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¿Quieres un buen negocio? Móntate una ONG

Viernes, Febrero 5th, 2010

Ay si tuviese fuerzas… ¡cuantas hostias repartiría!

Si, la canción rezaba diferente: “si yo tuviese una escoba… ¡cuantas cosas barrería! Pero ¿que quieres? eso era pop de hace treinta años. Ahora la vida es más salvaje.

Yo, la verdad, no entiendo. ¡Con la de años que nos pasamos estudiando! ¡Y cada día más borregos! Si es que yo creo que en la evolución de la raza humana hemos entrado en una nueva escala. Tras el “homo erectus” vino el “homo sapies”. Pero creo que ya hemos dado el paso al siguiente nivel, el “homo estúpidus” u “homo estupidensis”.

El mundo de los catalanes solidarios

A ver, ¿que hace un par de meses secuestran a unos payasos catalanes que se creen que viajar por África es como moverse por la Barceloneta? Pues nada, montamos un cristo bendito a los políticos, porque la culpa era de Moratinos, de ZP y de un señor que pasaba por allí. Y además como iba con ellos un periodista de la televisión catalana, pues más morbo. ¡Ya está! La culpa es del imperio español por no salvar a los oprimidos ciudadanos catalanes en su periplo por los territorios de ultramar y el “far, far away”.

El Mundo de El Mundo

Pues nada, ahora un reporterito del Diario El Mundo va a retransmitirnos la crónica de dos docenas de “gente guays” de “Play4Africa” que van a repartir cositas a los niños pobres de África: Pelotitas de futbol, camisetitas y mosquiteras…

Luego, el contador de noticias nos dirá que nos tenemos que echar las manos a la cabeza con sus noticias sensacionalistas. Nos dirá que casi les roban. O que les robaron. O que lo secuestraron. O que muchos niños se mueren de hambre. O que muchas mujeres no llegan a ver a sus hijos porque se mueren antes o durante el parto.

Y la culpa, conociendo a los de El Mundo, será de ZP, del ministro Blanco y de los negros (añadirá la COPE) por no convertirse al cristianismo católico de Roma. Y entonces pasarán el cepillo como los curas (ya ponen al final de la página su número de cuenta).

Al final, lo que que me apetece, viendo esto, es repartir hostias a discreción.

Lo que un niño africano necesita es que el gobierno de su país sea fuerte y le pueda ofrecer una sanidad gratuita de calidad, un sistema educativo que le permita formarse en condiciones o una seguridad social que le permita jubilarse con dignidad sin tener que permanecer trabajando toda la vida hasta que el suspiro de la muerte se introduzca en su boca.

Este no es el espíritu ONG.

Es una pena ver cómo se ha prostituido el significado del acrónico ONG. No se trata de ayudar. Se trata de hacer negocio, de show business, de espectáculo.

Siempre hay gente que me escribe preguntando “qué ONG es buena”. Y hoy más que nunca, sólo puedo repetir lo mismo: No hay ninguna ONG perfecta, pero yo me quedo con aquellas que llevan ahí toda la vida, con las grandes, las que tienen estructuras profesionales, las que transforman tu dinero de España en proyectos para mejorar la calidad de vida a los habitantes del quinto culo del mundo. Aquellas que presionan a los gobiernos. Aquellas que luchan de verdad. Esas son las buenas, no las ONG de fin de semana.

Llevar juguetitos a los niños pobres o cualquier otra cosa similar… la verdad es que me parece porno. Porno del duro. Lavado de conciencias como el que se hacía en la Europa pre-luterana con las bulas papales.

Ah, por cierto, si te parece duro el artículo de hoy siempre puedes colaborar con tu donativo para la Fundación Marquesa de Balboa Ancianos Solitarios Venidos a Menos. O dicho de otro modo, una supuesta ONG que han montado para ayudar a vividores, derrochadores y gentes de mala vida que se han quedado arruinados. ¡Pobres ellos! ¿Los negros? ¡Que se jodan, que ya les mandamos camisetas! ¿Acaso no dan ganas de repartir hostias?

Me molan las policías hembra de África

Miércoles, Diciembre 9th, 2009

Y no es una cuestión meramente sexual.

Al menos, lo que yo he palpado en Malawi, Zambia o Tanzania, es que en África hay 2 tipos de policías: los policías “macho” y las policías “hembra”.

El Policía macho: ese hombre.

El policía macho africano es serio. Muy serio. Se caracteriza por ser alto y delgado, con cara de pocos amigos y llevar siempre el uniforme recién lavado y planchado.

Podemos encontrar 3 subclases de policías macho:

  • 1.- El policía macho corrupto que te cagas: pide sobornos a diestra y siniestra. Te puede multar por cualquier cosa. Es mejor mantenerse alejados de ellos
Como sabe que está pidiendo un soborno, al policía macho no le gusta que los turistas le hagan fotos.

Como sabe que está pidiendo un soborno, al policía macho no le gusta que los turistas le hagan fotos.

  • 2.- El policia macho turistas-depredator: Este tipo de policías tiene su ética. Solo roba a los ricos. Es una especie de Robin Hood africano. Puede actuar de dos maneras:
  • a) Pidiendo sobronos a los turistas multándolos por hacer fotos, aparcar mal… (perdona la multa a cambio de  un soborno)
  • b) Pidiendo sobornos a los taxistas que transportan a los turistas. Si no pagas, no pasas. En Zanzibar, Tanzania, este tipo de soborno ronda los 500 Shillings (aprox 0,30 €). El procedimiento es sencillo: el conductor enseña la documentación del coche y en su interior acompaña un billete.
Policia macho cobrando un soborno a un conductor en Zanzibar, Tanzania.

Policia macho cobrando un soborno a un conductor en Zanzibar, Tanzania.

  • El policía macho honrado: También existen y son mayoría. Son amables, joviales y educados. Dan impresión de serios, pero en el trato cercano son serviciales y amigables. Si preguntas una dirección de una calle, que no te extrañe que suban al asiento trasero de tu coche y te indiquen el lugar.  Y, sobre todo, en Malawi y Tanzania, les gusta que no seas Inglés. Los españoles les encantamos. Sobre todo si conocemos a los futbolistas del Madrid y del Barça.

Las policías hembra, la salvación de la especie.

Luego, están las policías hembra. La típica policía hembra lleva traque azul marino compuesto de calcetines (hasta las rodillas) falda tipo mesa camilla y camisa blanca o azul claro.

Las policías mujer en África suelen ser muy legales. Creo que ésta es su mejor cualidad. De hecho, gobiernos como el de Malawi se han centrado en los últimos años en contratar a mujeres para sus cuerpos de policía, sobre todo de control de carreteras, con el fin de disminuir los índices de corrupción policial.

Grupo de 3 policías en las calles de Lilongwe, Malawi. Una mujer acompaña a dos hombres. Así el gobierno trata de frenar la corrupción policial en Malawi.
Grupo de 3 policías en las calles de Lilongwe, Malawi. Una mujer acompaña a dos hombres. Así el gobierno trata de frenar la corrupción policial en Malawi.

Pero como esto es África, y África es muy grande… te puedes encontrar de todo. Desde policías patrocinados por Toyota, otros ordeñando cabras en un control, otros durmiendo la siesta…

Control policial de carreteras en Zambia

Control policial de carreteras en Zambia

Corrupción

Lunes, Mayo 26th, 2008

La he vivido en España. La he vivido en Italia. Y la semana pasada me toco vivirla en China en una forma que hasta ahora desconocía de forma directa.

Es inútil intentar aclarar si la corrupción se da con más frecuencia en tal o cuál país. Cuando en España nos creemos a salvo de semejante plaga saltan a las páginas de los periódicos noticias sobre políticos nepotistas o especuladores, o sobre redes de policías aficionados a la extorsión, de esos de la cicatriz en la mejilla y la frente de búfalo de las películas sobre la mafia de Chicago, pero en versión patria y casposa.

Y eso es, precisamente, lo que me tocó experimentar hace apenas unos días. En China, las cosas se están poniendo para los extranjeros claramente más difíciles de lo que estaban. Si antes se extendían permisos de trabajo por tres meses, ahora es poco frecuente conseguirlos de más de uno. Si los visitantes ociosos entraban en el País del Centro (eso significa Zhong Guo, China en chino) con relativa facilidad gracias a la carísima campaña de promoción turística que ha llevado a cabo el Partido los últimos años, las medidas se están endureciendo. M., mi compañero mexicano, ha tenido que escribir una carta en español y en chino y enviarla a la embajada de China en México para que su hermano pueda venir a visitarle este verano. La malísima prensa internacional –injusta en buena medida– que ha sufrido la actuación china a raíz de los sucesos del Tíbet ha metido el miedo en el cuerpo a los dirigentes. A escasos dos meses y medio de las Olimpiadas, se temen disturbios, protestas organizadas e intentos de dejar en evidencia las carencias que organizaciones como Amnistía Internacional han sacado a la palestra.

Así que los policías se dedican a ir casa por casa buscando extranjeros para que nos demos de alta en la comisaría de nuestro barrio. El otro día, en el portal de mi edificio, un agente alto, de cara roja y poco amistosa, me agarró de la manga y me pidió el pasaporte de muy malas maneras. Se lo enseñé, y me emplazó en su oficina al día siguiente para formalizar mi situación. A pesar de que no tenía nada más que decirme, me retuvo más de veinte minutos, en los que se dedicó a hojear mi pasaporte. Qué buscaba no lo sé, y me parece que él tampoco lo tenía claro. Supongo que es divertido detener la vida de alguien por un rato solamente porque le apetece a uno.

Al día siguiente, después de comer, me planto en la comisaría con el pasaporte, el Carné de Experto, el contrato de la universidad, el contrato de alquiler y el dueño de mi piso, W.B., un hombre de unos cuarenta años que hasta ahora me ha tratado mejor que bien. Nos sientan a los dos con mi amigo el madero de la sonrisa imposible, saco los papeles y empieza entre él y W.B. una conversación en mandarín que me empeño inútilmente en seguir. Al rato, W.B. se dirige a mí en chinglés y me dice que tiene que subir al segundo piso a hacer unos papeleos. Asiento y me quedo solo con el sargento cararroja. El hombre apaga un pitillo, enciende otro, revisa el pasaporte durante otros cinco minutos por si el día anterior se le había pasado algo por alto a su sagaz mirada, apaga el pitillo a medio fumar y enciende uno nuevo, me mira, me pregunta en chino cosas que no entiendo, se ríe de mala gana –¡milagro!– cuando le contesto que no sé chino, vuelve a hojear el pasaporte con muy poco cuidado, y encuentra por fin una pregunta que puedo entender.

–¿Por qué fuiste a Taiwán?

–Mi novia es taiwanesa.

–¿Por qué fuiste a Taiwán? ¿Entiendes lo que digo?

–Mi novia es taiwanesa.

–¿Te gusta Taiwán?

–Me gusta mucho.

–¿Crees que Taiwán es China?

–Sí, Taiwán es China.

–¿La gente en Taiwán creen que son chinos?

–Muchos sí lo creen.

–¿Tu novia lo cree?

Empiezo a ponerme verdaderamente incómodo. La habitación está llena de humo, la puerta cerrada, el policía adopta un tono más que insolente, el tema es muy delicado y la pregunta demasiado personal.

–Sí, ella piensa que Taiwán es China.

–No me gusta que hayas ido a Taiwán. (Silencio). No me gustan los extranjeros (utiliza la expresión Lao Wai, forma despectiva. Me echa el humo a la cara descaradamente. No sé qué decir ni a dónde mirar). Entraste en China el 4 de mayo. Tenías que venir aquí al día siguiente para avisarnos de que habías llegado. Tienes que pagar 500 yuanes (50 euros) por el retraso.

Saco el dinero, que llevo encima porque esa misma mañana he ido al banco. Se lo doy. Se ríe a carcajadas. Fuma y me mira con calma. Tarda en contestar.

–500 yuanes por cada día que te has retrasado. (Saca una calculadora). Son 8.000 yuanes (800 euros).

–¿8.000?

–Sí, 8.000. Me los tienes que dar. Los Lao Wai tienen dinero. ¿Es un problema para ti?

–No tengo ese dinero.

–¿No lo tienes? ¿No lo tienes? (Duda un momento, echa la ceniza en el cenicero). Dame entonces 4.000.

De repente lo comprendo todo. Hasta ese mismo instante me había creído lo de la multa, aunque la cantidad me pareciera excesiva, pero lo que en realidad estaba intentando el agente Nicotina era sacarme los cuartos con malas artes. Pensé que lo mejor era hacerme el loco, abusar del Tin bu tong (no entiendo) y hacer tienpo hasta que W.B. volviera al despacho. Y funcionó, a pesar de que sospecho que lo de mandarle a otra ventanilla formaba parte del paripé. En cuanto mi casero regresó con nosotros, la actitud del policía cambió. Serio como siempre, evitó mirarme lo que duró la entrevista y no volvió a mencionar el dinero. Le conté a W.B., en chinglés también, lo que me había sucedio, y él, con cara de póker, me dijo que no me preocupara: si conseguía arreglarlo de chino a chino, la mordida sería muy inferior a 4.000 yuanes.

Y así fue. La cosa se quedó en unos cuantos cartones de tabaco que W.B, a pesar de mi empeño en ser yo el pagador, dado que mía era la infracción, compró como agradecimiento a la magnífica labor del desgraciado del agente. No quiso mi amigo –porque, a partir de ahora, además de casero, es amigo– que me metiera en esas aguas. “Déjamelo a mí –me dijo–. No es asunto de extranjeros.”

La verdad, aunque la aventura haya quedado en nada, pasé un mal rato en la comisaría. Siempre es desagradable encontrase acudir a casa de la ley y que la única ley allí sea la del más fuerte. Eso no quita, cuidado, que la gran mayoría de los agentes chinos se porten como tienen que portarse. He hablado del tema con muchos extranjeros durante esta semana y soy el único que ha tenido la mala suerte de encontrarse con un corrupto con todas las letras. Por lo demás, el resto de mi experiencia en China –he visitado hospitales, universidades, aduanas y otras comisarías además de esta última– ha sido siempre inmejorable y el departamento de la universidad donde trabajo es, de largo, el que mejor me ha tratado de todos los que conozco. Si es justo que cuente lo poco malo, lo es más que recuerde lo mucho bueno. La anécdota siniestra, ya se sabe, es siempre más llamativa, pero mi trato con las autoridades del país ha sido mayoritaria y abrumadoramente positivo. Y no nos hagamos los nuevos: no hace falte venirse a China para encontrarse un sinvergüenza de tomo y lomo, que nuestro producto típico es reconocido internacionalmente y no tiene nada que envidiarle a la yakuza japonesa.

Y ustedes, los del exilio exterior y los del exilio interior, ¿han tenido alguna experiencia similar, en casa o fuera?

 

ojd