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Entradas etiquetadas como ‘Gran Bretaña’

Una cervecita para el camino

lunes, junio 2nd, 2008

Hoy hemos “desayunado” en Londres con noticias sobre botellones, resacas y preocupación por el consumo de alcohol entre los más jóvenes. Las últimas encuestas señalan que un niño de 9 años ve normal que un adulto consuma a diario  cuatro o cinco pintas. Los menores cogen sus primeras borracheras cada vez más pronto y el Gobierno británico comienza a tomar medidas. Cuerpos especiales de seguridad controlarán el consumo en las calles y podrán multar y hasta procesar a los padres si su hijo/a es reincidente. Todo parece poco para atajar este problema cuando los hospitales ya han llegado a tratar comas etílicos en pacientes de entre 12 y 14 años.

También ayer entró en vigor la primera medida tomada por Boris Johnson tras su llegada a  la alcaldía de Londres: Queda prohibido el consumo de alcohol en el transporte público -trenes, autobuses y metro-, donde hasta ahora se podía ver cada día a trabajadores con una cervecita en su camino a casa o a jóvenes disfrutando de varias cervecitas en su camino a la juerga. Estos últimos decidieron “despedirse” el sábado del consumo alcohólico en el metro con un macro botellón que tuvo lugar principalmente en la estación de Liverpool Street y en la línea circular del Underground. Música, vagones y andenes abarrotados, mucha fiesta y jolgorio se vivió hasta que se produjo el cierre anticipado de varias estaciones, con la consecuente actuación policial y 17 detenidos.

El nuevo alcalde del partido conservador intenta así hacer más seguros y placenteros –según sus palabras­– los desplazamientos para los millones de usuarios del transporte público en la ciudad. Pretende también dar un paso adelante contra la delincuencia juvenil y los crímenes relacionados directamente con el consumo de alcohol.

En una ciudad tan acostumbrada a las buenas pintas de cerveza, tan bebedora en fin, no ha caído de muy buen grado esta noticia. Asimismo, los empleados del sector se preguntan cómo podrán ellos evitar el consumo en sus vagones o autobuses sin que ello represente un riesgo para su propia integridad física -de hecho, algún periodista ya se paseó ayer por los andenes bebiendo de una lata de cerveza sin que ningún guardia se diera por aludido-. En fin, Boris ya ha respondido, más Policía. La ciudad de los amigables “Bobbies” (esos emblemáticos agentes del orden que no van armados) está dejando paso ­–sobre todo, como en todas partes, tras el 11S en NY, el 11M en Madrid y el 7J en Londres­– a una ciudad sitiada por los cuerpos de seguridad. Aún así, los índices de criminalidad son cada vez más alarmantes.

Encuentro oportunas las medidas de control del consumo etílico. Pero, hará falta revisar también las medidas sociales quizás? La educación? Y qué se puede hacer con la segregación racial? Claro, que de eso aún no me ha llegado noticia.

Mis amigos y el licor café

lunes, mayo 26th, 2008

Hace un par de semanas me llevé a Santiago y a mi pueblo natal a dos de mis amigos ingleses. Llevábamos esperando meses esta pequeña excursión de fin de semanas y, cuando dejamos Inglaterra, la lluvia caía sin piedad. Al llegar a Coruña nos recibió una temperatura que rozaba los 20 grados y cielos despejados . Lo de que en España hace siempre sol es sólo un tópico, pero esta vez se cumplió.

La primera noche en Santiago decidimos introducir a nuestos amigos en el maravilloso mundo de la cocina gallega. En un céntrico restaurante de la zona vieja, catamos empanada, croquetas, zorza, embutidos y queso. Todo un festín, que acompañamos con un vino de Mencía. Y, para terminar, el que sería el gran rey de la noche compostelana para mis dos amigos ingleses, unos chupitos de licor café.

Tras una visita fugaz a los míos, en la que los visitantes pudieron conocer una típica familia de marineros gallegos y admirar el paisaje que se nos ofrece de las Illas Cíes desde el Alto del Facho, Santiago fue el destino una vez más para la visita obligada a la Catedral.

Hoy en día, semanas después de nuestra pequeña escapada, mis amigos aún recuerdan las playas de mi pueblo y la tranquilidad de sus calles así como el sensacional halo que emerge de la zona vieja compostelana. Sólo he recibido una queja, y esta fue por no haberte traído de vuelta una buena botella de licor café.

Un espíritu superviviente

miércoles, mayo 21st, 2008

Global Galicia es un espacio virtual sin fronteras. Aquí se cuentan historia dispares sostenidas por una misma médula. Hoy nos llega la historia de Maruja, una emigrante gallega que murió en Gran Bretaña, el lugar que la acogió, medio siglo después de marchar. Es una común historia particular.  

Escribe Mercedes Expósito Valle, desde Lugo:

maruja.jpgQue sirvan estas líneas como un sincero homenaje a una persona especial. A mi tía Maruja Hayler (Maruja Valle). Maruja murió inesperadamente una soleada mañana inglesa de finales de Abril, en el país que la había Acogido, en la Royal Tunbrige-wells (Kent-U.K.), país en el que vivió los últimos 50 años.  Para los que no la conocían podría parecerles no reseñable el fallecimiento de una persona de 82 años. Para los que la queríamos y disfrutamos de su personalidad es una pérdida irreparable. Desde la distancia de mi ciudad, Lugo (España), la imaginaba con frecuencia disfrutando de su jardín y mimando las plantas de su invernadero, o haciendo su clásico Christmas-pudding, aunque fuese agosto, en la cocina que velaba permanentemente su mascota , el gato obeso por el mimo de su ama. Todavía puedo verla caminando por los hermosos senderos de Kent, o compartiendo pedaleo en el tándem con su inseparable Frank.

 Maruja no tuvo una vida fácil, pero siempre supero la adversidad. A pesar de sus terribles años de infancia en Lugo, en la que la vida la situó tempranamente como una madre de la pequeña de sus hermanas. A pesar del hijo que tuvo ella sola en aquella España de la post-guerra tan ruin y dura para muchos y las penurias del hambre, y la enfermedad, a Maruja nunca la venció del desaliento. Con su espíritu superviviente, su carácter emprendedor,  con  su sonrisa y su optimismo, decidió probar suerte en un país  que a buen seguro no habría sabido situar en el mapa.-Maruja valiente- 

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La matanza

lunes, abril 14th, 2008

En la televisión, una productora intentaba defender la emisión de un programa de cocina en el que se documentaba una matanza en España. Aunque la matanza no tenía lugar en Galicia, inmediatamente sentí cierta necesidad de entender cómo se ve esta tradición nuestra fuera de nuestras fronteras.

Varias personas llamaron por teléfono a este programa de denuncia en directo. Todos se declararon indignados ante el hecho de que el programa se hubiera emitido antes de las 9 de la noche. “Estaba con mi nieto viendo la televisión y de repente apareció en televisión  un hombre acuchillando a un cerdo y una mujer removiendo la sangre caliente dentro de un cubo mientras una voz explicaba cómo esta sangre se utilizaría luego para cocinar”. Este es sólo un ejemplo de las críticas, centradas sobre todo en el hecho de que el programa se hubiera emitido antes de las 9 de la noche, la hora a partir de la cual la televisión británica entra en franja adulta. La mayoría de las protestas venían, eso sí, de esos telespectadores adultos.

En mi condición de gallega fuera de mi tierra, inmediatamente vinieron a mi mente no solo las imágenes sino también los sonidos y los olores de la matanza. Recuerdo vívidamente la llegada del ‘matador’, la reunión de los hombres, la colocación del banco, las órdenes de mi abuela, los chillidos de la víctima y el olor de la carne fresca. Recuerdo también cómo me horrorizaba esta tradición y me recluía en la casa a la espera de que todo se hubiera acabado. No me gustaba pero me parecía normal. Y, claro, lo que me gustaba luego era ver a las mujeres cortando profesionalmente la carne y, más adelante, el ritual de probar la zorza para los chorizos. Y aquí entraban más olores, como el del laurel utilizado para ahumar esos anhelados chorizos caseros.

Supongo que ante el debate sobre la conveniencia o no de enseñar una matanza en directo en televisión, lo que sentí fue la necesidad de defender una tradición que pronto será algo que cuentan los abuelos, también incluso en Galicia. Acepto las quejas en defensa de los niños, que quizás  pudieron encontrar un poco fuerte la imagen del cerdo muriendo. Sin embargo, no entiendo las quejas de los adultos ante una tradición que tenía como único objetivo conseguir la carne que había de alimentar a la familia durante el invierno. Demasiada hipersensibilidad. Yo prefiero saber de donde viene la carne de los chorizos y contar entre mis experiencias la de haber ayudado a mi madre y abuela a hacerlos.