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Tiziano Terzani y Caín

Lunes, Julio 7th, 2008

Tiziano Terzani es uno de mis escritores favoritos. Autor de muchos libros maravillosos, solamente dos de ellos se han publicado en España.
Descubrí a Terzani en Italia, cuando él ya estaba muerto y su último libro, Un altro giro di giostra, había vendido ya once ediciones. Leí la contraportada en una de las preciosas librerías de Urbino, ciudad en la que trabajaba como profesor de español: Terzani, florentino, corresponsal del periódico alemán Der Spiegel durante más de treinta años en países asiáticos como China, Japón, Tailanda e India, contaba en él su último gran viaje: el que emprendió, enfermo de cáncer, para encontrar respuestas a su enfermedad más allá de la medicina. Él, todo un experto en Asia, conocedor de sus tradiciones y de su forma de ver el mundo, pero firmemente enraizado en el occidente más abierto y cosmopolita, hijo orgulloso de la Europa del intercambio de culturas, narra el periplo que le lleva desde la clínica especializada en cáncer más prestigiosa de EEUU, en Nueva York, hasta las manos de los curanderos filipinos, pasando por Tíbet, Hong Kong o India.
Todo lo que os diga de este libro es poco. Tanto me impresionó que llegué a España y me puse en contacto con RBA, la editorial que ha publicado Un adivino me dijo y Cartas contra la guerra, para ofrecerme a traducirlo inmediatamente. La editora me contestó que los libros anteriores de Terzani no habían resultado rentables, y que no pensaban publicar los demás. Yo insistí, le hablé de las once ediciones en seis meses, de las organizaciones que, en nombre de Terzani, habían visto la luz en toda Italia para promover la paz mundial y el entendimiento entre culturas, del inconmesurable eco mediático que su muerte tuvo en Italia –hoy por hoy es un autor de culto–. No sirvió de nada.
Hace un mes, gracias a Alessandra y Alessandro, un matrimonio italiano que vive en Dalian, han llegado a mis manos un montón de los libros viejos de Terzani. Llevo ya dos –justamente los dos traducidos al español, que nunca leí porque quería esperar a tenerlos en italiano–, y no no puedo dejar de sorprenderme con cada una de las páginas escritas por él. Tiziano Terzani ha conseguido conjugar como nadie la sabiduría de nuestra propia tradición occidental –ea un buen conocedor de los clásicos, y dominaba cuatro lenguas europeas– con la oriental –hablaba chino perfectamente y pasó treinta años en el continente asiático, procurando conocer cada uno de sus rincones, de sus leyendas, de sus preocupaciones y sueños–. Los capítulos de sus libros son siempre una pregunta abierta y viva, una duda constante, además de un entretenidísimo sucederse de historias, anécdotas y paradojas. Quisiera traduciros todo lo que puso por escrito, pero es imposible, así que quiero destacar dos fragmentos del libro que ahora tengo entre manos, Cartas contra la guerra.
Lettere contro la guerra es la recopilación de las cartas que Terzani, en diálogo epistolar con Oriana Fallaci –periodista, florentina y muerta también ella pero, a diferencia de él, llena de odio– envió a La Stampa, famoso periódico italiano, desde diferentes ciudades en un viaje que, a raíz del 11 de septiembre de 2002 y ya mayor de 60 años, inició para intentar buscar respuestas al nuevo y terrorífico estado del orden mundial.
En el primer párrafo que he seleccionado Terzani discute la división entre “buenos” y “malos” llevada a cabo taxativamente por algunos de los gobiernos occidentales –entre ellos, el nuestro– tras el derrumbamiento de las torres gemelas. Dice:

“El terrorista que ahora viene señalado como el “enemigo” a batir es el millonario saudita que, desde su guarida en las montañas de Afganistán, ordena el ataque contra las Torres Gemelas; es el ingeniero y piloto, islamista fanático, que en nombre de Alá se suicida matando a miles de inocentes; es el muchacho palestino que con una cartera llena hasta arriba de dinamita se vuela en pedazos en medio de una multitud.
Pero debemos aceptar también que para otros el “terrorista” pueda ser el hombre de negocios que llega a un país pobre del Tercer Mundo no con una bomba en la cartera, sino con los planos para la construcción de una fábrica química que, a causa de los riesgos de explosión y contaminación que comporta, jamás podría ser construida en un país rico del Primer Mundo. (…)
Esto no es relativismo. Quiero decir solamente que el terrorismo, como modo de usar la violencia, puede expresarse de varias formas, a veces también económicas, y que será difícil llegar a una definición en común del enemigo.”

 

En el segundo de los párrafos, Terzani habla de un libro que se está leyendo, cuyo autor es Ekkehart Krippendorff. Dice de él:

 

“La fascinante tesis del autor es que la política, en su expresión más noble, nace de la superación de la venganza y que la cultura occidental tiene sus raíces más profundas en algunos mitos, como el de Caín o el de la Erinias, que desde siempre recuerdan al hombre la necesidad de romper el círculo vicioso de la venganza para dar origen a la civilización. Caín mata a su hermano, pero Dios impide a los hombres que venguen a Abel y, después de haber marcado a Caín –una marca que es también una protección– lo condena al exilio donde aquel funda la primera ciudad.”

 

Sin la superación del ansia de venganza no puede existir la civilización. ¿No sería fantástico un Occidente basad0 en el perdón? ¿A quién, sigue reflexionando Terzani, corresponde dar el primer paso? No sé vosotros, pero yo tengo claro quién atacó primero y, sobre todo, quién ataca con más continuidad: el dinero de los ricos –los nuestros y los de otros–, que siempre ansioso por conseguir más dinero, convierte el ochenta por ciento del mundo en Tercero.

 

Ojalá la Europa futura nos dé muchos periodistas como Tiziano Terzani. Periodistas que no teman hacerse las preguntas que todo el mundo evita, que pongan encima de la mesa el dolor de los débiles, y su frustración, y su rabia.

Y ustedes, si tienen la oportunidad, lean a Terzani.

Nápoles y su problema

Viernes, Junio 27th, 2008

Tras haber hecho diversos comentarios a vuestras entradas, hoy me he decidido, finalmente, a dar mi granito de arena a este gran proyecto que es Global Galicia.

Son ya casi tres años que vivo en Nàpoles y, pese a que es una ciudad bellìsima, la realidad cotidiana a la que deben enfrentarse los ciudadanos es irreal. Es bien sabido por todos que la ciudad parteneopea ( los griegos dieron a la ciudad el nombre de Partenope, aunque posteriormente fue cambiado a Neapolis), es la cuna de una de las organizaciones criminales màs peligrosas y sanguinarias en Italia : la camorra. Aunque en esta entrada quiero hablar de otro de los grandes problemas de la sociedad napolitana, es inevitable que el punto de partida sea éste, ya que es condiciòn indispensable para entender la vida de la Campania ( Regiòn en la que se sitùa Nàpoles, junto Caserta, Benevento y Salerno).

Pese a que la Camorra, como la endendemos hoy, nace en los años 70 en manos de Raffaele Cutolo ( “O proffesore” ), la historia nos remite al s. XV ( perìodo en el que la ciudad estaba bajo dominaciòn española), donde la organizaciòn tenìa como principal actividad la estorsiòn( “o pizzo”), algo que no impedìa su colaboraciòn con las autoridades para el manteniento del orden pùblico. Mas de 500 años de historia son la razòn de la influencia de la Camorra en la vida cotidiana de los habitantes de esta ciudad, y por tanto, en la polìtica y economìa de la Regiòn.

Ahora bien, ¿como se relaciona esta organizaciòn con el problema que desde hace màs de 10 años afecta a esta zona del Mezzogiorno italiano? Pues bien, una de las actividades de la Camorra es la gestiòn de los centro de almacenaje de basura y residuos industriales, y por tanto, de su transporte, actividades que, por otro lado llevan practicando desde hace mas de 40 años. El problema inicia cuando no solo se limitan a la gestiòn de los residuos generados en la regiòn, sino que amplìan su radio de acciòn a las regiones del norte, de donde diariamente salìan caravanas de camiones llenos de basura hacia el sur, camiones que, en la mayorìa de los casos transportaban residuos peligrosos y con necesidad de un tratamiento especial. Gracias a la complicada y corrupta red burocràtica existente en el Gobierno de la regiòn (presidida aun ahora por Antonio Bassolino) nunca ha existido un control efectivo de todos aquellos residuos que venìan depositados en los centros de almacenamiento. Tras 10 años de descargas abusivas y descontroladas, los centros de almacenaje se han visto desbordados y colapsados por la cantidad de material recibido, hasta el punto de no quedar mas espacio disponible para continuar con el tan rentable comercio de los residuos.

Pero entonces, ¿que hacer con las miles de toneladas diarias generadas en el territorio? La respuesta es NADA. Sin instalaciones adaptas para acumular los deperdicios creados, la basura se ha ido acumulando en las calles, dando lugar cada pocos meses, por varios años, a continuas situaciones de crisis resueltas en modo provisorio, pero sin erradicar el problema definitivamente. Asì, vienen abiertos los centros de almacenamiento que habìan sido cerrados judicialmente por pertenecer a la Camorra (y por tanto, los jefes camorristas, en la mayor parte desde la càrcel, reciben lo que el Estado les paga por esta actividad). En varias semanas, con fortuna, la basura viene retirada de las calles y llevada a vertederos provisionales autorizados o, en la mayorìa de los casos, viene acumulada en las afueras de las àreas urbanas, en depòsitos ilegales (situados en algunos casos dentro de zonas protegidas y parques naturales).

De camino al Vesuvio, dentro del àrea protegida

En la televisiòn hemos podido ver manifestaciones de ciudadanos contra la creaciòn de nuevos vertederos, termovalorizadores, instalaciones para la transformaciòn de residuos…pero , ¿por qué?. Pues muy fàcil : primero porque la mala gestiòn y falta de control ( en todos los àmbitos) de las administraciones crea tantìsima incertudumbre entre los habitantes ; segundo, porque el hecho que hasta ahora materiales peligrosos y tòxicos han sido tratados como residuos normales creando problemas ambientales y de salud a habitantes y animales (ejemplo de la toxina dioxina); y ademàs, porque la creaciòn de nuevas instalaciones supone la participaciòn total o en grande parte de la Camorra ( las empresas de construcciòn son màs del 60% controlados por ésta o deben pedirle algùn tipo de permiso), algo que significa millones de euros en tangentes y, por tanto, largo tiempo para la realizaciòn de las obras( ejemplo de la autopista que une Nàpoles con Reggio Calabria, que tras màs de 50 años aun no ha sido realizada ni la mitad), alargando aùn màs el problema.

Y mietras tanto, las calles de las ciudades siguen llenas de basura (auque por la normalidad del asunto no viene publicado en los medios de comunicaciòn), llena de todo tipo de animales (tanto vivos como muertos), el hedor es tan insoportable que impide de abrir las ventanas de las casas ( y teniendo en cuenta que estamos en plena ola de calor, con temperaturas cercanas a los 40°C…), han sido creadas diferentes unidades especializadas en los hospitales para las posibles epidemias que puedan surgir ( gastando una cantidad enorme de dinero, quien sabe proveniente de dònde y destinada a quièn) …

Y la màquina econòmica no se detiene, y la rueda sigue girando sin una clara direcciòn …

Una calle de Ercolano

Y asì los habitantes se han resignado y han aprendido a vivir con la incapacidad de la regiòn Campania de hacer frente al problema de la basura, con la irresponsabilidad polìtica de aquellos que dirigen el paìs, y con la criminalidad organizada o Camorra : un còctel que continuamente està a punto de explotar pero que nunca lo hace.

El bochorno de la derrota

Martes, Junio 10th, 2008

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Para los que estáis fuera de Europa, he de deciros que esta semana empezó la Eurocopa, es decir los campeonatos europeos de fútbol. Os podéis imaginar la saturación de fútbol que tenemos, que si partidos en directo, comentarios, entrevistas, telediarios, etc.

En Italia, el tema del fútbol se vive de manera más intensa que en España. Ayer fue el debut de la nazionale italiana, actual campeona del mundo, nada más y nada menos que contra Holanda. Pero hete aquí que los italianos salieron escaldados del partido ya que perdieron 3-0. No os voy a hacer la crónica del partido (para eso os remito a los periódicos), si no del sentimiento de humillanción del país.

Hoy los italianos respiran de otra manera, cabizbajos, tristes, abochornados y con un aire de humildad nada habitual por estos lares. Sinceramente siento una cierta satisfacción al ver como han bajado al planeta tierra para codearse con el resto de los mortales. Eso sí, como suele ocurrir en estos casos, la culpa, según ellos, es del entrenador. En una país a la deriva sólo les falta esto.

La verdad es que, a diferencia de ellos, nosotros estamos demasiado acostumbrados a estar con los pies en la tierra, ya que la selección española pocas veces nos deja soñar. A ver qué pasa hoy contra Rusia.

V2-Day

Viernes, Abril 25th, 2008

Hoy en Italia es fiesta nacional, conmemoran el aniversario de la liberación por el ejército estadounidense en la II Guerra Mundial. Pero lo curioso este año es que también se celebra el segundo Vaffa-Day, que traducido al castellano de manera suave podría ser algo así como “el día de mandar a la mierda al sistema”. La iniciativa es de Beppe Grillo, un cómico que desde hace unos años es la voz crítica que intenta despertar las conciencias muertas de los italianos y encender la mecha de la protesta y el inconformismo para que el país se ponga de nuevo en marcha.
En un país en el que el pasotismo social es generalizado; en el que a cualquier tipo de queja tu vecino te responde: “Bueno, sí tienes razón, pero la vida es así, ¿qué le vamos a hacer?”; con un conformismo arraigado resulta paradójica esta iniciativa del cómico Beppe Grillo. En nigún otro país del mundo se podría tener una fiesta de este tipo. Y es que hay que reconocer que el hecho de que en 450 plazas de Italia se celebre una protesta de este tipo tiene algo de gracioso, de cómico. La gente se ha cansado del corporativismo político y de los medios de comunicación. Así que como hace siglos, de nuevo son los cómicos los únicos que dicen la verdad a la gente. Viva el Vaffa-Day

El horizonte desde Milán

Lunes, Abril 21st, 2008

Al coronar la cima del puerto, Renzo vio aquella gran máquina del Duomo sola sobre el llano, como si no estuviera en medio de una ciudad, sino que surgiese de un desierto; y se detuvo, olvidando todos sus problemas, a contemplar de lejos aquella octava maravilla de la que tanto había oído hablar desde niño”.  

Así, hace casi dos siglos, describía Manzoni, en Los novios, la vista de la catedral de Milán desde las colinas que ascienden hacia los Alpes.  

Vine hace dos años, siguiendo el hilo de una relación sentimental. No fue fácil tomar la decisión, a pesar que desde siempre me ha gustado viajar y me considero una persona bastante cosmopolita. Sin embargo, en aquellos días de verano tardío me pareció que estaba cambiando mis horizontes para siempre, y aunque la llanura de cambiante azul que se abría por detrás del Monte do Boi, en Baiona, parecía hecha para la mera contemplación, lo cierto es que ejercía en mí un fuerte magnetismo al que me costaba escapar. 

Aquí en Milán los horizontes no se dejan ver a menudo, cubiertos seis o siete meses al año por una obstinada y gélida neblina que apaga los colores de las cosas, ya de por sí mortecinos en los crudos inviernos del valle del Po.  

En este país el invierno dura ya varios años. Y es que, después de haber sido una de las primeras potencias del mundo, gracias a un ascenso meteórico que la llevó de la del año cero de Roma città aperta a proclamar en los ochenta el sorpasso al Reino Unido; ahora se encuentra sumido en una crisis económica, social y política que devora a dentelladas el optimismo del pasado. Esta situación ha acentuado el perfil conservador de una sociedad donde nunca ha dejado de gravitar el peso de la iglesia y la influencia de la mafia en todos los niveles de la vida política y social, a lo cual hay que añadir el carácter fatalista de una parte de los italianos, que no siempre puede contrarrestar su natural alegría y sentido de la iniciativa.  

En vísperas de las dos jornadas electorales, que como siempre prometen cambiarlo todo para que todo siga igual; la sensación es que esta es, hoy por hoy, una sociedad más conservadora que la española: se observa en algunos detalles banales, como que los alumnos de secundaria siguen tratando de usted al profesor, a pesar de que no dejan de aumentar en los últimos años los casos de violencia en las aulas y los propios profesores no gozan de una gran consideración social; donde la sociedad en general es bastante formal y observadora de normas rituales, aunque sistemáticamente se salte aquellas registradas en el código civil. Un país donde es difícil recibir cualquier tipo de ayuda si no se está casado, y donde los matrimonios civiles y los divorcios siguen estando mal vistos por mucha gente. Un país, donde cuarenta y ocho horas después del hecho inédito de que las protestas de un grupo de alumnos y docentes hubieran abortado la visita del papa Ratzinger a la Universidad de Roma, bastó una reunión del Papa con un pequeño número de diputados aliados del gobierno de Prodi para hacer caer el gobierno a la semana siguiente.    

Un país donde el sur es muy sur y el norte es muy norte, y después de ciento cuarenta años de unidad aún no parecen conocerse entre sí y desde luego no han cerrado el abismo económico y cultural que los separa. En estas condiciones, el racismo entre los propios connacionales es una realidad que se escribe con mayúscula, y con respecto a los llamados “extracomunitarios” la situación es mucho peor. Baste decir que el líder de la secesionista Liga Norte ha propuesto hundir las pateras de los inmigrantes a golpes de cañón, disparando a matar siempre que fuera posible.

Un país orgulloso del Made in Italy y la excelencia, que cuida ante todo la imagen y está orgulloso de vestir la propia ropa, un país donde te miran raro por mezclar vino con coca-cola o caminar por la ciudad con calzado de montaña. Un país incapaz de levantar cabeza ante la competencia con China, incapaz de dejar de ser rabiosamente complicado y leal a la belleza más refinada, un país que se hunde pero donde el cuarteto de cuerda no deja de tocar.

Un país donde, a pesar de la omnipresencia de los sindicatos, no existe un salario mínimo interprofesional y cuenta con los salarios más bajos de toda Europa; con ciudades como Milán, donde el mercado del alquiler es un infierno para muchas familias, que aúna las cifras más bajas de construcción de vivienda de protección oficial y el mayor número de viviendas vacías. Una sociedad tremendamente corporativizada, donde casi cualquier actividad laboral tiene su colegio profesional, convertidos en lobbys de intereses a menudo inconfesables. Un país donde un diputado en el parlamento puede llegar a cobrar 32.000 euros al mes. Un país donde la mafia es la primera actividad económica por volumen de mercado, muy por delante de la FIAT o cualquiera de las multinacionales que operan en el territorio.Un país que en lo político y en todo lo demás, no promete cambios a corto plazo, y donde la gente se encuentra cada vez más desmoralizada, sin lograr entender las causas de su decadencia, mientras sigue con más fervor a oradores surgidos del mundo del espectáculo: personajes como Beppe Grillo, que predican la antipolítica y han instarurado el “Vaffanculo Day” (“Día del a tomar por culo”). Un país donde el mismísimo invierno ya no es lo que era, ni siquiera aquí en Milán, ni siquiera en lo meteorológico. 

Sin embargo en algún momento de esta época incierta, el sol se asoma y la primavera irrumpe sin avisar. Entonces, el gris de los edificios, tiznado por décadas de crudeza industrial y cicatrizado de graffitis, se enciende con el característico amarillo milanés (nosotros lo llamaríamos amarillo huevo); la vida estalla en los cortile (patios) de las casas de ringhiera (similares a las madrileñas corralas); la niebla abandona las aguas oscuras de los navigli, los canales que enlazan el vecino Ticino con la Darsena de Milán, en tiempos uno de los mayores puertos de Italia;  al tiempo que el acero helado de las vías del tranvía, la siniestra oscuridad de las calles y esos tonos ferruginosos de los viejos portones se ven disipados por la fuerza del verde que brota de los árboles, el bullicio que inunda las calles y la rotundidad del cielo azul. Entonces, el Duomo, la joya gótica de Milán, gracias a la propiedad camaleónica del mármol de Carrara, cambia su aspecto blanquecino y desvaído por un rosa casi obsceno, coronado por el oro macizo de la madonina, virgen de Milán.  

Es entonces cuando al doblar la esquina del larguísimo boulevard del corso San Gottardo, lo encontramos, como una epifanía que nos sorprende perdidos en nuestra propia telaraña: como el desfallecido Renzo nos rendimos ante la vista sublime de la mayor catedral de Europa: la majestuosa silueta de los Alpes surge en la lejanía como una enorme muralla. Sus cumbres, con su madonnina de nieve, dominan el curso del Po y parecen contemplar el devenir de este viejo pedazo de tierra a lo largo de los siglos.

Y en eso estamos, esperando que el tiempo mejore. Consuela saber que, aunque a menudo no se vea, el horizonte sigue allí.

Un ferrolano en Manchuria

Martes, Marzo 25th, 2008

Sí, pero con matices.

Me llamo Miguel Salas Díaz. Soy ferrolano de familia y adopción, pero nací y pasé mi infancia y adolescencia en Madrid. Me fui después a Galicia con mis padres y hermanos, y estudié Filología Hispánica en la Universidad de A Coruña. Desde entonces he vivido en Valladolid, Nápoles, Urbino y China, pero siempre que pienso en casa me viene a la mente Cobas, en Ferrol. Allí he pasado cada día de vacaciones que he tenido desde que nací, y allí, a casa de mis padres, vuelvo en cuanto puedo. Es el único lugar que siento como mío. Así que también soy ferrolano porque me da la gana.

Y esa era la primera matización. La segunda es que tampoco es exacto decir que vivo y trabajo en Manchuria porque… Manchuria ya no existe. Así se llamaba hace tiempo esta zona del mundo que ahora se conoce como provincia de Liaoning, en la República Popular de China. En este país, donde vive casi un tercio de la población humana mundial, enseño lengua y literatura españolas desde hace un año y medio. Y –problemas de morriña a parte– estoy más que contento.

Mi intención, como la de cualquiera que escriba uno de estos diarios cibernáuticos que nos resignamos a llamar blogs, es contarles las cosas que me suceden por estos pagos. Estoy encantado de poder hacerlo aquí y, por supuesto, muy agradecido a La Voz de Galicia por la realización de esta estupenda idea.

Espero de todo corazón que les interesen y diviertan las noticias que les haga llegar desde China. Así el camino de ida será también de vuelta: yo entraré en la página de La Voz a ver cómo les va a ustedes, y ustedes podrán entrar, si se les antoja, a ver cómo me va a mí.

El siguiente capítulo, a la misma Maohora y en el mismo Maocanal. Un saludo a todos desde Manchuria.