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El sombrío Beijing preolímpico

domingo, junio 22nd, 2008

Acabo de regresar de un viaje de trabajo a Beijing. Se celebraba, organizado al alimón por la Consejería de Educación y el Instituto Cervantes, el I encuentro de profesores de español en China. Ha sido realmente interesante, pero de eso hablaré otro día.

Hoy quiero hablar del Beijing preolímpico. No sé, porque era pequeño y además no pisé Barcelona durante el 92, si en España la cercanía de las Olimpiadas nos volvió tan paranoicos, ansiosos e infelices como está volviendo a los Chinos.

Ya he hablado en otra entrada del endurecimiento de los controles del gobierno sobre la población extranjera. Muchas de las visas que hasta este 2008 se expedían con facilidad se han convertido ahora en tesoros inalcanzables, provocando el regreso a casa de muchos de los expats, como se refieren a nosotros en inglés. La policía se pasa las tardes llamando a las puertas de las casas de los extranjeros para comprobar si están registrado, y si sales de China solamente te dan veinticuatro horas para que pases por la comisaría a comunicar que has vuelto.

Pero lo de este fin de semana en Beijing ha sido el colmo. Decenas de historias sobre extranjeros que han tenido que volverse a su casa porque no les han renovado los papeles, sobre noches en el calabozo, sobre el trato descortés y veladamente amenazador de algunos policías (yo mismo lo viví, como ya les conté). Claro que, ¿qué vamos a decir los europeos sobre tolerancia con los inmigrantes? Cuidado, que me desvío.

Pero más desazón me ha provocado, al respecto de la nueva actitud de las autoridades Chinas ante la proximidad de las Olimpiadas, lo que me sucedió al reservar el hotel donde me alojé. Escogí en la página web una habitación individual para tres noches, pero una ventanita emergente me avisó de que no quedaban ya, y que la siguiente opción era una habitación doble con dos camas individuales. El precio subía poco, y acepté la propuesta del recepcionista electrónico.

A los diez minutos recibí un email en inglés de los responsables del hotel, en el que se me decía (traduzco):

 

“Estimado Señor Salas:
Gracias por elegir nuestro Hotel. Ha reservado usted una habitación doble con dos camas individuales. ¿Viene usted solo o acompañado? Le comunicamos que si su acompañante es una ciudadana china tendrán que presentar el certificado de matrimonio. Atentamente Fulanito de Tal”.

 

Así de claro lo piden las autoridades. Un curioso arranque de doble moral para un país en el que la prostitución es una realidad cotidiana, en el que el tráfico de mujeres también lo es (son muy habituales las prostitutas filipinas, por ejemplo, sobre todo en Hong Kong y el resto de las grandes ciudades del sur). Pero resulta que si yo voy a Beijing con una hipotética novia china no puedo dormir con ella, porque está feo eso de las relaciones prematrimoniales. ¿A quién se le ocurre andarse tocando sin el permiso de la Gran Autoridad Moral, el Partido?

Pues vaya con las Olimpiadas, si es para eso para lo que sirven: endurecimiento de las medidas policiales, enrarecimiento del ambiente entre nativos y extranjeros (“Los chinos hacemos estos Juegos para nosotros, nos dan igual los extranjeros”, dijo la responsable de los trámites del visado de la Embajada de China en México al hermano de un amigo mío tras denegarle por tercera vez la visa) y, sobre todo, el auge de la siempre repugnante e hipócrita doble moral, que concentra toda su grandilocuencia farisea en detalles insignificantes para obviar los realmente grandes, como el hecho de que miles de mujeres extranjeras se prostituyan aquí coaccionadas por las mafias nacionales.

No es así la China que yo he vivido hasta el momento, ni la que yo admiro, respeto y quiero. No es la China que deseo para mis compañeros de trabajo y mis alumnos, la que se ganan ellos con esfuerzo y paciencia, la China que se abre a la modernidad sin dejar de ser la China de Confucio, de Lao Tse, de Sun Yat-Sen, Li Bai y Mencio, la China que nos enseñó cartografía, navegación, poesía, pintura, estrategia y tantas otras cosas a los demás pueblos de la Tierra.

Claro que, ¿qué enseñar de la hipocresía un europeo? De la condena de las guerras africanas mientras nosotros fabricamos las bombas que los despedazan, sí podemos dar clase; del respeto sagrado a nuestras soberanías nacionales mientras entramos a saco, de la mano del tío Sam, en países como Afganistán e Irak, también; por supuesto, de la celebración del Día de la Hispanidad mientras empresas españolas vulneran sistemáticamente los derechos de los indígenas; y sobre todo de un estado del bienestar sustentado en la pobreza extrema del Tercer Mundo.

Vuelvo a repetir la frase del Sanzijin, clásico de los tres caracteres, pero esta vez en tono sombrío: bajo las diferencias está el hombre. Si lo bueno, lo sagrado que hay en nosotros, nos iguala, también lo hace lo más oscuro de nuestros corazones.

 

 

Monjes patrióticos

miércoles, marzo 26th, 2008

Pasada ya la resaca de lo sucedido en el Tibet hace unos días –la censura de determinadas páginas web, así como de Youtube, va levantándose paulatinamente, una vez cribados los contenidos– el gobierno chino declara que reforzará la “educación patriótica” de los monjes. Meng Jiangzhu, Ministro de seguridad pública, animó en su visita a Lhasa a difundir “con ahínco la educación y la propaganda en las políticas étnicas y religiosas, y en el sistema legal, en todos los templos.”

Como si no fueran poco las decenas de muertos que han costado los disturbios –dos, según el gobierno de Beijing, alrededor de siete según el gobierno tibetano en el exilio– el discurso oficial chino se repliega a los viejos tiempos de la revolución cultural.

No quiero entrar a juzgar quién tiene la culpa y quién no. No sé si el Dalai Lama ríe en la sombra –como afirma el gobierno comunista– por el éxito de las revueltas, o si reza para que no muera más gente, como él mismo sostiene y Richard Gere repite. Pero es sangrante que el Ministro hable tan descaradamente de reeducación y de propaganda. Qué rabia que andemos todavía con esas gaitas. La intención del gobierno central chino es, qué duda cabe, imponer su versión de los sucesos, quitándose primero de en medio a los disidentes, y adoctrinando después a los que queden. Nada que no conozcamos en la vieja Europa.

Me vienen, a raíz de la triste noticia, dos libros a la cabeza. El primero, cómo no, 1984, el lúcido análisis que George Orwell llevó a cabo sobre los mecanismos de los estados totalitarios del siglo XX. “El pasado es cualquier cosa en la que se ponen de acuerdo los documentos y los recuerdos”, dice el autor. Sombría pero acertada frase.

El segundo, menos conocido pero igual de interesante, es el libro LTI, la lengua del III Reich, del judío alemán Victor Klemperer. El autor, superviviente del nazismo gracias a su matrimonio con una “aria”, escribió en los oscuros años del Tercer Imperio Alemán un diario en el que anotaba las monstruosas incidencias cotidianas. Pasado el horror recogió en este libro las que estaban dedicadas al inteligente uso que los nazis hicieron de la lengua y la propaganda. En uno de los breves capítulos nos recuerda la afirmación de un amigo suyo, el etnógrafo Spamer: “Si fuera posible fijar un único tono para la prensa, para todas las publicaciones y enseñanzas, y si en todas partes se enseñase que no había existido una guerra mundial entre 1914 y 1918, al cabo de tres años todo el mundo creería que, en efecto, no habría habido tal guerra.”

La opinión de Spamer es anterior al nazismo. Ni él ni Klemperer –ni el mundo– tardarían mucho en comprobar su acierto.

Solamente nos queda –qué poco me consuela– desear a los propagandistas chinos que no tenga nada, pero nada, de éxito.