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Los últimos de América

lunes, mayo 26th, 2008

Formo parte quizás de los últimos emigrados a las américas, allá por los años sesenta (en mi caso 1963) nos fuimos para los distintos países americanos los ” reclamados ” desde el otro lado, casi siempre por los padres,  que desde hacía años  vivían lejos de Galicia.

En el mismo barco que mi madre y yo hicimos el viaje, viajaban gran cantidad de mujeres con hijos y tambien de hijos solos que se reencontrarían en los distintos puertos con sus padres, muchas veces desconocidos por haberlos dejado en la aldea con los abuelos cuando eran solo niños de muy pocos años.

Recuerdo que una mujer en Vigo, ya en el barco se acercó a mi madre y le pidió por favor que cuidara de sus dos nietas que viajaban a Montevideo para ir con los padres que desde hacía años estaban trabajando allí. Mi madre se tomó muy en serio la custodia y no dejaba de preocuparse por ellas en todo momento, cuidaba de que comieran bien, de que no se perdieran en el barco, de que se mejoraran del mareo, y yo como hijo único me sentía un poco celoso de esas dos intrusas que me robaban el cariño de mi madre.

Cada llegada a puerto era todo un acontecimiento, unos bajaban, otros embarcaban, otros salían a conocer la ciudad durante las pocas horas en que el capitan lo permitía, pero los mas nos quedábamos a bordo simplemente por miedo a perdernos en una ciudad que seguramente no entendería nuestra mentalidad de aldeanos.

La llegada a Montevideo fué el final del viaje para nosotros, y en el mismo puerto mi madre hizo entrega de las dos niñas a sus padres que le agradecieron cien veces su interés por ellas.

Pasaron muchos años y allá por los años setenta estando un día en la playa Ramirez, mi madre se acercó a mí y me señaló a dos mujeres que junto a otros familiares estaban tomando el sol unos metros mas allá, ” esas son las dos niñas del barco ” me dijo y sin dudarlo más se fué hacia ellas y les preguntó si la recordaban, yo desde la distandia vi como se abrazaron las tres, y me sumé enseguida a la celebración, el llanto de las tres mujeres acabó por ser uno mas en el afortunado reencuentro playero.

Yo regresé a España en los ochenta y nunca más supe de ellas, pero seguramente habrán hecho lo que la gran mayoría de emigrantes, tener una familia y tirar para adelante en el país que les abrió los brazos y les trató como a uno mas de los suyos.

Desde aquí quiero dar un  saludo y un fuerte abrazo a todos aquellos que como yo y esas dos niñas fuimos ” los últimos de América ”

Roberto Gonzalez.

En defensa de la morriña

miércoles, mayo 14th, 2008

 En el buzón de Global Galicia recibimos el siguiente testimonio.

Lo firma  Roberto, desde Barcelona

“Salí de Galicia con 9 años, un día de marzo de 1963, a escondidas por un camino secundario de la aldea. Nos fuimos monte a través a otra aldea a tomar el coche de línea para que las gentes del lugar no nos viesen marchar. Después de todo un día de viaje fuimos a parar a Vigo donde esperaba aquel grandioso barco que nos llevaría al otro lado del mar, donde estaba mi padre desde hacía unos cuantos años.

Ese día fue cuando acabó mi niñez, nunca aquel niño que fui salió de la aldea. A pesar del transcurrir de los años mi mente de niño siguió cada día correteando por las callejuelas de mi Eiradela querida, en adelante yo sería otro niño diferente, entre gente diferente en un lugar diferente.

Los años y las circunstancias me trajeron otra vez a mi país muchos años después, vivo junto con los míos en Barcelona, a tiro de piedra del lugar en el que nací, y cada vez que puedo regreso a la aldea a encontrarme con el niño que aún está allí jugando con los amigos de entonces entre las viejas casas, por las callejas y los prados, y lo veo y puedo sentirlo pasar a mi lado con su ropa gastada y vieja y sus ansias de seguir con ese juego eterno que solo el y yo conocemos.

Quizás la morriña consista precisamente en eso, en no saber desprendernos del lugar en que nacimos, en siempre tratar de regar la planta que dejamos enraizada en la aldea, en no querer abandonar el lugar al que nos han obligado las circunstancias de la vida a dejar atrás…. pero que bonita es la morriña…. porque es nuestra, porque es un sentimiento tan grande que solamente quienes logramos sentirlo alguna vez podemos entenderlo…. porque nos hace sentir más gallegos cuanto más lejos estemos de Galicia.

¡ Gallegos que por el mundo andamos, defendamos la morriña, porque ella forma parte de todos nosotros y ella es la propia Galicia nuestra !!!!

Un fuerte abrazo para todos.