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Cómo enfrentarse a grandes nevadas

Martes, Febrero 3rd, 2009

Nevada en Eslovenia

Tengo que reconocer que Eslovenia tiene muchas cosas buenas, entre ellas la eficiencia en situaciones que, en otros países, serían calificadas de “emergencia”. Eslovenia es un país acostumbrado a la nieve. Nos acompaña una media de 3-4 meses al año pero hacía muchísimo tiempo que no venía tan fuerte. Por lo que he visto por la televisión y leído en internet, hay países paralizados por culpa de una cantidad de nieve que no es ni la mitad de la que tenemos aquí. Me imagino que el motivo es la falta de organización a la hora de preparar las ciudades para casos como estos.

En Eslovenia, tan pronto como empieza a nevar, se preparan los trabajadores con sus máquinas quitanieves. No importa la hora, incluso si son las 3 de la mañana, se dedican a limpiar mientras cae más y más nieve, y pueden pasar horas recorriendo el mismo tramo. Al mismo tiempo, cada habitante de cada casa tiene la obligación, por ley, de limpiar su trozo de acera, así como los comercios, bancos e incluso el Parlamento. Se castiga a todo vecino que no tenga el acceso a su bloque limpio. Todos los eslovenos tienen palas quitanieves en los desvanes y empiezan a eliminar barreras tan pronto como se levantan. Como resultado, cuando la gente se va a trabajar, todas las carreteras y aceras están limpias y podemos seguir haciendo vida normal. Jamás cierran colegios y nadie se libra de ir a la oficina (lo que para muchos es una desventaja, claro).

Se habla del temporal de nieve en Europa y del caos en algunos países, cuando aquí, que estamos bajo al menos 50 centímetros de nieve en pleno centro de Ljubljana, la vida no se ha alterado en lo más mínimo. Incluso en algunos pueblos alpinos, donde la nieve alcanza los 3 metros, vemos a los ancianos con sus palas trabajando sin descanso. La verdad es que no sé cómo lo hacen, porque no ha parado de nevar en casi 40 horas. Quizás hay algún momento en el que la carretera está cubierta de una fina capa de nieve, pero no pasan ni cinco minutos y ya hay un vecino encargándose del asunto.

En Galicia jamás había vivido situaciones como estas, por eso me alegro de que Eslovenia sea eficiente en algo. Por lo menos puedo seguir con mi vida, tener electricidad en casa y comida en los supermercados.

Peleando por la residencia

Martes, Diciembre 2nd, 2008

Hace mucho que no escribo porque estoy teniendo muchos problemas burocráticos en Eslovenia. Sé que no solucino nada quejándome aquí, pero siento que tengo que contar mis experiencias en algún lado, ya que he conocido a un par de gallegos que se están planteando venir a vivir a Eslovenia, y a mí me hubiera gustado saber todas estas cosas antes de mudarme con el fin de venir más preparada.  He decidido contar lo difícil (por no decir casi imposible) que es para una extranjera, miembro de la Unión Europea, que ha vivido aquí 39 meses, casada con un esloveno y esperando su primer hijo,  conseguir que le concedan/extiendan al menos una residencia temporal que le permita quedarse  en este país sin tener que separarse de su marido en 90 días. Saltándose todas las leyes europeas aplican sus propios métodos para intentar, por todos los medios posibles, que se reduzca el número de residentes no eslovenos en un país en el que el 90% de sus habitantes desearía que estuviera “limpio de influencias exteriores”, como suelen decir.

Al acabar mi contrato de trabajo ahora en diciembre, termina mi permiso de residencia temporal, con lo cual tuve que acercarme a solicitar la residencia por matrimonio. Antes de nada aclarar que me he estado informando muy bien y en la mayoría de los países de la UE (al menos en los antiguos miembros), la solicitud de residencia por motivos familiares es automática y sin más complicaciones. Pero en Eslovenia es muy distinto. No sé si lo que hicieron conmigo fue legal o no, pero tengo un buen tocho de leyes europeas impreso, en esloveno, actualizadas en el 2008, según las cuales no lo es y que pienso presentar como prueba si me niegan la residencia.

Llegué allí con mi pasaporte y el certificado de matrimonio. La sala estaba abarrotada, y al coger el numerito de la máquina en la sala de espera, la pantalla dice que tengo a 64 personas esperando delante de mí. Yo era la única mujer en toda la sala, allí solamente había trabajadores bosnios, albanos, montenegrinos y algún árabe. El problema es que los funcionarios no tienen ni idea de cómo tratar a los miembros de la UE, porque apenas tienen casos como el mío. Están acostumbrados a tratar con los que ellos llaman despectivamente “čefurji”, es decir, los trabajadores provenientes de los Balcanes, a los que tanto odian, y a los que no se les aplican las mismas leyes que a mí. Me da mucha pena verlos, van llenos de papeles y los tratan como a criminales. Bueno, como me trataron a mí.

Me acerqué a un estante con varios formularios de colores para rellenar. Escogí el que me correspondía: “Solicitud de ampliación de residencia para miembros de la UE”, y una de las casillas especificaba claramente: “por motivos de familia/matrimonio”. Tras la tortura de la espera llegó mi turno. Una funcionaria amargada me esperaba al otro lado de la ventanilla y se puso a mirar mis papeles con cara de asco. Me dijo que el formulario azul no era el que me correspondía, sino el rojo. ¿Cuál era la diferencia? En la práctica NINGUNA. El formulario azul tenía la casilla que especificaba “matrimonio” y el rojo era exclusivamente el formulario de familia, ambos VÁLIDOS. Pero me dijo que saliera, rellenara el rojo y volviera. Le dije que había más de 60 personas y que tendría que esperar otra vez, que si podría ser tan amable de dejarme rellenar 2 minutos el formulario sin salir. Me dijo “no, porque tengo que ir al cuarto de baño”. Le contesté: “Usted puede ir al baño y yo lo relleno y ya está”, pero me dijo que “no está permitido” (cuando en el 2007 a mí me dejaron rellenar todo dentro de la oficina). Tuve que salir, volver a coger otro número, rellenar el dichoso papel rojo y esperar, y esperar.

Por fin, después de otra hora, llegó mi turno, y esta vez me tocó lidiar con un chico más joven que no tenía ni idea. Miró los papeles y se le veía un poco confuso. Se pasó largos minutos tecleando en el ordenador, comprobando todo, murmurando… y luego me preguntó: “¿Dónde está la fotocopia de la tarjeta de residencia temporal?”. Me quedé a cuadros, porque no hay ningún papel, ley o aviso en la puerta que diga que tengo que dar una fotocopia de una tarjeta que caduca ahora. Le dije si podía ser tan amable de hacer él mismo la fotocopia, ya que tenía la máquina detrás de su silla, de manera que no tuviera que salir del edificio, hacer la fotocopia, volver a coger número y volver a esperar decenas de números. Me dijo que no estaba permitido (en el 2007 me hicieron la fotocopia dentro). Ya estaba furiosa.  ¿Para qué quieren las fotocopiadoras dentro? Tuve que volver a salir, fotocopiar, y volver a entrar . Estaba tan enfadada que entré directamente a su oficina sin esperar, se quedó tan sorprendido (o acongojado) que decidió atenderme sin protestar. Pero… todavía no estaba satisfecho. Me dijo que necesitan un certificado conforme al cual puedo asegurar que tengo el seguro sanitario básico esloveno. Pero al estar desempleada, este seguro sólo lo puedo conseguir con el certificado de residencia por matrimonio. Es un círculo vicioso: sin residencia no hay seguro, y sin seguro no hay residencia. Le expliqué la situación, ya desesperada. Puso cara de pocos amigos, pero me dio un papel según el cual aceptan mi petición de residencia temporal por matrimonio. Después de pagar 7 euros salí de allí agotada y con el papel en la mano.

Me dijeron que esta semana, y con el fin de que procesen la solicitud, tenía que presentar: confirmación de los 3 últimos sueldos (míos y de mi marido), fotocopia de mi tarjeta sanitaria y el certificado del seguro sanitario básico (el que sólo me dan con la residencia).
Si todo sale bien y salgo de este círculo vicioso y me dan el seguro sanitario esta semana, entonces, y sólo entonces, responderán en unos 4 meses a mi solicitud de residencia temporal, y luego me la darán por 5 años. No tengo derecho a pedir la residencia permanente, aunque esté casada, embarazada y empleada, hasta el 2013.

Estuve leyendo leyes y más leyes, y he descubierto que este proceso por el que me hacen pasar y la denegación del derecho a la residencia permanente antes del 2013 es el proceso que se aplica a los NO miembros de la UE. La encargada de recursos humanos de una empresa me dijo que puedo elevar una queja por “discriminación por motivos de nacionalidad”, algo que en Estrasburgo les iba a encantar y que al gobierno esloveno no le conviene en absoluto.

Hoy estuve en inmigración otra vez, con mis leyes estudiadas y mil argumentos que no pudieron rebatir: y conseguí la aceptación de la residencia con los papeles presentados. He ganado la batalla, pero sé que me queda mucho por pelear en este país mientras haya políticos que digan que “el importar productos y trabajadores de la UE provoca que Eslovenia sea cada vez menos Eslovenia y más mezcla confusa de razas”.
Por suerte son muchos los eslovenos que empiezan a darse cuenta de cómo funcionan las cosas, y la gente joven se está poniendo las pilas y denunciando muchas discriminaciones respecto al resto de europeos que residen en este país. Las leyes que la oficina de inmigración publica en internet no tienen nada que ver con la realidad, ya que según esas leyes, por tener yo no tengo ni derecho a asistencia sanitaria básica ni derecho a residencia temporal, pese a estar casada. El truco es saber dónde encontrar las leyes de verdad y conocer a la persona adecuada experta en el tema. Todo funciona por medio de enchufes, favores y a saber qué más. Tuve suerte esta vez. 

La vida social en Eslovenia

Domingo, Junio 1st, 2008

bargiela.jpg Hoy es domingo y no puedo dejar de pensar en cómo sería mi día si estuviera en Lugo. Aquí las cosas son bastante diferentes, sobre todo se nota los primeros meses. Yo ya llevo 2 años y medio en este país y creo que soy de constumbres más eslovenas que gallegas. A todo se acostumbra uno. Pero podemos ver en la foto que en un sábado soleado, a las 2 de la tarde y con una temperatura veraniega nadie se anima a salir a dar una vuelta, y que esto es lo más lleno que va a estar el centro de Ljubljana en todo el día.

Un día normal en Galicia empezaría con el despertador, como en cualquier otra parte del mundo. Sonaría a las siete u ocho de la mañana, seguido de una ducha y un desayuno en casa o en el bar de la esquina consistente en churros y café, o bollería. En el café nos encontraríamos con alguno conocido y hablaríamos un rato de cualquier cosa sin importancia. A media mañana haríamos el descansiño para el café, relajándonos en la cafetería de la facultad o la más próxima al trabajo, charlando de nuevo con cualquier persona próxima a nuestro asiento. Antes de comer, tomaremos las tapas de reglamento en compañía del primero que nos oyó comentar nuestro plan y que se apuntó al mismo. A la hora de comer, a casita o al bar otra vez, seguido del cafelito de postre con charla incluida. Por la tarde, al acabar las clases o el trabajo nos iríamos a dar una vuelta o, ya de tarde-noche, a tomar unas tapas. Suena exagerado, pero este es el ritmo de vida de la mayor parte de los gallegos que conozco. Una gran vida social y disfrutando del tiempo libre. Los fines de semana tocaría reunión de amigos en un pub, discoteca, cine o cena hasta altas horas de la noche, quedando el domingo para dormir y ver el fútbol.

Un día normal en Eslovenia empezaría, para la mayor parte de la gente, a las 6 de la mañana, seguido de una ducha y un desayuno rápido en casa, normalmente un trozo de pan con mermelada. Una vez en el trabajo no hay descanso, salvo la reglamentaria hora del “almuerzo”, a eso de las 11 o 12 de la mañana, hora en la que comen un bocata frente al ordenador, o beben un yogurt en tetra brik. No hay descanso para la comida, deben completar el turno de trabajo hasta las 4 de la tarde, normalmente. Una vez terminado, nadie espera por nadie, cada uno se va a su casa directamente. Y así hasta el día siguiente. Los fines de semana están para el deporte: ciclismo, senderismo, hasta en invierno y con las nevadas más fuertes. Da igual la edad que tengan, todos se apuntan. La gente joven sale de noche, pero no hasta tarde. No hay los típicos pubs donde se bebe y se baila, no hay botellones ni “afterhours”. Normalmente todo el mundo se levanta temprano el domingo para arreglar el jardín, ir a la casa de campo o simplemente caminar en la montaña más próxima. No hay grandes grupos de amigos, suelen ser como máximo tres. Son amigos de toda la vida, no adquisiciones recientes. No muestran mucho interés en conocer gente nueva.

A este ritmo de vida es a lo primero a lo que nos tenemos que acostumbrar. Echaremos de menos las reuniones de cuadrillas, el tapeo, el hablar por hablar. Entraremos en una rutina organizada en la que se hace difícil conocer la gente o iniciar una charla, pues no es algo que suela ocurrir entre desconocidos. Poco a poco nos iremos adaptando, hasta tal extremo que cuando regresemos a Galicia nos veremos agotados después de dos horas de marcha. Todo hay que decirlo, los inviernos aquí son muy crudos. Oscurece a las cuatro de la tarde, con el cual la vida es muy diferente. Hay inviernos de incluso dieciocho grados bajo cero, un frío tan frío que lo que menos apetece es dejar el refugio con calefacción que es nuestra casa. La gente se va a dormir a las diez como muy tarde, yo incluida, ya que el cuerpo calcula con la oscuridad, y si ya a las cuatro de la tarde todo está negro como un pozo, a las ocho me siento como si fuera medianoche. La cosa mejora en verano, aunque a las once de la noche las calles suelen estar ya vacías. No hay manera de correrse una gran juerga en este país, a menos que reunamos a varios españoles y unas cuantas cervezas.

Aclaración

Lunes, Mayo 26th, 2008

En mi blog comenté la reacción que causó mi anterior entrada en Global Galicia sobre el encaje de Camariñas en esta región, y ahora me he animado a publicarla aquí. Nunca habría imaginado que algo tan inocente como lo que escribí pudiera causar una reacción como la que encontré en el “Diario de Camariñas“, donde mencionan mi nombre y copian parte de mi artículo. De casualidad, mirando en Google, encontré este artículo en este periódico local que me sorprendió, viniendo de unos compatriotas. Aquí queda el artículo y mis disculpas por si he ofendido a algún habitante de la Costa de la Muerte. Yo me limité a dar mi opinión sin infravalorar en ningún momento el arte gallego, y considero que las “palicadoras” eslovenas tienen el mismo mérito que las nuestras, y que decir esto no le quita ningún valor al encaje de Camariñas, sino que se lo añade. Y por si esto no bastara, decir que uno de mis tíos es de la Costa de la Muerte y que es una región que respeto y que siempre me ha gustado, por eso me ha dolido doblemente.

Aquí queda el testimonio:

       
Cultura
jueves, 15 de mayo de 2008
Crónica DCTemos que volver de novo o noso Encaixe de Camariñas para deixar as cousas no seu sitio, ainda que a veces nos tachen ” de localistas pailáns” por defender o que creemos xusto e o que pertenece a nosa terra.No Blog Global da Voz de Galicia e dende Eslovenia, Susana Bargiela, comenta o seguinte:

“Eslovenia es realmente un lugar increíble en el que descubriremos similitudes asombrosas con Galicia. Toda mi vida creí que el encaje de bolillos de Camariñas era único, algo que sólo en ese rincón del mundo se podía conseguir. La primera vez que vine a Eslovenia entré en la típica tienda de recuerdos, ¡y cuál fue mi sorpresa al ver las paredes cubiertas con cuadros hechos de este encaje! Aquí lo llaman “čipke”, se puede comprar en cualquiera parte. Y no sólo eso: el sistema es idéntico, los palitos los mismos y las mujeres que los hacen podrían pasar por gallegas. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que algo tan típicamente gallego podría ser tan típicamente esloveno? Al viajar nos damos cuenta de lo pequeño que es el mundo y de lo parecidos que podemos llegar a ser”.

Efectivamente nadie discute que noutros lugares do mundo se faga encaixe, por canto ademáis está representado na Mostra do Encaixe, e si non nos equivocamos houbo unha representación incluso deste pais o mesmo dende Checoslovaquia.

Agora, de ahí a que todo sexa o mesmo, vai un anaco e vaia anaco…..e como decir que en Marrocos hai percebes….claro que os hai ¿pero teñen o sabor e a calidade dos galegos?

É un arte extendido por certos paises de Europa e por tanto é lóxico que haia Encaixe desos países e similares os nosos, pero Encaixe de Camariñas solo se pode conseguir en Camariñas ou ben en zonas determinadas da Costa da Morte ( Muxía, Vimianzo, etc…).

Como decía un amigo noso ” amiguiños si, pero a vaca polo que vale…”. Pois iso, deixemos o Encaixe de Camariñas onde lle corresponde e o Encaixe doutra zona coa súa denominación establecida. A cada cal o seu e o noso está claro: ENCAIXE DE CAMARIÑAS

Pleše chiki-chiki

Lunes, Mayo 26th, 2008

“Pleše chiki-chiki. Tu se vsi jemljejo zelo resno” Así comenzaba un artículo que leí en uno de los portales informativos de la televisión eslovena. “Baila chiki-chiki: aquí todos te toman en serio”. Al parecer, el fenómeno “Rodolfo” no se quedó solamente en España, sino que conquistó este lado de Europa.

A pesar de que Eslovenia no consiguió llegar a la final del festival de Eurovisión, la gente siguió el programa y fue todo un acontecimiento, y no faltaron comentarios sobre la representación de nuestro país. Un reportero esloveno consiguió una entrevista en exclusiva con Chikilicuatre, y comentaba que al principio, cuando lo vieron en Belgrado, pensaron que se trataba de una broma. Rodolfo caminaba por las calles con su disfraz, rodeado de fans. No sólo eso: fue invitado a dar clases de español en el Instituto Cervantes de la capital serbia. Al parecer, grupos de turistas de todos los países lo paraban por la calle y le mostraban su apoyo. El periodista esloveno lo siguió también, por curiosidad, y cuando lo vio subirse al escenario y empezar a cantar dijo que se quedó helado: “La broma iba en serio. Realmente era la canción española”.

Tras buscarlo por todas partes al acabar el festival, finalmente lo encontró, y tuvo la oportunidad de hacerle unas preguntas que ahora traduzco:

“El cantante es un actor que tiene su propio programa de televisión, que se viste como Elvis y que tiene complejo de Don Quijote. Conseguí hacerle unas preguntas a este personaje excéntrico que todos andábamos buscando:

Cree que Eurovisión se ha convertido en una parodia?
A muchos de nosotros, cuando llegamos, no se nos tomó en serio. Tiene que admitir que mi representación fue mucho más cómica que ese pavito que, afortunadamente, sacrificaron en las semifinales.

Hasta qué punto España se ha tomado en serio el festival este año?
Lo suficiente como para que lo vea más gente que nunca.

Sabe cuál era la canción eslovena?
No. Lo siento, no me acuerdo.

Qué opina del ganador ruso?
Esto no lo voy a comentar, no soy gay. Pero me fastidia que el ganador haya sido el que había sido favorito incluso antes de empezar el concurso. Todo estaba planeado.

Con esta guitarra de plástico, cree que tocó mejor que el grupo de rock finlandés?
Sabe qué? Con mi guitarra puedo tocar cualquier canción mejor que nadie.”

Así que Rodolfo llegó incluso a los corazones eslovenos, algo que es realmente difícil. Uno de los comentarios a esta noticia fue: “Qué lástima que no hubiera ganado. El sentido del humor español es único”.

Quizás si los países del este no se apoyaran tanto unos a otros, España hubiera ganado. Eso no lo sabremos nunca. Pero lo que está claro es que fue todo un fenómeno y que no quedará en el olvido tan fácilmente.

El encaje de Camariñas, el pulpo, rivalidades y otras semejanzas con Galicia

Miércoles, Mayo 14th, 2008

Eslovenia es realmente un lugar increíble en el que descubriremos similitudes asombrosas con Galicia. Toda mi vida creí que el encaje de bolillos de Camariñas era único, algo que sólo en ese rincón del mundo se podía conseguir. La primera vez que vine a Eslovenia entré en la típica tienda de recuerdos, ¡y cuál fue mi sorpresa al ver las paredes cubiertas con cuadros hechos de este encaje! Aquí lo llaman “čipke”, se puede comprar en cualquiera parte. Y no sólo eso: el sistema es idéntico, los palitos los mismos y las mujeres que los hacen podrían pasar por gallegas. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que algo tan típicamente gallego podría ser tan típicamente esloveno? Al viajar nos damos cuenta de lo pequeño que es el mundo y de lo parecidos que podemos llegar a ser.

Pero las sorpresas no acaban aquí: hay en la región costera eslovena un plato famoso que encontramos en todos los restaurantes: el pulpo. Eslovenia es una mezcla de culturas y estilos. Los pueblos costeros y sus habitantes no tienen nada que ver con los liublianeses, a pesar de que sólo los separa una hora en coche. En la costa comen pulpo en ensaladas, al estilo gallego, en empanadillas… no hace falta ir a Galicia para deleitarse con este manjar, es suficiente con hacer una escapadita de fin de semana y dejarse caer por uno de esos restaurantes decorados como un galeón español, con imágenes en las paredes de mariscos, pescado, faros, barcas… es como una especie de viaje a una “Costa da Morte” que de muerte no tiene nada, ya que por haber no hay ni olas, es la mar de tranquila, valga la redundancia. Pero es la atmósfera lo que la hace tan especial para un gallego.Y es que en Primorska es donde me siento más como en casa.

Si nos gusta la costa, la gente abierta, la fiesta y la alegría, entonces nuestra zona es Primorska. Debido a su cercanía con Italia sus gentes son totalmente diferentes del resto del país, como bien expliqué en el párrafo anterior. En Primorska encontramos lo más parecido al jamón que vi por aquí: el “pršut”. La región es famosa por sus vendavales, la »burja«, de velocidades increíbles y que es capaz de mover un coche aparcado hasta el otro lado de la calle. La mortadela y el vino tinto son dos de las especialidades de los habitantes de esta región. Es el lugar perfecto para el que añore Galicia terriblemente.

Dependiendo del carácter de cada uno podremos elegir algunos destinos en Eslovenia. Si somos montañeros, aventureros, nos gusta la escalada y el frío, entonces el lugar perfecto es Gorenjska, con los alpes dominando el lugar. Sus cumbres tienen nieve eterna, la temperatura disminuye unos diez grados en los pueblos de la zona, cuentan con varias estaciones de esquí y hay multitud de típicos hoteles alpinos con ventanas cubiertas por postigos con agujeros con forma de corazón, tejados en pico, flores en los balcones en verano y, en invierno, chimeneas de leña para calentar un buen chocolate. De los “gorenci” se dice que son tan tacaños que cada vez que usan el papel higiénico lo pone a secar en el jardín para volver a usarlo la próxima vez.

Eslovenia está compuesta por más regiones: Carintia, o como la llaman ellos “Koroška”, que es una región situada bajo Austria. Sus gentes son más frías y el acento  hace que su esloveno sea impronunciable. Tienen un carácter más austríaco que esloveno, con lo cual la mezcla es explosiva. Por aquí, las fronteras con Eslovenia eran las más estrictas (ahora, con Schengen, cruzamos como Perico por su casa).

Otra región es la ubicada cerca de Hungría, “Prekmurje”. Esta región constituye un misterio para mí, ya que los liublianeses la evitan a toda costa. Se dice que sus habitantes hablan el esloveno “hungarizado” y que nadie los entiende, hasta es una zona bilingűe. Son gente deprimida y melancólica; es la región con mayor índice de suicidios. Pero hacen una de las mejores tartas del país, la “Prekmurska gibanica”. Si la comes quedas sentado para todo el día. Queda por descubrir.

La otra zona famosa es Štajerska, donde se encuentra la segunda ciudad más grande de Eslovenia, Maribor. Maribor es la ciudad enemiga de Ljubljana por excelencia. Hay una rivalidad eterna entre ambas  que provoca no pocos conflictos (y que me recuerda a mis tiempos de universidad, cuando algunos vigueses venían a estudiar a Coruña y osaban aparcar los coches con las antiguas matrículas de Pontevedra en las calles). Maribor quería ser la capital del país, pero se quedó sin el título. Como premio de consolación se llevaron la oficina central de Correos. Por lo tanto, todas las cartas que enviemos desde Ljubljana pasarán por Maribor antes de iniciar el viaje. Incluidas las que enviemos a la propia Ljubljana. ¿Es que nadie vio el fallo de logística?
En Maribor se bebe “cerveza roja”, en Ljubljana “cerveza verde”, nombres dados debido a las etiquetas de las botellas , de los respectivos colores. Hasta para la cerveza tienen que marcar la diferencia. Štajerska es popular por su vino blanco y por las borracheras de sus habitantes.
Debo aclarar que, como liublianesa adoptada, todas mis informaciones vienen de las gentes de esta ciudad, y los liublianeses se caracterizan por su “orgullo de capital”, mofándose un poco del resto de los habitantes del país, con lo cual mis opiniones pueden estar un poco nubladas.

El 9 de mayo en Eslovenia

Sábado, Mayo 10th, 2008

Hoy, 10 de mayo, los eslovenos salen a las calles a realizar su especie de »Camino de Santiago« a la eslovena.

Alrededor de la capital, Ljubljana, hay un camino de 33 km de longitud que rodea la ciudad. Este “Pot” (Camino) es lo que queda de la ocupación italiana y luego alemana de la ciudad durante la II Guerra Mundial; concretamente fue levantado en 1942. Los 33 km eran una frontera de alambre de espinos, con soldados nazis apostados en cada esquina donde no entraba ni dios, a menos que tuvieran permiso. Había 1300 soldados y 400 policías encargados de que ni siquiera las moscas osaran entrar en su territorio ocupado.
La guerra acabó y decidieron convertirlo en un paseo en plan parque memorial a donde la gente va a andar en bici, caminar, respirar aire fresco o pasear al perro.

Cada 9 de mayo, para festejar la liberación nazi y el fin de la II Guerra Mundial, los eslovenos se lanzan al Pot para recorrerlo a patita. Intentan que coincida en sábado, para aquellos que trabajan, con lo cual esta vez será un 9-10 de mayo.

Antes de empezar el camino tienen que conseguir una libreta en el primer kiosko, que deben llevar con ellos en todo momento y en la que ponen su nombre . Se construyen varios kioskos a lo largo del camino , donde hay parada obligatoria para poner los sellos que certifican que caminaron las diferentes etapas y luego obtener una chapa o un pin de recuerdo al final del recorrido. Guarda cierta similitud con el Camino de Santiago, ya que hay una especie de fiesta al final, con diploma incluido, para todos aquellos que superaron el trance.

Es un camino bastante duro: tengamos en cuenta que Ljubljana es una ciudad rodeada de montañas y que algunas de ellas están en el mismo centro de la ciudad. Por lo tanto, en el tramo de Golovec, la gran colina, hace falta algo más que un simple caminar para superar la prueba. Normalmente se tarda un día entero en finalizar los 33 km, y para los que no pueden con todo, existe un truco: pueden hacer hoy una mitad, y el sábado siguiente la otra. Pero este es el único truco existente, y cualquier otro intento de saltarse etapas será duramente castigado con la retirada de la libreta.

Hoy, dentro de unas pocas horas, me lanzaré al camino con mi mochila, mi botella de agua y mi bocata, e intentaré llevarme el diploma con la fecha del “9-10 de mayo”, sin trampas y sin trucos. Que no se diga que los gallegos no somos buenos caminantes.

El Dépor en Bali

Martes, Mayo 6th, 2008

Mi larga ausencia se debe a que he estado en el hemisferio sur, al otro lado del mundo: he visto el agua girar en sentido contrario en el lavabo, he visto constelaciones que desde nuestro hemisferio no pueden ser vistas y he vivido días de 12 horas exactas debido a la proximidad con la línea del Ecuador. Y lo más curioso de todo, lo que más me ha llamado la atención, han sido ciertas conversaciones sobre fútbol con algunos balineses. La gran sorpresa vino cuando al preguntarme de dónde era y yo responder “Galicia” (para comprobar si la conocían), las reacciones fueron de euforia: “Sí! Galicia! A Coruña! Dépor!”. Se ve que incluso en tierras exóticas, remotas y aisladas nuestra Galicia está siempre presente.

Al llegar al aeropuerto de Denpasar (la capital de Bali), lo primero que tuvimos que hacer fue esperar en la cola de inmigración para comprar el visado. Al lado del mostrador había un cartel luminoso que decía »pena de muerte para los que introduzcan drogas en Bali«. Como cartel de bienvenida no tiene precio. Al comprar la visa por 25 dólares americanos adquirimos el derecho a entrar en el país, tras pasar el control de inmigración y aduanas. En el avión nos habían dado unos papeles oficiales para cubrir, solicitar la visa y validar las tarjetas de salida y entrada. En Indonesia se necesitan ambas, y no se puede salir del país si no se tiene una »tarjeta de salida«, cosa que a muchos no les importaría.

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El esloveno, ese idioma diabólico

Jueves, Abril 10th, 2008

Cuando alguien me contacta para hacerme preguntas sobre Eslovenia, las dos más frecuentes son: “¿Cómo es la policía?” y “¿Cómo es el idioma?”. Así que hoy empezaré por la segunda. Todo idioma tiene complicaciones a la hora de estudiarlo. Es un proceso largo que requiere paciencia y muchos codos, horas de estudio y de conversación llenas de frustración cuando no conseguimos pronunciar o recordar las palabras. La mayor parte de los españoles tuvimos experiencias con las lenguas inglesa, francesa o incluso el alemán, cuyas estructuras, aunque diferentes, no dejan de guardar cierta semejanza con nuestra lengua materna. El problema viene cuando salimos del grupo de las lenguas románicas y germánicas y penetramos en la jungla misteriosa que son las lenguas eslavas. Es un mundo de fonemas desconocidos, escrituras imposibles y sonidos que desafían a la razón. Dicen que el esloveno es una de las lenguas más complicadas que existen en Europa, pero en el vocabulario gallego la palabra “imposible” no tiene cabida.
Los primeros días en Eslovenia me defendí hablando en inglés, pero mi orgullo no me permitió quedarme estancada y decidí plantarle a este complicado reto. Acudí a una academia donde me prometieron que empezarían desde cero y donde compartiría clase con gente en la misma situación. Así pues, los alumnos formamos una sopa de nacionalidades con ingredientes austríacos, griegos y jordanos. Nos entendíamos en inglés, pero la profesora no lo hablaba bien. Dicen que la mejor manera de aprender un idioma es lanzarse a la calle e intentar conversar con la primera persona que veamos. Yo digo que la mejor manera es buscarse un profesor que sea capaz de explicarnos las cosas en un idioma que no sea el que estemos aprendiendo. Porque durante dos meses apenas pasamos de la lección cuatro, cuando el libro tenía veinte. Fue una pérdida de tiempo y dinero. La estudiante jordana quedó en “buenos días”; la griega, que era estudiante de ópera, se pasaba las clases practicando alemán con la vienesa y hablando de los conciertos que iba a dar en la Filarmónica. Y yo me quedaba al margen, intentando hacerle entender a la profesora que los euros invertidos no estaban dando su fruto. Harta de intentos decidí aprenderlo por mi cuenta, con resultados más satisfactorios. El esloveno ya no tiene secretos para mí. Pero lo que nunca desaparecerá, lo que siempre quedará en mi forma de hablar será el acento, un acento que, misteriosamente, hace que la gente me empiece a hablar en italiano. Porque para un esloveno, el español y el italiano vienen siendo la misma lengua.

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Cosas que echo de menos: la comida

Viernes, Marzo 28th, 2008

peixe.jpgIr al supermercado en Galicia es ir a un lugar donde nos encontraremos con una gran variedad de productos frescos: pescados, mariscos, verduras y frutas donde tenemos de sobra para elegir. La carne, el pan, todo invita a ser comprado. En Eslovenia la cosa cambia un poco. No sería justa si dijera que la comida aquí es mala, porque no lo es. Pero si me acerco al supermercado del barrio, lo primero que observo es que no tienen pescado fresco. No hay pescaderías como tiendas independientes, tenemos que acudir a las grandes superficies. Si queremos un filete de merluza tenemos que explicarles qué es la merluza, porque todo el pescado que conocen viene del congelador, y este pescado tiene orígenes tan sospechosos como el lago Victoria en África. Por supuesto, cuentan con grandes ríos y lagos , pero no con una industria pesquera como la gallega. Los cuarenta kilómetros de la costa eslovena no son suficientes para abastecer el interior, quedando todo el fruto del mar fresco en las zonas costeras.

pan.jpgCon el pan ocurre algo semejante. Es casi imposible encontrar pan casero, pan recién hecho. El sistema de los supermercados es el sistema de “calentemos en el horno estas cajas de pan congelado”. Como mucho hay dos o tres tipos de pan que vienen hechos del día. El resto, a pesar de las múltiples opciones que nos encontramos tras los mostradores, son simplemente panes recalentados que se pone viejos en pocas horas. Lo que más me gusta cuando vuelvo a Galicia es comer pan. Se convirtió en un producto de lujo para mí, después de varios meses a base de masas recalentadas.

Si hablamos de los fiambres, lo primero que hay que mencionar es la falta de jamón de verdad. En los supermercados sólo encontraremos “prosciutto” italiano o el “pršut” costero esloveno , que no son la sombra de nuestros jamones. Además, los precios son tan altos que su consumo es considerado de lujo. Lo que hay aquí es una gran variedad de salamis y salchichas, tal diversidad que necesitaremos por lo menos quince minutos para inspeccionar la estantería completa. La mortadela no se queda atrás, pero ¿dónde está el chorizo? Nuestro chorizo es otra de las grandes maravillas de las que nos tenemos que olvidar por estas tierras.

fruta.jpgLa fruta en el supermercado viene de todas las partes del mundo. Para comer fruta eslovena hay que ir al mercado antiguo, en el centro de la ciudad, donde encontraremos toda clase de productos nacionales del campo que nos serán vendidos a uno alto precio realmente injusto, ya que la mitad de las frutas vienen con inquilino (normalmente de seis patas), viéndonos obligados a desterrarlas de nuestro plato en cuanto comenzamos a comer. En el supermercado podemos encontrar naranjas de Valencia, peras de Argentina, kiwis de Ecuador, manzanas de Grecia… todo esto sin salir del país. Disfrutaremos de delicias internacionales por un precio asequible.

Y por último, lo que echo en falta tremendamente y no puedo encontrar, a no ser que vengan en lata, son las legumbres. No hay posibilidad de comprar un paquete de garbanzos o de lentejas , aunque tienen cierta obsesión con las habas, a las que llaman “fižol”;  justo la legumbre que menos me gusta. Le echan habas incluso a la lechuga, pero nunca oyeron hablar de las lentejas. Me conformo con comprarlas en lata, venidas de Italia y hervidas en una sustancia salada un poco nauseabunda. Nada que no se pueda arreglar dejándolas en agua durante un día.

can.jpgEchar de menos algunos tipos de comida se convierte en un problema para los que, como yo, viajan a Eslovenia vía aeropuerto de Venecia. En este aeropuerto los carabinieri (policía italiana) están equipados con enormes perros pastor alemán que se dedican la olisquear las maletas en busca de drogas o explosivos. Yo, inocente de mí, suelo viajar con chorizos y jamón empaquetados, bien resguardados entre la ropa, pero con un aroma que no escapa a ninguna de estas criaturas, que me persiguen moviendo el rabo de alegría ante la mirada confusa del carabinieri. La mejor manera de hacerse amigo de un perro policía es conquistarlo ponerlo estómago.

A pesar de todo esto me las arreglo para comer como en casa. La lechuga viene sin bichos, a diferencia de las que solía comprar en Lugo; los tomates saben a agua, lo cual es una ventaja porque no me gustan demasiado; la cebolla viene en tres colores: púrpura, blanca y la tradicional de toda la vida. Mis ensaladas son alegres y coloridas, ya que los pimientos son amarillos y el atún italiano viene en color rosa. Sin olvidarnos del aceite de calabaza como aderezo (suerte que el aceite de oliva español decidió llegar hasta aquí). Mis ensaladas son eslovenas con un toque mediterráneo salpicado de influencias balcánicas. No se puede pedir más.