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El arte del vínculo

domingo, abril 11th, 2010

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que me han preguntado de donde soy.  Cuando ya voy a cumplir veinticinco años de mi vida residiendo en Chile, tomo conciencia de que no falta semana en que alguien, al escuchar mi acento, me pregunte si soy española. Al principio, para no abundar en detalles, decía que sí. ¿Cómo explicar que soy nacida en Caracas, que viví mi infancia y adolescencia en Galicia, que volví a Caracas para estudiar en la universidad y que toda mi vida laboral y de adulta la he vivido en Chile? No resulta fácil y menos cuando tu interlocutor no dispone del suficiente tiempo para  escuchar una larga perorata en la que, inevitablemente, se filtra tu híbrida identidad. Sin embargo, a medida que he tomado conciencia creciente de mi condición, no tanto de española sino de gallega, contesto sin mayor preámbulo que soy eso, soy gallega.

De tanto en tanto, suelo reflexionar acerca de las condiciones y la naturaleza del vínculo que se ha producido entre las distintas comunidades gallegas en el exterior, particularmente de las que tengo noticia y que están radicadas en América Latina y Galicia, nuestra tierra “madre”. A un primer nível, casi intuitivo, es fácil pensar que los vínculos entre comunidades alejadas geográficamente deben ser alimentados y estimulados de alguna forma, máxime cuando no existían las facilidades para viajar y de transporte que actualmente existen. Los vínculos entre comunidades, como entre las personas, no resultan por ósmosis, de manera intrínseca y natural. Deben ser cultivados. Es casi algo parecido al amor.

Me he preguntado por qué con Chile el vínculo es tan difuso, casi etéreo, en comparación con las comunidades gallegas existentes en países como Cuba, Argentina, Uruguay y Venezuela. ¿Será un asunto de distancia geográfica? Es cierto que Chile está situado en una esquina, como al borde de todo aunque esta apreciación depende del lugar donde estemos ubicados. Un australiano o neozelandés no lo vería, necesariamente, de esta forma. ¿Será un asunto de volumen? Es cierto que a Chile parece haber llegado una cantidad mucho menor de emigrantes gallegos que a otras partes de nuestra región, y muchos de ellos se animaron a cruzar la Cordillera de Los Andes casi por derivación desde Argentina, premunidos además, algunos de ellos, de un fuerte ingrediente explorador y aventurero. Cuando no existían los aviones, cruzar dicha frontera geográfica era un asunto no menor. ¿Será un asunto de calidad y de masa crítica? Me pregunto si, más que un problema de cantidad, la permanencia y estrechez del vínculo con Galicia se deba a que, en los contingentes de emigrantes hacia un determinado país, iban incluídos algunos visionarios, de corte más académico e intelectual, que sintieron prontamente la necesidad de generar dichos vínculos a través del cultivo de la lengua, así como de tradiciones como el baile y el canto.

En definitiva, no logro saber cuál es el quid, el pulso perfecto, que ha posibilitado la vinculación más estrecha de unas comunidades de emigrantes gallegos (y sus descendientes) con Galicia y no dejo de observar, en la distancia, el interés que las autoridades gallegas mantienen por Uruguay y por Argentina, lo que se expresa en sus recurrentes visitas a estos países. Algunos, cínicamente, reducen este interés a objetivos puramente electorales. Sin embargo, prefiero creer que esa es una motivación necesaria, más no suficiente.

Una respuesta tentativa es que el cultivo de la lengua generaría un efecto reforzador. He visto, en este blog, interesantes polémicas respecto a la pertinencia y utilidad del aprendizaje del gallego, así como a la obligatoriedad o voluntariedad de su enseñanza. Yo no lo aprendí en su momento. Las condiciones sociopolíticas existentes cuando viví en Coruña, en la década de los setenta, siendo niña, remitían el uso del gallego al ámbito rural y, aunque no guste reconocerlo en estos tiempos, no sólo no era estimulado: hablarlo era mal mirado, era un asunto de “paletos”. Ahora, aunque puedo defenderme  con lo que aprendí de niña escuchando a mis padres en casa, mucho lamento no manejarme en su uso de manera más técnica, no tanto por sus bondades prácticas, ya que es posible que no lo utilice en mi vida cotidiana sino por lo que conlleva el conocimiento de una lengua. Además del viejo adagio que dice que “el saber no ocupa lugar”, una lengua no es sólo comunicación. Es una manera de observar y de sentir, es una forma de ver el mundo.

Y ésto me deriva a una deuda que tenía pendiente de informar en este blog, ya que algunos de sus lectores me habían consultado, en referencia a la enseñanza del gallego en Chile. En este país, al día de hoy, existen tres importantes nodos de trabajo que fortalecen la conexión entre Chile y España. En lo que concierne a la presencia de la migración gallega en Chile, existen actualmente dos entidades. Una es el Lar Gallego, de Santiago y el otro es el Centro Gallego, de Valparaíso. El primero, formado en 1967 y el segundo, en 1993. En el área académica, un área de desarrollo es el Centro de Estudios Gallegos del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, producto de un acuerdo firmado en 1998 entre la Xunta de Galicia y esta casa de estudios. En la actualidad, es conducido brillantemente por un acadèmico chileno, Andrés Suárez, que habla el gallego melodiosamente. Siempre me resulta increíble escucharlo porque, a pesar de no ser su lengua materna, logra proyectar tanta naturalidad que la pronunciación del gallego, en sus labios, no suena como un implante. Y eso me parece algo digno de elogio.

Dicho programa se encarga de difundir la lengua y cultura de Galicia en el área de influencia de la universidad y ofrece cada año dos módulos consecutivos de estudios gallegos. Hace años, fui invitada a presenciar el funcionamiento de una sesión de clases de gallego, aprovechando la presencia de la Televisión Gallega, que tenía interés en filmar la experiencia. No sólo me asombró que la mayoría de los estudiantes no fueran gallegos sino que hubiera más de uno de origen alemán, por ejemplo. Es importante entender que el aprendizaje de una lengua está sujeto a intereses múltiples y hay que tener una actitud comprensiva y abierta hacia ello. La gente no se mueve sólo por motivos materiales o consideraciones de orden práctico. Bien sabemos que el marco de utilización de nuestra lengua es ridículo si lo comparamos con el español, el inglés o el futuro que se avizora para el uso del chino. Sin embargo, hay personas que proceden de marcos culturales distintos, y están dispuestas a lanzarse a la aventura de aprenderlo.

Para aquellos que quisieran saber más acerca de la presencia gallega en la historia de Chile, es recomendable consultar las investigaciones realizadas por los profesores Carmen Norambuena y Edmundo Moure, ambos vinculados a la Universidad de Santiago de Chile (USACH).