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Ceísmos

miércoles, junio 4th, 2008

C. es uno de los profesores chinos del departamento de español. Habla castellano con soltura, aunque sólo ha pasado dos meses en un país hispanohablante. Su principal característica es, en mi opinión, una gran creatividad a la hora de usar el idioma, sumada al conocimiento de gran cantidad de vocabulario y a una memoria rápida pero inexacta. La mezcla de estos factores produce frases muy simpáticas. Os pongo algunos ejemplos:

1. C. me habla de un chico de la universidad que se mueve como una chica. Dice de él: “Es muy amenizado, pero no gay.” Os imagináis un cartel de Nochevieja? “Afeminará la fiesta la orquesta del pueblo”.

2. C. me dice que está enfadado con una persona. ¿La causa? “Se ha mentirado conmigo.”

3. C. y yo hemos quedado para hacer algo, pero a última hora me dice que no. Según sus propias palabras, “no tiene apetito de ir.”

4. No sé por qué misteriosos caminos lingüísticos, C. ha llegado por sí mismo a llamar a las galletas “galleticas”, como si fuera de la mismísima Murcia.

5. Un día C. lanzó esta inquietante afirmación: “Los taxistas, de noche, pueden peerse en cualquier parte.” “En España pueden hacerlo durante todo el día”, le contesté muy serio. “¿De verdad?”, me dijo. “¿Pueden peerse en la acera a cualquier hora?” C. mezcló apearse con pararse, y le salió lo que le salió.

6. Contádome C. una aventura de polis y cacos, me dijo que “la policía llamo a los esfuerzos“. “Que llegaron cansadísimos después del refuerzo llevado a cabo”, pensé.

7. Ayer, viendo los autobuses de bote en bote, a la hora en la que la gente sale del trabajo, comentó C.: “Los autobuses van llenos de gente porque es la hora de la puta.” Es difícil saber en qué consiste tal hora, pero seguro que si en España la anunciaran la gente también abarrotaría los autobuses para poder asistir. Luego lo intentó de nuevo: “Quiero decir la hora puta.” Bastante puta sí que es, si te la pasas apretado en un autobús con otros mil chinos.

8. A C., según me confesó ayer, no le gustan las verduras brutas. Yo pensé que a nadie le gusta ir a morder una zanahoria y que te parta la cara, pero C. aclaró rápidamente que las verduras brutas son las que no se cocinan.

También otras personas cometen de vez en cuando ceísmos. F., un alumno de primero, me dijo mientras cenábamos ayer que está leyendo un libro que le encanta, y que en una mañana ha leído más de 100 pájaros. Y a B., mi novia taiwanesa, le encanta ir a la tintontería.
En fin, quién me oirá a mí aprendiendo chino…