La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

De la fauna australiana, o cómo mirar a la muerte a los ojos

Escrito por Ana Puga | Desde Australia
10 de abril de 2008 a las 11:29h

Si nos preguntan qué tipos de animales hay en Australia, a todos nos vendrán a la cabeza el canguro y el koala. Alguno habrá que diga el ornitorrinco (no es muy frecuente, pero de verdad que ocurre: yo sin ir más lejos tengo un amigo coruñés cuyo animal preferido es el ornitorrinco, creedlo o no),  pero de ahí no es probable que pasemos.

En este país/continente (mi novio, australiano, se empeña en decir que Australia es un continente, aunque yo ya me encargo de recordarle bien que Oceanía es un continente y Australia una isla /país enorme que forma parte de él) la fauna es muy rara. A simple vista, las cosas podrían parecer normales: un vecino con un pastor alemán, otro con un gato, caballos, ovejas, vacas… Pero no.

A la mínima que te descuidas, paseando por el bosque, puedes ver cosas que te ponen los pelos de punta en un segundo, como por ejemplo serpientes, pero serpientes grandes, venenosas y mortales, no simples vívoras. Sin ir más lejos, cuando nos mudamos a esta casa (tiene un jardín grandote por detrás), el dueño nos dijo que había visto por el jardín una red belly snake de metro y medio (muy venenosas, por cierto) y que lo llamáramos si la veíamos que la venía a coger (el hombre es bombero y tiene un curso hecho de cazar serpientes). Podéis imaginaros el repelús horrible que me dio, tanto que cuando bajo al jardín no me alejo mucho de la casa (y bajo con botas SIEMPRE).

Muy comunes son las arañas. Yo soy una de esas personas que odian las arañas, y desde que vivo aquí es como si estuviera sometiéndome a una terapia de choque día tras día. El buzón les encanta, así que ahora ya voy siempre con guantes a coger las cartas. De momento he tenido dos cerquísima, dentro de casa, que me traumatizaron por completo. Una fue una white tail, que no matan, pero lo que sí hacen es inyectarte su veneno que, desafortunadamente, va llenito de bacterias que causan llagas en la piel a los humanos. La otra fue una huntsmen de 15 centímetros como mínimo de punta de pata a punta de pata que, además, SALTAN. Mi novio no mata las arañas, las coge con un vaso y un cartón y las saca al jardín (dice que da mal karma matar animales… y yo no me acerco a ellas, claramente), pero con esta última no pudo y tuvo que utilizar el espray mataarañas y durante un buen rato, que no se quería morir la tía. La única que no he visto aún (bueno, que no he visto hay muchas, dicen los expertos además que el 80% de las éspecies de arañas australianas están sin catalogar, ahí es nada) es la funnelweb, la más mortal de Nueva Gales del Sur, que teje una tela en forma de embudo y mata a humanos en seguida. Y espero seguir sin verla durante bastante tiempo.

Lo de las arañas la verdad es que hizo que cambiara mis hábitos. Ahora nunca entro en el baño (el baño les encanta) sin antes mirar bien todos los rincones, por si acaso, y no salgo al jardín sin guantes ni botas. Aquí en los colegios enseñan a los niños primeros auxilios en caso de picadura de araña o mordedura de serpiente, y con mucha razón, y la gente hace cosas como poner calcetines dentro de las botas, para que no entre “nada”.

Aparte de las arañas y las serpientes, el resto es bastante normal (sin contar los marsupiales) pero aumentado de tamaño y con colores fosforitos. Hay hormigas que son 20 veces más grandes que las nuestras, por ejemplo (siempre me acuerdo del cómic de Mortadelo y Filemón El sulfato atómico, donde los bichos se volvían gigantes), y lo de los colores… cualquier cosa que sea rojo superllamativo o amarillo fuerte, es peligrosa para la salud fijísimo.

Si queréis leer algo sobre Australia y su fauna (entre otras muchas cosas), os recomiendo En las antípodas de Bill Bryson, un libro de viajes divertido que retrata genial a este país y a sus habitantes.

A gaita e o “tracht”

Escrito por Angel Rumbo | Desde Munich
10 de abril de 2008 a las 11:13h

Un 20 de diciembre de 1990 llena el alma de los valores éticos mamados en casa (hay que ser honrado y trabajador),  siguiendo el sabio consejo paterno “os pais teñen que deixar aos fillos” (que en realidad significa lo contrario: es lógico que los hijos funden una familia y para ello abandonen el hogar paternomaterno) y con las alforjas del mulo mecánico C5070F hasta los topes, emprendí el camino del destierro espiritual.

Atras quedaban 50% de trabajo serio, 50% de cachondeos y risas, juerga y facilidad de resolver los problemas del mundo. Enfrente tenía primero Burgos, donde doña Esperanza de Castilla esperaba y esperaba para emprender a dúo el sendero que seguía luego por Francia y Suiza y tenía como destino la Baviera profunda. ¿Baviera? ¿Profunda? Jolines, Pingüinilandia debían llamarla: 20 a 25 grados bajo cero la primera semana de llegada aquí, con calles convertidas en pistas de patinaje exentas de patinadores: ¿Dónde está la gente en Munich en Navidad? ¿y el día después? ¿y el tercer día de Navidad?

Pero como dice, cada vez con mejor voz, Pucho Boedo: “Los días hacen meses, los meses años, los años siglos y el tiempo va cambiando valles y montes, mares y ríos………” .Y la primavera sigue al invierno, el verano a la primavera y el otoño al verano y al año 90 sigue el 91 y así sucesivamente. Las alforjas de mi mula mecánica se fueron vaciando para llenar una vida aquí que se nutria de recuerdos y buenas imagenes.  Pero transcurridos 17 años que constituyen casi un 35 por ciento de mi vida, me doy cuenta que ya la gaita de Seivane está echando telarañas en el armario de la oficina donde escribo estas letras, que el mar rudo del Orzán se me acuerda cada vez menos y es sustituido con frecuencia por la imagen de la cadena de los Alpes, a 100 km de distancia, que en los días de buena visibilidad contemplo con deleite desde la loma del parque del oeste, conjuntamente con la silueta recortada de una iglesia y un rascacielos, el ribeiro (que a veces parecía matarratas: esto no es una crítica es una anotación cariñosa y se refiere a hace más de veinte años) de los bares de la Galera ha dejado paso a hectolitros y hectolitros de jugo de cebada procedente de las campiñas de la Baviera baja, y hasta el año pasado contra la prohibición expresa de doña Esperanza de Castilla me he comprado un “tracht” (leer trajt), traje tipico bavaro con pantalón corto y chaleco para ir a la feria de la cerveza con los colegas de la ofi.

Que nada, que si en vez de estar aquí casi un 35 % de mi vida, llego a estar un 50% más uno, y aquí concluyo mi divagación, preveo que ni siquiera peregrinaré el 25 de julio al cruceiro del parque muniqués donde la Asociacion de Gallegos en Munich celebra la romeria del Santo matamoros. “Deus me arrede” que decía mi bisabuela Pepa! (transcripción literal de mi madre, que yo a Pepa no la conocí). Hasta la proxima.

El esloveno, ese idioma diabólico

Escrito por Susana Bargiela | Desde Eslovenia
10 de abril de 2008 a las 9:59h

Cuando alguien me contacta para hacerme preguntas sobre Eslovenia, las dos más frecuentes son: “¿Cómo es la policía?” y “¿Cómo es el idioma?”. Así que hoy empezaré por la segunda. Todo idioma tiene complicaciones a la hora de estudiarlo. Es un proceso largo que requiere paciencia y muchos codos, horas de estudio y de conversación llenas de frustración cuando no conseguimos pronunciar o recordar las palabras. La mayor parte de los españoles tuvimos experiencias con las lenguas inglesa, francesa o incluso el alemán, cuyas estructuras, aunque diferentes, no dejan de guardar cierta semejanza con nuestra lengua materna. El problema viene cuando salimos del grupo de las lenguas románicas y germánicas y penetramos en la jungla misteriosa que son las lenguas eslavas. Es un mundo de fonemas desconocidos, escrituras imposibles y sonidos que desafían a la razón. Dicen que el esloveno es una de las lenguas más complicadas que existen en Europa, pero en el vocabulario gallego la palabra “imposible” no tiene cabida.
Los primeros días en Eslovenia me defendí hablando en inglés, pero mi orgullo no me permitió quedarme estancada y decidí plantarle a este complicado reto. Acudí a una academia donde me prometieron que empezarían desde cero y donde compartiría clase con gente en la misma situación. Así pues, los alumnos formamos una sopa de nacionalidades con ingredientes austríacos, griegos y jordanos. Nos entendíamos en inglés, pero la profesora no lo hablaba bien. Dicen que la mejor manera de aprender un idioma es lanzarse a la calle e intentar conversar con la primera persona que veamos. Yo digo que la mejor manera es buscarse un profesor que sea capaz de explicarnos las cosas en un idioma que no sea el que estemos aprendiendo. Porque durante dos meses apenas pasamos de la lección cuatro, cuando el libro tenía veinte. Fue una pérdida de tiempo y dinero. La estudiante jordana quedó en “buenos días”; la griega, que era estudiante de ópera, se pasaba las clases practicando alemán con la vienesa y hablando de los conciertos que iba a dar en la Filarmónica. Y yo me quedaba al margen, intentando hacerle entender a la profesora que los euros invertidos no estaban dando su fruto. Harta de intentos decidí aprenderlo por mi cuenta, con resultados más satisfactorios. El esloveno ya no tiene secretos para mí. Pero lo que nunca desaparecerá, lo que siempre quedará en mi forma de hablar será el acento, un acento que, misteriosamente, hace que la gente me empiece a hablar en italiano. Porque para un esloveno, el español y el italiano vienen siendo la misma lengua.

Leer el resto de la entrada »

Xapón e o fenomeno das estacións. A ecoloxía como relixión.

Escrito por Iago R. Brenlla | Desde Kyoto (Japón)
9 de abril de 2008 a las 17:06h

japon.jpg

Quería comezar esta andaina cibernética falando dun tema que últimamente despertou interese nos galegos e afortunadamente grazas a este interese son cada vez máis os que aprenden a disfrutar da natureza sen destruíla. 

No Xapón o respecto á natureza é algo que lles chegou por vía relixiosa, intúo que polo seu pasado politeístico no que cada parte da natureza era unha divinidade, pero o certo é que en canto chega a Primavera e comezan a abruñar as flores, os xaponeses vóltanse tolos e empeza o fervor “relixioso” polo que aqui chaman “sakura” ou para nós unha cerdeira.

Os xaponeses disfrutan indo de romaxe en plena cidade cos amigos, os compañeiros do traballo ou a familia. Sentan embaixo das polas da árbore e beben ate caer. Reunense nunha especie de comuñón entre o home e a natureza e estraña ver como a xente sorpréndese ano tras ano coa brancura das flores; na televisión falan e fan programas especiais sobre este evento que adquire verdadeiramente un carácter case que relixioso. Nos telexornais podemos seguir a evolución das flores, sabemos con precisión qué día van abruñar as cerdeiras e ameixeiras e falase en porcentaxes sobre a cantidade de abruños (Hoxe andamos nun 70%, mañá nun 75…).

Na miña Galiza tamén facíamos e facemos algo semellante pero máis práctico, damos grazas por poder explotar un pouco máis a terra, por poder colleitar máis patacas, por poder gorentar unha boa carne de porco na Matanza, unhas boas castañas no Magosto ou un bo viño na Vendima.. Sempre mirando de sacar algo de beneficio do noso privilexiado recanto peninsular. Semella que os tempos da “harmonía”, de disfrutar da terra sen explotala, controlando o número de encoros, de muíños de vento, e de urbanizacións a pé de costa tamén van chegando as nosas conciencias e os galegos decatámonos do noso deber de coidar a nosa Terra. Xa na Voz fálase tamén do “feismo” e pouco a pouco tentamos protexer a nosa paisaxe. Algo cambia e é para ben. Noraboa e brindemos nos tamén debaixo dunha cerdeira.

Conducir en Argel

Escrito por Claudia Moure | Desde Argelia
9 de abril de 2008 a las 11:09h

Conducir en Argel, es todo un reto para el que aprendió con el manual y las normas.

En las rotondas la señal dice que cedas el paso al que está dentro, pero la realidad es justo la contraria, si frenas para ceder el paso al que está dentro, probablemente el que viene detras pegadiño a ti achuchandote, se empotre en tu maletero, y todos los demás te piten porque no tienes ni idea de conducir.

Pero con el tiempo vas cogiendo confianza, y te lo saltas a la ligera…y con más razón cuando el guardia esta en la rotonda para echarte la bronca si cumples con lo que dice la señal.

Tan curioso es este país, que las señales para salir de la autovía por la noche reflejan tanto con las luces del coche, que no puedes ver lo que tienen escrito, así que más te vale conocer el camino de regreso a casa, porque a menos que te bajes del coche para ver lo que dicen, no hay manera de saber lo que ponen.

La última invención es el carril bus que aquí anuncian con un letrero que dice “solo3 o más personas en el coche”. El caso es que cuando todo el mundo ha hecho sus carriles bus del lado derecho de la calzada para que los autobuses puedan salir y entrar en sus paradas con más rapidez, en este país, a alguien se le ocurrió poner el carril justo del lado izquierdo, así cuando el autobús llega a su parada, tiene que cruzarse 3 carriles para llegar al lado derecho de la calzada y a la parada.

He oído que ya no es válido el carril y que todos pueden circular, pero yo todavía lo veo pintado y con la señales y no me atrevo a entrar.

Porque aquí, si te para la polícia, y te dice que has cometido una infraccion, entonces, la llevas clara, multa en árabe y retirada de carnet…la frustracción es doble, no entiendes la multa y tu carnet se lo queda el oficial de turno después de decirte que “venga circule, que está obstaculizando”.

Hay cosas que me tuve que replantear al llegar aquí, por ejemplo, mirar al guardia de tráfico. Normalmente, en Galicia, se les mira para que te indiquen cuando puedes avanzar, para confirmar si debes parar…etc. Aquí, he descubierto que cuando les miras, es como un desafio y es un motivo para que te paren y te pidan los papeles. Claro, ante esta circunstancia, uno no sabe muy bien qué hacer, porque si no miras al guardia ¿cómo sabes qué debes hacer?. Pues el truco está en mirarle a las manos e intentar descifrar sus gestos(por ejemplo, abrir y cerrar el puño es avanzar) y poco a poco es otro lenguaje más que aprendes.

El caso es que conducir se convierte en arte de esquivar y predecir qué harán los que te rodean. La ciudad es un atasco continuo, aunque también es comprensible, puesto que no hay más que 3 semaforos para regular una capital que alberga más de un millón de habitantes.

Viajar no sirve para nada

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
9 de abril de 2008 a las 3:46h

Busco billetes de avión para las vacaciones del 1 de mayo en China. Iré a Taiwán a ver a mi novia. Mirando itinerarios y encajando vuelos recuerdo lo poco que me gusta viajar.

Extraño que no te guste –pensarán ustedes–. Vives en China.” Pues sí. Y es que vivir en diferentes lugares me encanta. Aprendo, acumulo experiencias que jamás habría podido tener –padecer a veces, disfrutar las más– en Ferrol. Pero viajar no tiene nada que ver con eso. Al menos viajar en los tiempos que corren.

Las compañías de viaje –y, en realidad, toda la sociedad del bienestar primermundista– siguen vendiéndonos la moto de que viajar es la clase de actividad que convierte nuestro ocio en algo productivo. Se aprende –nos dicen con voz de quien gasta su tiempo en cosas útiles–. Se ve el mundo y –aquí la más peligrosa de las mentiras– se abre la mente.

Le dice Indra -Rey de los dioses y amo del firmamento hindú- a Rohita en el Brahmana:

“¡No hay felicidad para quien no viaja, Rohita!
De tanto permanecer en la sociedad de los hombres,
hasta el mejor de ellos se echa a perder.
Ponte en camino.
Los pies del caminante se transforman en flores,
su alma crece y da frutos
y la fatiga del viaje limpia sus vicios.
La suerte de quien se está quieto no se mueve,
duerme cuando él duerme
y se levanta cuando él se despierta.
¡Ahora vete, viaja, Rohita!”

Qué ciertas y hermosas palabras. Pero responden a una realidad que apenas existe hoy en día, sino a cuando Marco Polo tardaba un año en llegar a Beijing. ¿En qué hemos convertido el viaje? Salimos de casa a la hora X cargados de maletas y cámaras digitales de foto y vídeo. Por el camino, en vez de observar cómo cambia el mundo paulatinamente, cómo las costumbres del hombre varían para adaptarse a un medio diferente al nuestro, dormimos, comemos horrible comida de avión metida en cajas plateadas y vemos la última película de Disney.

Leer el resto de la entrada »

Aturuxo

Escrito por Ana Gónzalez | Desde Génova
9 de abril de 2008 a las 0:40h

Mi primera intervención en este blog es para felicitar a sus creadores, porque somos muchos los que desde cualquier parte del mundo nos conectamos para ver qué pasa en nuestra Galicia, en nuestros pueblos y ciudades. Gracias por pensar en esa Galicia que vive fuera.

Ahora ya me puedo presentar. Según la definición de la RAE sobre emigrante que nos recordó Marisol, me encuadro totalmente en ella. Yo también soy hija, nieta y sobrina de emigrantes. Gentes con muchísimo más valor que nosotros (me refiero en comparación con los jóvenes que hoy salimos de Galicia) porque la vuelta no era segura (cuántas veces habrán dicho, lo de “voy por un tiempo y en cuanto tenga un poco de dinero volveré”, y esa vuelta se ha pospuesto indefinidamente, hasta la muerte), porque carecían de nuestra preparación y tenían un nulo conocimiento de lo que se iban a encontrar. Eran años en los que las comunicaciones estaban en su etapa arcaica. Cuando ahora le enseño a mi madre a utilizar Skype, con una webcam, estoy segura de que a mi padre y a ella, les vienen a la cabeza esas ansiadas cartas que enviaban desde México, con papel tipo Biblia, de cuatro o cinco hojas, y con unos sobres con ribetes azules y rojos (hoy carne de museos). De llamadas telefónicas, ni hablemos, todo un lujo en aquellos años, sobre todo porque en las aldeas gallegas tampoco tenían ese bendito aparato.

Sin embargo, compartimos con ellos esa morriña, el amor por la tierra y los nuestros. Es curioso como el gallego sea uno de los pueblos más pegados a su tierra y que más haya tenido que abandonarla. Y en mi caso, comparto con esos emigrantes la búsqueda de un futuro mejor. Todavía tienen que cambiar muchas cosas para que la preparada juventud gallega deje de emigrar.

En mi caso, estoy en Italia, la bella Italia, concretamente en Génova. País parecido en cultura y lengua. Sin embargo, como habéis dicho muchos de vosotros, el tema de la gastronomía pesa, y mucho. En mi caso, en mi maleta me he traído chorizos de la aldea, bica de Trives, fabada Litoral y bonito del norte. Lástima de la empanda. Así, de vez en cuando me daré el lujo de disfrutar de los sabores gallegos, a tres mil kilómetros de distancia.

Para terminar y hasta la próxima intervención, mi mayor reconocimiento a esos cientos de miles de gallegos que se lanzaron al vacío de la emigración. Enhorabuena a toda esa marea gallega repartida por los cinco continentes que hace posible este blog.

Aturuxo.

Singapur y la comida

Escrito por Miriam Rodríguez | Desde Singapur
8 de abril de 2008 a las 16:45h

food-court1.jpgSi hay algo por lo que destaque Singapur es por la cantidad y variedad de comida que ofrece. Está todo lleno de puestos callejeros y de restaurantes. Pero lo mejor de todo son los food court; son grandes espacios que tienen todo alrededor puestos de comida de todas las especialidades asiáticas que quieras (china, malaya, tailandesa, japonesa, india…) y te cuesta entre 1,5 euros y 4. Vamos, que está tirado y comes genial. Lo que más abunda es pescado, marisco (aunque ninguno como el de la tierra, que conste), arroz y vegetales. Eso sí, hay que tener cuidado porque les encanta echar picante a todo, siempre hay que pedirlo “no spicy”, ¡siempre! Porque aunque tu no te esperes que un cangrejo pueda picar… puede. Y mucho. Aunque yo reto a quien sea a que pruebe alguno de los platos que sirven, sobretodo de comida china…

¿Morriña?

Escrito por Pablo A. Martínez | Desde Vietnam
8 de abril de 2008 a las 11:16h

Ho Chi Minh City, o Saigón para quienes se hayan quedado en las películas de Vietnam. Después de 3 años aquí, la verdad es que no sé por dónde empezar, soy un poco tímido.

Precisamente buscando por dónde empezar, estaba yo leyendo algunos de los blogs de Global Galicia esta mañana; y me he dado cuenta de que hay una morriña generalizada. Una entrada tras otra versa sobre las muchas cosas que se extrañan cuando uno deja el terruño. La comida ¡siempre la comida! Y como no, los paisajes, los sabores, los olores y mil otras bucólicas imágenes que se nos vienen a la cabeza siempre que cruzamos Piedrafita, y en las que nunca habíamos pensado de Piedrafita para dentro.

Y me puse a pensar (nota del escritor: deberías hacerlo más a menudo) que tampoco hay tanta diferencia entre Chinos y Chilenos, Checos y Mozambiqueños, Vietnamitas y Gallegos. Al menos, menos diferencias de las que pudiera parecer.

El que suscribe, gastrónomo “extraordinaire” se ha comido su buen lacón con grelos y su bacalao con coliflor en China, ha preparado empanadas de zamburiñas y callos con garbanzos en Vietnam, ha degustado el jamón serrano en Tíbet, y se ha zampado “bocatas” de chorizo en Londres y se ha tomado café con leche y bollos en Tailandia leyendo La Voz de Galicia.

¿Y qué me decís de los paisajes? Esos increíbles paisajes de Galicia que todos recordamos… ese olor de los pinos mojados en una mañana lluviosa de otoño…en Canadá; o ese incesante romper de las olas en los acantilados….de Sudáfrica; esos campos verdes e infinitos de…Irlanda, y esas playas interminables de… Camboya.

Al final, todo depende del viajero, de su capacidad y voluntad de adaptarse, de aprender a disfrutar de las particularidades del lugar en el que le ha tocado vivir, sin renunciar a lo que considera propio. Y en este tiempo en el que vivimos, tan distinto del que nuestros padres y abuelos emigrantes tuvieron que vivir, no es necesario renunciar a estas pequeñas cosas. Ya llega con renunciar a la familia y a los amigos….

La próxima vez cuento como me ha ido con Sardá y su Dutifri comiendo escorpiones en Saigón…

Tengo unas zapatillas blues para as festas

Escrito por Lucía S.| Desde Ile-de-France (Francia)
7 de abril de 2008 a las 21:41h

O la historia de cómo se puede ser gallego habiendo nacido fuera de España.

Pues como muchos otros gallegos, que nuestros padres se fueron al extranjero por tema de trabajo, y por ahí nacimos.

En mi caso, nací en los Estados Unidos en el 81, dónde viví hasta tener casi 4 añitos. Y de ahí, fuimos a Galicia, pero no por mucho, porque al poco, por trabajo otra vez, fuimos a la provincia de Cádiz y mis primeros recuerdos de Galicia son la huerta de mi abuela, su perra tuerta Mori (que en paz descanse), algunas vacas por ahí, muchísima lluvia, un jamón gallego salado de más, cocina de leña con un olor que aún no olvidé, la iglesia del pueblo, mi familia o las fiestas del patrón.

Pero claro, con casi 4 añitos, una ya habla y esas cosas, y yo pues hablaba un digno mejunje de español, inglés y gallego. Muy mono, pero no muy práctico cuando tu profesora te intenta explicar que un color no es red, sino rojo (y encima te castiga porque no te enteras).

Hasta los 18, viví en el Puerto de Santa María, en Cádiz, que la verdad, mientras sigue siendo España, pues es bastante diferente. Eso sí, el veraneo en Ares (A Coruña), que no falte, para ver a los abuelos, los tíos, los primos, los primos de los tíos, los hermanos de los abuelos, los sobrinos de los primos, y así puedo seguir. Veintiséis años, y todavía no soy capaz de aprender más allá de los familiares directos y de los que viven al lado de la casa de la familia.

Después de los 18, pues estuve un año en Galicia, intentando estudiar química con una beca para hijos de gallegos migrados, pero entre muchas cosas, aprendí que la química no era lo mío ni de lejos.

Luego, otra vez por el trabajo de mi padre, fuimos para Bélgica unos años, también estuve casi un año en Dinamarca, y ahora trabajo en Francia, donde ya llevo casi dos años y parece que aún me queda un rato. Procuro seguir la tradición familiar de veraneo en Ares, que si no, no parece verano.

La verdad es que Galicia, no la habré pisado mucho, pero es que al final del día, las cosas no huelen, sino que cheiran, no doy besos, sino bicos, y una de las primeras canciones de mi infancia que recuerdo tratan sobre frailes mexando y ratas peludas. Por lo visto según mucha gente de otras partes de España y del extranjero, también tengo la habilidad de cuando me hacen una pregunta, responder de la manera más indirecta posible, o con otra pregunta. Y pienso que emigrar es también bastante gallego, solo tengo que ver a mis padres, o a mis abuelos, o a muchos otros familiares.

Como homenaje a mi familia y amigos, parte fundamental en todo esto, y también, un poquiño como autorreflexión, iré escribiendo mis historietas pasadas y por venir, siempre que el trabajo me lo permita.

Biquiños a todos.

P.D: La historia de las zapatillas blues es totalmente verídica. Que se lo pregunten a Custodia, que era vecina nuestra, que no se enteró de nada la pobre.