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Breogán y Valle-Inclán en Madrid

Escrito por Manuel Ríos | Desde Madrid
27 de marzo de 2008 a las 11:42h

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Mientras camino por la avenida Donostiarra, viene a mi mente aquella cita de la Sonata de Otoño que reza: “Son las palabras espejos mágicos donde […] se aprisiona el recuerdo de lo que otros vieron y nosotros ya no podemos ver por nuestra propia limitación mortal”.

Atravieso sin prisa el puente Calero, sobre la M-30, hoy calle 30. Observo el incesante fluir de automóviles, Las Ventas a tiro de onda y Torrespaña a lo lejos. Sigo avanzando y acabo por desembocar en el parque de Breogán. Heme aquí en una pequeña isla poblada de pinos que quieren trasladarme a la vieja y querida esquina verde que esperan representar y que filtran el aire del entorno. 

Igual que desde la torre que nuestro mitológico padre Breogán construyó en Brigantia podía divisarse Irlanda, desde esta desconocida atalaya madrileña, el visitante puede ver con los ojos del alma —“los siglos no pasan”, pronunció don Ramón— aquella quinta desvencijada próxima a Las Ventas del Espíritu Santo a la que el llamado poeta melenudo se trasladó algún tiempo después de su llegada a Madrid. 

E igual que los bisnietos de Breogán conquistaron Irlanda navegando desde Brigantia, Valle-Inclán, desde esta esquina capitalina, desbordado de libertad, libertad que, en palabras de Gómez de la Serna, le llevó a que “su vida de artista y su hambre fueran santas”; desde esta esquina, digo, conquistó el Olimpo de las Letras

Con grelos y albariño, sí

Escrito por Pilar Pousada | Desde Oxford, Gran Bretaña
27 de marzo de 2008 a las 9:56h

Hacer las maletas y coger un avión el 25 de julio pasado fue fácil, la decisión estaba tomada desde meses atrás. La fecha elegida para cambiar Santiago de Compostela por Oxford también estaba elegida a conciencia. A R. y a mi nos gusta el simbolismo. Ah! R. fue la razón principal de mi mudanza. El resto del empujón vino de la mano del miedo a una vida demasiado cómoda, un trabajo demasiado conocido… y, al fin y al cabo, de un aviso de ‘pepito grillo’: “Ahora o nunca”.

La simetría de las que considero ya mis dos ciudades son claras: Universidad y turismo. Estas dos características me permiten también escuchar castellano en cada rincón de esta ciudad conocida por sus togas, sus bicicletas, sus bibliotecas, su Tolkien, su río, sus remeros…

La asimetría la pone mi vida profesional: de un trabajo en el que mis 10 años de experiencia lo eran todo, a una movilidad laboral que me está enriqueciendo. En poco más de seis meses he tenido tres puestos de trabajo totalmente diferentes, en sectores de lo más distantes, una iniciación al mercado laboral que ya me hubiera gustado encontrar en casa cuando dejé las aulas de la facultad.

A pesar de que había viajado a Inglaterra, y en particular a Oxford, de forma regular durante los dos años anteriores a mi mudanza, no creo que haya nada que te prepare para la inmersión en un país nuevo. Al menos, esa es mi impresión. La expectación, por un lado, y el choque con la realidad de no tener físicamente a amigos y familia a un toque de móvil fueron los territorios en los que me moví durante las primeras semanas en este que ahora ya llamo mi hogar.

Tengo que decir que en este tiempo de adaptación las cosas más tontas me han ayudado a sentirme cerca de casa y de los míos. El título de este comentario lo dice todo: grelos y albariño. Una gallega de Santiago, llegada a Oxford tres años antes que yo, me desveló el nombre de los grelos en inglés (¡quién iba a encontrar este término en los libros de texto!). Tras este hallazgo culinario, R. y yo disfrutamos de un cocido, con grelos y patatas ingleses pero con chorizo y lacón traído de Galicia, al vacío y en maleta. En cuanto al albariño, este es el vino que mis amigos y familia de adopción piden siempre que aparece en las cartas. Creo que es su forma de decirme: “queremos que te sientas en casa”. Y tengo que reconocer que lo consiguen.

Nunca creí que una copa de albariño o unos grelos cocidos pudieran hacerme sonreír como una tonta.

Luns de Páscoa

Escrito por Ivám Cozinha | Desde República Checa
27 de marzo de 2008 a las 9:52h

Foi un luns de Páscoa frío. O que, por estas latitudes, aínda se deixa entender. Pero a xente queda coa boca aberta, porque os signos da natureza andan desorientados. Hai xa unhas semanas que comezaran a abruñar nos xardíns as campaíñas brancas, que saen coas últimas neves e que anuncian a fin do inverno. E por se aínda non fose pouco, ao pé das campaíñas empezaron a sair as lilas. Do que queda de primavera xa non me lembro porque encima diso caeu a neve e queimou todo. Para a semana dise que vai subir o termómetro ata onde lle corresponde nesta época. Déixome sorprender.

O luns de Páscoa, á parte de ser un festivo agradecido por todos para o “dolce fare niente” ou para prolongar a estadía no monte para esquiar, é na República Checa unha data para a folía, desde hai séculos, ou cando menos unha alegría para os nenos, a xente do campo en xeral, e máis particularmente na Moravia. Explicarlles aos checos a nosa forma de celebrar a semana santa, paseando santos polas rúas, é deixalos arrepiados, á vista dos capuchóns, pois todo o máis próximo que coñecen é a indumentaria do Ku-Klux-Klan.

Unha vez salvada a explicación das nosas costumes para eles, convírtome desta volta no traductor para os galegos do ritual pagán de celebración da primavera, que é a explosión florida do luns Páscoa.

Mimosas, canguros y emús

Escrito por Ana Puga | Desde Australia
26 de marzo de 2008 a las 11:31h

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Estoy viendo en la tele las pruebas de selección del equipo nacional australiano de natación para las olimpiadas de Pekín. Puede que parezca un poco raro que pongan esto en la tele, pero la afición de este país a los deportes no tiene límites, aunque de eso hablaré otro día. El caso es que acabo de ver a uno de los nadadores con el traje de la selección australiana y, no sé si os dais cuenta, pero en todos los deportes la selección australiana va vestida de verde y amarillo, y eso me dio una idea para mi primer post en este blog.

El verde y el amarillo de los uniformes de la selección están elegidos en honor a ni más ni menos que la mimosa, flor más que conocida en Galicia y flor nacional de Australia. La eligieron como emblema nacional porque crece en todo el país (este país es muy grande y de una costa a otra la fauna y la flora cambian bastante) y, por lo tanto, representa la unidad.

Del himno de Australia no os puedo hablar, porque la verdad es que no lo conozco o, si lo he oído, no me acuerdo, pero sí os puedo hablar del escudo (podéis verlo en la foto). Tiene un canguro, cómo no, y un emú enfrentados, y se dice que se eligieron estos animales porque casi siempre caminan hacia adelante, lo que representa el avance de la nación. Esto igual os suena un poco rebuscado, pero quería comentároslo porque a mí me parece curioso lo de que el canguro y el emú caminen sólo hacia adelante. En fin. Podéis ver en la foto también una estrella grandota arriba de todo, que representa a la Commonwealth, y en el escudo en sí mismo aparece la Cruz del Sur y otras cosas que, la verdad sea dicha, no sé lo que son (si os pica el gusanillo, decídmelo y pregunto por aquí a estos aussies).

Valga esto como aproximación a Australia, el sexto país más grande del mundo, con una extensión de 7,5 millones de kilómetros cuadrados y 21 millones de habitantes. Igual esto no os dice mucho, pero podemos compararla con España, que tiene una quinceava parte de su extensión (medio millón de kilómetros cuadrados) y más del doble de habitantes (45 millones). Curioso, cuando menos.

Estuve dándole vueltas a la cabeza decidiendo qué escribir en este primer post sin decidirme (el síndrome de la página en blanco, supongo) y, al final, la inspiración llegó con la tele. En fin. Espero que os haya gustado, y no dejéis de pasaros por el blog, que se está poniendo interesante.

La foto, por cierto, está sacada en Sydney, en la calle MacQuarie.

Las quejas de un emigrante en Brasil

Escrito por Carlos Agulló
26 de marzo de 2008 a las 10:50h

Víctor Manuel Freire Barroso, desde Sao Paulo (Brasil), nos envía este correo:

“Estoy siempre pendiente de todo lo que se pasa en España y principalmente en Galicia mi tierra, donde nací, y mi Ferrol, la ciudad de la mar de donde yo salí en mayo de 1960 con destino a São Paulo, Brasil. Estoy en Brasil ya hace 47 años, tengo un hijo y una hija maravilhosos. El hijo ya me dió 2 nietos hermosos y ahora viene con un tercero y desta vez una niña que nacerá en julio. Mi hija es soltera, tiene 28 años, y como hizo su padre un día emigró, solo que ella lo hizo al contrario se fue para España, de donde yo salí un día con la esperanza de un futuro mejor que nunca llegó a ser pleno, porque no se alcanzó aquí en Brasil el entusiasmo que la mayoría de los españoles traíamos para estas tierras. Espero que mi hija brasileira pero con nacionalidad española tenga mejor suerte y futuro que yo tuve aquí en Brasil. No me quejo del todo de aquí, de esta tierra hermosa y linda por naturaleza, pena que los políticos y gobiernos que pasaron en estos últimos 30 años fuesen incompetentes, corruptos y despreparados. Esta tierra no merecia estar en situación tan mala como está, principalmente para las clases más pobres y menos favorecidas.

 Aquí en Brasil los españoles no tenemos grande ayuda del gobierno español, no tenemos ni la mitad de los benefícios que un español tiene ahí en España, aquí solo tendremos derecho a una pensión no contributiva apos 65 años y tampoco tenemos derecho a la sanidad de España, solo si fuesemos muy pobres y estuviesemos de limosna, que ahí sí nos darían algún tipo de ayuda aquí en el consulado de España. Yo no sé por qué esta discriminación, ¿será que es por vivir fuera de España? ¿Y que culpa tuvimos los emigrantes que tuvimos que salir de España entre los años 50 a 70 por falta de un trabajo o un futuro mejor?. Yo creo que deberíamos tener los mismos derechos de los españoles que viven ahí o talvez más, por tener la coraje de salir de nuestra tierra y aventurarse por tierras desconocidas.
Bueno quién sabe, quizás algún día el Sr. Zapatero resuelva algo en favor de los españoles residentes en el exterior, porque para pedirnos votos de aquí sí que servimos.
 
Abrazos”.

Monjes patrióticos

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
26 de marzo de 2008 a las 10:04h

Pasada ya la resaca de lo sucedido en el Tibet hace unos días –la censura de determinadas páginas web, así como de Youtube, va levantándose paulatinamente, una vez cribados los contenidos– el gobierno chino declara que reforzará la “educación patriótica” de los monjes. Meng Jiangzhu, Ministro de seguridad pública, animó en su visita a Lhasa a difundir “con ahínco la educación y la propaganda en las políticas étnicas y religiosas, y en el sistema legal, en todos los templos.”

Como si no fueran poco las decenas de muertos que han costado los disturbios –dos, según el gobierno de Beijing, alrededor de siete según el gobierno tibetano en el exilio– el discurso oficial chino se repliega a los viejos tiempos de la revolución cultural.

No quiero entrar a juzgar quién tiene la culpa y quién no. No sé si el Dalai Lama ríe en la sombra –como afirma el gobierno comunista– por el éxito de las revueltas, o si reza para que no muera más gente, como él mismo sostiene y Richard Gere repite. Pero es sangrante que el Ministro hable tan descaradamente de reeducación y de propaganda. Qué rabia que andemos todavía con esas gaitas. La intención del gobierno central chino es, qué duda cabe, imponer su versión de los sucesos, quitándose primero de en medio a los disidentes, y adoctrinando después a los que queden. Nada que no conozcamos en la vieja Europa.

Me vienen, a raíz de la triste noticia, dos libros a la cabeza. El primero, cómo no, 1984, el lúcido análisis que George Orwell llevó a cabo sobre los mecanismos de los estados totalitarios del siglo XX. “El pasado es cualquier cosa en la que se ponen de acuerdo los documentos y los recuerdos”, dice el autor. Sombría pero acertada frase.

El segundo, menos conocido pero igual de interesante, es el libro LTI, la lengua del III Reich, del judío alemán Victor Klemperer. El autor, superviviente del nazismo gracias a su matrimonio con una “aria”, escribió en los oscuros años del Tercer Imperio Alemán un diario en el que anotaba las monstruosas incidencias cotidianas. Pasado el horror recogió en este libro las que estaban dedicadas al inteligente uso que los nazis hicieron de la lengua y la propaganda. En uno de los breves capítulos nos recuerda la afirmación de un amigo suyo, el etnógrafo Spamer: “Si fuera posible fijar un único tono para la prensa, para todas las publicaciones y enseñanzas, y si en todas partes se enseñase que no había existido una guerra mundial entre 1914 y 1918, al cabo de tres años todo el mundo creería que, en efecto, no habría habido tal guerra.”

La opinión de Spamer es anterior al nazismo. Ni él ni Klemperer –ni el mundo– tardarían mucho en comprobar su acierto.

Solamente nos queda –qué poco me consuela– desear a los propagandistas chinos que no tenga nada, pero nada, de éxito.

Volver a casa

Escrito por Esther Diz | Desde Filadelfia, EE.UU
25 de marzo de 2008 a las 19:27h

Ahora estaba frente a la ventanilla, donde nada importaba más que los minutos interminables y la persona en cuyas manos se encontraba mi destino. De nada valía mi bolso de diseño, mi pelo recién peinado en una buena peluquería coruñesa o mis joyas. Todos los elementos que me separasen de la mayoría de los compatriotas a los que yo observaba con cierto desdén, desde mi condición de emigrante sentimental venida a más, carecían de importancia en estos momentos.

Me encontraba en la Embajada de los Estados Unidos de América en Madrid, la fecha, 8 de agosto de 2007. Ya habían transcurrido más de 24 horas desde que me había encontrado el infortunio en el aeropuerto de Barajas, donde a pesar de mis esfuerzos para evitar a última hora que la señorita de facturación viese mi tarjeta de residente en mi mano el destino se rió de mí. –¿Mi dirección en Estados Unidos? Sí, sí ya se la digo, deje que guarde esto en la cartera. -No la guarde, no, déjeme ver su tarjeta de residente… Yo sabía que esa tarjeta estaba caducada y que había tenido suerte de haber pasado el control de seguridad de inmigración para llegar al mostrador de facturación, donde solamente quedaba pesar la maleta y recoger la tarjeta del embarque.

Ahora, una empleada impertinente con acento de barrio madrileño, rellenita y con corte de pelo masculino se había empeñado en hacerme difícil el camino de regreso a Filadelfia… Más tarde supe que era una sustituta contratada temporalmente en agosto y que mi justificante de renovación del permiso de residencia era más que suficiente para viajar (Te entiendo, espero que encuentres sentido a tu vida, dejes de tocarle las narices a los que no son como tú y aceptes el mundo en el que nos ha tocado vivir). 

Tengo 28 años, soy gallega (coruñesa) y hace unos 11 que viajo por el mundo. Los puntos clave de mis viajes donde he estudiado o residido han sido por orden cronológico: Madrid, Dublín, Marbella, Aix en Provence, Liverpool, Granada, Milwaukee, Madison, Chicago, Barcelona y Filadelfia, donde actualmente resido. Soy hija de padres divorciados residentes en La Coruña, fui al Colegio Liceo y tuve una insignificante carrera como modelo que culminó y terminó en el programa matutino de María Teresa Campos. Hoy eso queda lejos, soy empresaria, tengo amigos por todo el mundo, hablo muchos idiomas y puedo decir soy un feliz híbrido de raíces claramente gallegas. Creo haber aprendido a vivir “trasterrada”, como menciona Ángeles, aunque la condición de emigrante trae consigo un alto grado de confusión que azota cuando menos te lo esperas. 

-Tienes que irte a la Embajada, hoy de aquí no pasas.  Recibía esta noticia con el ruido de taladro y las cortinas de plástico cubre reformas, la gente y el caos se apoderaban paulatinamente del aeropuerto y de mis oídos mientras me alejaba de allí estupefacta y asustada ante la adversidad que había inundado mi día…el desastre estaba servido.  A ese momento le siguieron otros igual de frustrantes, el calor de Madrid en agosto, la sensación de que todo funciona a medias durante ese mes, la confusión y la desesperación. Personajes que surgieron de la tierra como aquel operario del aeropuerto que por unos minutos se convirtió en mi ángel de la guardia, abriendo puertas de acceso restringido como una bala mientras se unía a mi causa y me hablaba como a una hermana pequeña. 48 horas de soledad, taxis y gastos inesperados, minutos contra reloj, ojos apenados de la gente que escuchaba mi historia con interés, una funcionaria redentora (Débora) que dijo que me ayudaría y que nunca llegaba al trabajo a la hora, un teléfono que tras horas de espera de alguna noticia sonaba con la voz de Débora al otro lado del hilo, sobre el cual me abalanzaba yo bajo la atenta mirada de una recepcionista solidaria. Marines norteamericanos que se saltaban alguna norma para ayudarme a hacer llamadas al exterior, mesas para uno en restaurantes de moda de la Castellana, pelos peinados ya en una peluquería de poca monta, de las que solamente existen dentro de los centros comerciales españoles. 

Delante de aquella ventanilla en la sala de espera en la que ya solamente esperaba yo todo parecía absurdo y disfuncional. Mientras agarraba el sobre cuyo contenido permitiría la conclusión de este viaje cargado de alegrías, emociones, recuerdos, vistas al mar, desengaños y paseos por San Andrés, recordé precisamente en qué consistía volver. Pronto os hablaré de la vida en América, de la crisis económica y de cómo nos afecta a los que no estamos aquí de paso, de cómo se creó Covalingua desde cero, de la importancia del historial de crédito en Estados Unidos, de los retos de un matrimonio bicultural, de cómo nos comportamos los españoles en el exterior y de lo que se os ocurra preguntarme.

Un gallego en el sur de Tenerife

Escrito por
25 de marzo de 2008 a las 19:14h

Allá por el año 88 decidí hacer la maleta y me embarqué en un vuelo rumbo a Tenerife. Trabajé duro en la Hostelería (hoteles) en el sur de la Isla, luego terminé (siempre trabajando por la noche) técnico en Informática. Aquí conocí a la que es mi señora que también es de Galicia. Yo soy de La/A Coruña y ella es de Moaña (Pontevedra). ¡Ah! y no tenemos pleito Norte-Sur. Ella es del Dépor (menos mal).

Aquí compramos una pequeña casita y no descartamos por eso de la morriña volver algún día. Cuando escuchamos el himno gallego se nos ponen los pelos como escarpias. De todas formas debo confesar que el pueblo canario (salvo excepciones ) es una gente noble, buena y sobre todo muy abierta. Disfrutamos de un microclima fantástico, si vas al norte de la isla puedes disfrutar de un clima muy parecido al nuestro, en contrapunto con el sur donde como dicen por aquí hace un calor que raja las piedras.

Esperamos poder este año acercarnos unos días a Galicia porque ya llevamos cuatro años sin ir (en el trabajo no nos coinciden las vacaciones). En fin, que tenemos morriña y seguimos con mucho interés todo lo que por allá acontece. Por supuesto aplaudo la idea de La Voz de darnos la oportunidad de expresarnos y seguir un poco más cerca de Galicia. Desde el sur de Tenerife un saludo y gracias.

Un ferrolano en Manchuria

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
25 de marzo de 2008 a las 12:38h

Sí, pero con matices.

Me llamo Miguel Salas Díaz. Soy ferrolano de familia y adopción, pero nací y pasé mi infancia y adolescencia en Madrid. Me fui después a Galicia con mis padres y hermanos, y estudié Filología Hispánica en la Universidad de A Coruña. Desde entonces he vivido en Valladolid, Nápoles, Urbino y China, pero siempre que pienso en casa me viene a la mente Cobas, en Ferrol. Allí he pasado cada día de vacaciones que he tenido desde que nací, y allí, a casa de mis padres, vuelvo en cuanto puedo. Es el único lugar que siento como mío. Así que también soy ferrolano porque me da la gana.

Y esa era la primera matización. La segunda es que tampoco es exacto decir que vivo y trabajo en Manchuria porque… Manchuria ya no existe. Así se llamaba hace tiempo esta zona del mundo que ahora se conoce como provincia de Liaoning, en la República Popular de China. En este país, donde vive casi un tercio de la población humana mundial, enseño lengua y literatura españolas desde hace un año y medio. Y –problemas de morriña a parte– estoy más que contento.

Mi intención, como la de cualquiera que escriba uno de estos diarios cibernáuticos que nos resignamos a llamar blogs, es contarles las cosas que me suceden por estos pagos. Estoy encantado de poder hacerlo aquí y, por supuesto, muy agradecido a La Voz de Galicia por la realización de esta estupenda idea.

Espero de todo corazón que les interesen y diviertan las noticias que les haga llegar desde China. Así el camino de ida será también de vuelta: yo entraré en la página de La Voz a ver cómo les va a ustedes, y ustedes podrán entrar, si se les antoja, a ver cómo me va a mí.

El siguiente capítulo, a la misma Maohora y en el mismo Maocanal. Un saludo a todos desde Manchuria.

El Día del Agua

Escrito por Soli Sánchez | Desde Houston, EE UU
24 de marzo de 2008 a las 12:35h

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El 22 de Marzo fue el Día Internacional del Agua. Este año ha sido dedicado al saneamiento, ya que el 2008 ha sido declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional del Saneamiento (http://www.unwater.org/worldwaterday/flashindex.html). En este contexto hace unos días participé en un acto conmemorativo en el que entre otras cosas se interpretó una pieza teatral. La temática era el uso de la letrina y la higiene personal. Esto en una población que culturalmente rechaza las letrinas  y que ha sufrido su última epidemia de cólera en el 2004 resulta importantísimo. De una forma breve y amena tres actores explicaban las ventajas del uso de la letrina y la forma correcta.

Todo esto me hizo pensar en aquellas casas de aldea en las que la letrina comunicaba directamente con el establo y en cómo en Galicia en tan sólo una generación, la de mis padres, se ha producido un cambio fundamental en términos de desarrollo. Mis padres, gallegos rurales, apenas fueron a la escuela. Tenían que cuidar de las vacas, ir al monte a por la leña para cocinar y, por supuesto, tenían letrina y ganado en casa. Su infancia ha sido como la realidad que presencio en este país. A veces tan sólo basta recordar de donde venimos para darnos cuenta de que no estamos tan lejos como se piensa.