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La vida social en Eslovenia

domingo, junio 1st, 2008

bargiela.jpg Hoy es domingo y no puedo dejar de pensar en cómo sería mi día si estuviera en Lugo. Aquí las cosas son bastante diferentes, sobre todo se nota los primeros meses. Yo ya llevo 2 años y medio en este país y creo que soy de constumbres más eslovenas que gallegas. A todo se acostumbra uno. Pero podemos ver en la foto que en un sábado soleado, a las 2 de la tarde y con una temperatura veraniega nadie se anima a salir a dar una vuelta, y que esto es lo más lleno que va a estar el centro de Ljubljana en todo el día.

Un día normal en Galicia empezaría con el despertador, como en cualquier otra parte del mundo. Sonaría a las siete u ocho de la mañana, seguido de una ducha y un desayuno en casa o en el bar de la esquina consistente en churros y café, o bollería. En el café nos encontraríamos con alguno conocido y hablaríamos un rato de cualquier cosa sin importancia. A media mañana haríamos el descansiño para el café, relajándonos en la cafetería de la facultad o la más próxima al trabajo, charlando de nuevo con cualquier persona próxima a nuestro asiento. Antes de comer, tomaremos las tapas de reglamento en compañía del primero que nos oyó comentar nuestro plan y que se apuntó al mismo. A la hora de comer, a casita o al bar otra vez, seguido del cafelito de postre con charla incluida. Por la tarde, al acabar las clases o el trabajo nos iríamos a dar una vuelta o, ya de tarde-noche, a tomar unas tapas. Suena exagerado, pero este es el ritmo de vida de la mayor parte de los gallegos que conozco. Una gran vida social y disfrutando del tiempo libre. Los fines de semana tocaría reunión de amigos en un pub, discoteca, cine o cena hasta altas horas de la noche, quedando el domingo para dormir y ver el fútbol.

Un día normal en Eslovenia empezaría, para la mayor parte de la gente, a las 6 de la mañana, seguido de una ducha y un desayuno rápido en casa, normalmente un trozo de pan con mermelada. Una vez en el trabajo no hay descanso, salvo la reglamentaria hora del “almuerzo”, a eso de las 11 o 12 de la mañana, hora en la que comen un bocata frente al ordenador, o beben un yogurt en tetra brik. No hay descanso para la comida, deben completar el turno de trabajo hasta las 4 de la tarde, normalmente. Una vez terminado, nadie espera por nadie, cada uno se va a su casa directamente. Y así hasta el día siguiente. Los fines de semana están para el deporte: ciclismo, senderismo, hasta en invierno y con las nevadas más fuertes. Da igual la edad que tengan, todos se apuntan. La gente joven sale de noche, pero no hasta tarde. No hay los típicos pubs donde se bebe y se baila, no hay botellones ni “afterhours”. Normalmente todo el mundo se levanta temprano el domingo para arreglar el jardín, ir a la casa de campo o simplemente caminar en la montaña más próxima. No hay grandes grupos de amigos, suelen ser como máximo tres. Son amigos de toda la vida, no adquisiciones recientes. No muestran mucho interés en conocer gente nueva.

A este ritmo de vida es a lo primero a lo que nos tenemos que acostumbrar. Echaremos de menos las reuniones de cuadrillas, el tapeo, el hablar por hablar. Entraremos en una rutina organizada en la que se hace difícil conocer la gente o iniciar una charla, pues no es algo que suela ocurrir entre desconocidos. Poco a poco nos iremos adaptando, hasta tal extremo que cuando regresemos a Galicia nos veremos agotados después de dos horas de marcha. Todo hay que decirlo, los inviernos aquí son muy crudos. Oscurece a las cuatro de la tarde, con el cual la vida es muy diferente. Hay inviernos de incluso dieciocho grados bajo cero, un frío tan frío que lo que menos apetece es dejar el refugio con calefacción que es nuestra casa. La gente se va a dormir a las diez como muy tarde, yo incluida, ya que el cuerpo calcula con la oscuridad, y si ya a las cuatro de la tarde todo está negro como un pozo, a las ocho me siento como si fuera medianoche. La cosa mejora en verano, aunque a las once de la noche las calles suelen estar ya vacías. No hay manera de correrse una gran juerga en este país, a menos que reunamos a varios españoles y unas cuantas cervezas.