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El desagravio de la memoria

Lunes, Junio 28th, 2010

Tarde rara de domingo en Santiago. Mezcla de frío invernal y de una calma que precede a algo, no se sabe bien qué. Mañana es el partido Chile.-Brasil, un duelo que se ve más bien como una cuesta empinada. La televisión informa del refuerzo anticipado de efectivos policiales, previendo lo que suceda, bien se gane, bien se pierda. Decido ir al Estadio Español ya que el Lar Gallego proyecta tarde de cine, con la película “Gallego“. No la había visto nunca.

Los españoles residentes atestan el comedor, viendo ruidosamente el partido de rigor. Mientras aguardo a que comiece la película, escucho a un grupo de jóvenes vestidos a la usanza de una estudiantina, que tocan el “Alma Llanera“. Me pregunto hasta cuándo se me seguirán apretando el corazón y la guata (estómago) cada vez que la escucho, si ya llevo veinticinco años en Chile.

Comienza la función en el teatro del estadio, pomposamente llamado Lope de Vega. Somos, literalmente, cuatro gatos. Comienza la película, con música de Pablo Milanés. Es de emigrantes, como era de esperar, emigrantes que parten a Cuba. El personaje, Manuel, pudiera ser cualquiera de mis dos abuelos. Ambos estuvieron en ese país. Mientras observo la pantalla, escarbo en mi memoria y es casi nada lo que sé del paso de ambos por la isla. Me pregunto, hasta la recriminación silenciosa, cómo puede ser posible esta laguna mental. Mientras miro atentamente la pantalla y observo la actuación magistral de Sancho Gracia, sigo hurgueteando. Recuerdo una foto de mi abuelo materno, detrás de un mesón, rabiosamente joven y vestido con un delantal blanco, rodeado de negritos.  Rememoro vagamente haberme enzarzado, de niña, en disputas con mi abuelo por haberle escuchado comentarios que me parecieron racistas. ¿Cómo podía él hablar así, si había convivido con tantos mientras estuvo en Cuba?  Yo no me quedaba callada y le recriminaba desafiante sus dichos. De la experiencia de mi abuelo paterno en Cuba, no recuerdo nada aunque sí escuché alguna vez decir que estuvo poco tiempo.

Sin embargo, reconozco que hasta ahí llegan los recuerdos de mis abuelos y de su paso por Cuba. ¿Cómo nunca pregunté, inquirí, indagué? Me asaltan mil y una interrogantes. !Quisiera saber tanto de lo que vivieron ambos en ese país para poder completar el puzzle de mi pasado! Surgió, sin pretenderlo, la necesidad de desagraviar mi memoria y terminar de tejer mi propia historia de iberoamericana, una iberoamericana nacida en Venezuela, que pudo haber sido uruguaya, con abuelos emigrantes en Cuba, viviendo más de dos décadas en Chile y con un hijo en Argentina y una hija que está, por estos días, en la Araucanía profunda, participando del Año Nuevo mapuche.

En el limbo de la infancia, poco parece importar el pasado de tu familia y, más, de tus mayores. Mientras veo que Manuel, casi un niño, va en un barco hacia La Habana, en condiciones indignas, recuerdo haberle escuchado a mi padre referir que su viaje a Venezuela no fue de lo mejor. De hecho, desarrolló una úlcera.

Manuel, el gallego de la película, solo quiere juntar dinero para enviar a su abuelo, que quedó en la aldea y de paso, ser un poco más que lo que dejó en su tierra, una tierra que viaja con él, que considera “su casa”  y lo desasosiega,  pero que sabe que no le ofrece horizontes. Poco le importan las vicisitudes políticas y sociales pero ellas se le atraviesan, porfiadamente, en sus propósitos.

Mis dos abuelos ya no están para responder tantas y tantas preguntas que me hago ahora, tan tardíamente. La película sirvió para llenar esa inquietud, imaginando que su vida en La Habana de aquellos años fue muy similar a la que enfrentó Manuel, en la que partió siendo repartidor de carbón.

Una simple película en una tarde helada de domingo, en el último lugar del mundo como dice la canción de Montaner, puede servir para expiar, aunque de manera vicaria, las deudas que cargamos los descendientes de emigrantes con nuestra propia biografía.

El populismo

Jueves, Febrero 19th, 2009

Empiezan las elecciones: Galicia entera se revoluciona. Escándalos de última hora, estadísticas que suben y bajan como los ascensores de un centro comercial, órdagos políticos (“si me votáis erradico el paro, la enfermedad, la muerte”), acusaciones cruzadas incluso entre los dos candidatos que, presumiblemente, volverán a aliarse… Y yo, que vivo en un país en el que soy analfabeto, porque no puedo ni leer ni escribir el idioma que manejan los nativos, me encuentro, en medio de este rifirrafe político, con que también me falta texto, chicha, sustancia, meollo… Es decir, programa.

El mundo político evoluciona hacia el de la publicidad comercial. Cada vez interesan menos las propuestas políticas –¿ha cumplido el actual gobierno sus promesas? ¿Cuáles son sus nuevas propuestas? Y la oposición: ¿ofrece soluciones? ¿critica o construye?– y más los lemas, las sintonías, los gestos. Falta poquito para que Feijoo, Touriño y Quintana –en estricto orden de intención de voto del electorado gallego– nos suelten un “Just do it“, un “Cocacola es así“, o un “Porque yo lo valgo“. Lo importante es seducir, embrujar, transmitir un ritmo al que puedan bailar los votantes –bailar porque no piensen–.La prueba, los lemasy logotipos de los últimos años: ZP, Feij009… Muy moderno todo, oiga.

También surge de nuevo el léxico bélico: hay que defender el país, estar a la vanguardia, proteger a los nuestros, permanecer en la trinchera, dejarse la piel. Todo por meter miedo, que es el lenguaje de la política. Si votas al PSOE –nos dice el PP–la crisis se convertirá en crónica, España se hará pedazos y Tintín jamás regresará del país de los Soviet –horror–. Si votas al PP –dice el PSOE– volverá la derecha cavernaria, Franco reirá en su tumba y el Madrid ganará para siempre la copa de Europa –terror–. Si votas a los partidos españoles –dice el BNG– se perderá el gallego, todos asistiremos a los toros y nos iremos por bulerías, y los pulpos emigrarán a las costas de las otras naciones celtas –pánico–.

Mientras, el escándalo del cabeza de lista orensano, el minibar de Quintana y el Audi AOito de Touriño pasan por delante de nuestras narices sin que sepamos realmente si  las acusaciones tenían o no fundamento, porque cuando suceden esas cosas los políticos hacen como las gaviotas: chillan un montón y luego se van volando para posarse lejos, al fondo de la playa, hasta que baje la marea.

Un buen ejemplo de esta demagogia es –caigan los palos si han de caer– el reggaeton que le han hecho a Anxo Quintana. y que el BNG utiliza en sus mítines (http://www.youtube.com/watch?v=Z52mSBOVT7A). A Obama también le hicieron uno, pero claro, el nuevo presidente de EEUU estaba interesado en el voto de los latinos. ¿Cuál es el objetivo de tan céltico reggaetón dedicado a “Quin”? Me imagino que los gallegos de ultramar. Tenemos que demostrarles que nosotros, los gallegos de Europa ,también somos Caribe, que Breogán sabe mover el culo. Fraternidad de celtas y boricuas: empanada de papaya, brother.

Y digo que es demagógico, claro, no por la música, sino por la letra, que comparte con las intervenciones de la mayoría de los políticos una profundidad de cubito de playa. Aquí el video:

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Y aquí la letra:

Oíde todos, este é un home preparado,

a esperanza chegou ao noso lado.

¿Cómo lle din? ¡Quin!

¿cómo se chama? ¡Quintana!

Disque en Madrid non contamos

invisibles porque non votamos,

pero aquí estamos,

e todo isto vai cambiar,

xuntos pola rúa, agora imos votar.

¡Escoitade xente,

é tempo pra algo diferente,

o que precisamos é un novo presidente!

Os de A Coruña, ¿cómo se chama?

¡Quintana, Quintana!

Pontevedreses, ¿cómo se chama?

¡Quintana, Quintana!

E os de Lugo, ¿cómo se chama?

¡Quintana, Quintana!

Nesta gran nación

fai falla predisposición

pra non esquecer a emigración.

É doado culpar alguna xente

porque Galiza está doente.

¡Esperta, imos a elixir a quen nos defenda!

 

Obviando que esta letra te la gritan (es el estilo Reggaetón) y los insoportables ripios, vamos a ver algunas cosas que dice la letra:

 

“Disque en Madrid non contamos, invisibles porque non votamos”

 

Pero a ver… ¿cómo que no votamos? ¿Quienes? En Galicia la gente vota igual que en el resto de España… Y la mayoría al PSOE y al PP. Y los que votan al BNG votan también…¿Entonces quién no vota? ¡Reggaetooooon!

 

“Nesta gran nación fai falta predisposición para non esquecer a emigración”.

 

Falso. En esta gran nación te meten la emigración por los ojos y las orejas desde que eres pequeño. Enciendes la tele: emigración. Abres el periódico: emigración. Enciendes la radio, lo mismo. Abres un yogur: emigración otra vez. En esta gran nación nadie se ha olvidado de la emigración. Es más, olvidarla es lo difícil. Además, y ya poniéndome el chip de profe: ¿qué tipo de frase es esa de “hace falta predisposición para no olvidar la emigración”? ¿Cómo se hace eso? ¿Te lo repites por las mañanas? “Estoy dispuesto a no olvidar la emigración hoy”… ¡Pero si dan ganas de emigrar para no oir hablar todo el día de emigración!

 

“É doado culpar alguna xente porque Galiza está doente.”

 

Ya estamos: culpar, culpar, culpar… ¿Para qué vamos a buscar soluciones si podemos pasarnos la vida culpando? Es más rentable políticamente apuntar con el dedo que sentarse a trabajar. Pues hala, Quin, cuéntanos quiénes son los culpables. ¿Los Reyes Católicos? Y para rematar…

 

“¡Esperta, imos elixir a quen nos defenda!”

 

Otra vez con la defensa de Galicia, no se sabe de qué ataque. Y con ese “despierta” que tanto repelús me da en política, porque presupone que los votantes de otras formaciones están dormidos, atontados o equivocados. ¡Que no hay que despertar a nadie! ¡Que la gente no vota a vuestro partido porque no quiere! (y lo aplico a todos los partidos, ojo).

Todo esto, aderezado con una generosa ración de frases que no significan nada, o no-lenguaje: “aquí estamos”, “esto va a cambiar”, “todo será diferente”, y blablablá. No tienen contenido semántico, pero reafirman al individuo como elemento de la tribu.

Pues bueno. Para oír tonterías de tal pelaje no tienes más que ver las declaraciones públicas de los candidatos en la tele, pero para enterate del programa tienes que entrar en internet, buscarlo o pedirlo en unas oficinas del partido… Es casi tan difícil como apostatar. Transparencia política, se llama esto, o tratar al electorado como idiotas. ¿Nos lo merecemos? ¿Qué pasaría si la sociedad le mandara a los políticos el siguiente mensaje? ¡No queremos consignas, sino argumentos! A saber.

Y para que no penséis que solamente le meto caña a Quintana, aquí tenéis un viejo vídeo de un vallenato dedicado a Rajoy:

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¡A bailarrrrrrrrrrr!

 

 

De espíritu y alma

Lunes, Julio 7th, 2008

 anuario2003_15.jpg

Cuando era pequeña y  todavía iba a la iglesia, allí me enseñaron que los pobres eran los negritos del Domund, por los que salíamos a pedir para que tuvieran comida. Mi abuela me decía que tenía que comer todo, porque otros en África no tenían que comer y en la tele veía aquellos niños esqueléticos que  parecían salidos de la “Noche” de Elie Weissel. 

Más tarde aprendía que también había pobres en mi cole, que sus papás se habían ido a Suiza o al Gran Sol, habían emigrado para tener más dinero. Luego mi papá también se fue a   América… Y de alguna manera me di cuenta que los billetes y la pobreza tenían algo que ver:  poder comprar, poder tener…  

Los mensajes que fui recibiendo  a lo largo de mi adolescencia sobre la pobreza siempre se relacionaban con la falta de recursos económicos y luego, un día me di cuenta de que no es así.

Me encontré en el “umbral de la pobreza”,con la pobreza extrema, la pobreza de espíritu y no sé ni cuantas más confusas situaciones y conceptos . Me di cuenta  que dentro de los pobres hay muchos tipos, que puedes tener más de dos dólares al día, comida y zapatos, pero no tienes oportunidades de ser lo que quieras,  no tienes la posibilidad de ser parte de una sociedad libre, donde  no existe el bienestar y  si encima eres mujer, apaga y vámonos.  

Por eso, como dice Carlos Agulló en uno de sus artículos sobre la evacuación de África, los “pobres “  seguirán llegando a la España progre aunque los devolvamos a casa en 40 o 60 días y tengamos políticas de cooperación rimbombantes como el Plan África .Los pobres seguirán llegando aunque sus países nadan en petróleo, como Chechenia o Guinea Ecuatorial, mientras no puedan cumplir , o al menos intentar, sus sueños.Por eso no solo son pobres los niñitos del Domund, sino los miles de albaneses que llegaban en barco y los rumanos pesadilla de Berlusconi y los chechenios que viven olvidados bajo el peso de Putin, los de Corea del Norte que viven en uno de los regímenes más represivos que existen y, los pobres de espíritu y alma que en nuestros países cierran sus ojos ante la “evacuación” del mundo.

La otra cara de la moneda

Viernes, Junio 6th, 2008

Gel Martínez nos evía este correo desde Holanda:

“La emigración o ser emigrante no es sólo la definición que nos presenta la RAE. Detrás de cada emigrante hay una historia y un mundo. Ir a pasar unos años a otro país y conocer otras culturas es algo muy enriquecedor, pero si sabes que pronto vas a volver a tu tierra, yo personalmente no lo considero como emigración.

Yo soy hija de emigrantes, pero emigrantes de los que en los años 50, 60 y 70 tuvieron que salir de su tierra, no por el afán de aventura o la necesidad de conocer otras culturas, sino por la ilusión de una vida mejor dada la situación económica y política del país.

En mi caso no tuve ni voz ni voto. Era menor, y de repente me vi en un país extraño en el que adaptarme me costó los mejores años de mi vida. ¡Qué quieres! Soy gallega de pies a cabeza, lo cual conlleva que la morriña forma parte intrínsica de mi ser.

¿Que por qué aún sigo aquí? Yo que se. El libro de la vida no lo escribimos nosotros mismos, aunque nos parezca lo contrario. Mi ilusión fue siempre regresar a mi tierra… pero me adapté, conocí a mi marido (gallego) y al tener una familia propia te planteas las mismas preguntas que antaño hicieron emigrar a nuestros padres y antepones un cierto nivel de bienestar que has conseguido ante la morriña…Pero ésta no te abandona. Es lo que muchos de vosotros comentáis: el olor a lluvia, los bosques, los prados, la gastronomía… nada huele ni sabe como en Galicia. Yo siempre digo que cuando estoy en mi tierra siento las raíces debajo de mis pies, piso en firme, estoy en lo mío. Es una sensación que nunca sentí aquí, a pesar de estar ya adaptada en este país.

Mis padres como “buenos” gallegos también vivieron dominados por la ilusión de volver a su tierra. Y al fin lo consiguieron. Y aquí viene la otra cara de la moneda… Vuelves a tu tierra, cumples el sueño de tu vida, pero eres mayor, te encuentras solo y no puedes evitar el comparar lo que dejas con lo que encuentras a cambio…. y tristemente lo que encuentras, sobre todo a nivel de asuntos sociales, administraciones y burocracia, te deja a veces desolado.

En cierto sentido yo me siento inmensamente rica al conocer dos culturas. No es bueno vivir arraigado en tu propio mundo. Es verdad lo que lees en Sanzijing. Todos somos iguales con diferentes costumbres. En todas partes hay la misma clase de gente y nadie es ni mejor ni peor. Conocer otras costumbres te abre los horizontes.

Al vivir aquí me doy cuenta de que pocas personas conocen mi país. Y cuando estoy en Galicia me pasa lo mismo, me hacen preguntas sobre Holanda como si fuera el fin de la tierra.

Lo que está claro, es que no se puede tener todo, pero escoger tampoco es fácil.

Desde que mis padres retornaron, pensar en la emigración me deja un cierto sabor amargo. Y como las historias suelen repetirse, no puedo dejar de preguntarme qué camino escogeremos nosotros cuando dentro de algunos años nos encontremos ante el mismo dilema: quedar o retornar……..dejar familia a cambio de mitigar morriña, o por el contrario no dejar atras la familia y reconciliarse con la idea de morir con este ansia por la terriña.

En fin, una cosa la tengo muy clara. Hoy, si pudierar escoger, sería por algún tiempo una gallega por el mundo, pero no una emigrante.

Desde Holanda un cordial saludo pars todos los gallegos y gallegas por el mundo”.

“En París chorei co frío”

Sábado, Mayo 31st, 2008

-Papi, nunca me hablas de París, y yo ahora viviendo tan cerca me muero de ganas de pisar esa ciudad, de conocerla, de encontrarme con ella. Y pienso que nunca me cuentas mucho de cuando emigraste allí, aunque solo fue un año, no sé, París, la torre Eifel, la ciudad de la luz, fascinante…

-París? Ay nena. En París chorei co frío* 

*17  o 18 añitos… delgado, listo, con ganas de comerse el mundo, no le gusta el trabajo del campo, de un aldea de Ourense, en un alto en el que pienso a veces que no puede haber un lugar más frío, sin calefacción en aquellos años 50. E foi a París a chorar co frío…

Los últimos de América

Lunes, Mayo 26th, 2008

Formo parte quizás de los últimos emigrados a las américas, allá por los años sesenta (en mi caso 1963) nos fuimos para los distintos países americanos los ” reclamados ” desde el otro lado, casi siempre por los padres,  que desde hacía años  vivían lejos de Galicia.

En el mismo barco que mi madre y yo hicimos el viaje, viajaban gran cantidad de mujeres con hijos y tambien de hijos solos que se reencontrarían en los distintos puertos con sus padres, muchas veces desconocidos por haberlos dejado en la aldea con los abuelos cuando eran solo niños de muy pocos años.

Recuerdo que una mujer en Vigo, ya en el barco se acercó a mi madre y le pidió por favor que cuidara de sus dos nietas que viajaban a Montevideo para ir con los padres que desde hacía años estaban trabajando allí. Mi madre se tomó muy en serio la custodia y no dejaba de preocuparse por ellas en todo momento, cuidaba de que comieran bien, de que no se perdieran en el barco, de que se mejoraran del mareo, y yo como hijo único me sentía un poco celoso de esas dos intrusas que me robaban el cariño de mi madre.

Cada llegada a puerto era todo un acontecimiento, unos bajaban, otros embarcaban, otros salían a conocer la ciudad durante las pocas horas en que el capitan lo permitía, pero los mas nos quedábamos a bordo simplemente por miedo a perdernos en una ciudad que seguramente no entendería nuestra mentalidad de aldeanos.

La llegada a Montevideo fué el final del viaje para nosotros, y en el mismo puerto mi madre hizo entrega de las dos niñas a sus padres que le agradecieron cien veces su interés por ellas.

Pasaron muchos años y allá por los años setenta estando un día en la playa Ramirez, mi madre se acercó a mí y me señaló a dos mujeres que junto a otros familiares estaban tomando el sol unos metros mas allá, ” esas son las dos niñas del barco ” me dijo y sin dudarlo más se fué hacia ellas y les preguntó si la recordaban, yo desde la distandia vi como se abrazaron las tres, y me sumé enseguida a la celebración, el llanto de las tres mujeres acabó por ser uno mas en el afortunado reencuentro playero.

Yo regresé a España en los ochenta y nunca más supe de ellas, pero seguramente habrán hecho lo que la gran mayoría de emigrantes, tener una familia y tirar para adelante en el país que les abrió los brazos y les trató como a uno mas de los suyos.

Desde aquí quiero dar un  saludo y un fuerte abrazo a todos aquellos que como yo y esas dos niñas fuimos ” los últimos de América ”

Roberto Gonzalez.

En defensa de la morriña

Miércoles, Mayo 14th, 2008

 En el buzón de Global Galicia recibimos el siguiente testimonio.

Lo firma  Roberto, desde Barcelona

“Salí de Galicia con 9 años, un día de marzo de 1963, a escondidas por un camino secundario de la aldea. Nos fuimos monte a través a otra aldea a tomar el coche de línea para que las gentes del lugar no nos viesen marchar. Después de todo un día de viaje fuimos a parar a Vigo donde esperaba aquel grandioso barco que nos llevaría al otro lado del mar, donde estaba mi padre desde hacía unos cuantos años.

Ese día fue cuando acabó mi niñez, nunca aquel niño que fui salió de la aldea. A pesar del transcurrir de los años mi mente de niño siguió cada día correteando por las callejuelas de mi Eiradela querida, en adelante yo sería otro niño diferente, entre gente diferente en un lugar diferente.

Los años y las circunstancias me trajeron otra vez a mi país muchos años después, vivo junto con los míos en Barcelona, a tiro de piedra del lugar en el que nací, y cada vez que puedo regreso a la aldea a encontrarme con el niño que aún está allí jugando con los amigos de entonces entre las viejas casas, por las callejas y los prados, y lo veo y puedo sentirlo pasar a mi lado con su ropa gastada y vieja y sus ansias de seguir con ese juego eterno que solo el y yo conocemos.

Quizás la morriña consista precisamente en eso, en no saber desprendernos del lugar en que nacimos, en siempre tratar de regar la planta que dejamos enraizada en la aldea, en no querer abandonar el lugar al que nos han obligado las circunstancias de la vida a dejar atrás…. pero que bonita es la morriña…. porque es nuestra, porque es un sentimiento tan grande que solamente quienes logramos sentirlo alguna vez podemos entenderlo…. porque nos hace sentir más gallegos cuanto más lejos estemos de Galicia.

¡ Gallegos que por el mundo andamos, defendamos la morriña, porque ella forma parte de todos nosotros y ella es la propia Galicia nuestra !!!!

Un fuerte abrazo para todos.

La emigración de antes… y la de ahora

Lunes, Marzo 31st, 2008

Me gustaría empezar mi colaboración en Global Galicia repasando un concepto.

Emigrante: Que se traslada de su propio país a otro, generalmente con el fin de trabajar en él de manera estable o temporal (Diccionario de la Real Academia Española, RAE).

En esta definición encajaríamos todos, los que aquí escribimos, los que desde fuera de Galicia buscamos cada día, en este periódico, por ejemplo, una noticia que nos acerque a nuestro país, a nuestra región, a nuestro pueblo. Abuelos, padres, hijos. Y no es ésta, emigrante, una palabra dulce, no. Mucho mejor el término gallegos por el mundo, utilizado para este Blog. Y, aunque mi situación estaría bien descrita por el diccionario de la RAE, no siento yo que mis circunstancias vengan marcadas por lo que este vocablo ha significado.

Desde la experiencia de dos generaciones de verdaderos emigrantes en mi familia, esto en lo que estoy yo ahora, viviendo en Londres, fascinada con esta ciudad, añorando también, pero rodeada de comunicaciones, a una hora y media de Galicia, con suerte por la módica suma de 50 euros, y con algo más que una maleta entre mis manos, es otra cosa. Aprender o perfeccionar idiomas, estudiar, trabajar, hartazgo, amor, desamor, ambición, solidaridad, apertura, la tan mentada globalización, es lo que nos lleva ahora a muchos gallegos de mi generación a emigrar; yo diría, a salir de Galicia. No la pobreza, las guerras, las dictaduras… No hemos vivido aquella desesperación. Sigue sin ser un camino fácil, pero para muchos sí muy enriquecedor y excitante y, sobre todo, con la posibilidad de escoger. Aún así, compartimos todas estas generaciones de emigrantes gallegos las ganas de hallar “un futuro mejor” fuera de nuestra tierra.

Científicos como L. o como M., que en Londres y EEUU tienen más posibilidades de trabajo y más recursos para investigar; arquitectos como E. o como M., mejor pagados en el extranjero; estudiantes como L. o como R., que se han ganado la oportunidad de estudiar en universidades de prestigio mundial y vivir en Nueva York, eso sí, con una beca gallega; “nuevos” emigrantes como alguno de mis compañeros de bitácora; o como yo, que siempre estoy de regreso, pero nunca me quedo.

Tampoco son los mismos tiempos ahora que hace 50 y 60 años, no son los mismos tiempos en Galicia, pero tampoco lo son en “Las Américas” o “Las Europas”. Ya no se hacen “Las Américas”, ni “Las Europas”. Ya no vuelve nadie (o casi nadie) cargado de petrodólares. Ya difícilmente, con esfuerzo, podremos “aspirar” a una hipoteca. Ha cambiado nuestra ambición, que ahora es viajar más, ver más, aprender más. Y un salario no puede dar para todo.

También puede haber algo en lo que éstas, al menos tres generaciones desde mi experiencia, coincidimos: no es fácil hacer el camino de vuelta. Con lo claro que lo teníamos cuando partíamos, siempre con una idea de temporalidad, porque “para siempre” nunca se dice.

Vaya aquí un humilde tributo a los más de un millón de gallegos que habitan otras fronteras, y a los que están en Galicia y se preocupan por los que se han ido. A los que regresan y a los que no. Para todos, por igual, no es tarea fácil. A los “viejos” emigrantes sólo decirles: buen trabajo!