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Entradas etiquetadas como ‘inglés’

Más sobre idiomas

martes, febrero 24th, 2009

Leo en la prensa de hoy dos noticias referentes a los idiomas españoles. En una, el TSJC rechaza separar a alumnos en función de si hablan castellano o catalán. Una señora castellanista no se conformaba con que a su hija le dieran clases suplementarias de catalán: quería que toda su educación fuese en castellano. El tribunal desestima su petición en términos legales y corteses. Yo le hubiera dicho: “Señora, envíe a su hija a estudiar a Burgos”.

En primer lugar, la noción de que haya dos tipos de catalanes, castellano hablantes y catalán hablantes, es divisiva y repugnante. En segundo lugar, tambieén llegaría el día en que inmigrantes árabes o rumanos exigieran que se le eduquen a sus hijos en sus respectivos idiomas. Todo, claro, en nombre de la libertad y la democracia: hay que dejar atrá el franquismo.

La segunda noticia apunta a que está surgiendo un contencioso entre Touriño y Quintana, no con respecto a prácticas corruptas, que evidentemente las hay, sino precisamente acerca del gallego -y esto es extremadamente lamentable. Hay que reconocer que nuestros políticos están consiguiendo que el gallego, en vez de ser un nexo de unión entre todos los gallegos, se esté convirtiendo en motivo de discordia.

¿A qué se debe este fenomeno? Mucho me temo que la razón se deba a posiciones doctrinarias de los galleguistas. El objetivo de una Galicia completamente bilingüe en el futuro no solo es loable y razonable sino que pocos se opondrían a él. El problema estriba en insistir COMO conseguir este fin. ¿Es verdaderamente necesario que los chicos estudien física o teoría del conocimiento en gallego? Yo creo que puedo decir que domino el ingleés a la par del castellano sin haber estudiado física o teoría del conocimiento en inglés en el bachillerato. No es que el gallego no sea digno de la física o de la teoría del conocimiento: es que acontece que en la realidad de Galicia hoy evidentemente resulta conflictivo. Al menos hoy por hoy, sería suficiente que el estudio del gallego en las escuelas fuese intensivo, conjugándose con el de la historia de Galicia, cultura gallega, coros gallegos, y quiza alguna otra disciplina. Tendría que ser, por supuesto, una asignatura de las más “serias”, con exámentes objetivos comprensivos en los que no cupiera trampa ni cartón. O dominas el gallego, o no lo dominas -y si no lo dominas, repites, como en años pretéritos se hacía con el latín y nadie lo discutía. Es siempre un dilema cuando la doctrina se impone a la realidad y al sentido común.

El esloveno, ese idioma diabólico

jueves, abril 10th, 2008

Cuando alguien me contacta para hacerme preguntas sobre Eslovenia, las dos más frecuentes son: “¿Cómo es la policía?” y “¿Cómo es el idioma?”. Así que hoy empezaré por la segunda. Todo idioma tiene complicaciones a la hora de estudiarlo. Es un proceso largo que requiere paciencia y muchos codos, horas de estudio y de conversación llenas de frustración cuando no conseguimos pronunciar o recordar las palabras. La mayor parte de los españoles tuvimos experiencias con las lenguas inglesa, francesa o incluso el alemán, cuyas estructuras, aunque diferentes, no dejan de guardar cierta semejanza con nuestra lengua materna. El problema viene cuando salimos del grupo de las lenguas románicas y germánicas y penetramos en la jungla misteriosa que son las lenguas eslavas. Es un mundo de fonemas desconocidos, escrituras imposibles y sonidos que desafían a la razón. Dicen que el esloveno es una de las lenguas más complicadas que existen en Europa, pero en el vocabulario gallego la palabra “imposible” no tiene cabida.
Los primeros días en Eslovenia me defendí hablando en inglés, pero mi orgullo no me permitió quedarme estancada y decidí plantarle a este complicado reto. Acudí a una academia donde me prometieron que empezarían desde cero y donde compartiría clase con gente en la misma situación. Así pues, los alumnos formamos una sopa de nacionalidades con ingredientes austríacos, griegos y jordanos. Nos entendíamos en inglés, pero la profesora no lo hablaba bien. Dicen que la mejor manera de aprender un idioma es lanzarse a la calle e intentar conversar con la primera persona que veamos. Yo digo que la mejor manera es buscarse un profesor que sea capaz de explicarnos las cosas en un idioma que no sea el que estemos aprendiendo. Porque durante dos meses apenas pasamos de la lección cuatro, cuando el libro tenía veinte. Fue una pérdida de tiempo y dinero. La estudiante jordana quedó en “buenos días”; la griega, que era estudiante de ópera, se pasaba las clases practicando alemán con la vienesa y hablando de los conciertos que iba a dar en la Filarmónica. Y yo me quedaba al margen, intentando hacerle entender a la profesora que los euros invertidos no estaban dando su fruto. Harta de intentos decidí aprenderlo por mi cuenta, con resultados más satisfactorios. El esloveno ya no tiene secretos para mí. Pero lo que nunca desaparecerá, lo que siempre quedará en mi forma de hablar será el acento, un acento que, misteriosamente, hace que la gente me empiece a hablar en italiano. Porque para un esloveno, el español y el italiano vienen siendo la misma lengua.

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Tengo unas zapatillas blues para as festas

lunes, abril 7th, 2008

O la historia de cómo se puede ser gallego habiendo nacido fuera de España.

Pues como muchos otros gallegos, que nuestros padres se fueron al extranjero por tema de trabajo, y por ahí nacimos.

En mi caso, nací en los Estados Unidos en el 81, dónde viví hasta tener casi 4 añitos. Y de ahí, fuimos a Galicia, pero no por mucho, porque al poco, por trabajo otra vez, fuimos a la provincia de Cádiz y mis primeros recuerdos de Galicia son la huerta de mi abuela, su perra tuerta Mori (que en paz descanse), algunas vacas por ahí, muchísima lluvia, un jamón gallego salado de más, cocina de leña con un olor que aún no olvidé, la iglesia del pueblo, mi familia o las fiestas del patrón.

Pero claro, con casi 4 añitos, una ya habla y esas cosas, y yo pues hablaba un digno mejunje de español, inglés y gallego. Muy mono, pero no muy práctico cuando tu profesora te intenta explicar que un color no es red, sino rojo (y encima te castiga porque no te enteras).

Hasta los 18, viví en el Puerto de Santa María, en Cádiz, que la verdad, mientras sigue siendo España, pues es bastante diferente. Eso sí, el veraneo en Ares (A Coruña), que no falte, para ver a los abuelos, los tíos, los primos, los primos de los tíos, los hermanos de los abuelos, los sobrinos de los primos, y así puedo seguir. Veintiséis años, y todavía no soy capaz de aprender más allá de los familiares directos y de los que viven al lado de la casa de la familia.

Después de los 18, pues estuve un año en Galicia, intentando estudiar química con una beca para hijos de gallegos migrados, pero entre muchas cosas, aprendí que la química no era lo mío ni de lejos.

Luego, otra vez por el trabajo de mi padre, fuimos para Bélgica unos años, también estuve casi un año en Dinamarca, y ahora trabajo en Francia, donde ya llevo casi dos años y parece que aún me queda un rato. Procuro seguir la tradición familiar de veraneo en Ares, que si no, no parece verano.

La verdad es que Galicia, no la habré pisado mucho, pero es que al final del día, las cosas no huelen, sino que cheiran, no doy besos, sino bicos, y una de las primeras canciones de mi infancia que recuerdo tratan sobre frailes mexando y ratas peludas. Por lo visto según mucha gente de otras partes de España y del extranjero, también tengo la habilidad de cuando me hacen una pregunta, responder de la manera más indirecta posible, o con otra pregunta. Y pienso que emigrar es también bastante gallego, solo tengo que ver a mis padres, o a mis abuelos, o a muchos otros familiares.

Como homenaje a mi familia y amigos, parte fundamental en todo esto, y también, un poquiño como autorreflexión, iré escribiendo mis historietas pasadas y por venir, siempre que el trabajo me lo permita.

Biquiños a todos.

P.D: La historia de las zapatillas blues es totalmente verídica. Que se lo pregunten a Custodia, que era vecina nuestra, que no se enteró de nada la pobre.

Una gallega en Singapur

viernes, abril 4th, 2008

Cuando le dije a la gente que me iba a vivir un año a Singapur, la mayoría decía dos cosas: ¿dónde queda Singapur? y ¡carallo! Pues al carallo no tengo respuesta, pero para aquellos que aun tengan la duda, Singapur es un pequeño estado-ciudad situado en la punta de la península malaya, en el sudeste asiático. Mis flamantes vecinos son Indonesia por el sur, Malasia por el norte y un poco más al este las Filipinas.

Aunque en los mapas no se distinga muy bien, Singapur es una isla, pero no os puedo decir muy bien el tamaño porque está creciendo constantemente. Compran arena a los otros países y van rellenando y ganando terreno al mar; lo mismito que el puerto de Vigo, pero a lo grande. Tanto es así, que Indonesia ha prohibido venderle arena a Singapur, porque les roban terreno a ellos. Así que ahora tienen que comprar la arena por Sudamérica y así.

Aquí hay un montón de idiomas distintos, casi tantos como etnias, pero por suerte para mí, uno de los idiomas es el inglés. Aunque con el acento que tienen hablándolo, a veces lo mismo daba que me hablaran en chino. 

Las “vidas” de Londres

jueves, abril 3rd, 2008

Londres (Reino Unido): Entre 7,5 y 14 millones de habitantes (si incluimos el área metropolitana). El inglés es su idioma oficial, pero la diversidad de su población hace que se puedan escuchar más de 300 lenguas distintas en esta ciudad, la más poblada de la UE.


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Vivir en Londres te asoma al mundo. Londres es una ciudad hecha por sus habitantes: ingleses, irlandeses, originarios de las antiguas colonias como India, Bangladesh, Pakistán, Sudáfrica, Kenya, Hong Kong y las islas del Caribe; además de una gran comunidad procedente de África y de Australia y, por supuesto, de los países de la UE. Los latinoamericanos también se han asentado en la capital; con una afluencia creciente, sobre todo de brasileños. Todas estas gentes, culturas, etnias, clases sociales y vidas te hacen olvidar que eres de un sitio y querer ser de todos los sitios. Otras veces, sientes que la suerte ha estado de tu parte por haber nacido en este lado del globo.

Y hay quien pensará: “¿Diversidad? Para lo bueno y para lo malo”. Yo prefiero centrarme en el “para lo bueno”. Diversidad, lenguas y gentes. Como mis compañeros de trabajo. Como C., un colombiano que nació en un pueblo que no sale en los mapas, junto a la selva, no muy lejos del Pacífico, al que le gustaba ver muertos cuando era adolescente y se acostumbró a ver “soltar” en la plaza de su pueblo los cadáveres de los guerrilleros, a los que bajaban desde las montañas para que fueran reconocidos y enterrados por sus familiares; y que te lo cuenta tan tranquilo y te descubre que el realismo mágico magistralmente narrado por García Márquez no es un invento excepcional, es Colombia. Como S., pakistaní, que se va ahora a su tierra a casarse con una chica preciosa –los padres de ella lo “escogieron” para su hija y a ella le gustó, porque él también es muy guapo-. Muy jóvenes los dos, apenas se conocen, pero él dice que en Europa andamos al revés, que el matrimonio se construye durante el matrimonio, no antes. Y digo yo ¿por qué no? Aunque mis padres nunca han tenido muy buen gusto a la hora de presentarme “sin ningún tipo de intención” al hijo del vecino del pueblo, o de una prima, o de un amigo…

Creo que al final no somos tan distintos.  Sí es verdad que Londres no es la mejor ciudad para aprender inglés (de cualquier forma, desconfío de que se pueda aprender el inglés, o cualquier idioma, en unos meses). No obstante, en el esfuerzo por captar la lengua anglosajona se aguza el oído para otras. Así, llegamos a entender o chapurrar el italiano, el portugués, y hasta un poco de francés (¡vivan las lenguas latinas!).

También en Londres, aunque habrá quien me contradiga,  te sonríe la gente, y te saluda y es amable y educada; y le gusta hablar, incluso en el autobús. Malo, cuando una estaba recién llegada y no se enteraba. Pero bien, la clave está en intercambiar uno, o dos, o tres, sorry (perdone). Nos “sorriamos”  todos ­-que digo yo-, y sonreímos. Siempre una sonrisa. Aunque ya estemos en abril y aún no se vaya el frío.