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Entradas etiquetadas como ‘Barcelona’

Ls gentes y el tiempo

Miércoles, Octubre 29th, 2008

Hoy ha sido un día especial en Barcelona, lluvioso, ventoso y frío, nada que ver con el clima mediterráneo al que estamos tan acostumbrados. Y es por eso quizás que me gustaría hablar de algo que desde hace mucho tiempo vengo observando y que seguro estoy de que alguno de ustedes también habrán notado.

Las gentes actúan y reaccionan según el clima, si el día es hermoso y claro en la ciudad se puede palpar el buen rollo, se toleran mejor los atascos, no se escuchan insultos por el mal funcionamiento del tránsito hay pocos altercados y por lo general todo funciona relativamente como debería hacerlo siempre.

En los días grises y ventosos el nerviosismo se apodera de las gentes y todo se transforma en un verdadero caos, todos quieren circular a la vez y por el mismo sitio, los insultos son la banda sonora de la calle, y la circulación se hace insoportable y agónica.

Sin embargo cuando llueve y hay una gran humedad el  resultado es un tránsito cansino y lento, todo parece aletargado y en cámara lenta, pareciera que a nadie le importara el llegar tarde a su destino, hay un ambiente de cansancio y tristeza que todo lo abarca y ralentiza.

Como ya comprenderán ustedes yo trabajo en la calle, conduciendo durante todo el día y por eso mis reflexiones se limitan a la circulación en la que me tengo que ver inmerso cada día. Pienso que cada uno en su lugar de trabajo podrá sacar sus propias conclusiones y a su vez corroborar o rechazar lo que a mi me parece tan claro, que el clima afecta muy directamente a las personas en su vida y es sus estados de ánimo.

Afilador en bicicleta

Martes, Junio 3rd, 2008

Hace unos meses atrás escuché en mi barrio el chiflido de un afilador, casi instintivamente fui guiado hacia aquel hombre que se encontraba trabajando cerca de donde yo estaba.

Al llegar  mi sorpresa fue grande al verlo trabajando con una antigua bicicleta casi tan vieja como él mismo. Me acequé lentamente y en gallego hablé un buen rato con aquel hombre, le comenté que yo soy de Nogueira de Ramuín y me comentó que era de Castrocaldelas y que se ganaba la vida haciendo “también” de afilador.

Hablamos del oficio y de su bicicleta, me ofrecí a comprársela para tenerla como recuerdo en mi casa de Galicia pero se negó rotundamente _ ” vale moitos cartos ” _ me dijo mientras seguía afilando y de ahí en adelante ya no me prestó ninguna atención como si yo le quisiera sacar el trabajo.

Varias veces lo he visto por la ciudad siempre al costado de su inseparable compañera, pero esta semana lo ví trabajando con una vespa. Sentí una gran desilusión, porque me parece que al dejar la bicicleta también dejó atrás un capítulo de la historia de los afiladores y amí tambien se me vino a la mente que quizá ya nunca más vería a un afilador como los de hace mucho tiempo ya no se ven.

Todos mis antepasados han sido afiladores y es por eso que me siento muy cercano a todo lo que a ese oficio ya en vías de extincion se refiere.

Solo me queda la esperanza de que ahora sí me quiera vender la bicicleta.

Isla gallega

Viernes, Mayo 30th, 2008

Vivo en Barcelona a escasos metros de la frontera con Hospitalet, en realidad las divide una calle, la Riera Blanca, precisamente en esa frontera se encuentra la Casa de Galicia de Hospitalet, en la plaza de la Pinza llamada así por el monumento que en ella hay.

Allí es donde paso mis ratitos de esparcimiento tomándo Estrella Galicia y tapeando con lacon, pulpo, morro, rabo, etc.

Los domingos a mediodía casi siempre están los gaiteriros en un local al lado del bar repasando el repertorio para las actuaciones. La verdad es que no dan ganas de salir de allí, con un ribeiro en la copa, el paladar con gusto a terriña, esa música entrando por los poros y las voces en gallego es como estar en una isla lejana llamada Galicia.

Hay gente de todas las edades, desde gallegos ya jubilados a jovenes recien llegados a Barcelona que allí se reunen buscando la patria entre los paisanos clientes de siempre del local.

Y es que las gentes lejos del terruño siempre vamos al encuentro del paisanaje para sentirnos un poquito mas cerca de todo lo que hemos dejado en la tierra que nos vió nacer.

Los últimos de América

Lunes, Mayo 26th, 2008

Formo parte quizás de los últimos emigrados a las américas, allá por los años sesenta (en mi caso 1963) nos fuimos para los distintos países americanos los ” reclamados ” desde el otro lado, casi siempre por los padres,  que desde hacía años  vivían lejos de Galicia.

En el mismo barco que mi madre y yo hicimos el viaje, viajaban gran cantidad de mujeres con hijos y tambien de hijos solos que se reencontrarían en los distintos puertos con sus padres, muchas veces desconocidos por haberlos dejado en la aldea con los abuelos cuando eran solo niños de muy pocos años.

Recuerdo que una mujer en Vigo, ya en el barco se acercó a mi madre y le pidió por favor que cuidara de sus dos nietas que viajaban a Montevideo para ir con los padres que desde hacía años estaban trabajando allí. Mi madre se tomó muy en serio la custodia y no dejaba de preocuparse por ellas en todo momento, cuidaba de que comieran bien, de que no se perdieran en el barco, de que se mejoraran del mareo, y yo como hijo único me sentía un poco celoso de esas dos intrusas que me robaban el cariño de mi madre.

Cada llegada a puerto era todo un acontecimiento, unos bajaban, otros embarcaban, otros salían a conocer la ciudad durante las pocas horas en que el capitan lo permitía, pero los mas nos quedábamos a bordo simplemente por miedo a perdernos en una ciudad que seguramente no entendería nuestra mentalidad de aldeanos.

La llegada a Montevideo fué el final del viaje para nosotros, y en el mismo puerto mi madre hizo entrega de las dos niñas a sus padres que le agradecieron cien veces su interés por ellas.

Pasaron muchos años y allá por los años setenta estando un día en la playa Ramirez, mi madre se acercó a mí y me señaló a dos mujeres que junto a otros familiares estaban tomando el sol unos metros mas allá, ” esas son las dos niñas del barco ” me dijo y sin dudarlo más se fué hacia ellas y les preguntó si la recordaban, yo desde la distandia vi como se abrazaron las tres, y me sumé enseguida a la celebración, el llanto de las tres mujeres acabó por ser uno mas en el afortunado reencuentro playero.

Yo regresé a España en los ochenta y nunca más supe de ellas, pero seguramente habrán hecho lo que la gran mayoría de emigrantes, tener una familia y tirar para adelante en el país que les abrió los brazos y les trató como a uno mas de los suyos.

Desde aquí quiero dar un  saludo y un fuerte abrazo a todos aquellos que como yo y esas dos niñas fuimos ” los últimos de América ”

Roberto Gonzalez.

El globo sigue creciendo

Lunes, Marzo 17th, 2008

Global Galicia crece. Durante este fin de semana otros siete gallegos han decidido sumarse, desde lugares muy distantes del planeta, al blog colectivo. Y, además, hemos recibido algunos correos de personas que han querido hacer su comentario pero, por algún motivo, lo han enviado al correo general del blog en lugar de adjuntarlo a algunas de las entradas ya existentes.

Como no queremos que se queden sin su lugar en este espacio, los enlazo a continuación como comentarios en esta misma entrada. El primero es de Manuela Villar Méndez, una gallega que lleva casi 30 años fuera y que escribe desde Chicago. El segundo lo remite Lola, desde Barcelona. Y el tercero, es de Jesús Guerreiro, un viveirense que ahora reside en Florida, Estados Unidos.