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Entradas etiquetadas como ‘gripe porcina’

Calma chicha

miércoles, abril 29th, 2009

El lunes estuvimos pendientes por si suspendían el transporte público. Parece ser que no, aunque el resto de las medidas continuarán como se había previsto. En los restaurantes sólo hay servicio de venta de comida para llevar. Y afortunadamente ha sido cancelado el corte de agua programado para este fin de semana en toda la ciudad.

El domingo, asustada por la amenaza de endurecer las medidas preventivas, la gente abarrotó los supermercados. Nosotros ayer salimos a hacer la compra: más gente que de costumbre llevándose a casa mucha comida, sobre todo frijoles, arroz, latas, la mayoría con tapabocas, y personal del supermercado limpiando los carritos con desinfectante. 

Tras asegurar en días anteriores que eran veinte las personas fallecidas a causa de esta gripa, el Secretario de Salud, dijo ayer que de los 159 casos de neumonía atípica, sólo habían sido confirmadas siete por la influenza. 

Ya no se sabe qué pensar.

Esta semana el Senado, en contra de las recomendaciones de suspender actividades, aprovechó para ponerse al día, con más de veinte dictámenes pendientes, entre los que aprobaron la ley del narcomenudeo, donde se autoriza la portación de pequeñas cantidades de droga para consumo personal. A modo de prevención, eso sí, las sesiones fueron realizadas a puertas cerradas.

En la calle, a pesar de las medidas tomadas por el gobierno, uno puedo echarse un taco o una quesadilla en algunos de los puestos que siguen funcionando como si nada ocurriese. 

Así son los defeños: amantes del riesgo y del sentido del humor. Tras el reciente sismo, los chistes no se hicieron esperar: “¿Qué le dijo la Ciudad de México a la influenza? ¡Mira cómo tiemblo!”

Alerta 4 y terremoto con chile

martes, abril 28th, 2009
La plaza del Zócalo, frente al Palacio Nacional de México semide´sertica tras declararse la alerta

El Palacio Nacional, en el Zócalo, horas después de decretarse la alerta en México. Para ver más imágenes pincha en la foto

“-No recuerdo nada como esto, desde el terremoto del 85”. Me dice mi novia nacida en la ciudad y acostumbrada, como todos los chilangos (nativos de Ciudad de México) a todo tipo de acontecimientos que pueden definir una ciudad de más 20 millones de personas, narcotraficantes incluidos.

El viernes boda y empiezan las primeras noticias, entre la felicidad del acontecimiento, la gente gasta bromas y hace juegos de palabras con definiciones como “influenza”, “pandemia” u otros términos. La última invitada en llegar, nos da a todos un beso y luego dice que su hijo esta ingresado de esa tal gripe….nos quedamos todos callados.

El sábado y domingo, México está vacío. Nos quedamos en casa y vemos las noticias, nos juramos sólo salir para sacar al perro, pero el tianguis (mercado) del domingo, es tan tradicional como bueno. Decidimos ponernos las mascarillas y salir a hacer la compra, esta vez, prescindimos de pararnos en esas mesas alargadas llenas de gente comiendo tacos y compartiendo salsas y condimentos que por cierto, están casi vacías. Las llamadas desde España se repiten y hasta que no digo (no sin mentir) que tengo muy cerca una clínica de urgencias las 24 horas, la familia y los amigos no se quedan tranquilos.

Lunes. Voy a mi reunión de trabajo bien equipado con una mascarilla que nos han vendido al triple de su precio original. Cogemos el coche , mi chica me acompaña y me acerca al centro, esta vez no quiere que coja el metro…. ni yo tampoco. Veo la gente por la calle y calculo que ya, un 35 por ciento llevan mascarilla, un 15 por ciento la lleva, pero no puesta, la otra mitad, son los escépticos o mal informados que existen en todo el mundo y son los que más tranquilos pasean. Toda la gente de la ciudad pensaba que las calles iban a estar vacías de coches, pero es pura mentira, nos paramos en un tramos de 300 metros media hora y pienso que en esta ciudad, aunque se abrieran las puertas del infierno aquí mismo, habría atascos en la entrada. Ponemos la radio y escuchamos las preguntas de la gente y lo que opina, la mayoría que llaman, es por que no se lo creen, piensan que es una burda astucia del gobierno para ganarse votos, el locutor incrédulo, afirma que hay muertos por medio y que por respeto, midan sus palabras….

Llego a la pequeña cafetería donde siempre me tomo mi café antes de las reuniones y me siento a esbozar los primeros textos de este escrito, de repente, el suelo tiembla bajo mis pies y como todo el que habita en esta ciudad, nos fijamos en las lámparas a ver si se mueven. Esta vez ni hace falta, el dueño del local me interrumpe que salga enseguida, pues eso es lo primero recomendado que hay que hacer. Ya afuera, me pregunta si estoy asustado y si me voy a volver a España con todo lo que está pasando, yo le digo que no, que México es una ciudad maravillosa y que si algún extranjero se adapta a México, esos somos los españoles. Pienso mas profundamente para justificar mis propias palabras y me digo que las huestes de Cortes, lidiaron con peores males aquí mismo y aun no del todo convencido de lo que digo y pienso, me regalo la ultima versión de autoconfianza y me digo que “con mi carnet de gallego, me adapto a cualquier parte del mundo”

Al ir a la reunión por la céntrica calle reforma, la vista es de lo más impactante, cientos de personas desalojadas de los edificios en la calle, con mascarillas casi todos y ese calor que ya empieza a pegar más fuerte…”Terremoto, pandemia! El cruz azul pierde!”, eso dice calmado un anciano en un puesto de tacos en una espera imposible de la gente que no va a ir a comer, en este día tan extraño.

En mi reunión, no nos damos la mano, nos relajamos contando gracias de todo lo que pasa, pero al primero que tose, todos le preguntamos si se encuentra bien…era alergia a los gatos…me he salvado de nuevo….

Voy paseando desde el “Caballito” de la calle Reforma hasta Bellas Artes y Zócalo, en 400 metros, ya se cuantos tipos de mascarillas hay en el mercado, sus colores, formas, incluso sus dos clases de nudos, camino y las farmacias que veo, están abarrotadas de gente comprando mascarillas, antigripales y jabón antiséptico, el “Kit de supervivencia Chilanga por excelencia” y una observación, sólo la mitad de esa multitud llevan mascarillas, los demás, están vendidos al destino, no de dios como se diría aquí, si no a las corrientes caprichosas del aire aporcinado.

Cuanto más paseo por esas calles abarrotadas de personas y veo la multitud que somos, pienso en lo fácil que es liquidar la humanidad a base de estornudos y rezo para que lo que veo, sea algo excepcional y que en semanas, sólo figure como un recuerdo en mi mente y un retrato en mi cámara.

Después de mi sesión fotográfica, decido si voy en el metro hasta mi casa, o me subo en un taxi, estafándome unos pesos por notar mi acento extranjero o si nos ponemos a lo peor, asaltándome en mitad de camino….voy al metro.

Me la juego con mi mascarilla ya sudada por mi respiración (dicen que 2 horas es su vida efectiva) y yo llevo toda la mañana con ella. En el metro hay menos gente, pero se nota que todos estamos incómodos y nos miramos de reojo unos a otros intentando buscar un culpable visible al miedo que danza en el ambiente.

Salgo del metro Tasqueña y ya sólo me queda un último escalón, ¡el pesero! (una especie de poco efectivo y viejo microbus). He tenido suerte y ¡está casi vacío!, pero mi animo se desploma cuando la persona que está a mi lado, se suena la nariz varias veces. ¡Lo maldigo en mi interior y mis sentimientos no se apiadan de el ni un segundo!, sudo de calor dentro del bus, me da un ataque psíquico de hipocondría y ya me encuentro mal, desearía apartar a todos de mi lado y caminar por una corredoira gallega, fresca al atardecer.

Abro los ojos y ya es mi parada, camino hacia la casa y los pies me pesan, la máscara ya está sobre mi cuello y sigue el calor sofocante, abro la puerta y me desplomo en el sofá, pienso en mis miedos y en todo lo que he hecho mal en este día, al cabo de unos minutos ya mas relajado, enciendo mi ordenador, abro el Facebook y leo de mi primo un nuevo mensaje:

“No te preocupes primo, los gallegos tenemos un gen que hace que cuando los virus entran en nuestro organismo la sangre se nos transforma en orujo y embolillamos al germen!”

Me reconforto.…

Ya he sobrevivido un día más.

Temblor y gripe

lunes, abril 27th, 2009

Hoy, por unos minutos, todos los que habitamos el DF dejamos de pensar en la influenza cuando tembló. Cerca de las 12 del día, mientras el Secretario de Salud daba una rueda de prensa para informar de la situación de la epidemia, un terremoto sacudió la Ciudad de México.

 

Sentí que mi silla se movía, y luego vi las lámparas oscilando de un lado a otro. Lo inquietante no fue la intensidad, sino la duración (de treinta a cuarenta y cinco segundos que se hicieron interminables). Salimos a la puerta para ponernos debajo del marco por si acaso, y porque ahí están las columnas centrales de este edificio de más de veinte pisos.

 

Ya pasado el susto, comenzó a sonar el teléfono. Hicimos las llamadas pertinentes para corroborar que todo el mundo estaba bien. Tengo varios amigos que viven en el centro de la ciudad, en el terremoto del 85 fue una zona de las más afectadas: los edificios son muy viejos, y está asentado sobre lo que antes era una laguna. Debido al sismo, las líneas telefónicas del Centro dejaron de funcionar, la gente salió a las calles, y algunos edificios fueron evacuados. Ahora, ya se ha recuperado la normalidad.

 

Afortunadamente no se ha hablado de víctimas, ni aquí ni en su lugar de origen, el casi siempre epicéntrico estado de Guerrero. La intensidad ha sido media: 5.7 grados en escala de Richter, lo suficiente para que los citadinos olvidásemos la influenza unos minutos.

 

Volviendo al virus, ya se sabe que han suspendido las clases en toda la República como medida de prevención; los restaurantes ya han sido cerrados, se estudia si suspenderán el transporte público, y parece ser que la OMS cambió la alerta a fase 4 (de 6 posibles), debido a que la enfermedad se puede transmitir de persona a persona, provocando así grandes brotes.

 

Yo sigo en casa, obligada por el cierre de las escuelas, el sentido común y el miedo al virus. Sólo saldré si es estrictamente necesario y, al contrario de lo que pensaba al principio, lo haré con tapabocas puesto. Por teléfono, cada poco tiempo hablo con mi gente querida,  para seguir la evolución del tema. Igual que yo, casi todos mis conocidos de aquí seguirán las recomendaciones del gobierno, pasando en muchos casos del escepticismo al miedo.

 

 

Influenza

lunes, abril 27th, 2009

La primera sorpresa fue el viernes, cuando me llamaron para posponer mi función de cuentos del sábado, la segunda al saber que se habían cancelado las clases en toda la ciudad por el brote de gripe porcina o influenza (que es como se refiere todo el mundo a ella en estos días). La verdad es que apenas esta semana seguí las noticias porque tuve muchísimo trabajo y el tiempo justo para dormir, así que no me enteré de gran cosa hasta el viernes. Precisamente el viernes salí a una fiesta. Es común en esta ciudad de dimensiones exageradas que la gente haga fiestas en sus casas y así, en vez de ir de bar en bar o de recorrerse Campo Castelo en Lugo, uno llega a casa de alguien y ahí se arma la fiesta hasta el día siguiente. El viernes eso fue lo que hicimos: fiesta de cumpleaños de Anaïs en el Centro, en casa de unos amigos salvadoreños, a una “cuadra” de Bella Artes. Menos tráfico que de costumbre, el metro casi vacío, mucha gente con tapabocas que el ejército estuvo repartiendo en la plaza del Zócalo.

Antes de salir de casa me advirtieron: lavarse las manos continuamente, no saludar de beso ni de mano, evitar las aglomeraciones de gente… Simplemente como medida de precaución.

Me sorprendió llegar a Bellas Artes y que, siendo las nueve de la noche, apenas hubiera gente; esa zona de la ciudad es bulliciosa a todas horas. A unas poquitas calles de ahí está la Plaza Garibaldi, famosa por la increíble concentración de mariachis esperando ser contratados para algún evento. Sobre el Eje Central, desde la salida del metro Bellas Artes, corren a la par de los coches cuando alguno aminora la velocidad como si estuviera interesado en ellos. Es costumbre de los hombres mexicanos (eso dicen) curar el mal de amores llevando serenata a las tantas de la mañana, de preferencia borrachos.
Esa noche caminé por las calles del centro hasta el Zócalo y luego hasta Garibaldi. Estaban los mismos puestos de comida de siempre en las aceras y gente comiendo como si nada pasase. Una noche hermosa, sin frío y tranquila.

Después de la fiesta, antes de la comida, empezaron a llegar mensajes a mi móvil de amigos gallegos y familiares que en ese momento estaban delante de la tele viendo el telediario. Y ahí enseguida empezamos a preguntarnos qué onda con lo que estaba pasando, porque hasta entonces ninguno de los allí presentes lo había percibido como algo tan grave. Entonces me llamó mi madre toda preocupada contándome lo que había oído allá. Y hasta ahí no tenía tanta preocupación; entre otras cosas, porque no conocemos a nadie enfermo, porque hasta hacía un día la vida citadina continuaba con su ritmo normal y la gran diferencia era simplemente el número de personas con tapabocas.

Ayer suspendieron las clases hasta el día 6 de mayo. Se suspendieron también desde el viernes todos los eventos culturales, cerraron teatros, cancelaron conciertos, los partidos de fútbol se harán a puerta cerrada y no habrá misas. Ahora leo en un periódico que el jefe de gobierno de la ciudad está pensando en suspender la actividad del transporte público, y al lado veo que todo está controlado y que no hay que preocuparse, sino prevenir las posibles vías de contagio. También leo que la OMS está estudiando la situación para ver si es necesario cerrar las fronteras mexicanas para evitar que el virus se propague a otras partes del mundo.

Hay gente que siente que no dicen la verdad, que se está ocultando información, o que la situación es mucho más grave y no quieren alarmar a la población. Hace pocas horas el presidente de la República salió en la tele para calmar a la población. En México, en todo el país, supuestamente hay aproximadamente 1350 personas infectadas, de las cuales 800 ya salieron del hospital, 300 aún continúan ingresadas, y murieron en toda la República 81 personas supuestamente por el virus. Y si alguien cree que puede estar enfermo, sólo ha de acudir al médico, quien dirá si es necesario someterlo a una prueba que dictamine si tiene influenza porcina o no, y si da positivo hay un tratamiento al que deberá someterse esa persona, y por precaución quienes vivan con el enfermo.

En cualquier problema de salud como éste, en una ciudad de las dimensiones de México, con una concentración de población tan brutal, la pregunta es si el gobierno dispondrá de los medios para resolverlo si esto es una pandemia como ya se está diciendo. También entran en juego los escasos recursos de un número elevadísimo de gente, la infraestructura médica y los varios factores que se van sumando unos a otros. Yo siento que la gente ahora se empieza a preocupar de verdad. Hablo por mis conocidos y por mí: por las medidas que el gobierno está tomando, la cosa parece mucho más seria y grave, y da qué pensar, aunque todo el tiempo de baraje como un asunto de prevención. Creo que todos nos preguntamos qué pasará mañana cuando esta gran urbe recupere su actividad normal, cuando el metro vuelva a ir abarrotado en las horas punta, cuando las miles de personas que huyeron del DF el fin de semana como escapando de sus problemas regresen a su actividad cotidiana.