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Taiwán: Sutras en la montaña

martes, mayo 6th, 2008

Ya he vuelto de mis vacaciones en Taiwán. Ha sido una experiencia muy enriquecedora en aspectos que serían largos de explicar aquí, pero también me he traído de vuelta algunas fotos y anécdotas curiosas que iré colgando del blog.

Hace dos sábados, apenas dos días después de llegar a la isla, acompañé a mi novia y su familia a una excursión mañanera a la montaña. Es ésta una costumbre muy taiwanesa, por lo visto: se levantan antes del amanecer, se acercan en coche al pie de la montaña, suben un trecho y desayunan después, para volver a bajar a tiempo de realizar todas las labores diarias, digamos alrededor de las ocho de la mañana.

Y así lo hicimos esta vez. A las cuatro y media de la madrugada, toque de corneta. A eso de las cinco y cuarto estábamos subiendo. Veinte minutos después llegamos a una explanada rodeada de vegetación y llena de gente que aguardaba en cola a que unos monjes budistas les sirvieran el desayuno vegetariano que ofrecen gratis a los que se acercan a rezar al templo. Las opciones, tallarines fritos o arroz caldoso con cebolleta. Me apunto a lo segundo –es uno de los desayunos chinos que más me gustan–.

Nos sentamos a una mesa de madera a comer y a beber té, y en esto aparece un conocido de la familia. Es un hombre de unos setenta años, jubilado, y trae consigo una caja de tela y un cartapacio. Saluda amablemente, comparte un poco de té caliente con nosotros, y pronto se sienta solo, en una mesa indvidual un poco apartada, a escribir caracteres chinos con pincel sobre un inmenso papel blanco. Llevado por la curiosidad, pregunto a mi novia qué está haciendo, y me cuenta que aquel hombre se levanta cada mañana a la misma hora, sube a la montaña, escribe un fragmento de sutra budista, siempre el mismo, lo dona al monasterio como ofrenda y desayuna, satisfecho por el trabajo realizado, antes de volver a bajar al mundo para continuar con sus quehaceres de jubilado, sean cuales sean. Lo hace, dice, porque le da paz.

Y a mí, de alguna manera que no sé explicar, también me da paz que lo haga. En esas rutinan aparentemente inútiles, y precisamente por eso utilísimas, se manifiesta el viejo espíritu de Oriente, que sobrevive todavía en medio de la industrialización salvaje del Asia moderna. Es un placer descubrir estos pequeños detalles que me recuerdan la China que vine buscando y que casi siempre olvido entre los pitidos de los coches, la matraca olímpica y los mordiscos implacables del capitalismo.

Aquí dejo unas fotos que le tomé al jubilado mientras concentraba toda su atención en la escritura, como cada día, de su trocito de sutra en la montaña.

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Los alumnos chinos y el azar

sábado, abril 19th, 2008

Tras cuatro semestres enseñando expresión escrita en China he de afirmar que ser profesor en este país es fácil. Los alumnos son aplicados, obedientes y bien dispuestos. Sin embargo, tienen un pequeño punto débil: les aterroriza improvisar en el aula. Cualquiera que conozca la facilidad con la que los chinos se echan a cantar o hablar en público sin reparos se extrañará ante este hecho, pero para los alumnos chinos el aula es un espacio de estudio y sacrificio y no de esparcimiento (aunque los teléfonos móviles estén poniendo en crisis esta forma de comportamiento).
Uno de los métodos que prefiero a la hora de hacer escribir a mis alumnos es introducir en los requisitos de la redacción elementos que ellos no hayan podido prever antes de comenzar el ejercicio. De este modo, los estudiantes se ven en la obligación de echar un pulso con la lengua española y solamente cuentan con los recursos que les proporcionan sus capacidades lingüística, por un lado, y creativa, por otro. Al ejercicio de escritura se le añade el ejercicio de improvisación.

Una de mis actividades favoritas se llama “el poema de las siete palabras.” Cada alumno ha de utilizar una cuartilla en blanco y escribir una palabra en ella. Una vez hecho esto, pasan el papel a su compañero de la derecha, quien ha de escribir otra palabra sobre la hoja. El procedimiento se repite hasta que en cada cuartilla haya escritas siete palabras. Entonces, por última vez, los papeles se pasan una vez más a la derecha.
De este modo, cada alumno tiene en su poder, al terminar, una hoja con siete palabras que no ha escrito. Una vez que han buscado los significados de las que les resulten desconocidas, cada uno procederá a escribir un poema que incluya todas y cada una de las palabras que le han tocado en suerte. Para ilustrar el ejercicio descrito, expondré algunos ejemplos escritos por mis alumnos hace unos meses:

Poema de Agustín
Palabras: olivo, paloma, matar, edificio, odio, desayunar, muerte.
El edificio cayó cuando pasé a su lado, me mataron. / La muerte se me llevó la vida al otro mundo. / No tengo odio pero lo que me molesta es que no puedo desayunar más. / Porque el desayuno de mi madre es suculento… / Ojalá un día una paloma con la rama de olivo venga, / me dirija a mi propia casa de nuevo, / no sufra la vida triste en el infierno.

Poema de Gracia
Palabras: hermoso, joven, libro, chino, mirar, silla, competencia.
Los pétalos están cayendo, / volando en la lluvia y el viento. / ¿Quién todavía recuerda la competencia entre las flores / en primavera? / Al oír la lluvia caer en la ventana, / una joven hermosa mira hacia fuera, / deja el libro antiguo chino, / se levanta de la silla / y sale con una azada para flores y un paraguas, / también un suspiro suave de tristeza.

Poema de Lola
Palabras: ecuador, casa, bailar, pluma, rabo, ocho, estrella
El ecuador divide la tierra en dos hemisferios, / pero el amor los une. / La inundación convierte todas las casas en ruinas, / pero el amor las reconstruye. / Con el amor el bailarín puede bailar / la mejor danza en el peor escenario. / Con el amor el escritor puede escribir / el mejor artículo con la peor pluma. / Sin el amor todos los animales perderían sus rabos. / Sin el amor todas las estrellas desaparecerían / y yo creo que todo el mundo está de acuerdo / con estas ocho oraciones.

Poema de Rocío
Palabras: Finlandia, estrella, lotería, luna, enfermedad, cielo, morir.
Finlandia, mi patria. / Es para mí una lotería / poder ver tu cielo / tan azul y limpio, / con las estrellas, / con la luna. / Sin enfermedad, me moriré / en paz / recordando mi patria.

Poema de Marcela
Palabras: Mágico, matar, árbol, amor, lenguado, imaginación, saltar
Un árbol y un lenguado se enamoran. / Es un lenguado mágico. / Ama al árbol por su cuerpo recto, / por sus hojas verdes. / Es un árbol guapo / pero es ciego, no tiene ojos / ¡qué pena! / Menos mal que tiene mucha imaginación: / imagina la cara del lenguado, / imagina su piel, / imagina su cola y aleta. / Sin embargo / no pueden tocarse / no pueden besarse. / Un día / el lenguado decidió hacer algo para su novio. / Él saltó sobre el mar / y voló hacia el árbol. / Sí, el se suicidó / y murió en los brazos de su novio. / Antes de dejar de respirar / el lenguado dio sus ojos al árbol / como último regalo.

poema de Penélope
Palabras: Lujo, aprender, cerdo, bien, árbol, flor, lugar
Agradezco a mis padres que no me hayan criado / como a un cerdo. / ¡Huy! ¿Qué sería de mí si fuera un cerdo? / No podría aprender –eso está bien. / No podría oler las flores –eso también está bien. / No podría entender qué bonito lugar es el mundo –está bien. / Lo importante es que no podría trepara a un árbol / porque es un lujo con las piernas cortitas de un cerdo. / Pero lo puedo hacer fácilmente / porque soy un mono orgulloso.

Poema de Santiago
Palabras: Suiza, elegante, antigüedad, lápiz, sobre, nieve, abuela
En la antigüedad suiza / vivieron muchas personas extraordinarias, / sobre todo una elegante abuela / que con sus lápices de nieve / pintó un país bonito: /Suiza.

 

¿Qué les parecen? Cada vez que hago esta actividad la empiezo pensando que va a resultar demasiado difícil para los estudiantes, y cada vez me sorprendo, al corregir, de la capacidad lingüística que han adquirido en tan poco tiempo. Piensen que estos poemas los escribieron en noviembre, apenas un año después de haber comenzado a estudiar español. Y no solamente tienen una buena comprensión de la lengua, sino que además demuestran un gran sentido del humor. ¿Qué me dicen de la elegante abuela de Suiza, del mono orgulloso que agradece no haber sido criado como un cerdo, o del muerto que echa de menos los desayunos de su madre? Por no hablar de los ecos clásicos del poema de Gracia, que demuestra tener grandes dotes para la lírica.

Soy un afortunado. Cada vez me lo paso mejor en mi trabajo.