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Garage sales

lunes, mayo 12th, 2008

Desde que vivo aquí, las mañanas de los sábados las asocio completamente con los garage sales, literalmente “rebajas de garajes”, en los que cada familia pone en su garaje o delante de su casa todas las cosas (muebles, libros, ordenadores, discos de música… todo) que ya no necesita o que no quiere y los vende a precios bajísimos (por ejemplo: microondas en buen estado y en pleno funcionamiento: 20 €, o bicicleta prácticamente nueva: 15 €).

Imaginaros que os estáis mudando de casa y que, desgraciadamente, os tenéis que cambiar a una más pequeña porque por lo que sea, ya no podéis pagar la anterior. ¿Qué hacéis con todas las cosas que os sobran, como el microondas, la piscina hinchable de los niños, la mesa del comedor, el armario de las escobas…? Pues o se los dais a vuestros amigos y familiares, o si no a la basura directamente.

Aquí, esas cosas se venden en los garage sales. Cada semana, el miércoles, recibo en mi casa el periódico Blue Mountains Gazette (es el periódico de la zona) y en los anuncios por palabras hay una sección dedicada a ellos. Os pongo algún ejemplo de la semana pasada:

EVERYTHING less than 3 yrs old, top quality antique furniture: 8 pc dining suite, 5 pc bedroom suite, 3 pc lounge suite, fridge freezer, TVs, PC, DVDs & player, PS2, Japanese pictures, wine table, cnr cabinet, rugs, cushions, fine china, silverware, Global Chef knives, washing machine, tumble dryer, Victa mower, BBQ the lot must go!. Saturday 12 May 9am, Bullaburra. Contact Michael on XXX.

Este por ejemplo es mi favorito de la semana pasada (sobre todo por la PlayStation 2 que vendía), dan ganas de ir y comprarlo todo. No todos son así, claro. La mayoría suelen ser del estilo de:

SPRINGWOOD Lucinda. Sat 8-12 Handmade jewellery, surfski, furniture, tallboy, h/hold items.

Mucho más simples. Yo creo que un buen anuncio para un garage sale tiene que mencionar las cosas que se van a vender, porque es lo que hace que yo, por ejemplo, me levante de la cama un sábado a las 8 para ir a comprar algo (es que si no vas pronto, no suele quedar nada de nada, porque hay gente que creo que se dedica a esto, es decir, encontrar gangas en garage sales y luego venderlas a precios más acordes con los precios de mercado).

Ir a garage sales es como ir de compras: nunca sabes exactamente qué te vas a encontrar, y es posible que encuentres miles de cosas que quieras pero que te tengas que moderar (el dinero, al fin y al cabo, no nace de los árboles) o que no haya nada que te guste. El otro día por ejemplo fuimos (mi novio y yo, adictos a estas cosas) a uno que aparecía en el periódico como gran garage sale conjunto, 13 casas juntas y que prometía un montón, pero llegamos allí y eran sólo juguetes medio rotos (estos abundan bastante, los padres hacen un garage sale para que los niños se deshagan de unas cuantas cosas pero los niños, además de no querer perder nada, venden los medios rotos a un precio altísimo). Una decepción. Otro día fuimos a otro en el que el anuncio decía que vendían ordenadores pero lo que había en realidad era una señora con una casa sucísima (apestaba) y una habitación llena de cosas todas apiladas sin ton ni son. Horrible. En estos casos suele ser necesario recuperar la fe en los garage sales con alguno decente, por ejemplo como el del otro día, cuando compramos el microondas y la bici por casi nada.

Otro que nos encantó fue uno en el que solamente se vendían puzzles. El señor de la casa es un gran aficionado y tenía, no os exagero, más de 200 puzzles cuando llegamos nosotros (a eso de las 12 de la mañana, tardísimo), y salimos de allí con 8 puzzles por unos 15 €. Por si no os habíais dado cuenta, nos gustan mucho los puzzles, y ¡¡esta fue una de nuestras mejores compras!!

Otras cosas que también hemos comprado en garage sales son un masajeador para la espalda de precio de mercado 60 € (lo compramos por 7 €), un taladro de estos que utilizan batería, miles de ordenadores antiguos y partes (mi novio está estudiando informática y construye redes entre ellos y tal), y el otro día la hermana de mi novio, que tiene un bebé de un año más o menos, compró un lote enorme de juguetes, un corralito, una silla de paseo, libros… por solamente 20 € (estos de cosas de niños abundan mucho también, porque si ya no vas a tener más hijos todos los juguetes, la ropa etc. ya no la necesitas). Una ganga total.

Estoy deseando que llegue el miércoles para ver qué me espera el fin de semana.

De compras en Alaska

domingo, marzo 30th, 2008

Hogar, dulce hogar

Cuando cuento que vivo en una cabaña de madera en un pueblo perdido en medio de la tundra de Alaska, a la gran mayoría de la gente lo primero que le viene a la mente es la famosa serie de televisión “Doctor en Alaska.” Por si acaso también se te ha ocurrido a tí al leer esto, te cuento que Aniak en realidad no tiene mucho que ver con Cicely.

Según los datos del último censo, Aniak cuenta con 527 de los aproximadamente 13.000 habitantes de la cuenca del río Kuskokwim, en el suroeste de Alaska. El Kuskokwim es el río libre más largo de EEUU, con unos 1200 km de longitud. Su cuenca ocupa un territorio tan grande como la mitad de España. Y en todo esa inmensidad no hay una sola carretera que comunique un pueblo con otro. Esto es, durante el verano, claro. En invierno puedes ir a todas partes conduciendo sobre el río helado. Si te atreves.

En el pueblo en sí no hay mucho que ver. Tenemos una tienda de víveres, una oficina de correos, una cabañita transformada en pizzería donde no hay ni una silla, una escuela y un instituto, una clínica, un aeropuerto, un basurero, un campo de tiro y tres iglesias (católica, metodista, y ortodoxa rusa). Poco más. No hay cines, cafeterías, tiendas, restaurantes, bares, parques, o transporte público. Nos faltan muchas de las cosas que el mundo occidental “civilizado” considera en muchas ocasiones imprescindibles para el día a día.

En la tienda puedes, más o menos, encontrar un poco de todo. Eso sí, a unos precios desorbitados. Un kilo de uvas puede costarte tranquilamente 16 dólares, o un galón de leche 10 o 12. Alcohol no venden, ya que Aniak es un pueblo “húmedo.” Eso significa que no se permite la venta de alcohol, pero es legal consumirlo. Hay otros pueblos en la zona que han votado ser “secos” y donde es ilegal beber alcohol en tu propia casa. Y otros en cambio son “mojados” y hasta tienen algún bar.

Como no hay sueldo que aguante comprando todos los víveres en la tienda del pueblo, la compra la hacemos cuando vamos a la ciudad, a Anchorage. Como no hay otro medio de transporte posible desde Aniak, ir a la ciudad implica un viaje de hora y media en avioncito o avioneta sobrevolando tundra, ríos, lagos, montañas y glaciares. Ir a “hacer la compra” es toda una aventura: pasar horas y horas corriendo de acá para allá comprando comida al por mayor, herramientas, materiales de construción, ropa, y todo lo necesario para pasar unos meses hasta que haya oportunidad de viajar de nuevo; hacer paquetes y más paquetes con todas las compras para llevarlas a correos o a alguna empresa de cargo; y regresar a casa cargados con enormes neveras de camping llenas de verduras frescas y comida refrigerada y congelada que no hemos podido enviar por correo por temor a un estropicio. A este estilo de ir de compras se le llama aquí “guerrilla shopping.”

Una de las tiendas por donde solemos pasarnos es la de vinos y demás bebidas alcohólicas. Los vinos españoles suelen abundar en EEUU, y esperábamos que Anchorage no fuese una excepción. No sólo tenían vino español, sino que además tenían un Albariño. Y para deleite de mi morriña, el vino se llamaba “Albariño Vionta.” Que no será el mejor pero está muy rico y además me trae recuerdos de mi rincón favorito del mundo, de lo más parecido que tengo a unas raíces. Una casita de piedra junto al mar en Castiñeiras, desde donde se ve ahí al ladito a la derecha, la preciosa isla de Vionta. Y Sálvora, un poquito más atrás.