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En enero, tenis

miércoles, enero 21st, 2009

En Australia, enero es el mes del tenis por excelencia. Al mismo tiempo hay criquet, deporte de verano (en el hemisferio sur estamos en plenas vacaciones de verano), y ciclismo, por ejemplo, pero el tenis eclipsa al resto. En este país tan devoto del deporte, no podía ser de otra manera.

Entre el 19 de enero y el 1 de febrero se celebra en Melbourne el abierto de Australia. Es, ciertamente, uno de los cuatro grandes torneos del año en este deporte, seguido en todo el mundo, pero no como se sigue aquí. Para que se hagan una idea: uno de los canales de televisión (del tipo de Cuatro o La Sexta) emite de 11 de la mañana a 6 de la tarde y de 7:30 de la tarde a 12 de la noche partidos y más partidos de tenis, y así durante estas dos semanas sin descanso. Suelen retransmitir en directo los de los principales favoritos (Nadal, Federer, Djokovic, las Williams, Ivanovic, Tsonga, Safin, Murray…) y los de los australianos, claro (Lleyton Hewitt, por supuesto, y los demás australianos, que no son pocos), y del resto suelen hacer resúmenes. Los aficionados al tenis (y los no tan aficionados, como yo) nos pasamos dos semanas pegados a la tele, organizando nuestro horario en función de los partidos que más nos interesan e intentando desempeñar nuestras tareas cotidianas al menos cerca de la radio. Los más afortunados pueden ver los partidos en vivo desde las instalaciones en Melbourne, donde se ven todo tipo de sombreros amarillos y verdes (colores de Australia), desde pelucas afros hasta crestas punkies, donde las chicas se visten de animadoras con las letras de sus admirados jugadores pintadas en la camiseta y donde, además de partidos de tenis, se puede disfrutar de conciertos de música.

Justo antes del abierto de Australia se celebran diversos torneos de calentamiento para los jugadores en Brisbane, Sidney, Auckland… Con la excusa de que se acerca mi cumpleaños, Steve y yo compramos entradas para la final del Medibank Private International, el torneo de Sidney, que se celebró el sábado pasado en las instalaciones olímpicas. Era mi primera vez en el tenis así, en vivo y en directo, y la verdad es que me encantó (venía a mi cabeza constantemente aquella sintonía de Gomaespuma “estoy loco por el tenis, me encanta ese juego tan emocionanteeee…”). Esperábamos ver a Hewitt o a Tsonga (al comprar las entradas días antes, no sabíamos quiénes iban a jugar), pero al final se disputaron el título David Nalbandian y Jarkko Nieminen. Fue curioso, la verdad. Las gradas estaban llenas de argentinos, o por lo menos descendientes de argentinos en camisetas de la selección de fútbol. Cuando salieron los dos jugadores al campo, quedó claro que el favorito era Nalbandian, porque el público le aplaudió mucho más que al finlandés. Nalbandian ganó el primer set. Sin embargo, a medida que fue avanzando el partido, me empecé a dar cuenta de que las cosas estaban cambiando, que la gente aplaudía mucho más a Nieminen, que había ganado el segundo set. Lo comenté con Steve, y me dijo: “claro, en Australia siempre vamos de parte del underdog” (el underdog, para aquellos que no conozcan el término, son aquellos jugadores que no son favoritos para ganar una carrera o un partido, los desconocidos que al final dan la sorpresa). Y entonces empecé a pensar. Esa debe ser la razón por la que no se emocionan mucho con Nadal, porque siempre es el favorito. Por eso les gusta Lleyton Hewitt, porque (además de ser australiano, que siempre ayuda), no suele ser el favorito. Por eso no les gustan las Williams. Por eso el año pasado se volcaron con Casey Dellaqua, australiana salida de la nada que llegó hasta la cuarta ronda. Por eso el año pasado todo el mundo se emocionó con Tsonga, que casi se impone a Djokovic en la final. Y por eso este año están volcados con Bernard Tomic, australiano de 16 años que está jugando ahora mismo y que se desenvuelve en la pista como en su casa. Olvídense de Federer, olvídense de Nadal, cuyo juego es, sin lugar a dudas, alabadísimo. Aquí son los desconocidos los que triunfan, aquellos por los que nadie apostaría, que luego dan la gran sorpresa.

Todavía nos queda una semana y media de tenis. De momento, parece que el ganador será alguno de los de siempre, Federer viene con ganas y dice que está en su mejor momento y Nadal fulminó al pobre chico belga al que se enfrentó ayer. La mente apuesta por ellos, pero el corazón de los australianos está con los menos conocidos. Yo disfruto con el juego de Federer, pero mi corazón está con Nadal, es inevitable. ¿Por quién apuestan ustedes?