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Los mineros y los mitos

sábado, octubre 16th, 2010

Es probable que quienes lean esta entrada estén más informados que yo, que vivo en Chile, del rescate de los 33 mineros en la mina San José, en el norte del país. Por una decisión consciente, decidí mantenerme al margen, dosificando mi exposición a la televisión. Nunca he visto un reality y menos lo iba a ver ahora. Decidí que no estaba de ánimo para una dosis exagerada de empalago emocional. Esta apreciación no obvia el carácter de gesta heróica que rodea la decisión de sacarlos de aquel hoyo al que las precarias condiciones laborales de muchas minas parecidas en Chile los había condenado.

Como todo está hoy día expuesto a la difusión globalizada mediática, compartimos alegrías y también penas. Así como hasta en el último rincón del planeta han podido apreciar los detalles del rescate minuto a minuto, recordemos cómo nos vimos sobrecogidos por los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York, casi sintiendo la penetración de aquellos aviones en el cemento de los edificios como si estuvieran atravesando filosamente las pantallas de nuestros propios televisores. 

Lo cierto es que hoy, la imagen no solamente es imagen sino que es ya el contenido. La imagen ha terminado siéndolo todo y este hecho contradice una prograganda de bebida gaseosa (Sprite, si mal no recuerdo) que pegó fuerte en Chile, a principios de los noventa, que decía “La imagen es nada, la sed es todo. Obedece a tu sed”.

De la mano de la imagen, va la construcción de mitos. Si bien Chile fue conocido hasta 1973 como un país ejemplar en el ejercicio de la democracia, puesto que los chilenos compartían una cultura politica de asistencia electoral masiva y respeto a las urnas, en el contexto de una América Latina invadida por montoneras y caudillos, hoy Chile comienza a ser conocido por otra cosa. Al parecer, según se desprende de las afirmaciones del actual Presidente, Sebastián Piñera, no solamente es hoy un país más conocido en el mundo sino más respetado por haber acometido con seriedad y rigor, desplegando una obra de ingeniería mayor, el rescate de los 33 hombres que habían quedado convertidos en topos. Llevo 25 años en Chile y algo que siempre ha llamado mi atención es la preocupación de su clase dirigente por la forma en que es percibido el país en el mundo. Antes, por una democracia ejemplar que se desmoronó. Luego, Pinochet lo puso en el mapa y he experimentado vivencialmente el hecho de que, en mis visitas a Galicia, muchos gallegos solamente asociaban a Chile con el ex dictador. Luego, con la apertura comercial, los vinos desplegados en los supermercados de todo el mundo han sido el mejor estandarte de la producción chilena. Sin embargo, hoy pareciera que hay que añadir un valor adicional: Chile como un país que se compromete con su gente. Estamos asistiendo, creo, a la elaboración de un nuevo mito.

Lo que digo no es solamente una percepción personal. Ya han asomado voces, especialmente vinculadas a los sectores exportadores, que señalan la necesidad de desarrollar una estrategia que permita capitalizar la visión que Chile ha logrado proyectar en el mundo a partir de este desdichado accidente y, sobre todo, evitar que se olvide rápidamente. Quizás pueda parecer extraño este celo pero Chile es el país del mundo que ha tenido una mayor explosión de acuerdos comerciales, pasando de ninguno en 1990, a más de veinte, en la actualidad. Ya antes del accidente minero, los distintos gobiernos de la Concertación y, en especial, el de Michelle Bachelet, hizo suya la preocupación por la “Imagen País”, creando una fundación específica para dicha tarea. Aunque la propia expresidenta se convirtió en la mejor difusora del país en el extranjero, esfuerzo coronado recientemente al serle ofrecido el cargo de representante de la ONU-Mujer, no es menos cierto que hay muchas esperanzas puestas en un eslogan acuñado por creativos  y publicistas poco antes del derrumbe en la mina. Se trata de “Chile hace bien” o “It´s good for you”. El rescate habría venido a confirmarlo porque mostró, según los entendidos,a un Chile moderno, competente, con alto nivel de tecnología, con funcionarios que hablan inglés y donde se daría una mezcla positiva de valores humanos, sentimientos positivos y autoridades competentes.

Pues bien, se piensa que es necesario desarrollar ahora acciones que permitan que ello no se diluya en el tiempo, máxime porque se piensa que Chile es un buen país en un mal barrio, por su ubicación en América Latina, tal como lo han explicitado algunos gerentes chilenos. La reciente rebelión policial en Ecuador y, antes, el intento de golpe de Estado en Honduras, poco o nada ayudan a disipar la imagen de un continente donde, lamentablemente, a veces parece ser más escaso el orden que el caos.