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Entradas etiquetadas como ‘América’

Propinas

domingo, julio 13th, 2008

Siempre he sido más “agarrao que un chotis” para las cosas del pecunio por eso, no acabo de digerir el tema de las propinas que aqui, en toda América del Norte se estila tanto. Y es que, mis queridos parroquianos, es costumbre tanto en los Estados Unidos de América, como en los de México (porque si, México es una República de Estados Unidos Mexicanos) como en Canadá, soltar entre un 10 y un 15% en concepto de “tip” para pagar al atento servicio. Si uno se pone sesudo en plan sociólogo puede relacionar esta cuestión con el carácter ultraliberal de la economía norteaméricana pero no sé hasta que punto se debe a ello. En cualquier caso, desde que uno sale de casa se pasa el dia soltando moneditas a diestro y siniestro: que si al sempiterno niño del super que pone los productos en la bolsa, que si al aparcacoches que aparece milagrosamente bajo cada tapa de cualquier alcantarilla cuando ya has encontrado un lugar para estacionar (hallazgo que se atribuye el pedigüeño sin rubor alguno, y por el cual factura la dolorosa) , que al que se lanza en plancha sobre el coche para limpiarte el cristal, al camarero de turno, por supuesto, al disminuido de cada uno de los semáforos, o al que te lo pide gentilmente con un cuchillo en el cuello.

 En definitiva, si venís a América…traeos mucha calderilla.

Los últimos de América

lunes, mayo 26th, 2008

Formo parte quizás de los últimos emigrados a las américas, allá por los años sesenta (en mi caso 1963) nos fuimos para los distintos países americanos los ” reclamados ” desde el otro lado, casi siempre por los padres,  que desde hacía años  vivían lejos de Galicia.

En el mismo barco que mi madre y yo hicimos el viaje, viajaban gran cantidad de mujeres con hijos y tambien de hijos solos que se reencontrarían en los distintos puertos con sus padres, muchas veces desconocidos por haberlos dejado en la aldea con los abuelos cuando eran solo niños de muy pocos años.

Recuerdo que una mujer en Vigo, ya en el barco se acercó a mi madre y le pidió por favor que cuidara de sus dos nietas que viajaban a Montevideo para ir con los padres que desde hacía años estaban trabajando allí. Mi madre se tomó muy en serio la custodia y no dejaba de preocuparse por ellas en todo momento, cuidaba de que comieran bien, de que no se perdieran en el barco, de que se mejoraran del mareo, y yo como hijo único me sentía un poco celoso de esas dos intrusas que me robaban el cariño de mi madre.

Cada llegada a puerto era todo un acontecimiento, unos bajaban, otros embarcaban, otros salían a conocer la ciudad durante las pocas horas en que el capitan lo permitía, pero los mas nos quedábamos a bordo simplemente por miedo a perdernos en una ciudad que seguramente no entendería nuestra mentalidad de aldeanos.

La llegada a Montevideo fué el final del viaje para nosotros, y en el mismo puerto mi madre hizo entrega de las dos niñas a sus padres que le agradecieron cien veces su interés por ellas.

Pasaron muchos años y allá por los años setenta estando un día en la playa Ramirez, mi madre se acercó a mí y me señaló a dos mujeres que junto a otros familiares estaban tomando el sol unos metros mas allá, ” esas son las dos niñas del barco ” me dijo y sin dudarlo más se fué hacia ellas y les preguntó si la recordaban, yo desde la distandia vi como se abrazaron las tres, y me sumé enseguida a la celebración, el llanto de las tres mujeres acabó por ser uno mas en el afortunado reencuentro playero.

Yo regresé a España en los ochenta y nunca más supe de ellas, pero seguramente habrán hecho lo que la gran mayoría de emigrantes, tener una familia y tirar para adelante en el país que les abrió los brazos y les trató como a uno mas de los suyos.

Desde aquí quiero dar un  saludo y un fuerte abrazo a todos aquellos que como yo y esas dos niñas fuimos ” los últimos de América ”

Roberto Gonzalez.

American dream

jueves, abril 3rd, 2008

Lo vemos en las películas, en la historia real de personajes americanos mundialmente aclamados. ¿Qué ocurre en este país que hace que lo que parece imposible o ficción ocurra realmente y nos deje atónitos de nuevo delante de las pantallas del televisor? ¿En qué consiste ser americano y por qué nos importa tanto lo que pase en este lado del charco?

Tras cinco años viviendo en este país y diez en contacto directo con sus gentes y costumbres creo que América hoy es como me explicaba una profesora en la facultad de letras de Aix, en Provence, “un gran bol de ensalada” donde cada elemento aporta un sabor y un color diferente, haciendo que el plato quede lleno de color, sabor y textura. América es el resultado de las personas que llegan a ella cargadas de sus respectivas costumbres e historias. Considero que aquí existe la oportunidad de observar y aprender de los demás cada día, es un sitio global, de convergencia de cultura, raza y religión.

Posiblemente su fortaleza provenga de esta unión de elementos, del afán de superación de los que deciden o consiguen instalarse aquí. En los meses posteriores a los atentados del 11-S se veían carteles por todas partes; en las puertas de las casas, en los paneles de las carreteras, en los bolígrafos en la consulta del médico, en las portadas de las revistas, en las batas de las enfermeras, en las pegatinas de los coches, en las bolsas de la compra. Todos ellos rezaban: “United We Stand”, “Unidos nos Mantendremos en Pié”, ¿y a quién le cabe la menor duda de que lo harán?

Somos muchos los que en ocasiones ridiculizamos la simpleza del americano medio, nos burlamos de su mentalidad infantil, de que escriban utilizando frases cortas y prefieran no crear oraciones subordinadas de tercer grado. Tras oponerme durante los primeros años, he de reconocer que el acercamiento simplista de las cosas que tiene el americano y la ñoñez con las que celebra y aborda las pequeñas y grandes cosas es liberadora y sana, especialmente para la mente europea, acostumbrada a que un simple trámite administrativo se torne en un proyecto de largas horas de dedicación y a que las relaciones humanas sean mayormente complicadas. En América por el contrario la gente tiende a querer ver un final feliz en una película y en la vida, aunque no sea lo más realista y se esfuerza en simplificar absolutamente todo lo que pueda.

Tal vez su éxito radique en la visión optimista y sin complejos que tienen de las cosas. Los amigos se abrazan cada vez que se ven y se dicen te quiero si hace falta. Es agradable. Hace un par de años, cenando con Carlos Núñez en una hamburguesería de Chicago tras un concierto que había dado con los Chiftains, hablábamos precisamente de estas cosas, mientras veíamos los oscars en la televisión (aquella noche se reconocía el score de la película Mar Adentro). Nuestro gaitero me decía que le asombraba la positividad y la mentalidad alentadora de los americanos. Admiraba que aquí se animase a una niña sin aparente talento musical a continuar practicando con una frase de tipo “buen trabajo” o “lo haces muy bien” por cada nota que daba. – Si fuese en España, le dirían que abandonase la música.

Tengo que estar de acuerdo con esa afirmación, pues no olvido que fue mi profesor de inglés de COU quien me dijo que me dedicase a la poesía, que el inglés no era lo mío. Por suerte no le hice mucho caso. Hoy soy traductor jurado del ministerio de Asuntos Exteriores, tengo tres licenciaturas en traducción y dirijo una empresa de servicios lingüísticos en America.

Identity Works

miércoles, abril 2nd, 2008

No soy expatriada laboral, no soy mejicana emigrada, no soy boricua, ni cubana, ni latinoamericana, y me llamo María Esther pero no me llamen María, Esther no es mi segundo nombre, es mi nombre. Sí, tengo dos apellidos y no pone Sra. Balliet en este documento porque no me he cambiado el apellido al casarme pero ese hombre de ahí es mi marido, ¡se lo juro!

 Soy española, y dentro de eso gallega, y dentro de eso vengo marcada por la idiosincrasia de haberme criado en la bonita ciudad de A Coruña teniendo una madre madrileña y un padre lazano (por si queda duda yo pongo en las postales que le mando a mi tía Rosa: Laza-Verín-Ourense-Spain). Mi marido tiene un apellido francés, pero es de Wisconsin. La familia por parte de su madre proviene de Cork, en Irlanda, así que como muchos americanos, se siente algo irlandés y desde que vino a Galicia de mi mano piensa que nuestra unión no es fortuita y que nuestra tierra lo devuelve a sus raíces (si buscan un americano que hable español con acento gallego yo se lo presento).

Uno entiende bien de dónde viene y al llegar a América necesita que los demás también lo entiendan. Abre un restaurante y vende filloas de sangre en la quinta avenida si le parece, o compra un cerdo y lo mata en noviembre en el patio de su casa sin vallar ante la mirada estupefacta de los vecinos. Yo el primer año me lo pasé haciendo tortillas y empanadas. Un día hice tres empanadas seguidas, no podía parar.

 No se confundan por favor, yo hablo español pero vengo de Europa, Spain, Spain, el país de la paella y los toros! no hace falta que me miren con lástima como si hubiese pasado grandes penurias para llegar aquí, ni que me regalen una barra de labios pensando que en España esas cosas no se encuentran, como ya hizo una pobre ama de casa acomodada amiga de mis suegros hace unos años movida por su ignorante vida a las afueras de Milwaukee. Esa misma mujer no quiso asistir a mi boda en Betanzos porque consideraba España un lugar peligroso, lleno de terrorismo y violencia. ¿Cómo le explicamos a Sharol que en Galicia no vamos armados, que comemos y vivimos igual o mejor que ella y que yo uso maquillaje profesional desde que tengo pestañas?  Se aceptan sugerencias.

La emigración de antes… y la de ahora

lunes, marzo 31st, 2008

Me gustaría empezar mi colaboración en Global Galicia repasando un concepto.

Emigrante: Que se traslada de su propio país a otro, generalmente con el fin de trabajar en él de manera estable o temporal (Diccionario de la Real Academia Española, RAE).

En esta definición encajaríamos todos, los que aquí escribimos, los que desde fuera de Galicia buscamos cada día, en este periódico, por ejemplo, una noticia que nos acerque a nuestro país, a nuestra región, a nuestro pueblo. Abuelos, padres, hijos. Y no es ésta, emigrante, una palabra dulce, no. Mucho mejor el término gallegos por el mundo, utilizado para este Blog. Y, aunque mi situación estaría bien descrita por el diccionario de la RAE, no siento yo que mis circunstancias vengan marcadas por lo que este vocablo ha significado.

Desde la experiencia de dos generaciones de verdaderos emigrantes en mi familia, esto en lo que estoy yo ahora, viviendo en Londres, fascinada con esta ciudad, añorando también, pero rodeada de comunicaciones, a una hora y media de Galicia, con suerte por la módica suma de 50 euros, y con algo más que una maleta entre mis manos, es otra cosa. Aprender o perfeccionar idiomas, estudiar, trabajar, hartazgo, amor, desamor, ambición, solidaridad, apertura, la tan mentada globalización, es lo que nos lleva ahora a muchos gallegos de mi generación a emigrar; yo diría, a salir de Galicia. No la pobreza, las guerras, las dictaduras… No hemos vivido aquella desesperación. Sigue sin ser un camino fácil, pero para muchos sí muy enriquecedor y excitante y, sobre todo, con la posibilidad de escoger. Aún así, compartimos todas estas generaciones de emigrantes gallegos las ganas de hallar “un futuro mejor” fuera de nuestra tierra.

Científicos como L. o como M., que en Londres y EEUU tienen más posibilidades de trabajo y más recursos para investigar; arquitectos como E. o como M., mejor pagados en el extranjero; estudiantes como L. o como R., que se han ganado la oportunidad de estudiar en universidades de prestigio mundial y vivir en Nueva York, eso sí, con una beca gallega; “nuevos” emigrantes como alguno de mis compañeros de bitácora; o como yo, que siempre estoy de regreso, pero nunca me quedo.

Tampoco son los mismos tiempos ahora que hace 50 y 60 años, no son los mismos tiempos en Galicia, pero tampoco lo son en “Las Américas” o “Las Europas”. Ya no se hacen “Las Américas”, ni “Las Europas”. Ya no vuelve nadie (o casi nadie) cargado de petrodólares. Ya difícilmente, con esfuerzo, podremos “aspirar” a una hipoteca. Ha cambiado nuestra ambición, que ahora es viajar más, ver más, aprender más. Y un salario no puede dar para todo.

También puede haber algo en lo que éstas, al menos tres generaciones desde mi experiencia, coincidimos: no es fácil hacer el camino de vuelta. Con lo claro que lo teníamos cuando partíamos, siempre con una idea de temporalidad, porque “para siempre” nunca se dice.

Vaya aquí un humilde tributo a los más de un millón de gallegos que habitan otras fronteras, y a los que están en Galicia y se preocupan por los que se han ido. A los que regresan y a los que no. Para todos, por igual, no es tarea fácil. A los “viejos” emigrantes sólo decirles: buen trabajo!