegarle por tercera vez la visa) y, sobre todo, el auge de la siempre repugnante e hipócrita doble moral, que concentra toda su grandilocuencia farisea en detalles insignificantes para obviar los realmente grandes, como el hecho de que miles de mujeres extranjeras se prostituyan aquí coaccionadas por las mafias nacionales.

No es así la China que yo he vivido hasta el momento, ni la que yo admiro, respeto y quiero. No es la China que deseo para mis compañeros de trabajo y mis alumnos, la que se ganan ellos con esfuerzo y paciencia, la China que se abre a la modernidad sin dejar de ser la China de Confucio, de Lao Tse, de Sun Yat-Sen, Li Bai y Mencio, la China que nos enseñó cartografía, navegación, poesía, pintura, estrategia y tantas otras cosas a los demás pueblos de la Tierra.

Claro que, ¿qué enseñar de la hipocresía un europeo? De la condena de las guerras africanas mientras nosotros fabricamos las bombas que los despedazan, sí podemos dar clase; del respeto sagrado a nuestras soberanías nacionales mientras entramos a saco, de la mano del tío Sam, en países como Afganistán e Irak, también; por supuesto, de la celebración del Día de la Hispanidad mientras empresas españolas vulneran sistemáticamente los derechos de los indígenas; y sobre todo de un estado del bienestar sustentado en la pobreza extrema del Tercer Mundo.

Vuelvo a repetir la frase del Sanzijin, clásico de los tres caracteres, pero esta vez en tono sombrío: bajo las diferencias está el hombre. Si lo bueno, lo sagrado que hay en nosotros, nos iguala, también lo hace lo más oscuro de nuestros corazones.

 

 

Anzac Day

viernes, abril 25th, 2008

Hay muchas cosas de las que os podría hablar hoy.

Os podría hablar de la antorcha olímpica, que llegó a Canberra, provocó ataques, detuvieron a gente… Como en el resto del mundo. Varios deportistas, como el medallista olímpico Ian Thorpe, están haciendo llamamientos a no boicotear los Juegos Olímpicos ni a sus símbolos como medio para protestar contra los ataques de China al Tibet, algo con lo que yo, igual que Miguel Salas, estoy completamente de acuerdo.

También os podría hablar del cambio climático: Australia es una isla muy seca, gran parte de ella es desierto puro y duro, y donde vivo yo, cerquita de Sydney, hay bosques y es todo muy verde, pero una de las características de Australia es el sol, el sol y el calor. Yo llegué aquí en octubre del año pasado, en primavera en el hemisferio sur, y desde entonces hasta ahora dejó de llover una semana, siete días contados, ni más ni menos. Yo la verdad es que no tengo conocimientos que me permitan asegurar que esto es parte del cambio climático, pero vamos, que a mí me lo parece.

Pero de lo que me apetece hablaros hoy es del Anzac Day. El día 25 de abril, además de conmemorar la revoluçao dos cravos en Portugal (y ser el cumpleaños de mi hermano), se celebra el Anzac Day en Australia y en Nueva Zelanda. Anzac significa Australian and New Zealand Army Corps y en este día se recuerda al ejército conjunto de Australia y Nueva Zelanda, especialmente los miembros de él caídos en la batalla de Gallipolli, en Turquía, durante la Primera Guerra Mundial, donde se dice que empezó a nacer de verdad la conciencia nacional de estos dos países. Antes de esta batalla los australianos y los neozelandeses admiraban al Imperio Británico, pero en esta batalla fueron utilizados como distracción mientras los británicos atacaban y, a causa de ello, murieron en masa, lo que hizo que se perdiera parcialmente la estima por los británicos.

En este día el ejército (las tres ramas, tierra, mar y aire) desfila por las ciudades más importantes e, incluso en los pueblos pequeñitos, los habitantes que participaron en alguna de las guerras desfilan por el centro. Es tradición que el hijo mayor, si su padre o su abuelo lucharon en alguna guerra, luzca sus condecoraciones. Lo retransmiten por la tele, igual que el 12 de octubre en España, y vi que incluso hacen una ceremonia para recordar a los caídos en combate con coronas de flores y las salvas. Por lo que me cuentan, la gente está bastante orgullosa del ejército, y en este día si eres miembro de él tienes transportes públicos gratis y los ex combatientes te suelen invitar a cervezas en los bares.

Os cuento esto porque la verdad es que a mí el ejército siempre me dio un poco de grimilla, pero me parece bonito que todo el país se enorgullezca del suyo.

Por cierto: yo también soy de Ferrol, parecía una ciudad pequeñita pero resulta que era ¡porque la mayoría estábamos todos fuera!