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Razones para oponerse al boicot olímpico

sábado, abril 12th, 2008

Mucha saliva, y más tinta, se está gastando en Occidente a causa de los Juegos Olímpicos de Beijing. Miles son las voces que, indignadas y en nombre de la causa tibetana, se alzan sin dudar un instante para exigir a los políticos que tomen cartas en el asunto olímpico.

Sin embargo, y después de pensarlo mucho, considero que el boicot a los Juegos no solamente sería una injusticia histórica, sino una acción absolutamente contraproducente. Por las siguientes razones:

1. La hipocresía de la medida. Hace cuatro años, cuando el COI convirtió a Beijing en sede de los Juegos Olímpicos, la situación de los derechos humanos en China era tan mala como ahora. Supongo que se escogió China como país anfitrión por múltiples razones –sería la más importante de ellas, si viviéramos en un mundo rosa en el que las Olimpiadas nada tienen que ver por la política, los logros deportivos del Gigante Asiático–, pero desde luego influyó el interés que los países occidentales tienen en dorarle la píldora a una potencia económica como la china. Si se consideraba intolerable la situación habría que haber protestado desde el principio, y no ahora que algunos de los principales protestones –aaaay, Sarkozy– viven momentos de gran impopularidad y pueden verse beneficiados por un golpe de mano efectista disfrazado de solidaridad. Creo que en esta ola de protestas hay también un deseo latente de darle a China en las narices, para que no se entusiasme. No lo neguemos, es un gesto muy nuestro.

2. La injusticia de la medida: por razones fáciles –y no tan fáciles– de comprender, los medios de comunicación europeos se han hartado de emitir imágenes de la represión policial contra los tibetanistas en países como India o Pakistán. Han puesto, sin embargo, mucho menos interés las escenas del vandalismo, injustificable a todas luces, de muchos tibetanos enervados que terminaron quemando las casas y los negocios de chinos inocentes que no tienen por qué pagar por la política de su gobierno. Se trata, simple y llanamente, de manipulación flagrante de la información y colaboración con una injusticia de tomo y lomo. China no tendrá derecho a reprimir a los tibetanos por sus creencias, pero sí lo tiene a detener y procesar a una banda de animales que ha destrozado la vida de muchas personas, llegando a matar a algunos pobres chinos que se ganaban la vida honradamente. Si nosotros esperamos de nuestros gobiernos que nos protejan de los violentos, ¿por qué pedimos a los chinos que se queden de manos cruzadas? Sin tortura ni pena de muerte, eso sí, pero que la justicia caiga sobre los asesinos, aunque tengan tan buena prensa comoen este caso.

3. Eso no lleva a otra razón contra el boicot. El gobienro chino estará en estos momentos torturando a algunos de los participantes en las manifestaciones de Tíbet, y eso es, a todas luces, inaceptable. Para muchos, es motivo suficiente para boicotear unos Juegos Olímpicos, pero… ¿Qué pasa con Guantánamo, Afganistán, Irak, y otros tantos desastres humanos en los que están implicados directamente gobiernos occidentales? ¿Dejaría Sarkozy de asistir a unas Olimpiadas en, por ejemplo, NY, por solidaridad con los presos de Guantánamo? Pues… O jugamos todos, o rompemos la baraja. Así de sencillo. Me parece muy mal que a los Chinos les tengamos en cuenta ciertas “medidas” que otros países pueden llevar a cabo sin consecuencias. ¿O son menos humanos los derechos de los presos irakíes solamente porque no se violan en terreno americano y los chinos sí lo hacen en su propia casa? Cómo gustan algunos políticos del arte del doble rasero…

4. Tampoco está bien que seamos más papistas que el papa. Mientras los protibetanos del mundo piden el boicot sin concesiones y el aislamiento internacional de la República China, el Dalai Lama, líder espiritual y terrenal en el exilio de Tíbet, pide moderación y apoyo a los Juegos, además de amenazar con dimitir si la violencia continúa. Sigamos su ejemplo y bajemos la voz. Siempre es más efectivo el diálogo que el insulto. ¿O es que ahora es Richard Gere quien lidera el movimiento independentista tibetano?

5. La ineficacia de la medida es otra de las razones que me lleva a oponerme al boicot. ¿Qué creen que sienten los chinos  –ya humillados por el colonialismo occidental hace siglos– cuando ven que un mundo que se abría a ellos para dejarles sitio, un mundo que infringe las mismas normas cuya violación ahora les echan en cara interesadamente, grita pidiendo que se anulen los Juegos Olímpicos, que son su puerta a la vida moderna, su puesta de largo ante el mundo occidental, la demostración de lo que son capaces de hacer? En mi opinión las Olimpiadas son una oportunidad única para que China acelere una apertura que ya es patente hoy en día, para que la convierta en una promesa en firme, en una línea de comportamiento definitiva hacia la libertad de expresión y la democracia. El boicot, sin embargo, puede provocar lo contrario de lo que pretende. Dejarles con la miel en los labios, premiarles con los Juegos y quitárselos a unos meses de su celebración serviría de excusa a los más radicales y decepcionaría a los moderados y aperturistas.

Luchar contra la violación de los derechos humanos es una cosa, y el boicot otra muy distinta. Quizá la protesta honrada sea la motivación de muchos de los que lo apoyan, pero cuando los gobiernos occidentales participan es muy difícil creer en la pureza de intenciones. Que boicotee el gobierno alemán a Bayern por auspiciar, a cambio de la explotación de las minas de tántalo, una guerrilla que devasta el centro de África desde hace décadas; que España investigue el deterioro del entorno de las tribus amazónicas causado por Repsol; que en Bégica esclarezcan de una vez lo que su rey Leopoldo hizo en el Congo.

¿China hace mal las cosas? Sí. Pero muchos otros países también, y a ellos no se les castiga en nombre del Bien de la Humanidad. Para que hablar –quizá en otros artículos– de la maldad inherente a organismos transnacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Todos tenemos defectos que mejorar, y creo que la celebración de los Juegos Olímpicos es una buena oportunidad para que China trabaje en los suyos.

Por todas estas razones, creo que no es justo, honrado ni efectivo boicotear los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Monjes patrióticos

miércoles, marzo 26th, 2008

Pasada ya la resaca de lo sucedido en el Tibet hace unos días –la censura de determinadas páginas web, así como de Youtube, va levantándose paulatinamente, una vez cribados los contenidos– el gobierno chino declara que reforzará la “educación patriótica” de los monjes. Meng Jiangzhu, Ministro de seguridad pública, animó en su visita a Lhasa a difundir “con ahínco la educación y la propaganda en las políticas étnicas y religiosas, y en el sistema legal, en todos los templos.”

Como si no fueran poco las decenas de muertos que han costado los disturbios –dos, según el gobierno de Beijing, alrededor de siete según el gobierno tibetano en el exilio– el discurso oficial chino se repliega a los viejos tiempos de la revolución cultural.

No quiero entrar a juzgar quién tiene la culpa y quién no. No sé si el Dalai Lama ríe en la sombra –como afirma el gobierno comunista– por el éxito de las revueltas, o si reza para que no muera más gente, como él mismo sostiene y Richard Gere repite. Pero es sangrante que el Ministro hable tan descaradamente de reeducación y de propaganda. Qué rabia que andemos todavía con esas gaitas. La intención del gobierno central chino es, qué duda cabe, imponer su versión de los sucesos, quitándose primero de en medio a los disidentes, y adoctrinando después a los que queden. Nada que no conozcamos en la vieja Europa.

Me vienen, a raíz de la triste noticia, dos libros a la cabeza. El primero, cómo no, 1984, el lúcido análisis que George Orwell llevó a cabo sobre los mecanismos de los estados totalitarios del siglo XX. “El pasado es cualquier cosa en la que se ponen de acuerdo los documentos y los recuerdos”, dice el autor. Sombría pero acertada frase.

El segundo, menos conocido pero igual de interesante, es el libro LTI, la lengua del III Reich, del judío alemán Victor Klemperer. El autor, superviviente del nazismo gracias a su matrimonio con una “aria”, escribió en los oscuros años del Tercer Imperio Alemán un diario en el que anotaba las monstruosas incidencias cotidianas. Pasado el horror recogió en este libro las que estaban dedicadas al inteligente uso que los nazis hicieron de la lengua y la propaganda. En uno de los breves capítulos nos recuerda la afirmación de un amigo suyo, el etnógrafo Spamer: “Si fuera posible fijar un único tono para la prensa, para todas las publicaciones y enseñanzas, y si en todas partes se enseñase que no había existido una guerra mundial entre 1914 y 1918, al cabo de tres años todo el mundo creería que, en efecto, no habría habido tal guerra.”

La opinión de Spamer es anterior al nazismo. Ni él ni Klemperer –ni el mundo– tardarían mucho en comprobar su acierto.

Solamente nos queda –qué poco me consuela– desear a los propagandistas chinos que no tenga nada, pero nada, de éxito.