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Buen camino?

Miércoles, Junio 5th, 2013

No cabe duda, hace poco más de una década el Camino de Santiago no era lo que es hoy, era raro encontrar americanos haciendo el camino y los peregrinos que hablaban inglés lo hacían en su mayoría con acento británico o irlandés. Hoy si paseas por los alrededores de la Plaza del Obradoiro escucharás a más gente hablando inglés estadounidense que británico. ¿El motivo? una película “The Way” un documental “Buen Camino” y un par de libros como el de la canadiense Sue Kennedy “My way”.  El séptimo arte está literalmente lanzando al estrellato el camino a este lado del charco y las consecuencias de esta nueva tendencia son difíciles de valorar. Lo que sí sabemos es que los americanos son expertos en el feedback, es decir, en compartir, contar las impresiones de lo que han vivido, hacer sus valoraciones, dar consejos para sus semejantes, algo que por otro lado es una tradición secular entre los peregrinos que hacían el camino a Santiago y a su regreso compartían sus experiencias con los que “iban”. Evidentemente, el alcance de las críticas y los foros es, en comparación, enorme y especialmente fácil de hacer hoy en día gracias a las nuevas tecnologías. EE.UU. lleva mucha ventaja a los europeos en esto de las redes sociales, los grupos de críticas de establecimientos, libros, restaurantes cuando en España aplicaciones como Yelp, Amazon o Foursquare todavía empiezan a utilizarse.

Un par de películas pueden ser el detonante de una tendencia pero deben existir motivos  fundamentales. ¿A qué se debe realmente que tantos estadounidenses se decidan a hacer el Camino de Santiago y tiene esto algo que ver con la crisis económica?

Después de ver el trabajo de la directora Lydia Smith he sacado mis propias conclusiones. Los estadounidenses son muy amigos de buscarse a sí mismos, de pasar tiempo solos para pensar en lo que les está pasando en la vida, de experimentar cosas nuevas y especiales cuando se dan de frente contra un muro como puede ser la pérdida de un empleo, de un ser querido, una enfermedad etc., pero sobre todo necesitan no sentirse estancados, no sentir que la adversidad les puede. Hasta hace poco,  jóvenes norteamericanos recién licenciados incapaces de encontrar empleo se retaban a sí mismos a escalar el Machu Pichu, se alistaban a los Peace Corps, cogían una temporada sabática para viajar y conocer otras culturas, lo que fuese con tal de proyectar una imagen de dinamismo…y de repente, gracias a una película zas! descubren que pueden hacer todo eso y mucho más en el Camino de Santiago porque: 1. caminar cientos de kilómetros por un histórico sendero espiritual es un reto maravilloso, 2. el camino les permite estar solos, 3. decir que vas a hacer el camino suscita curiosidad y respeto inmediato entre los demás cuando explicas brevemente en qué consiste, 4. durante el camino se puede pensar, 5. el camino te permite estar en contacto con la naturaleza y con personas de todo el mundo que además comparten tu fin, 6. hacer el camino te ayuda a encontrarte a ti mismo, 7. cuando tú te encuentras bien y otro peregrino no, el camino te permite ayudarle y así sentir que ayudas a los demás,…tiene mucho sentido.

El impacto del incremento del número de peregrinos en el camino de Santiago tiene una vertiente indudablemente económica que le viene como agua de mayo a Galicia y a todos los ayuntamientos “afortunados” de estar en alguno de los caminos de Santiago, los de Fisterra y Muxia inclusive. Lo que los gallegos (coitadiños) aún no sabemos, es que lo que hasta hace poco simbolizaba una suerte de búsqueda de la espiritualidad, el reflejo del milky way en la tierra y la tradición caballeresca tiene todo el potencial de transformarse en algo distinto. No estamos muy preparados ni sabemos en qué se puede transformar pero como la planificación y la gestión del patrimonio cultural no está ahora mismo en el top de la lista de nuestras prioridades sino explotar la oportunidad que este auge nos brinda, no vamos a tener mucho problema en permitir ciertas “desviaciones”. Me explico. Los estadounidenses que vengan a hacer el camino lo harán entendiendo y respetando sus principios y además a estas personas se les atribuye una cierta sensibilidad, un interés por la cultura y por las artes pero es posible que vivan esta experiencia para alimentar otras necesidades existenciales y suplir algunas carencias que no les ofrece su cultura. Algunos incluso se quedarán a vivir y montarán sus albergues para acoger a los suyos “their way”. Más cuestionable es la gestión óptima que harán de todo esto las distintas administraciones, más preocupados seguro por las oportunidades económicas que surgirán por el “camino”. Os suena la palabra “trapalleiros”? Me temo que sí.