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Alerta 4 y terremoto con chile

martes, abril 28th, 2009
La plaza del Zócalo, frente al Palacio Nacional de México semide´sertica tras declararse la alerta

El Palacio Nacional, en el Zócalo, horas después de decretarse la alerta en México. Para ver más imágenes pincha en la foto

“-No recuerdo nada como esto, desde el terremoto del 85”. Me dice mi novia nacida en la ciudad y acostumbrada, como todos los chilangos (nativos de Ciudad de México) a todo tipo de acontecimientos que pueden definir una ciudad de más 20 millones de personas, narcotraficantes incluidos.

El viernes boda y empiezan las primeras noticias, entre la felicidad del acontecimiento, la gente gasta bromas y hace juegos de palabras con definiciones como “influenza”, “pandemia” u otros términos. La última invitada en llegar, nos da a todos un beso y luego dice que su hijo esta ingresado de esa tal gripe….nos quedamos todos callados.

El sábado y domingo, México está vacío. Nos quedamos en casa y vemos las noticias, nos juramos sólo salir para sacar al perro, pero el tianguis (mercado) del domingo, es tan tradicional como bueno. Decidimos ponernos las mascarillas y salir a hacer la compra, esta vez, prescindimos de pararnos en esas mesas alargadas llenas de gente comiendo tacos y compartiendo salsas y condimentos que por cierto, están casi vacías. Las llamadas desde España se repiten y hasta que no digo (no sin mentir) que tengo muy cerca una clínica de urgencias las 24 horas, la familia y los amigos no se quedan tranquilos.

Lunes. Voy a mi reunión de trabajo bien equipado con una mascarilla que nos han vendido al triple de su precio original. Cogemos el coche , mi chica me acompaña y me acerca al centro, esta vez no quiere que coja el metro…. ni yo tampoco. Veo la gente por la calle y calculo que ya, un 35 por ciento llevan mascarilla, un 15 por ciento la lleva, pero no puesta, la otra mitad, son los escépticos o mal informados que existen en todo el mundo y son los que más tranquilos pasean. Toda la gente de la ciudad pensaba que las calles iban a estar vacías de coches, pero es pura mentira, nos paramos en un tramos de 300 metros media hora y pienso que en esta ciudad, aunque se abrieran las puertas del infierno aquí mismo, habría atascos en la entrada. Ponemos la radio y escuchamos las preguntas de la gente y lo que opina, la mayoría que llaman, es por que no se lo creen, piensan que es una burda astucia del gobierno para ganarse votos, el locutor incrédulo, afirma que hay muertos por medio y que por respeto, midan sus palabras….

Llego a la pequeña cafetería donde siempre me tomo mi café antes de las reuniones y me siento a esbozar los primeros textos de este escrito, de repente, el suelo tiembla bajo mis pies y como todo el que habita en esta ciudad, nos fijamos en las lámparas a ver si se mueven. Esta vez ni hace falta, el dueño del local me interrumpe que salga enseguida, pues eso es lo primero recomendado que hay que hacer. Ya afuera, me pregunta si estoy asustado y si me voy a volver a España con todo lo que está pasando, yo le digo que no, que México es una ciudad maravillosa y que si algún extranjero se adapta a México, esos somos los españoles. Pienso mas profundamente para justificar mis propias palabras y me digo que las huestes de Cortes, lidiaron con peores males aquí mismo y aun no del todo convencido de lo que digo y pienso, me regalo la ultima versión de autoconfianza y me digo que “con mi carnet de gallego, me adapto a cualquier parte del mundo”

Al ir a la reunión por la céntrica calle reforma, la vista es de lo más impactante, cientos de personas desalojadas de los edificios en la calle, con mascarillas casi todos y ese calor que ya empieza a pegar más fuerte…”Terremoto, pandemia! El cruz azul pierde!”, eso dice calmado un anciano en un puesto de tacos en una espera imposible de la gente que no va a ir a comer, en este día tan extraño.

En mi reunión, no nos damos la mano, nos relajamos contando gracias de todo lo que pasa, pero al primero que tose, todos le preguntamos si se encuentra bien…era alergia a los gatos…me he salvado de nuevo….

Voy paseando desde el “Caballito” de la calle Reforma hasta Bellas Artes y Zócalo, en 400 metros, ya se cuantos tipos de mascarillas hay en el mercado, sus colores, formas, incluso sus dos clases de nudos, camino y las farmacias que veo, están abarrotadas de gente comprando mascarillas, antigripales y jabón antiséptico, el “Kit de supervivencia Chilanga por excelencia” y una observación, sólo la mitad de esa multitud llevan mascarillas, los demás, están vendidos al destino, no de dios como se diría aquí, si no a las corrientes caprichosas del aire aporcinado.

Cuanto más paseo por esas calles abarrotadas de personas y veo la multitud que somos, pienso en lo fácil que es liquidar la humanidad a base de estornudos y rezo para que lo que veo, sea algo excepcional y que en semanas, sólo figure como un recuerdo en mi mente y un retrato en mi cámara.

Después de mi sesión fotográfica, decido si voy en el metro hasta mi casa, o me subo en un taxi, estafándome unos pesos por notar mi acento extranjero o si nos ponemos a lo peor, asaltándome en mitad de camino….voy al metro.

Me la juego con mi mascarilla ya sudada por mi respiración (dicen que 2 horas es su vida efectiva) y yo llevo toda la mañana con ella. En el metro hay menos gente, pero se nota que todos estamos incómodos y nos miramos de reojo unos a otros intentando buscar un culpable visible al miedo que danza en el ambiente.

Salgo del metro Tasqueña y ya sólo me queda un último escalón, ¡el pesero! (una especie de poco efectivo y viejo microbus). He tenido suerte y ¡está casi vacío!, pero mi animo se desploma cuando la persona que está a mi lado, se suena la nariz varias veces. ¡Lo maldigo en mi interior y mis sentimientos no se apiadan de el ni un segundo!, sudo de calor dentro del bus, me da un ataque psíquico de hipocondría y ya me encuentro mal, desearía apartar a todos de mi lado y caminar por una corredoira gallega, fresca al atardecer.

Abro los ojos y ya es mi parada, camino hacia la casa y los pies me pesan, la máscara ya está sobre mi cuello y sigue el calor sofocante, abro la puerta y me desplomo en el sofá, pienso en mis miedos y en todo lo que he hecho mal en este día, al cabo de unos minutos ya mas relajado, enciendo mi ordenador, abro el Facebook y leo de mi primo un nuevo mensaje:

“No te preocupes primo, los gallegos tenemos un gen que hace que cuando los virus entran en nuestro organismo la sangre se nos transforma en orujo y embolillamos al germen!”

Me reconforto.…

Ya he sobrevivido un día más.