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Medicina contra la Morriña

Miércoles, Julio 9th, 2008

Ah, morriña, saudade, nostalgia… ¿Hay algo más gallego que a morriña? La verdad es que nunca he estado de acuerdo con esa idea extendida que la morriña solo la sienten los gallegos. El problema es que por desgracia esta Galicia puñetera siempre nos ha echado allende los mares a buscarnos la vida, y nos ha obligado a echarla de menos más de lo que quisiéramos.

Y claro, de vez en cuando la morriña aprieta. Por mucho chorizo de estraperlo que uno tenga en la nevera, por muchas botellas de albariño, traídas en la maleta envueltas en camisas, chaquetas y pantalones para que no se rompan; por mucho pimentón y mucho jamón serrano, la morriña siempre acaba mordiendo: La familia está lejos, la lluvia es diferente, el caldo no sabe lo mismo en Vietnam….y todas estas soñadas virtudes que nos hacen echar de menos el terruño.

Pero por fin he encontrado una medicina contra la morriña, ayudado, como no, por las nuevas tecnologías. Internet es el anti-morriñas, y ojalá nuestros emigrantes de antaño hubieran podido disfrutar de este lujo ahora a nuestro alcance.

Pero no se equivoquen: Internet solo funciona con la adecuada posología. No sirve con usar el “skype” para llamar a la familia por cuatro duros;  tampoco es suficiente con leer La Voz en el ordenador, o desayunar los domingos con la columna del “Reverte” tomándose un café y unas magdalenas. Ni siquiera llega con pasarse horas mirando la webcam de Finisterre en la pagina de la TVG. No, la “Medicina de la Morriña” es la radio por internet.  Pero tampoco  cualquier radio.

Me explico. Cada vez que me entra esta profunda tristeza, esta añoranza de mi tierra, de mi querida España, de mi adorada Galicia, lo único que tengo que hacer es sintonizar la COPE en internet, a eso de las 11 de la mañana hora local, y escuchar a este personaje tragicómico (tragitrágico?) de apellido Losantos para que cualquier atisbo de morriña, cualquier deseo de volver a España se desvanezca al ritmo de sus desvaríos. O sea, que en cuestión de 10 segundos se me ha curado.

Eso sí, consulte a su médico o farmacéutico antes de tomar este medicamento, puede tener efectos secundarios.

La otra cara de la moneda

Viernes, Junio 6th, 2008

Gel Martínez nos evía este correo desde Holanda:

“La emigración o ser emigrante no es sólo la definición que nos presenta la RAE. Detrás de cada emigrante hay una historia y un mundo. Ir a pasar unos años a otro país y conocer otras culturas es algo muy enriquecedor, pero si sabes que pronto vas a volver a tu tierra, yo personalmente no lo considero como emigración.

Yo soy hija de emigrantes, pero emigrantes de los que en los años 50, 60 y 70 tuvieron que salir de su tierra, no por el afán de aventura o la necesidad de conocer otras culturas, sino por la ilusión de una vida mejor dada la situación económica y política del país.

En mi caso no tuve ni voz ni voto. Era menor, y de repente me vi en un país extraño en el que adaptarme me costó los mejores años de mi vida. ¡Qué quieres! Soy gallega de pies a cabeza, lo cual conlleva que la morriña forma parte intrínsica de mi ser.

¿Que por qué aún sigo aquí? Yo que se. El libro de la vida no lo escribimos nosotros mismos, aunque nos parezca lo contrario. Mi ilusión fue siempre regresar a mi tierra… pero me adapté, conocí a mi marido (gallego) y al tener una familia propia te planteas las mismas preguntas que antaño hicieron emigrar a nuestros padres y antepones un cierto nivel de bienestar que has conseguido ante la morriña…Pero ésta no te abandona. Es lo que muchos de vosotros comentáis: el olor a lluvia, los bosques, los prados, la gastronomía… nada huele ni sabe como en Galicia. Yo siempre digo que cuando estoy en mi tierra siento las raíces debajo de mis pies, piso en firme, estoy en lo mío. Es una sensación que nunca sentí aquí, a pesar de estar ya adaptada en este país.

Mis padres como “buenos” gallegos también vivieron dominados por la ilusión de volver a su tierra. Y al fin lo consiguieron. Y aquí viene la otra cara de la moneda… Vuelves a tu tierra, cumples el sueño de tu vida, pero eres mayor, te encuentras solo y no puedes evitar el comparar lo que dejas con lo que encuentras a cambio…. y tristemente lo que encuentras, sobre todo a nivel de asuntos sociales, administraciones y burocracia, te deja a veces desolado.

En cierto sentido yo me siento inmensamente rica al conocer dos culturas. No es bueno vivir arraigado en tu propio mundo. Es verdad lo que lees en Sanzijing. Todos somos iguales con diferentes costumbres. En todas partes hay la misma clase de gente y nadie es ni mejor ni peor. Conocer otras costumbres te abre los horizontes.

Al vivir aquí me doy cuenta de que pocas personas conocen mi país. Y cuando estoy en Galicia me pasa lo mismo, me hacen preguntas sobre Holanda como si fuera el fin de la tierra.

Lo que está claro, es que no se puede tener todo, pero escoger tampoco es fácil.

Desde que mis padres retornaron, pensar en la emigración me deja un cierto sabor amargo. Y como las historias suelen repetirse, no puedo dejar de preguntarme qué camino escogeremos nosotros cuando dentro de algunos años nos encontremos ante el mismo dilema: quedar o retornar……..dejar familia a cambio de mitigar morriña, o por el contrario no dejar atras la familia y reconciliarse con la idea de morir con este ansia por la terriña.

En fin, una cosa la tengo muy clara. Hoy, si pudierar escoger, sería por algún tiempo una gallega por el mundo, pero no una emigrante.

Desde Holanda un cordial saludo pars todos los gallegos y gallegas por el mundo”.

Plantón radiofónico

Lunes, Junio 2nd, 2008

Las ruedas del avión acaban de tocar tierra anunciando nuestra llegada a Chicago. Hoy hace un día estupendo y desde que salimos de casa todo ha salido como esperábamos. El taxi de casa al aeropuerto, las maletas bien hechas, no parece que hayamos olvidado nada. Ahora solamente queda asegurar que en trabajo todo está bajo control así que sintiendo el poder de la tecnología entre mis dedos enciendo la blackberry, me quito el cinturón de seguridad, me levanto impaciente y camino hacia la puerta del avión mientras observo como los mensajes se van descargando en mi pantalla: spam, Mariah, Myra, Autoreply, OK ¿qué es esto? ¿al sur de qué? El email lleva por título: entrevista en la COPE. Lo abro lo leo rápidamente y pego un salto de alegría mientras le digo a Jason:“¡No lo puedo creer! Me han escrito de la COPE diciendo que me quieren entrevistar en directo este domingo a las 2 de la tarde hora española desde la plaza del obradoiro. Me dicen que han encontrado mi perfil a través de Global Galicia y que les interesa mucho hacerme unas preguntas e incluirme en una sección  de su programa dedicada a los gallegos emigrados, que les dé un número para localizarme ¡Por fin voy a poder saludar a todo el mundo y hablar de mi empresa Covalingua por la radio!”. Me apresuro a contestar el mensaje con mi número de móvil y a los pocos minutos recibo una llamada, respondo y digo que estoy recogiendo mi maleta y que preferiría hablar en unos 30 minutos. A los 30 minutos justos suena el teléfono de nuevo, es Samuel de la COPE. Me pregunta si estoy dispuesta a que me entrevisten, le digo que si aunque mi viaje a Tejas el sábado por la noche me va a obligar a madrugar una hora mas porque la diferencia con España allí es de 7 horas pero ¡que importa! ¡es la radio! madrugaré encantada. Samuel comienza a documentar la entrevista haciéndome algunas preguntas que lo sitúen a abrir la llamada telefónica en directo el domingo. Respondo y quedamos en hablar a las 6.45 am hora tejana, 1.45 pm hora española para mis tres minutos de fama.

Cuelgo el teléfono y tan contenta llamo a mi familia y a mis amigos para avisarlos de que voy a salir en la radio y les explico que todo es una consecuencia de este blog de gallegos. Mi padre, que está pasando el fin de semana en su pueblo, Laza, me dice ilusionado que lo van a escuchar todos en la plaza de la picota y que estará pegado a la radio a partir de la 1 de la tarde como un clavo.

 Llega el domingo y nuestro vuelo de 3 horas de Chicago a Houston. Llevamos cansancio acumulado desde el sábado y podría decirse que sentimos los efectos post-boda habituales. Dolor de cabeza, descanso a deshora, etc. así que al llegar al hotel de Houston lo que más nos apetece es dormir a pierna suelta…el hotel es maravilloso y la cama enorme y comodísima. En ese momento recuerdo mi conversación con Samuel y mi promesa de madrugar y pienso en mi intervención en directo en la radio y en los nervios que me produce, ensayo mentalmente lo que voy a decir y lo repito para no olvidarme nada. Vale, sé que ellos quieren que les diga qué hago en Estados Unidos, que les diga si pienso volver, si extraño Galicia, si tengo “morriña” pero aunque son preguntas con fácil respuesta no puedo evitar ponerme nerviosa, quiero saludar a mis hermanos, a mis padres, a mi familia de Laza ¡y por supuesto mencionar mi empresa Covalingua! Tengo que despertarme con tiempo para no sonar dormida, a veces se me atasca la nariz y tarda un poco desde que me despierto hasta que se me desatascan las fosas nasales así que mejor pongo el despertador a las 6 y hago tiempo no vaya a parecer tonta hablando. El despertador de mi móvil está programado, el del despertador del hotel también, el del móvil de Jason también, llamo a recepción programo una llamada con ellos, creo que el despertador de toda la gente en esta planta también está programado no vaya  a ser…

 No pego ojo, sueño que estoy despierta y haciendo mi entrevista, me está saliendo muy bien, estoy diciendo todo lo que había planeado y además todo el mundo me está escuchando, en mi siguiente sueño ya no hay acción, estoy en un limbo de preocupación, dormida pero despierta, inconsciente pero preocupada por no despertarme a tiempo, así pasan 5 escasas horas de mal sueño…. de pronto el primer despertador me anuncia que tengo que despertarme, levantarme, beber agua, hablar en voz alta un rato, quitarme la ortodoncia y sobre todo abrigarme bien porque el aire acondicionado de la habitación del hotel esta a tope y esta demostrado que eso también me atora la nariz en cuestión de segundos… mientras pienso en todo esto suena el segundo despertador, ahora el tercero, el cuarto, se acerca mi momento, el móvil va a sonar en cualquier momento y toda Galicia, parte del España y del extranjero va a estar escuchando. Pasan los minutos, pasa la hora y pienso “bueno, estos españoles siempre te dicen una hora y luego…” pasan más minutos, me caigo de sueño, miro el teléfono esperando que se encienda la pantalla con un +34. No suena, el cuarto esta a oscuras y Jason duerme. Ya son las 2 y media de la tarde en España y empiezo a sospechar que no me van a llamar. El sueño me vence y cuando me despierto son ya las 10 de la mañana de Houston. Miro el teléfono sobresaltada. Nada. No hay llamadas perdidas. De pronto me incorporo y un sentimiento de desilusión y bochorno empieza a inundar mi cuerpo. Pienso en mi padre, lo llamo, no contesta. Me lamento en alto y me siento tonta por haber avisado a todo el mundo. Rompo a llorar de desilusión. Llamo a casa para tener noticias pues en mi bandeja de entrada no hay noticias de Samuel. Se pone mi madrastra. Me dice que estuvieron toda la mañana atentos, que escucharon el programa, que entrevistaron a otros y que ni me mencionaron. Siento que alguien me ha dado plantón. Hoy hace un día muy bonito en Houston pero por algún motivo siento una nube encima de mi cabeza. Me siento triste y decepcionada y pienso que España me ha vuelto a defraudar. Mi semana será buena. Una vez más, conseguiré superar la “morriña” cuando venga a visitarme pero nadie puede negar que un email procedente del ciberespacio, una voz y un plantón radiofónico han arruinado mi domingo.

Me siento de todas partes

Martes, Mayo 20th, 2008

Reproduzco a continuación otro correo que entró en el buzón de Global Galicia.

 Escribe: María Teresa Eibe, desde Alcalá de Henares

“Me fui de Galicia hace 17 años. Me vine a Madrid y desde aquí emprendí camino hacia países vecinos atraída por el mundo de la investigación y también por otras culturas. Podría hablar mucho de la morriña, el más gallego de los sentimientos como suele decirse. Pero también siento que soy el resultado de muchas vivencias y del legado de muchas personas que no me han dejado indiferente así que esa morriña a veces transciende más allá de lo gallego. Ahora vivo en Alcalá de Henares y me siento un poco de todas partes aunque hay unos valores que van unidos a la realidad gallega y conforman una dimensión de mi identidad.

Galicia es una perla en el camino del que recorre el mundo desafiando horizontes. Conocerla es no dejarse marchar y volver es recuperar la esperanza de lo otro, descubrir que sigue viva la eterna belleza que late silenciosamente a cada paso y sentir a la Tierra girar. Nada es lo mismo porque siempre es distinto de tan auténtico. Sólo los recuerdos se parecen.

Ahora por ejemplo mientras se escurre la tarde en la distancia recuerdo muchas tardes parecidas. La luz lloviendo dulcemente y el brillo del ocre engastado de hojas cayendo. Me distraigo contemplando cómo a esta hora, casi inadvertidas el resto del día, las nubes lucen más. Sin aquellas tardes no existirían éstas.

Galicia es una causa y una razón para lo que no pensábamos que tuviese explicación. Es una parte del ser que justifica la otra. Y por fortuna ya casi está en todas partes. Si uno la busca siempre acaba encontrándola.

Un abrazo.

María Teresa Eibe, desde Alcalá de Henares”

Empezando a escribir

Lunes, Mayo 19th, 2008

Mi “historia” con este blog empezó hace ya unos meses cuando, casi por casualidad, me topé con su enlace al entrar en el portal de La Voz para revisar las últimas noticias publicadas de nuestra tierra. La verdad es que desde un principio me sentí atraída a pinchar el link pero por unas cosas o por otras no encontraba el momento. Siempre estaba ahí, esperándome, así que cuando al final entré consiguió engancharme y desde entonces se ha convertido en visita obligada en mis paseos por el ciberespacio.

Lo que más me gustó, cuando entré por primera vez al blog, fue el encontraros a todos y comprobar que había mucha gente con mi misma sensación de morriña y añoranza de la tierra. Es cierto que físicamente no me encuentro tan lejos como algunos de vosotros y por ello me siento muy afortunada, ya que desde Ávila puedo acercarme a nuestra añorada Galicia siempre que necesito reponerme de un ataque repentino de saudade.

Hace unos cuantos años me fui de nuestro terruño en busca de un trabajo mejor y más acorde con mis estudios y después de algún tiempo sobreviviendo en Madrid (porque por mucho que la gente diga que en Madrid se puede vivir, yo siempre afirmaré que se puede trabajar y llevarlo más o menos bien, pero no hay calidad de vida), he fijado mi residencia en Ávila, una ciudad encantadora y que, tal y como dice uno de sus anuncios, “te abre las puertas”. Ya os contaré más cosas sobre mi ciudad adoptiva y lo que hago aquí en otros posts.

¿Por qué Ávila?, os estaréis preguntando. Pues muy sencillo, llegué a Ávila por amor, sí es cierto, aunque suene cursi y ñoño. Junto con el trabajo o los estudios creo que es uno de los grandes motivos por los que la gente decide moverse de un lado a otro. Cuando conocí al que hoy es mi marido lo tuve muy claro y, cual lapa de nuestras playas, me pegué a él para no separarme en la vida, al menos eso espero (mmm, con lo de las lapas me viene a la memoria una de nuestras aventuras en Galicia, aunque ya os contaré el tema de los caramujos, que en Castilla le llaman bígaros, más adelante, porque es increíble lo cerca que estamos -Galicia y Castilla y León- y las diferencias culturales que puede haber entre unos y otros). Mi empeño actual es enseñarle a David todas nuestras costumbres y conseguir que vaya queriendo cada día más la tierra que hace ya unos años me vio nacer y que todos nosotros llevamos grabada a fuego en el corazón.

Hasta ahora el balance es positivo y como he empezado por el estómago creo que vamos ganando puntos para hacerlo gallego de adopción. Al menos no me pone pegas cada vez que me pongo pesada con eso de “es que el pulpo de aquí no es como el de Galicia”, jejeje. Lo tengo negro con eso de que mis principios me prohíben comer pulpo que no sea de la ría, pobriño, hay que ver qué aguante tiene.

Y por hoy creo que es suficiente, ya os iré informando puntualmente de las cosas que suceden por esta zona de España. En mi próxima historia os contaré la que se lió con una carpa de productos típicos de Galicia instalada en una plaza de Ávila.

Bicos e apertas para todos.

En defensa de la morriña

Miércoles, Mayo 14th, 2008

 En el buzón de Global Galicia recibimos el siguiente testimonio.

Lo firma  Roberto, desde Barcelona

“Salí de Galicia con 9 años, un día de marzo de 1963, a escondidas por un camino secundario de la aldea. Nos fuimos monte a través a otra aldea a tomar el coche de línea para que las gentes del lugar no nos viesen marchar. Después de todo un día de viaje fuimos a parar a Vigo donde esperaba aquel grandioso barco que nos llevaría al otro lado del mar, donde estaba mi padre desde hacía unos cuantos años.

Ese día fue cuando acabó mi niñez, nunca aquel niño que fui salió de la aldea. A pesar del transcurrir de los años mi mente de niño siguió cada día correteando por las callejuelas de mi Eiradela querida, en adelante yo sería otro niño diferente, entre gente diferente en un lugar diferente.

Los años y las circunstancias me trajeron otra vez a mi país muchos años después, vivo junto con los míos en Barcelona, a tiro de piedra del lugar en el que nací, y cada vez que puedo regreso a la aldea a encontrarme con el niño que aún está allí jugando con los amigos de entonces entre las viejas casas, por las callejas y los prados, y lo veo y puedo sentirlo pasar a mi lado con su ropa gastada y vieja y sus ansias de seguir con ese juego eterno que solo el y yo conocemos.

Quizás la morriña consista precisamente en eso, en no saber desprendernos del lugar en que nacimos, en siempre tratar de regar la planta que dejamos enraizada en la aldea, en no querer abandonar el lugar al que nos han obligado las circunstancias de la vida a dejar atrás…. pero que bonita es la morriña…. porque es nuestra, porque es un sentimiento tan grande que solamente quienes logramos sentirlo alguna vez podemos entenderlo…. porque nos hace sentir más gallegos cuanto más lejos estemos de Galicia.

¡ Gallegos que por el mundo andamos, defendamos la morriña, porque ella forma parte de todos nosotros y ella es la propia Galicia nuestra !!!!

Un fuerte abrazo para todos.

No tengo morriña, pero…

Miércoles, Mayo 7th, 2008

Será porque llevo aquí menos de 3 meses, pero yo de momento no siento esa morriña tan intensa que los gallegos solemos pasar en cuanto cruzamos la frontera. También puede ser porque no he dejado de viajar por aquí y estoy tan maravillada con todo lo que veo que no tengo tiempo de comparar. De todos modos, sí que hay una serie de cosas puntuales que echo en falta:

  1. Que vendan sábanas para la cama aparte de la bajera (con el calor que hace aquí ¿por qué sólo venden edredones? yo me he comprado una funda de nórdico, pero la uso sin nórdico dentro.
  2. Que entre en un edificio y no me congele de frío por lo alto que tienen el aire acondicionado.
  3. Que no se me empañen las gafas cada vez que paso del interior al exterior.
  4. Que la cisterna del baño espere a que yo la pulse para funcionar, no mientras yo aun estoy sentada.
  5. Que los grifos de los lavabos duren encendidos más de 2 segundos.
  6. Que alguna vez me den cuchillos para ayudarme a comer; los palillos y cuchara están bien para los noodles, el arroz… pero no para partir carne.
  7. Que la gente no tenga tantas verrugas en la cara (y con pelo, aghh)
  8. Que en las zapaterías vendan zapatos sin tacón.
  9. Que no me cobren 10 euros si quiero acompañar una cena con una copita de vino (estoy siendo literal, UNA copa).
  10. Que no digan “la” al final de cada palabra.

Parece una lista larga, pero yo mientras sólo eche de menos estas cosas, soy más que feliz 🙂 

¿Morriña?

Martes, Abril 8th, 2008

Ho Chi Minh City, o Saigón para quienes se hayan quedado en las películas de Vietnam. Después de 3 años aquí, la verdad es que no sé por dónde empezar, soy un poco tímido.

Precisamente buscando por dónde empezar, estaba yo leyendo algunos de los blogs de Global Galicia esta mañana; y me he dado cuenta de que hay una morriña generalizada. Una entrada tras otra versa sobre las muchas cosas que se extrañan cuando uno deja el terruño. La comida ¡siempre la comida! Y como no, los paisajes, los sabores, los olores y mil otras bucólicas imágenes que se nos vienen a la cabeza siempre que cruzamos Piedrafita, y en las que nunca habíamos pensado de Piedrafita para dentro.

Y me puse a pensar (nota del escritor: deberías hacerlo más a menudo) que tampoco hay tanta diferencia entre Chinos y Chilenos, Checos y Mozambiqueños, Vietnamitas y Gallegos. Al menos, menos diferencias de las que pudiera parecer.

El que suscribe, gastrónomo “extraordinaire” se ha comido su buen lacón con grelos y su bacalao con coliflor en China, ha preparado empanadas de zamburiñas y callos con garbanzos en Vietnam, ha degustado el jamón serrano en Tíbet, y se ha zampado “bocatas” de chorizo en Londres y se ha tomado café con leche y bollos en Tailandia leyendo La Voz de Galicia.

¿Y qué me decís de los paisajes? Esos increíbles paisajes de Galicia que todos recordamos… ese olor de los pinos mojados en una mañana lluviosa de otoño…en Canadá; o ese incesante romper de las olas en los acantilados….de Sudáfrica; esos campos verdes e infinitos de…Irlanda, y esas playas interminables de… Camboya.

Al final, todo depende del viajero, de su capacidad y voluntad de adaptarse, de aprender a disfrutar de las particularidades del lugar en el que le ha tocado vivir, sin renunciar a lo que considera propio. Y en este tiempo en el que vivimos, tan distinto del que nuestros padres y abuelos emigrantes tuvieron que vivir, no es necesario renunciar a estas pequeñas cosas. Ya llega con renunciar a la familia y a los amigos….

La próxima vez cuento como me ha ido con Sardá y su Dutifri comiendo escorpiones en Saigón…

De compras en Alaska

Domingo, Marzo 30th, 2008

Hogar, dulce hogar

Cuando cuento que vivo en una cabaña de madera en un pueblo perdido en medio de la tundra de Alaska, a la gran mayoría de la gente lo primero que le viene a la mente es la famosa serie de televisión “Doctor en Alaska.” Por si acaso también se te ha ocurrido a tí al leer esto, te cuento que Aniak en realidad no tiene mucho que ver con Cicely.

Según los datos del último censo, Aniak cuenta con 527 de los aproximadamente 13.000 habitantes de la cuenca del río Kuskokwim, en el suroeste de Alaska. El Kuskokwim es el río libre más largo de EEUU, con unos 1200 km de longitud. Su cuenca ocupa un territorio tan grande como la mitad de España. Y en todo esa inmensidad no hay una sola carretera que comunique un pueblo con otro. Esto es, durante el verano, claro. En invierno puedes ir a todas partes conduciendo sobre el río helado. Si te atreves.

En el pueblo en sí no hay mucho que ver. Tenemos una tienda de víveres, una oficina de correos, una cabañita transformada en pizzería donde no hay ni una silla, una escuela y un instituto, una clínica, un aeropuerto, un basurero, un campo de tiro y tres iglesias (católica, metodista, y ortodoxa rusa). Poco más. No hay cines, cafeterías, tiendas, restaurantes, bares, parques, o transporte público. Nos faltan muchas de las cosas que el mundo occidental “civilizado” considera en muchas ocasiones imprescindibles para el día a día.

En la tienda puedes, más o menos, encontrar un poco de todo. Eso sí, a unos precios desorbitados. Un kilo de uvas puede costarte tranquilamente 16 dólares, o un galón de leche 10 o 12. Alcohol no venden, ya que Aniak es un pueblo “húmedo.” Eso significa que no se permite la venta de alcohol, pero es legal consumirlo. Hay otros pueblos en la zona que han votado ser “secos” y donde es ilegal beber alcohol en tu propia casa. Y otros en cambio son “mojados” y hasta tienen algún bar.

Como no hay sueldo que aguante comprando todos los víveres en la tienda del pueblo, la compra la hacemos cuando vamos a la ciudad, a Anchorage. Como no hay otro medio de transporte posible desde Aniak, ir a la ciudad implica un viaje de hora y media en avioncito o avioneta sobrevolando tundra, ríos, lagos, montañas y glaciares. Ir a “hacer la compra” es toda una aventura: pasar horas y horas corriendo de acá para allá comprando comida al por mayor, herramientas, materiales de construción, ropa, y todo lo necesario para pasar unos meses hasta que haya oportunidad de viajar de nuevo; hacer paquetes y más paquetes con todas las compras para llevarlas a correos o a alguna empresa de cargo; y regresar a casa cargados con enormes neveras de camping llenas de verduras frescas y comida refrigerada y congelada que no hemos podido enviar por correo por temor a un estropicio. A este estilo de ir de compras se le llama aquí “guerrilla shopping.”

Una de las tiendas por donde solemos pasarnos es la de vinos y demás bebidas alcohólicas. Los vinos españoles suelen abundar en EEUU, y esperábamos que Anchorage no fuese una excepción. No sólo tenían vino español, sino que además tenían un Albariño. Y para deleite de mi morriña, el vino se llamaba “Albariño Vionta.” Que no será el mejor pero está muy rico y además me trae recuerdos de mi rincón favorito del mundo, de lo más parecido que tengo a unas raíces. Una casita de piedra junto al mar en Castiñeiras, desde donde se ve ahí al ladito a la derecha, la preciosa isla de Vionta. Y Sálvora, un poquito más atrás.

Porque somos así

Viernes, Marzo 28th, 2008

Yo sé que el picante es patrimonio de todas las culturas del mundo. Es más, en una ocasión, un pimiento de Padrón casi me deja efectos secundarios, porque el picor de todos los que comí ese día se concentró en uno solo que me hizo llorar como solo se llora en las despedidas.

Yo vivo en la bulliciosa ciudad de México, en el Distrito Federal y aquí el picante es la alegría de todas las salsas. Tras dos años, con una gastronomía tan variada cuya base es la harina de maíz, es difícil no admirar los chiles y disfrutarlos, eso sí, en su justa medida. La primera vez que vi cómo tostaban los chiles en el comal (disco de metal sobre el que se calientan las tortillas o se tuestan los chiles) tosí tanto y con tantas ganas a causa del picante que huí de allí y me quedé sin ver cómo se preparaba la salsa, pero fue por un bien mayor: no morir ahogada. No todas las salsas llevan chiles asados, las hay con chile crudo o cocido.

Por muy variada y deliciosa que sea la gastronomía del nuevo lugar y seamos de donde seamos siempre echamos algo de menos.

Una cosa sabrosa que me pasó es que me regalaron una “sopa de sobre” y cuál fue mi sorpresa al descubrir que era caldo gallego. Así como lo escribo, caldo gallego en sobre. El mundo es impredecible y sus innovaciones también. El caso es que este sucedáneo de caldo me supo a gloria. Yo pensé que esta idea era de un gallego agotado por la morriña de su tierra que, pensando en hacerles la vida más llevadera a los que estamos lejos, lo inventó. Porque somos así.