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Poesía vs. Influenza

Lunes, Mayo 11th, 2009

Llevamos casi año y medio organizando una lectura de poesía todos los martes a las nueve de la noche en un café de la colonia Roma en la ciudad de México. Siempre que lo interrumpimos fue por vacaciones, salvo en esta ocasión griposa que el gobierno cerró cafés y restaurantes. Aún así el martes nos dimos cita en casa de Lauri García, una de las poetas del megáfono –es así como, en una de las primeras lecturas y de pura casualidad, bautizamos el colectivo –, para un megáfono clandestino. En esta ocasión pedimos que los poemas tratasen el tema de la influenza y los lectores como siempre sorprendieron con sus propuestas. El único requisito que se pide a las personas que quieran leer es que respeten el tema elegido con ayuda del público cada semana.

 

Este martes retomamos la actividad de siempre, y estaremos una noche más en la azotea del café.

Quédense en su casa

La ciudad recobra poco a poco la actividad, se supone que mañana, con la vuelta a clase de los más pequeños lo hará totalmente. Sorprende que después del despliegue mediático ya no se hable tanto de la influenza y que como dice Delmi, las teorías para explicar lo sucedido sean de los más variopinto: desde que Obama está metido en el ajo (justo el día después de que Obama abandonase México tras una visita oficial, el gobierno habló de epidiemia), hasta que son las farmacéuticas conspirando o que el gobierno aprovechó las medidas aprobadas para enfrentar la crisis (pueden entrar en la casa de cualquier sospechoso de estar enfermo y aislarlo el tiempo que crean conveniente) para atajar otros asuntos, o que se benefició para aprobar una ley en la que pueden intervenir el teléfono y el correo electrónico de cualquier ciudadano, entre otras.

 

Lo único que puedo decir es que a pesar de todo, la poesía no huyó de la influenza.

Alerta 5 y cubrebocas a la moda

Viernes, Mayo 1st, 2009

Encendemos la televisión en el día de hoy y nos damos cuenta que todos los habitantes de ciudad de México, de un lado y del otro de la pantalla, queremos sacudirnos el miedo de la manera que sea. Los conductores (presentadores) del programa de TV AZTECA, nos presentan jocosos, a falta de cubrebocas (mascarillas) en el mercado, sus propias creaciones confeccionadas por sastres de moda.
Mascarillas para salir de fiesta, mascarillas combinadas con la corbata o el traje, ¡risas! mascarillas de diseño, de tela, lentejuelas ¡más risas! , casi me convencen que tengo que salir a la calle con mi cubrebocas con la bandera gallega, pero logro reflexionar lo histriónico del asunto y simplemente salimos a la caza de unas vulgares mascarillas con un numero de serie de mas de 100.000. que por supuesto, otro día más, no logramos encontrar.
En una farmacia, me nace un pensamiento aséptico y se me ocurre pedir unos guantes de goma, para protegerme las manos. La vendedora, me dice que no vende cajas, que sólo me da pares sueltos y eso me hace sospechar. Coge los guantes con  sus manos desnudas y me dice que son 5 pesos el par de guantes más vulgares que he visto en mi vida. Unos 0,27€ . No los compramos.
En realidad, en el día de hoy, he descubierto que no es a la gripe ni a sus múltiples mutaciones desconocidas lo que nos da miedo. Diciéndolo fríamente y dejando parte de mi humanidad por unas palabras, ya no nos dan miedo las muertes, que en si, son escasas analizando matemáticamente la proporción, nos da miedo la incertidumbre, lo que esta cambiando a nuestro alrededor y sobretodo lo que está por venir, que ningún político, médico o amigo, es capaz de saber explicarnos con plena convicción, por muchas palabras que crucemos mascarilla en boca.
Intento observar las cosas como quien no está ahí, para no empaparme de la psicosis que algunos ya tienen y que hace que se formen, (paradójicamente), reacciones en masa que aquí nos han prohibido tener. Vamos al supermercado y nos encontramos con una cola que se prolonga hasta la misma entrada, la gente se está llevando arroz, frijoles y alimentos para almacenar. Se que ya lo ha dicho mi amiga Eva Cabo aquí, pero la primera impresión es impactante y te preguntas si las primeras escenas de un Apocalipsis social no empezaran como lo que estas viendo. Pasamos por una pequeña tienda y el tendero indignado dice que el vende el atún a 10 pesos que en el supermercado estaba a 8 hace unos días y que hoy quienes lo compran, lo hacen por 15, que los repartidores de Bimbo y Cocacola no han aparecido, súmale el 1 de mayo festivo y el fin de semana, que bares, eventos, teatros cines cafeterías todo está cerrado, pues imaginaros, millones de personas con noticias muchas veces contradictorias pensando que  lo más correcto para sobrevivir por si los alimentos escaseasen, es ir directos a por víveres toda la familia juntos…
En definitiva, parece que la proporción de casos diarios de muerte y contagio, es inversamente proporcional a la tranquilidad del pueblo llano y creo que este limbo de espera, en una ciudad de tantos millones de habitantes, cambiando sus costumbres diarias violentamente de un día para otro, es bastante desesperante. Pues además para desgracias de estos gobiernos que dejan desamparados en la pobreza a muchos de sus ciudadanos, no todos pueden leer periódicos, ver Internet o la televisión y esto hace, que la información de primera mano que tengan, sea la del vecino de al lado.
Viernes. Hoy es día del trabajador y es festivo, de mañana, salgo a pasear a mi buen amigo y mascota Santis ( de Santiago de Compostela) y me fijo que no hay nadie en la calle, pero que todos los coches siguen aparcados enfrente de sus casas o en sus garajes. Este paseo me resulta especialmente incomodo, pues tengo que vigilar constantemente a mi perro, aun cachorro, para que no huela, muerda y se meta a la boca, todos los pañuelos que hay tiramos en la calle y más de un cubrebocas que quizás conserve una cepa desconocida y letal que sea resistente al paso del tiempo, pues con esa imaginación irreal , puede funcionar el razonamiento humano en casos de pre- histeria social.
Hay otra cosa preocupa aquí y pega en especial al orgullo del pueblo mexicano, amante de sus costumbres y de su bandera. Las restricciones de otros países a todo lo que venga de México. Paquetes, carnes, gente e incluso deportistas de elite incluidos, les duele que ya se empiece a llamar “Gripe Mexicana” . Ayer salía un reportaje en El Universal sobre una “graciosa” camiseta que diseñaron en Estados Unidos con un slogan diciendo algo como “Yo he viajado a  México y de regalo sólo me he traído la gripe porcina”. Son días duros para el sentimiento patrio.
Vuelvo a casa, me preparo mi café a la europea y decidimos que total, para lo que vamos a hacer en la ciudad y el mal rollo que hay, que nos vamos el fin de semana.
¡Nos vamos a las calidas tierras del estado de Morelos, a ver si la abuelita de mi novia, nos puede confeccionar unos bonitos cubrebocas  resistentes a la gripe y al animo de todos!.

Información repartida por el gobierno mexicano.

Información repartida por el gobierno mexicano.

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Alerta 4 y terremoto con chile

Martes, Abril 28th, 2009
La plaza del Zócalo, frente al Palacio Nacional de México semide´sertica tras declararse la alerta

El Palacio Nacional, en el Zócalo, horas después de decretarse la alerta en México. Para ver más imágenes pincha en la foto

“-No recuerdo nada como esto, desde el terremoto del 85”. Me dice mi novia nacida en la ciudad y acostumbrada, como todos los chilangos (nativos de Ciudad de México) a todo tipo de acontecimientos que pueden definir una ciudad de más 20 millones de personas, narcotraficantes incluidos.

El viernes boda y empiezan las primeras noticias, entre la felicidad del acontecimiento, la gente gasta bromas y hace juegos de palabras con definiciones como “influenza”, “pandemia” u otros términos. La última invitada en llegar, nos da a todos un beso y luego dice que su hijo esta ingresado de esa tal gripe….nos quedamos todos callados.

El sábado y domingo, México está vacío. Nos quedamos en casa y vemos las noticias, nos juramos sólo salir para sacar al perro, pero el tianguis (mercado) del domingo, es tan tradicional como bueno. Decidimos ponernos las mascarillas y salir a hacer la compra, esta vez, prescindimos de pararnos en esas mesas alargadas llenas de gente comiendo tacos y compartiendo salsas y condimentos que por cierto, están casi vacías. Las llamadas desde España se repiten y hasta que no digo (no sin mentir) que tengo muy cerca una clínica de urgencias las 24 horas, la familia y los amigos no se quedan tranquilos.

Lunes. Voy a mi reunión de trabajo bien equipado con una mascarilla que nos han vendido al triple de su precio original. Cogemos el coche , mi chica me acompaña y me acerca al centro, esta vez no quiere que coja el metro…. ni yo tampoco. Veo la gente por la calle y calculo que ya, un 35 por ciento llevan mascarilla, un 15 por ciento la lleva, pero no puesta, la otra mitad, son los escépticos o mal informados que existen en todo el mundo y son los que más tranquilos pasean. Toda la gente de la ciudad pensaba que las calles iban a estar vacías de coches, pero es pura mentira, nos paramos en un tramos de 300 metros media hora y pienso que en esta ciudad, aunque se abrieran las puertas del infierno aquí mismo, habría atascos en la entrada. Ponemos la radio y escuchamos las preguntas de la gente y lo que opina, la mayoría que llaman, es por que no se lo creen, piensan que es una burda astucia del gobierno para ganarse votos, el locutor incrédulo, afirma que hay muertos por medio y que por respeto, midan sus palabras….

Llego a la pequeña cafetería donde siempre me tomo mi café antes de las reuniones y me siento a esbozar los primeros textos de este escrito, de repente, el suelo tiembla bajo mis pies y como todo el que habita en esta ciudad, nos fijamos en las lámparas a ver si se mueven. Esta vez ni hace falta, el dueño del local me interrumpe que salga enseguida, pues eso es lo primero recomendado que hay que hacer. Ya afuera, me pregunta si estoy asustado y si me voy a volver a España con todo lo que está pasando, yo le digo que no, que México es una ciudad maravillosa y que si algún extranjero se adapta a México, esos somos los españoles. Pienso mas profundamente para justificar mis propias palabras y me digo que las huestes de Cortes, lidiaron con peores males aquí mismo y aun no del todo convencido de lo que digo y pienso, me regalo la ultima versión de autoconfianza y me digo que “con mi carnet de gallego, me adapto a cualquier parte del mundo”

Al ir a la reunión por la céntrica calle reforma, la vista es de lo más impactante, cientos de personas desalojadas de los edificios en la calle, con mascarillas casi todos y ese calor que ya empieza a pegar más fuerte…”Terremoto, pandemia! El cruz azul pierde!”, eso dice calmado un anciano en un puesto de tacos en una espera imposible de la gente que no va a ir a comer, en este día tan extraño.

En mi reunión, no nos damos la mano, nos relajamos contando gracias de todo lo que pasa, pero al primero que tose, todos le preguntamos si se encuentra bien…era alergia a los gatos…me he salvado de nuevo….

Voy paseando desde el “Caballito” de la calle Reforma hasta Bellas Artes y Zócalo, en 400 metros, ya se cuantos tipos de mascarillas hay en el mercado, sus colores, formas, incluso sus dos clases de nudos, camino y las farmacias que veo, están abarrotadas de gente comprando mascarillas, antigripales y jabón antiséptico, el “Kit de supervivencia Chilanga por excelencia” y una observación, sólo la mitad de esa multitud llevan mascarillas, los demás, están vendidos al destino, no de dios como se diría aquí, si no a las corrientes caprichosas del aire aporcinado.

Cuanto más paseo por esas calles abarrotadas de personas y veo la multitud que somos, pienso en lo fácil que es liquidar la humanidad a base de estornudos y rezo para que lo que veo, sea algo excepcional y que en semanas, sólo figure como un recuerdo en mi mente y un retrato en mi cámara.

Después de mi sesión fotográfica, decido si voy en el metro hasta mi casa, o me subo en un taxi, estafándome unos pesos por notar mi acento extranjero o si nos ponemos a lo peor, asaltándome en mitad de camino….voy al metro.

Me la juego con mi mascarilla ya sudada por mi respiración (dicen que 2 horas es su vida efectiva) y yo llevo toda la mañana con ella. En el metro hay menos gente, pero se nota que todos estamos incómodos y nos miramos de reojo unos a otros intentando buscar un culpable visible al miedo que danza en el ambiente.

Salgo del metro Tasqueña y ya sólo me queda un último escalón, ¡el pesero! (una especie de poco efectivo y viejo microbus). He tenido suerte y ¡está casi vacío!, pero mi animo se desploma cuando la persona que está a mi lado, se suena la nariz varias veces. ¡Lo maldigo en mi interior y mis sentimientos no se apiadan de el ni un segundo!, sudo de calor dentro del bus, me da un ataque psíquico de hipocondría y ya me encuentro mal, desearía apartar a todos de mi lado y caminar por una corredoira gallega, fresca al atardecer.

Abro los ojos y ya es mi parada, camino hacia la casa y los pies me pesan, la máscara ya está sobre mi cuello y sigue el calor sofocante, abro la puerta y me desplomo en el sofá, pienso en mis miedos y en todo lo que he hecho mal en este día, al cabo de unos minutos ya mas relajado, enciendo mi ordenador, abro el Facebook y leo de mi primo un nuevo mensaje:

“No te preocupes primo, los gallegos tenemos un gen que hace que cuando los virus entran en nuestro organismo la sangre se nos transforma en orujo y embolillamos al germen!”

Me reconforto.…

Ya he sobrevivido un día más.

Temblor y gripe

Lunes, Abril 27th, 2009

Hoy, por unos minutos, todos los que habitamos el DF dejamos de pensar en la influenza cuando tembló. Cerca de las 12 del día, mientras el Secretario de Salud daba una rueda de prensa para informar de la situación de la epidemia, un terremoto sacudió la Ciudad de México.

 

Sentí que mi silla se movía, y luego vi las lámparas oscilando de un lado a otro. Lo inquietante no fue la intensidad, sino la duración (de treinta a cuarenta y cinco segundos que se hicieron interminables). Salimos a la puerta para ponernos debajo del marco por si acaso, y porque ahí están las columnas centrales de este edificio de más de veinte pisos.

 

Ya pasado el susto, comenzó a sonar el teléfono. Hicimos las llamadas pertinentes para corroborar que todo el mundo estaba bien. Tengo varios amigos que viven en el centro de la ciudad, en el terremoto del 85 fue una zona de las más afectadas: los edificios son muy viejos, y está asentado sobre lo que antes era una laguna. Debido al sismo, las líneas telefónicas del Centro dejaron de funcionar, la gente salió a las calles, y algunos edificios fueron evacuados. Ahora, ya se ha recuperado la normalidad.

 

Afortunadamente no se ha hablado de víctimas, ni aquí ni en su lugar de origen, el casi siempre epicéntrico estado de Guerrero. La intensidad ha sido media: 5.7 grados en escala de Richter, lo suficiente para que los citadinos olvidásemos la influenza unos minutos.

 

Volviendo al virus, ya se sabe que han suspendido las clases en toda la República como medida de prevención; los restaurantes ya han sido cerrados, se estudia si suspenderán el transporte público, y parece ser que la OMS cambió la alerta a fase 4 (de 6 posibles), debido a que la enfermedad se puede transmitir de persona a persona, provocando así grandes brotes.

 

Yo sigo en casa, obligada por el cierre de las escuelas, el sentido común y el miedo al virus. Sólo saldré si es estrictamente necesario y, al contrario de lo que pensaba al principio, lo haré con tapabocas puesto. Por teléfono, cada poco tiempo hablo con mi gente querida,  para seguir la evolución del tema. Igual que yo, casi todos mis conocidos de aquí seguirán las recomendaciones del gobierno, pasando en muchos casos del escepticismo al miedo.

 

 

Invierno en la capital

Domingo, Diciembre 21st, 2008

Esta leyenda reza por todo el Zócalo capitalino para recordarnos, bajo este sol abrasador, que efectivamente estamos en invierno. Me acostumbro poco a poco a no relacionar tan estrechamente estas fechas con el frío. Pero me cuesta. Frío y navidad, desde siempre,  se aparecían de la mano.

No faltan las luces, ni los adornos, ni los árboles,  ni los villancicos. Hay turrón, mazapanes, uvas y un constante bombardeo de los centros comerciales para captar adeptos.

Durante los nueve días previos a la Navidad se celebran en México las tradicionales posadas, donde la gente se reúne para pedir cobijo como lo hicieron José y María en su peregrinaje a Belén. Un grupo de gente va de casa en casa con una vela encendida, cantando un villancico que es un diálogo entre los de afuera y los de dentro, que rechazan a los que llegan.  Cada día, se acaba en una casa distinta que es la que da posada, abren la puerta y comienza la fiesta,  invitan a ponche acompañado de algo más a todos los que llegan. Y para finalizar se rompe una piñata.  Así durante los nueve días.

Las piñatas se merecen un capítulo aparte. Yo vine aquí a romper mi primera piñata. No tenía ni idea de su importancia en la vida mexicana, y he de reconocer que me encantan.

Mientras escribo esto, los vecinos están pidiendo posada en la puerta de al lado.  “En el nombre del cielo os pido posada…”

Pero mi intención esta noche era hablar del invierno en la capital, y de la costumbre moderna que se está implantando en la ciudad de montar por estas fechas una enorme pista de hielo en el Zócalo, donde patinarán miles de ciudadanos hasta el día de Reyes. El equivalente, para que nos entendamos,  sería como si la montaran en la plaza del Obradoiro. Pero con sol. Como dato anecdótico apuntar que en esta ciudad hace casi 50 años que no nieva.  Sin duda éste es un país de contrastes.

Época de lluvias

Miércoles, Julio 16th, 2008

De repente un día se puso a llover. Todo el mundo lo decía: los taxistas, los merolicos, los agricultores, las monitoras de gimnasio, los delincuentes comunes, los niños fresas…

            – A partir de junio en Guadalajara “refresca”!.

Reconozco que me costaba admitir que estando en el hemisferio norte, (esta parte del planeta en la que el agua del WC gira en el sentido de las agujas del reloj llevándose su inmunda carga a insondables agujeros negros) a partir de junio “refrescara”. Lo del descenso de temperatura, bueno, en cierto sentido es verdad pero lo que si era totalmente correcta era la predicción de la llegada de la lluvia. Sin previo aviso (si exceptuamos el de los taxistas, los merolicos, los agricultores, las monitoras de gimnasio, los delincuentes comunes y  los niños fresas) el cielo se puso gris roñoso y comenzó a precipitarse en forma de agua ácida. Lo de ácida lo digo por experiencia empírica (si se me permite la redundancia) ya que el día de la primera gran tormenta yo no estaba en mi apartamento y cuando llegué a casa tenía agua suficiente para poner una piscifactoría en el comedor. Tras emplearme a fondo con la fregona; (aquí llamada trapeador) pude comprobar que en las zonas en las que el agua había estado estancada, ésta se comió el esmalte de las plaquetas. No pasa nada. Puedo vivir con ello pero desde entonces ya cierro las ventanas e intento no exponer mi cuerpo a tan agresivo fluido para evitar perder el poco pelo que me queda.

Lo mejor de todo es que ya no hay tanto polvo en suspensión en el aire y creo que mi incipiente enfisema pulmonar lo agradecerá sobremanera.

Dicen  (los taxistas, los merolicos, las monitoras, etc…ya se sabe!) que estas trombas de agua diarias durarán hasta octubre más o menos así que dada su fiabilidad previa, habrá que creerse sus pronósticos. Por mí, que se perpetúen. Hacía falta que refrescara un poco!

Propinas

Domingo, Julio 13th, 2008

Siempre he sido más “agarrao que un chotis” para las cosas del pecunio por eso, no acabo de digerir el tema de las propinas que aqui, en toda América del Norte se estila tanto. Y es que, mis queridos parroquianos, es costumbre tanto en los Estados Unidos de América, como en los de México (porque si, México es una República de Estados Unidos Mexicanos) como en Canadá, soltar entre un 10 y un 15% en concepto de “tip” para pagar al atento servicio. Si uno se pone sesudo en plan sociólogo puede relacionar esta cuestión con el carácter ultraliberal de la economía norteaméricana pero no sé hasta que punto se debe a ello. En cualquier caso, desde que uno sale de casa se pasa el dia soltando moneditas a diestro y siniestro: que si al sempiterno niño del super que pone los productos en la bolsa, que si al aparcacoches que aparece milagrosamente bajo cada tapa de cualquier alcantarilla cuando ya has encontrado un lugar para estacionar (hallazgo que se atribuye el pedigüeño sin rubor alguno, y por el cual factura la dolorosa) , que al que se lanza en plancha sobre el coche para limpiarte el cristal, al camarero de turno, por supuesto, al disminuido de cada uno de los semáforos, o al que te lo pide gentilmente con un cuchillo en el cuello.

 En definitiva, si venís a América…traeos mucha calderilla.

La Primera Impresión

Martes, Mayo 6th, 2008

degollando.jpg La vida fluye por las calles del centro de Guadalajara en forma de puestos de tacos, coches, vendedores ambulantes, predicadores, limpiadores de botas (boleros), mendigos, familias supernumerarias, bullicio, ruido…Es la agitación frenética de un país joven, un tanto anárquico aún, que vive en una particular mezcla entre la tradición hispana y la “gringa” (o “gabacha”, como ellos dicen).  Por un lado la familia extensa y el gusto por la vida en la calle, en las cafeterías, propia de las cultura latina; por el otro, el culto del consumo y del éxito personal encarnado en coches caros y apartamentos en Providencia (una de las zonas “nice” de la ciudad).

Me he venido a vivir por un período inicial de cuatro años y hace sólo unos días que llegué. La ciudad se abre ante mis ojos como un tablón de anuncios lleno de ofertas. Realmente, América sigue siendo una tierra de oportunidades donde la barrera entre la riqueza y la bancarrota es mucho más tenue que en la vieja Europa. La visión del Estado como un paraguas protector que te mantendrá cuando seas lo suficientemente viejo como para habértelo merecido no existe ni a nivel de espejismo y la vida laboral es un período en el que acumular bienes para vivir holgadamente en esos últimos días.

No quiero ser osado con mis conclusiones, desde luego. Soy consciente de que aún me queda mucho por aprender, muchos golpes que recibir y grandes momentos por vivir en esta estancia.

 La globalización nos acerca, sin duda, pero afortunadamente todavía no es exactamente igual estar aquí que en cualquier otro lugar del planeta. Es posible que la economía de mercado y la MTV lo consigan, pero por ahora creo que merece la pena vivir una experiencia como esta.

Perdone, señorita.

Lunes, Abril 14th, 2008

“¿Vas a ese sitio que sale tanto en las noticias?” pregunta mi madre al otro lado del teléfono.
“Voy a esa zona, pero no a la ciudad.”

En la región mixteca de Oaxaca. Hace año y medio. En una comunidad de las montañas. Después de hablar con el maestro de la escuela nos reunimos en el patio con los alumnos. Platicamos con ellos. Me toca contar un cuento. El Sol aquí tampoco es implacable. Risas. Preguntas. Temor. Curiosidad. Carcajadas minúsculas como músculos de corazón.

Al final, uno de los niños más chiquitos se me acerca.

“Perdone, señorita, ¿puedo pedirle un favor?”
“Pues claro.”
“¿Podría hablar nomás un ratito normal, así como yo?”

Porque somos así

Viernes, Marzo 28th, 2008

Yo sé que el picante es patrimonio de todas las culturas del mundo. Es más, en una ocasión, un pimiento de Padrón casi me deja efectos secundarios, porque el picor de todos los que comí ese día se concentró en uno solo que me hizo llorar como solo se llora en las despedidas.

Yo vivo en la bulliciosa ciudad de México, en el Distrito Federal y aquí el picante es la alegría de todas las salsas. Tras dos años, con una gastronomía tan variada cuya base es la harina de maíz, es difícil no admirar los chiles y disfrutarlos, eso sí, en su justa medida. La primera vez que vi cómo tostaban los chiles en el comal (disco de metal sobre el que se calientan las tortillas o se tuestan los chiles) tosí tanto y con tantas ganas a causa del picante que huí de allí y me quedé sin ver cómo se preparaba la salsa, pero fue por un bien mayor: no morir ahogada. No todas las salsas llevan chiles asados, las hay con chile crudo o cocido.

Por muy variada y deliciosa que sea la gastronomía del nuevo lugar y seamos de donde seamos siempre echamos algo de menos.

Una cosa sabrosa que me pasó es que me regalaron una “sopa de sobre” y cuál fue mi sorpresa al descubrir que era caldo gallego. Así como lo escribo, caldo gallego en sobre. El mundo es impredecible y sus innovaciones también. El caso es que este sucedáneo de caldo me supo a gloria. Yo pensé que esta idea era de un gallego agotado por la morriña de su tierra que, pensando en hacerles la vida más llevadera a los que estamos lejos, lo inventó. Porque somos así.