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Productos gallegos en la pradera de San Isidro

miércoles, junio 25th, 2008

Me llamo Cristina, soy de Betanzos (A Coruña) y desde 1999 vivo fuera de Galicia, durante dos años en la siempre inolvidable Salamanca y desde 2001 en la marabunta de Madrid, disfrutando de sus maravillas y odiando sus defectos, supongo que como en todos los sitios.

El 15 de mayo y como cada año, Madrid celebró su San Isidro en la pradera que le da nombre y que reúne puestos y gente de lo más variopinto. Aunque parezca increíble, nunca había ido a esta romería, por coincidir en día laboral o por no animarme a ir sola a semejante fiesta. Sin embargo, este año mi amigo Pepe (también gallego) me animó a ir y echando mano de un día libre nos dispusimos a achicharrarnos y exponernos a ser aplastados por cientos de personas.

No sé si ocurrirá en otras ciudades (supongo que sí) pero aquí siempre hay gente y colas por todos los sitios y para todas las cosas. Para una chica como yo, de pueblo y de lo más tranquila, fue un poco traumático acostumbrarme a este revuelo continuo… En los primeros años me encontraba a mi misma andando apurada hasta los fines de semana cuando iba de paseo, sin motivo alguno. Supongo que las prisas se contagian muy pronto… y San Isidro no iba a ser menos…

La situación era ésta: subimos al metro en un extremo de Madrid y nos bajamos casi en el otro extremo de la línea junto a hordas de gente que salían de cada esquina. Nos dirigimos a la salida y nos fijamos en un cartel que indicaba que no se podía utilizar cualquier salida. La salida A era para salir del metro y la salida B para entrar. Eso y el servicio de limpieza de la capital es lo que más me gusta de aquí y lo que más echo en falta en mi pueblo: capacidad de organización, no sé si por falta de costumbre o de necesidad. En fin…

Una vez que conseguimos llegar a la pradera después de callejear un poquito nos encontramos con un espectáculo dantesco. No sé cómo lo vería Pepe, pero para mí fue impresionante ver las calles atestadas de chulapos por todos los lados (arriba en la pradera, delante de nosotros, detrás…) y de todas las nacionalidades (españoles, chinos, latinoamericanos, rumanos, polacos, etc), junto a una pradera situada detrás de un barrio con edificios altos. Precisamente, otra de las cosas que me gusta de Madrid es lo que decía Ana Belén en la campaña turística de la capital “Si vives en Madrid, eres de Madrid”.

Después de un rato de respirar ese ambiente tan castizo y de ver bailar varias piezas a unos señores de lo más entusiastas, nos decidimos a buscar el puesto de productos gallegos, of course. Vamos, que a Pepe no se le escapa ni una… La idea era comprar algo (pan de Carral, empanada) e irnos a comer a casa, pero cuando llegamos a los puestos (eran 2) nos surgió el dilema existencial de decidir qué apetitoso manjar nos llevaríamos a casa y a cuál renunciaríamos. ¿Por qué nos gustará tanto la comida?. Al final, nos decidimos por el pan de Carral por el cual pagamos, ¡ay!, 6 euros por una bolla “resesa” (revenida se dice aquí). Lo que hacen las ganas de comer cositas de la tierra… y eso que voy de vez en cuando, pero supongo que pasará como con los emigrantes de antaño cuando se emocionaban con las gaitas fuera de su país y eso que a algunos no les gustaba la música folclórica cuando estaban de vuelta en su casa… La moraleja es que en Madrid o en China ¡qué rica sabe una empanada, una tarta de Santiago o una bolla de pan aunque sea de hace dos días… así que ¡Viva Galicia!.

Hasta la próxima a todos.

Isla gallega

viernes, mayo 30th, 2008

Vivo en Barcelona a escasos metros de la frontera con Hospitalet, en realidad las divide una calle, la Riera Blanca, precisamente en esa frontera se encuentra la Casa de Galicia de Hospitalet, en la plaza de la Pinza llamada así por el monumento que en ella hay.

Allí es donde paso mis ratitos de esparcimiento tomándo Estrella Galicia y tapeando con lacon, pulpo, morro, rabo, etc.

Los domingos a mediodía casi siempre están los gaiteriros en un local al lado del bar repasando el repertorio para las actuaciones. La verdad es que no dan ganas de salir de allí, con un ribeiro en la copa, el paladar con gusto a terriña, esa música entrando por los poros y las voces en gallego es como estar en una isla lejana llamada Galicia.

Hay gente de todas las edades, desde gallegos ya jubilados a jovenes recien llegados a Barcelona que allí se reunen buscando la patria entre los paisanos clientes de siempre del local.

Y es que las gentes lejos del terruño siempre vamos al encuentro del paisanaje para sentirnos un poquito mas cerca de todo lo que hemos dejado en la tierra que nos vió nacer.

Y de nuevo la España andaluza internacional

jueves, mayo 29th, 2008

Londres se vistió de faralaes el pasado fin de semana. Se ha convertido ya en una tradición el festival (romería, diría yo) anual en Regent Street. Como no podía ser menos, como siempre en el extranjero, los andaluces son los principales protagonistas de la semana de España en Londres. Este año se batió el record Guinness al mayor número de personas danzando sevillanas al tiempo. Y también hay lugar para el carnaval canario, con desfiles los días 29, 30 y 31 de mayo. Sin embargo, además de las ofertas en restaurantes castellanos y andaluces, y también ingleses, no he podido encontrar referencia alguna a Galicia. Y no será porque no hay gallegos por estos lares. Como de costumbre, habelos hailos. Otros años la comunidad ha estado integrada dentro de las “regiones verdes” del Norte, como Cantabria, Asturias y País Vasco.

El festival dura 15 días y la oferta es variada: paellas gigantes, precios especiales en restaurantes y tiendas, catas de vinos y masajes (¿?).

Por supuesto, si alguien sabe de algún evento gallego en la ciudad son bienvenidas sus aportaciones. Con lo que prestaría aquí comer un pulpo a feira y un pincho de tortilla por un precio razonable!

Empezando a escribir

lunes, mayo 19th, 2008

Mi “historia” con este blog empezó hace ya unos meses cuando, casi por casualidad, me topé con su enlace al entrar en el portal de La Voz para revisar las últimas noticias publicadas de nuestra tierra. La verdad es que desde un principio me sentí atraída a pinchar el link pero por unas cosas o por otras no encontraba el momento. Siempre estaba ahí, esperándome, así que cuando al final entré consiguió engancharme y desde entonces se ha convertido en visita obligada en mis paseos por el ciberespacio.

Lo que más me gustó, cuando entré por primera vez al blog, fue el encontraros a todos y comprobar que había mucha gente con mi misma sensación de morriña y añoranza de la tierra. Es cierto que físicamente no me encuentro tan lejos como algunos de vosotros y por ello me siento muy afortunada, ya que desde Ávila puedo acercarme a nuestra añorada Galicia siempre que necesito reponerme de un ataque repentino de saudade.

Hace unos cuantos años me fui de nuestro terruño en busca de un trabajo mejor y más acorde con mis estudios y después de algún tiempo sobreviviendo en Madrid (porque por mucho que la gente diga que en Madrid se puede vivir, yo siempre afirmaré que se puede trabajar y llevarlo más o menos bien, pero no hay calidad de vida), he fijado mi residencia en Ávila, una ciudad encantadora y que, tal y como dice uno de sus anuncios, “te abre las puertas”. Ya os contaré más cosas sobre mi ciudad adoptiva y lo que hago aquí en otros posts.

¿Por qué Ávila?, os estaréis preguntando. Pues muy sencillo, llegué a Ávila por amor, sí es cierto, aunque suene cursi y ñoño. Junto con el trabajo o los estudios creo que es uno de los grandes motivos por los que la gente decide moverse de un lado a otro. Cuando conocí al que hoy es mi marido lo tuve muy claro y, cual lapa de nuestras playas, me pegué a él para no separarme en la vida, al menos eso espero (mmm, con lo de las lapas me viene a la memoria una de nuestras aventuras en Galicia, aunque ya os contaré el tema de los caramujos, que en Castilla le llaman bígaros, más adelante, porque es increíble lo cerca que estamos -Galicia y Castilla y León- y las diferencias culturales que puede haber entre unos y otros). Mi empeño actual es enseñarle a David todas nuestras costumbres y conseguir que vaya queriendo cada día más la tierra que hace ya unos años me vio nacer y que todos nosotros llevamos grabada a fuego en el corazón.

Hasta ahora el balance es positivo y como he empezado por el estómago creo que vamos ganando puntos para hacerlo gallego de adopción. Al menos no me pone pegas cada vez que me pongo pesada con eso de “es que el pulpo de aquí no es como el de Galicia”, jejeje. Lo tengo negro con eso de que mis principios me prohíben comer pulpo que no sea de la ría, pobriño, hay que ver qué aguante tiene.

Y por hoy creo que es suficiente, ya os iré informando puntualmente de las cosas que suceden por esta zona de España. En mi próxima historia os contaré la que se lió con una carpa de productos típicos de Galicia instalada en una plaza de Ávila.

Bicos e apertas para todos.

Vietnam y el arte

miércoles, mayo 7th, 2008

Voy a escribir hoy lo que no pude la semana pasada entera. Pero es que aprovechando el 1 de mayo me he ido hasta Hanoi para conocer un poco de Vietnam y, la verdad, me ha encantado. Hanoi es un caos de motos que no respetan los sentidos y tocan el claxon todo el rato, está lleno de cables por todos lados y tiene mucha polución. Pero también está lleno de puestos de comida (la comida vietnamita es riquísima), de tiendas que venden cosas hechas en seda, de carteles comunistas, altavoces que ponen música y dicen cosas que yo no entiendo (a primera hora de la mañana) y, lo que más me ha impresionado, de galerías de arte. Yo ya había oído que el arte vietnamita está cobrando importancia, pero no sabía que tenían tanta afición. En todas las calles hay mínimo una galería en donde encuentras cuadros de todos los estilos: reproducciones de cuadros famosos, imágenes típicas de Vietnam, iconos budistas, vieja propaganda comunista, cuadros bordados… Ahora los turistas que van ahí compran gorros cónicos y obras de arte (sí, sí, eso me incluye a mí). Eso sí, como en la mayor parte de Asia, regatea todo lo que puedas o te venden las cosas al doble de su precio, aunque sea un cuadro de Picasso… ¿y si les pidiera que me reprodujeran un dibujo de Castelao?

La matanza

lunes, abril 14th, 2008

En la televisión, una productora intentaba defender la emisión de un programa de cocina en el que se documentaba una matanza en España. Aunque la matanza no tenía lugar en Galicia, inmediatamente sentí cierta necesidad de entender cómo se ve esta tradición nuestra fuera de nuestras fronteras.

Varias personas llamaron por teléfono a este programa de denuncia en directo. Todos se declararon indignados ante el hecho de que el programa se hubiera emitido antes de las 9 de la noche. “Estaba con mi nieto viendo la televisión y de repente apareció en televisión  un hombre acuchillando a un cerdo y una mujer removiendo la sangre caliente dentro de un cubo mientras una voz explicaba cómo esta sangre se utilizaría luego para cocinar”. Este es sólo un ejemplo de las críticas, centradas sobre todo en el hecho de que el programa se hubiera emitido antes de las 9 de la noche, la hora a partir de la cual la televisión británica entra en franja adulta. La mayoría de las protestas venían, eso sí, de esos telespectadores adultos.

En mi condición de gallega fuera de mi tierra, inmediatamente vinieron a mi mente no solo las imágenes sino también los sonidos y los olores de la matanza. Recuerdo vívidamente la llegada del ‘matador’, la reunión de los hombres, la colocación del banco, las órdenes de mi abuela, los chillidos de la víctima y el olor de la carne fresca. Recuerdo también cómo me horrorizaba esta tradición y me recluía en la casa a la espera de que todo se hubiera acabado. No me gustaba pero me parecía normal. Y, claro, lo que me gustaba luego era ver a las mujeres cortando profesionalmente la carne y, más adelante, el ritual de probar la zorza para los chorizos. Y aquí entraban más olores, como el del laurel utilizado para ahumar esos anhelados chorizos caseros.

Supongo que ante el debate sobre la conveniencia o no de enseñar una matanza en directo en televisión, lo que sentí fue la necesidad de defender una tradición que pronto será algo que cuentan los abuelos, también incluso en Galicia. Acepto las quejas en defensa de los niños, que quizás  pudieron encontrar un poco fuerte la imagen del cerdo muriendo. Sin embargo, no entiendo las quejas de los adultos ante una tradición que tenía como único objetivo conseguir la carne que había de alimentar a la familia durante el invierno. Demasiada hipersensibilidad. Yo prefiero saber de donde viene la carne de los chorizos y contar entre mis experiencias la de haber ayudado a mi madre y abuela a hacerlos.

Aturuxo

miércoles, abril 9th, 2008

Mi primera intervención en este blog es para felicitar a sus creadores, porque somos muchos los que desde cualquier parte del mundo nos conectamos para ver qué pasa en nuestra Galicia, en nuestros pueblos y ciudades. Gracias por pensar en esa Galicia que vive fuera.

Ahora ya me puedo presentar. Según la definición de la RAE sobre emigrante que nos recordó Marisol, me encuadro totalmente en ella. Yo también soy hija, nieta y sobrina de emigrantes. Gentes con muchísimo más valor que nosotros (me refiero en comparación con los jóvenes que hoy salimos de Galicia) porque la vuelta no era segura (cuántas veces habrán dicho, lo de “voy por un tiempo y en cuanto tenga un poco de dinero volveré”, y esa vuelta se ha pospuesto indefinidamente, hasta la muerte), porque carecían de nuestra preparación y tenían un nulo conocimiento de lo que se iban a encontrar. Eran años en los que las comunicaciones estaban en su etapa arcaica. Cuando ahora le enseño a mi madre a utilizar Skype, con una webcam, estoy segura de que a mi padre y a ella, les vienen a la cabeza esas ansiadas cartas que enviaban desde México, con papel tipo Biblia, de cuatro o cinco hojas, y con unos sobres con ribetes azules y rojos (hoy carne de museos). De llamadas telefónicas, ni hablemos, todo un lujo en aquellos años, sobre todo porque en las aldeas gallegas tampoco tenían ese bendito aparato.

Sin embargo, compartimos con ellos esa morriña, el amor por la tierra y los nuestros. Es curioso como el gallego sea uno de los pueblos más pegados a su tierra y que más haya tenido que abandonarla. Y en mi caso, comparto con esos emigrantes la búsqueda de un futuro mejor. Todavía tienen que cambiar muchas cosas para que la preparada juventud gallega deje de emigrar.

En mi caso, estoy en Italia, la bella Italia, concretamente en Génova. País parecido en cultura y lengua. Sin embargo, como habéis dicho muchos de vosotros, el tema de la gastronomía pesa, y mucho. En mi caso, en mi maleta me he traído chorizos de la aldea, bica de Trives, fabada Litoral y bonito del norte. Lástima de la empanda. Así, de vez en cuando me daré el lujo de disfrutar de los sabores gallegos, a tres mil kilómetros de distancia.

Para terminar y hasta la próxima intervención, mi mayor reconocimiento a esos cientos de miles de gallegos que se lanzaron al vacío de la emigración. Enhorabuena a toda esa marea gallega repartida por los cinco continentes que hace posible este blog.

Aturuxo.

Singapur y la comida

martes, abril 8th, 2008

food-court1.jpgSi hay algo por lo que destaque Singapur es por la cantidad y variedad de comida que ofrece. Está todo lleno de puestos callejeros y de restaurantes. Pero lo mejor de todo son los food court; son grandes espacios que tienen todo alrededor puestos de comida de todas las especialidades asiáticas que quieras (china, malaya, tailandesa, japonesa, india…) y te cuesta entre 1,5 euros y 4. Vamos, que está tirado y comes genial. Lo que más abunda es pescado, marisco (aunque ninguno como el de la tierra, que conste), arroz y vegetales. Eso sí, hay que tener cuidado porque les encanta echar picante a todo, siempre hay que pedirlo “no spicy”, ¡siempre! Porque aunque tu no te esperes que un cangrejo pueda picar… puede. Y mucho. Aunque yo reto a quien sea a que pruebe alguno de los platos que sirven, sobretodo de comida china…

¿Morriña?

martes, abril 8th, 2008

Ho Chi Minh City, o Saigón para quienes se hayan quedado en las películas de Vietnam. Después de 3 años aquí, la verdad es que no sé por dónde empezar, soy un poco tímido.

Precisamente buscando por dónde empezar, estaba yo leyendo algunos de los blogs de Global Galicia esta mañana; y me he dado cuenta de que hay una morriña generalizada. Una entrada tras otra versa sobre las muchas cosas que se extrañan cuando uno deja el terruño. La comida ¡siempre la comida! Y como no, los paisajes, los sabores, los olores y mil otras bucólicas imágenes que se nos vienen a la cabeza siempre que cruzamos Piedrafita, y en las que nunca habíamos pensado de Piedrafita para dentro.

Y me puse a pensar (nota del escritor: deberías hacerlo más a menudo) que tampoco hay tanta diferencia entre Chinos y Chilenos, Checos y Mozambiqueños, Vietnamitas y Gallegos. Al menos, menos diferencias de las que pudiera parecer.

El que suscribe, gastrónomo “extraordinaire” se ha comido su buen lacón con grelos y su bacalao con coliflor en China, ha preparado empanadas de zamburiñas y callos con garbanzos en Vietnam, ha degustado el jamón serrano en Tíbet, y se ha zampado “bocatas” de chorizo en Londres y se ha tomado café con leche y bollos en Tailandia leyendo La Voz de Galicia.

¿Y qué me decís de los paisajes? Esos increíbles paisajes de Galicia que todos recordamos… ese olor de los pinos mojados en una mañana lluviosa de otoño…en Canadá; o ese incesante romper de las olas en los acantilados….de Sudáfrica; esos campos verdes e infinitos de…Irlanda, y esas playas interminables de… Camboya.

Al final, todo depende del viajero, de su capacidad y voluntad de adaptarse, de aprender a disfrutar de las particularidades del lugar en el que le ha tocado vivir, sin renunciar a lo que considera propio. Y en este tiempo en el que vivimos, tan distinto del que nuestros padres y abuelos emigrantes tuvieron que vivir, no es necesario renunciar a estas pequeñas cosas. Ya llega con renunciar a la familia y a los amigos….

La próxima vez cuento como me ha ido con Sardá y su Dutifri comiendo escorpiones en Saigón…

Un mar de referencias

domingo, abril 6th, 2008

Tengo que agradecer a este blog el reencuentro con ciertas referencias que, con el correr de los años, se me habían ido como escapando entre los dedos. Este blog, definitivamente, y para todos los que andamos dispersos por el mundo, gatilla la emoción. Viví mi niñez y adolescencia en Coruña, y es efectivo que padezco de “morriña gastronómica”, como bien dice Claudia en su entrada, desde Argelia. Cuando era niña, odiaba el caldo gallego. Ahora, ¡que no daría por un tazón! Somos bien contradictorios los humanos.

Pero no sólo de añoranzas culinarias vivimos los gallegos. En otra entrada se habla de los acantilados y de los océanos. Me he puesto a recordar mis paseos a la Torre de Hércules, a fines de los años sesenta y principios de los setenta. Nuestra torre, dicho sea de paso y en aquellos años, no era estaba tan glamorosa como ahora y menos, no se le ocurría a nadie postularla como “patrimonio de la humanidad”. Era una torre que estaba ahí, simpática, rodeada de campos con vacas, pero sin constituir un centro de especial atención para nadie. Sin embargo, mi niñez está entrelazada indisolublemente a esa torre a la que, pasados los años, veo que se le ha hecho justicia y hoy corona todo un parque que sirve de solaz y recreación a miles de coruñeses. En aquellos años, y digamos las cosas como son, Coruña le daba la espalda al mar. Era una ciudad como encogida en torno a los Cantones. Hoy, menos mal, es otra cosa y todos los que la visitan, la alaban.

No creo que no haya gallego que no tenga grabado a fuego, en el centro de su mente, la figura de un hórreo. Nadie, según creo recordar, lo ha comentado hasta ahora. El hórreo y el cruceiro son artefactos indisolublemente unidos a nuestras aldeas y campos y no me cabe duda de que, al momento de yo mencionarlo en este blog, muchos de vosotros cerráis los ojos y los rememoráis con vuestra memoria. Yo me he traído mi hórreo chiquito y lo tengo coronando una esquina de mi escritorio de trabajo.

Es cierto que España es más que flamenco y toros. Sin embargo, mi niñez gallega estuvo marcada por lo que yo pienso ahora que era una trilogía esperpéntica: flamenco, que era el folklore oficial; toros y más toros y fùtbol. En aquellos años sesenteros, no había más que un canal y las tardes sabatinas y buena parte del domingo veían las pantallas inundadas de fútbol mientras los parroquianos se instalaban en los bares a fumar y a jugar al mus. No era un panorama muy alentador para una niña de ocho años. Le he declarado la guerra a esta trilogía y debo reconocer que el fútbol me produce alergia.

Y, para terminar por ahora con las referencias a las que este blog me remite de manera inexcusable, no puedo dejar de mencionar a la “piolla”, esa lluvia fina que ya lo creo que moja. Mis recuerdos están indisolublemente unidos a la imagen de la lluvia menudita trás las ventanas, esa lluvia que antaño nos parecía fastidiosa y que prometía arruinar los juegos infantiles. Sin embargo, ante la amenaza de sequía que ya parece ser una epidemia mundial, y que no sólo afectará a Chile, ¡cuánto daríamos por recuperar esa lluvia persistente! 

Luego, hay todo un tema con eso de los olores. Cuando viajo, desde el lejano Chile hasta Galicia, nada más pisar el aeropuero de Santiago de Compostela algo muy familiar inunda mis narices.  No sé bien lo que es: mezcla de pasto, de lluvia, de cocimientos… Siempre le comento a mis hijos que el contraste con Santiago de Chile es demasiado grande. Esta ciudad, que me acoge ya por veintidós años, siempre me parece inodora e insípida. Sin embargo, el olor que me invade cuando llego a Galicia es un olor muy particular, es un olor que me dice que estoy en casa.