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Los alumnos chinos y el azar

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
19 de abril de 2008 a las 9:01h

Tras cuatro semestres enseñando expresión escrita en China he de afirmar que ser profesor en este país es fácil. Los alumnos son aplicados, obedientes y bien dispuestos. Sin embargo, tienen un pequeño punto débil: les aterroriza improvisar en el aula. Cualquiera que conozca la facilidad con la que los chinos se echan a cantar o hablar en público sin reparos se extrañará ante este hecho, pero para los alumnos chinos el aula es un espacio de estudio y sacrificio y no de esparcimiento (aunque los teléfonos móviles estén poniendo en crisis esta forma de comportamiento).
Uno de los métodos que prefiero a la hora de hacer escribir a mis alumnos es introducir en los requisitos de la redacción elementos que ellos no hayan podido prever antes de comenzar el ejercicio. De este modo, los estudiantes se ven en la obligación de echar un pulso con la lengua española y solamente cuentan con los recursos que les proporcionan sus capacidades lingüística, por un lado, y creativa, por otro. Al ejercicio de escritura se le añade el ejercicio de improvisación.

Una de mis actividades favoritas se llama “el poema de las siete palabras.” Cada alumno ha de utilizar una cuartilla en blanco y escribir una palabra en ella. Una vez hecho esto, pasan el papel a su compañero de la derecha, quien ha de escribir otra palabra sobre la hoja. El procedimiento se repite hasta que en cada cuartilla haya escritas siete palabras. Entonces, por última vez, los papeles se pasan una vez más a la derecha.
De este modo, cada alumno tiene en su poder, al terminar, una hoja con siete palabras que no ha escrito. Una vez que han buscado los significados de las que les resulten desconocidas, cada uno procederá a escribir un poema que incluya todas y cada una de las palabras que le han tocado en suerte. Para ilustrar el ejercicio descrito, expondré algunos ejemplos escritos por mis alumnos hace unos meses:

Poema de Agustín
Palabras: olivo, paloma, matar, edificio, odio, desayunar, muerte.
El edificio cayó cuando pasé a su lado, me mataron. / La muerte se me llevó la vida al otro mundo. / No tengo odio pero lo que me molesta es que no puedo desayunar más. / Porque el desayuno de mi madre es suculento… / Ojalá un día una paloma con la rama de olivo venga, / me dirija a mi propia casa de nuevo, / no sufra la vida triste en el infierno.

Poema de Gracia
Palabras: hermoso, joven, libro, chino, mirar, silla, competencia.
Los pétalos están cayendo, / volando en la lluvia y el viento. / ¿Quién todavía recuerda la competencia entre las flores / en primavera? / Al oír la lluvia caer en la ventana, / una joven hermosa mira hacia fuera, / deja el libro antiguo chino, / se levanta de la silla / y sale con una azada para flores y un paraguas, / también un suspiro suave de tristeza.

Poema de Lola
Palabras: ecuador, casa, bailar, pluma, rabo, ocho, estrella
El ecuador divide la tierra en dos hemisferios, / pero el amor los une. / La inundación convierte todas las casas en ruinas, / pero el amor las reconstruye. / Con el amor el bailarín puede bailar / la mejor danza en el peor escenario. / Con el amor el escritor puede escribir / el mejor artículo con la peor pluma. / Sin el amor todos los animales perderían sus rabos. / Sin el amor todas las estrellas desaparecerían / y yo creo que todo el mundo está de acuerdo / con estas ocho oraciones.

Poema de Rocío
Palabras: Finlandia, estrella, lotería, luna, enfermedad, cielo, morir.
Finlandia, mi patria. / Es para mí una lotería / poder ver tu cielo / tan azul y limpio, / con las estrellas, / con la luna. / Sin enfermedad, me moriré / en paz / recordando mi patria.

Poema de Marcela
Palabras: Mágico, matar, árbol, amor, lenguado, imaginación, saltar
Un árbol y un lenguado se enamoran. / Es un lenguado mágico. / Ama al árbol por su cuerpo recto, / por sus hojas verdes. / Es un árbol guapo / pero es ciego, no tiene ojos / ¡qué pena! / Menos mal que tiene mucha imaginación: / imagina la cara del lenguado, / imagina su piel, / imagina su cola y aleta. / Sin embargo / no pueden tocarse / no pueden besarse. / Un día / el lenguado decidió hacer algo para su novio. / Él saltó sobre el mar / y voló hacia el árbol. / Sí, el se suicidó / y murió en los brazos de su novio. / Antes de dejar de respirar / el lenguado dio sus ojos al árbol / como último regalo.

poema de Penélope
Palabras: Lujo, aprender, cerdo, bien, árbol, flor, lugar
Agradezco a mis padres que no me hayan criado / como a un cerdo. / ¡Huy! ¿Qué sería de mí si fuera un cerdo? / No podría aprender –eso está bien. / No podría oler las flores –eso también está bien. / No podría entender qué bonito lugar es el mundo –está bien. / Lo importante es que no podría trepara a un árbol / porque es un lujo con las piernas cortitas de un cerdo. / Pero lo puedo hacer fácilmente / porque soy un mono orgulloso.

Poema de Santiago
Palabras: Suiza, elegante, antigüedad, lápiz, sobre, nieve, abuela
En la antigüedad suiza / vivieron muchas personas extraordinarias, / sobre todo una elegante abuela / que con sus lápices de nieve / pintó un país bonito: /Suiza.

 

¿Qué les parecen? Cada vez que hago esta actividad la empiezo pensando que va a resultar demasiado difícil para los estudiantes, y cada vez me sorprendo, al corregir, de la capacidad lingüística que han adquirido en tan poco tiempo. Piensen que estos poemas los escribieron en noviembre, apenas un año después de haber comenzado a estudiar español. Y no solamente tienen una buena comprensión de la lengua, sino que además demuestran un gran sentido del humor. ¿Qué me dicen de la elegante abuela de Suiza, del mono orgulloso que agradece no haber sido criado como un cerdo, o del muerto que echa de menos los desayunos de su madre? Por no hablar de los ecos clásicos del poema de Gracia, que demuestra tener grandes dotes para la lírica.

Soy un afortunado. Cada vez me lo paso mejor en mi trabajo.

‘La colmena’, retrato vivo de la posguerra madrileña

Escrito por Manuel Ríos | Desde Madrid
18 de abril de 2008 a las 18:11h

hospicio.jpg“No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante”. Así inicia Cela el resultado de los cinco años de trabajo que dedicó a La colmena.

La novela resulta ser un retrato vivo y en movimiento de la mísera sociedad del Madrid de la posguerra, el reflejo de la cotidianidad de la vida, una vida resultado del conglomerado de cientos de vidas que se cruzan, las vidas de unos seres infelices acosados por la pobreza y por el hambre, asfixiados por la urgencia del día a día, cargados de luces y de sombras, incapaces de realizarse como personas, desilusionados, insatisfechos, desamparados, angustiados, resignados, contradictorios, insolidarios, enfermos, víctimas de la inercia, del racionamiento, del estraperlo y del miedo a ser delatados. En fin, unas vidas sin futuro que caminan a salto de mata y a las que, a menudo, la realidad obliga a dejar a un lado compromisos y moralidad.

En el lapso de tres días, don Camilo sitúa el grueso de la acción en el entorno limitado por tres calles céntricas y conocidas, incluso para los no madrileños, como son Fuencarral, San Bernardo y Gran Vía. El devenir de la obra se sitúa en establecimientos que la evolución y el tiempo trasladaron al mundo virtual. Ello no es óbice para que el Madrid de la novela apenas sufriera cambios en la permanente transformación que experimenta la urbe.

Traducida a multitud de idiomas, La colmena es para Cela la “crónica amarga de un tiempo amargo”; para el mundo, un espejo al que asomarse para atisbar el Madrid de aquellos años.

(Imagen del viejo Hospicio madrileño, sito en la calle de Fuencarral, hoy Museo Municipal, procedente del Banco de Imágenes y Sonidos)

A Mangas Verdes le gusta GG

Escrito por Carlos Agulló
18 de abril de 2008 a las 13:04h

mangas.jpgMangas Verdes es uno de los blogs de referencia en español. En Wikio, por ejemplo, aparece en el cuatro puesto del Top Ten. Pues bien a Manuel Almeida, que es su autor y además subdirector del periódico Canarias 7, le gusta Global Galicia. Hace unos días añadí un comentario en su blog para invitarlo a conocer esta iniciativa y ha respondido con un post que nos llena de orgullo. Y que, claro, va dedicado a todos los que le dais contenido a este blog colectivo de La Voz de Galicia. Cuenta Manuel que no descarta hacer algo parecido en su periódico, porque no olvidemos que Canarias es también tierra de emigrantes. Estaríamos encantados de tener colegas en la blogosfera.

Mira la cara, cara, que es la tercera (¿y esa cómo era?)

Escrito por Lucía S.| Desde Ile-de-France (Francia)
17 de abril de 2008 a las 21:43h

Hola de nuevo.

Antes de nada quería agradecer los comentarios que me habéis dejado algunos. También dar gracias a mi amigo Santi-kun por sus elogios tan bonitos. Tendrás que llevarme a Muxía.

Cómo ya mencioné en mi mensaje anterior, he pasado una gran parte de mi vida en Andalucía, desde que llegue de los Estados Unidos con casi 4 años hasta los 18. Parece simple, pero la verdad que me sigo sorprendiendo de las diferencias que puede haber.

Obviamente el folclore influye mucho, sobretodo cuando la Feria de Abril, vas con todos tus compañeros de instituto y te das cuenta que este año te has vuelto a olvidar de como se bailaban las sevillanas porque la última vez que las bailaste fue la feria del año pasado. Gracias a Dios, la gente es comprensiva y te hacen un cursillo acelerado con él que puedes dar el pego por un ratito y luego se te vuelven a olvidar.

Cuando era pequeña no se notaba mucho el tema, porque muchos de mis vecinos también eran hijos de gallegos, y encima, como tenía el traje de gallega, cuando tocaba vestirse de pastorcitos para el espectáculo de Navidades, ¡ya tenía el traje!, aunque a los andaluces siempre les llamé la curiosidad. Fue cuando tocó ir al instituto, que todos estaban lejos de donde vivía que empecé a estar en contacto directo con los andaluces.

Primer día, te pregunta el profesor que de dónde eres y llegan a ti y sueltas “Mis padres son gallegos”, pero no se conforman, no, ¡quieren más! y es ahí cuando confiesas que naciste en los Estados Unidos, y en ese momento algunos ya tienen carnaza para todo B.U.P y C.O.U cuestionando la veracidad de tus orígenes y si eres gallega, americana, andaluza o nada de nada.

Por algún motivo, algunos siempre me andaban dando la vara con la leche de cabra por ser popular en Galicia como sus cabras (aún me pregunto de dónde se sacaron eso). Luego en las clases de lengua y literatura, si tocaba recitar un poema o algo así, Lucía siempre tenía que recitar Rosalía de Castro en gallego (“Follas Novas” para ser concretos), para gozo y disfrute del profesor. También recuerdo interrogatorios aleatorios de los compañeros exigiendo que dijese algo en gallego, aunque con la presión nunca lograba recordar nada más que “pataca” y algunos incluso me llamaban pija porque pronunciaba en ocasiones las eses cuando hablaba. Y por supuesto, en las fiestas donde todos tenían que traer comida, a mi siempre me tocaba traer empanada (la verdad es que mi madre las hace muy ricas).

Obviamente, no es que fuese así cada día de mi vida ahí, pero no eran cosas eventuales, desde luego muchos septiembres fueron así. Curiosamente, a la gente le parecía súper andaluza cuando iba de vacaciones a Galicia en verano.

Antes de acabar por hoy, a petición popular, voy a concretar la historia de mis zapatillas blues. Al poco de llegar a Andalucía, coincidió con la feria al lado de mi casa. Mi madre me compró unas zapatillas azules, que se ve que me gustaron mucho. Acto seguido fui a la casa de Custodia, nuestra vecina, y le solté la frasecita. La pobre mujer no entendió una. Por lo visto también decía muchas cosas al estilo “vestido de cortas mangas”.

Biquiños para tous.

Micromachismo

Escrito por
17 de abril de 2008 a las 20:11h

459950358_91b6d653251.jpgEl médico español Luis Bonino Méndez, especialista en masculinidad, llama micromachismo a las prácticas de dominación masculina cotidianas e imperceptibles que se dan en el orden de lo “micro”. Incluye en el neologismo la palabra “machismo”, porque alude en el lenguaje popular a una connotación negativa de los comportamientos de inferiorización hacia la mujer, que es lo que él trata de destacar con el término.
He leído varios artículos sobre el tema, la verdad estoy muy preocupado, hablan del micromachismo como una forma del hombre para mantener una pérdida de status quo, ya sea bien por pérdida de poder adquisitivo en relación con “la parienta” o bien desequilibrio salarial. Llegados a éste punto y con la preocupación lógica, hice la pregunta del millón: cariño ¿tu crees que tengo alguna vez comportamiento machista?,y acongojado espero la fatal respuesta,-mmm pues no sé cielo a veces los hombres…ya sabes tenéiss constumbres raras…-uf respiro aliviado. Mi Sra. se levanta muy temprano, a eso de las seis de la madrugada,(deberían hacerle un monumento) siempre intento ayudarla en las tareas de la casa, pero confieso que en cierta manera soy un inútil para algunas de esas tareas. Hoy le he prometido que le ayudaré más y le prometí no convertirme algún día en un MICROMACHISTA. Los que vivimos fuera de nuestra tierra (en mi caso, tenemos una niña de nueve años) debemos de compartir los quehaceres diarios porque no tenemos ayuda familiar léase suegra, abuela, etc. Que suerte tengo de tener una compañera como la que tengo, es amiga, mujer, esposa, madre y trabajadora, creo como dije antes que a todas las madres, abuelas, suegras, etc. deberían de hacerles un monumento pero bien grande. Saludos.

Una gallega formando parte del Carnaval de Tenerife

Escrito por Marian Otero | Desde Canarias
17 de abril de 2008 a las 20:03h

Cuánto tiempo sin escribir aquí! Espero no volver a tardar tanto.

tom-carby.jpg

Hoy voy a contar mi experiencia como Carnavalera. Como bien sabemos todos, el de Tenerife quizá sea el Carnaval más importante de Europa (cosa que negarán los de Las Palmas, jeje). Después de cuatro años disfrutándolo desde fuera, el año pasado decidí entrar a formar parte de él.

Me apunté en una murga, Clónicas. Una murga es un grupo de personas (mínimo 35) que cantan temas compuestos con la música de canciones conocidas pero que la letra cuenta los problemas que hay en la isla, criticando, pidiendo o simplemente haciendo humor, pero siempre con letras propias. Las murgas son femeninas o masculinas, y este año se estrenó una mixta.

Es alucinante sentirte parte de algo tan importante. En septiembre empiezas los ensayos, en principio dos días en semana, y mes a mes vas ampliando hasta que un mes antes de Carnaval ya vas de lunes a domingo, siendo mañana y tarde en los fines de semana. Es muy sacrificado, eso sí, pero cuando te subes a un escenario con tu disfraz y ves a miles de personas cantando y bailando tu pasacalles y despedida contigo, aplaudiendo tus críticas y felicitándote al bajarte del escenario, no te arrepientes de haber vivido 6 meses de tu vida sólo para tu murga.

El Concurso de Murgas es lo más grande que hay aquí, después de la Gala de la Reina claro. La gente duerme en las taquillas durante dos días para comprar entradas, y el día de la Gran Final, la gente duerme en la puerta desde el día antes para coger un buen sitio. Es alucinante. Llevan pancartas con el nombre de esa murga, se compran el suéter, la gorra, camiseta, lo que haya, cantan contigo… Durante todo el Carnaval hay varias actuaciones y Cabalgatas en diferentes municipios de la isla, donde quieran contratarte vamos, jeje.

Yo con las Cabalgatas disfruto muchísimo, es alucinante ir desfilando y que la gente te pida parar para hacerse fotos contigo!!! El reconocimiento del público es sin duda lo que más compensa todo el sacrificio que supone estar durante 6 meses viviendo sólo para el Carnaval. Para que os hagáis una idea, nuestra primera actuación fue el 21 de enero en el concurso (sin contar las actuaciones previas en cenas y presentaciones), y la última actuación oficial la tuvimos el 16 de marzo en Lanzarote!!!, una semana antes de Semana Santa. Son dos meses a tope de actuaciones, desfiles y de todo, pero compensa, vaya si compensa…

Por hoy no me enrollo más, adjunto una foto mía en uno de mis días de murga de este año, en la que aparezco con el premio que nos dieron este año, el Tom Carby.

Saludos!

Triste despedida

Escrito por Yoly Díaz Valdés | Desde Holanda
17 de abril de 2008 a las 15:28h

Ser gallego no se elije, simplemente se lleva en la sangre…y por eso la morriña no es sinónimo de melancolía… morriña….es simplemente morriña.

Nacida en Holanda…y por es razón una de las fieles defensoras de la opinión que uno es de donde se siente y no de donde nace…y más siendo gallega, de esto no cabe duda.

Podría escribir durante horas cómo se echa de menos todo de Galicia al estar lejos…pero decidí simplemente explicar con unas palabras escritas por mí como se siente un gallego al tener que volver al despedirse de su tierra…

Siento como el avión se levanta del suelo, sé que con ello me voy alejando de ti mi Galicia querida, a cada segundo que pasa yo me alejo más y más de mi sueño. Esperaba nunca despertar pero como siempre…ha llegado la hora de despertarse y montar en este avión rumbo a Holanda…el país que me vio crecer, que me dio muchos felices momentos…pero jamás consiguió llegar a mi corazón…

Abrochar el cinturón me desgarra el alma, soy consciente de que con ese gesto renuncio a pasar más tiempo aquí, en el único sitio donde realmente me siento entre mi gente.

Me duele, me duele y lloro sólo con pensar, sólo con pensar que estaré tan lejos…de mi Monforte querido

Volveré a contar los días, para de nuevo poder soñar despierta, quiero hablar de todo el tiempo de ahí para que no se me olvide que todo ocurrió. Quiero volver a tener arañazos de toxos, quiero volver a tocar una barra de pan y decir lo rico que está,  quiero volver a mirar a lo lejos y ver montañas… quiero volver estar ahí… en mi paraíso particular.

Contenta por lo vivido y descolocada por la vuelta a la vida sin mi tierra. Pienso volver pronto, lo tengo claro.

De nuevo echaré de menos la familia, echaré de menos la tranquilidad… y llevo más tiempo echándolas de menos del que he podido disfrutar de ellas. De nuevo me pierdo una y otra vez en el saco de recuerdos que siempre llevo a cuestas, y una y otra vez hundo mi mano en mi memoria para sacar a relucir otro momento irrepetible en mi vida. Lo echaré de menos. De nuevo sentiré esa necesidad de gritar que solo es una forma de ocultar que lo que realmente necesito es estar ahí.

A veces tendré ganas de llorar, a veces de reír, a veces de olvidar, a veces de recordar. A veces me apetecerá salir a la calle para buscar en cada esquina algo que me haga olvidarme algo de Galicia y su gente, y a veces me quedaré en casa, el único sitio donde ‘cheira’ a Galicia… Otras veces, en cambio, seré consciente de que ninguna de las dos cosas anteriores tienen sentido. . .

Me estoy despidiendo y ya la echo de menos…

                                        

¡Feliz año nuevo!

Escrito por Miriam Rodríguez | Desde Singapur
17 de abril de 2008 a las 14:33h

No me he vuelto loca, es que este fin de semana he celebrado en Tailandia el año nuevo budista. La gente acude a los templos para rezar y tienen la tradición de bañar a las estatuas de Buda con agua; y luego por las calles está todo el mundo echándose agua y jugando. En los puestos en la calle venden pistolas de agua y todo el mundo participa de la fiesta, de los más pequeños a los más mayores. La verdad es que aunque no quieras participar, acabas empapada de arriba a abajo. Lo mejor de todo es que aunque Bangkok está lleno de turistas, la fiesta sigue siendo algo local, algo propio y único. La verdad es que entre el año nuevo chino, el año nuevo budista… ¡¡no paro de celebrar el año nuevo!! Por cierto, en Tailandia van con el calendario budista, así que están más de 500 años adelantados al nuestro. Así que lo que he celebrado ha sido el año 2.551 (año arriba, año abajo). 

Hasta la vista, Luis

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
17 de abril de 2008 a las 13:26h

Quizás suene extraño, pero si me preguntan que palabras describen China para mí, entre las primeras diez aparecerían, sin lugar a dudas, México, Alicante, Japón, Dinamarca y Madrid. Son los lugares de origen de mis amigos más próximos en esta vida del exilio. Uno de ellos, Luis el madrileño, se ha marchado esta mañana a su casa, dispuesto a trabajar por unos años en la empresa de su padre.

Luis habla un chino excelente, además de dominar el francés y el inglés. Ha vivido también en Londres, París y Chicago, y su novia, encantadora y muy guapa, es tailandesa. Con menos de treinta años –anda entre los veinticinco y los veintiocho, no estoy yo muy seguro–, es todo un ciudadano del mundo. Le apasiona la cultura china, y pretende volver en cuanto pueda escapar de los compromisos familiares, a los que acude gustoso, como buen hijo, pero triste por tener que abandonar su hogar, que él considera en China.

Luis es una de estas escasas personas que echa una mano a la gente sin preguntar. A mí me consiguió piso sin apenas conocerme, y me ha ayudado cada vez que ha surgido algún problema: que si la caldera rebosa, que si tengo que pagar una factura y no sé dónde, que si se ha plantado un chino en mi casa y yo no le entiendo ni jota. Llamadita a Luis, y Luis contesta alegre y encantado de ayudar. A pesar de que me he visto con él menos que con otros amigos, le he tomado ley.

Cuando uno vive en China, tiene un trabajo-beca con fecha de caducidad y se relaciona con estudiantes y trabajadores jóvenes que caen por aquí con la intención de hacer méritos y ascender en sus empresas, está acosumbrado a ver que la gente va y viene. Con algunos se mantiene el contacto –mi querida Chiaretta, la italiana más divertida del planeta, blanca como un filete de pollo y desolada, estos días, por la victoria de Berlusconi–. Pero son siempre los menos. Uno se hace, cómo no, a las relaciones temporales, a los camaradas coyunturales, compañeros de té, clase o cerveza –no es mi caso, que apenas salgo–, y les ve marcharse con una mezcla de tristeza ligera y aceptación de lo inevitable: hoy se van ellos y mañana seré yo el que se largue de aquí como llegó, en un taxi destartalado y sin saber bien qué va a suceder a continuación.

Espero sinceramente que con Luis no pase esto. Ayer no conseguí despedirme de él, y he soñado que me lo encontraba al pie de un autobús a punto de partir, agobiado porque no podía subir él solo todas las maletas. Mi inconsciente ha querido decirme, creo, que lamento de veras no haberle dicho adiós. Este inconsciente mío, como el de todos, a veces dice cosas que yo ya sé sin su ayuda.

Le he llamado esta mañana, de camino al trabajo. Él me ha contestado desde el taxi que iba al aeropuerto. Hemos quedado en que nos vemos este verano en Madrid, y voy a hacer todo lo que esté en mi mano porque se cumpla la cita. En esta vida que llevo de relaciones fugaces uno tiene que agarrar, aunque sea por los pelos, a la gente que de verdad merece la pena.

Y con pena recuerdo hoy las charlas con Luis, las noches en el Nepalese o el Makawai –pocas, pero buenas–, el subir al undécimo piso de mi edificio y encontrármelo, con muchas prisas y la cabeza llena de pájaros, bien dispuesto, como siempre, a contar y escuchar historias, dos cosas que hace muy bien.

No pasa nada. Faltan solamente tres meses para que nos enontremos en el Foro. Y además, ¿no estamos en la era de la informática? Si algo tiene de bueno la globalización es que uno puede tener amigos, y de los buenos, viviendo la otra esquina de este mundo que, hoy más que nunca, es un pañuelo.

Sistemas educativos

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
16 de abril de 2008 a las 1:50h

Dibujo en la pizarra

Las diferencias entre el sistema educativo chino y el español son notables. A veces en mi trabajo me topo con situaciones que me impresionan negativamente, pero son, con mucha diferencia, las menos. Una de las que me agradan es la diferente actitud de la mayoría de los alumnos y de sus familias.

Recuerdo que dos o tres semanas después de llegar a China, en septiembre de 2006, viví una situación que me dejó perplejo. M., mi compañera china de trabajó, que ahora completa su formación en Alcalá, me había hablado de algunos alumnos vaguetes que se iban a ver obligados a repetir curso. Un mediodía, mientras comíamos, M. recibió una llamada y se pasó un buen rato a teléfono. Al acabar me explicó que que era la madre de uno de esos alumnos de los que me había hablado, para… ¡pedirle perdón por no conseguir que su hijo estudiara más! La mujer estaba arrepentida de no haber seguido más de cerca a su hijo. Increíble para un profesor español, que lo que se encuentra de vez en cuando son papás que preguntan airados las razones de que su chaval, listo entre los listos, haya suspendido –en ocasiones incluso de malas maneras–.

En la universidad donde trabajo, por ejemplo, los alumnos son responsables únicos de la decoración y la limpieza del aula donde transcurren sus clases. Ellos barren, friegan, recogen los desperdicios y llenan las paredes de collages y carteles de aliento al estudio. A veces éstos suenan a programa socialista (¡Viva la juventud!, o China y España, hermanas, por ejemplo), pero son siempre de una inocencia sorprendente. Las clases reflejan, desde luego, el carácter de los estudiantes del cada grupo, por lo que algunas están menos limpias y bonitas que otras, pero nunca llegan a mostrar abandono. Creo que es una magnífica idea responsabilizar a los alumnos de tales menesteres: cansados estamos en nuestro país de ver niños que piensan que ensuciar es un derecho porque siempre hay alguien a que recibe dinero para recoger lo que tiran.

Ayer mis alumnos terminaron de sorprenderme. Llegué a clase y me encontré el cuadro que aparece en la foto dibujado en la pizarra. Les pregunté qué era y me respondieron que un regalo para el profesor L.

El profesor L. es un hombre que pasa de los 65, y que daba clase en otra importante universidad de China. Cuando se jubiló, le pidieron que se hiciera cargo del recién inaugurado departamento de la Universidad de Dalian. En lugar de disfrutar de su bien merecido retiro, aceptó. Y lo hizo por amor a la docencia, a la juventud y al español. Y a su gente, claro, porque en China todavía creen en eso de aportar algo al país, aunque cueste sacrificio. El profesor L. ha hecho un trabajo magnífico: en ninguno de los centros docentes donde he trabajado los alumnos aprenden mejor. El nivel es excelente y el ambiente del departamento inmejorable.

Los alumnos de segundo se van el año que viene al extranjero. Se repartirán entre España y Cuba. Son unos setenta, y el profesor L. se ha encargado él solo de la tramitación de sus documentos. El dibujo de la pizarra ha sido una forma, barata y sencilla, pero muy sentida, de agradecerle su esfuerzo.

Quizá todo esto les parezca a ustedes una ñoñería, pero cuando uno está en esto de la docencia por vocación y ve que los alumnos son capaces de valorar así el esfuerzo de un profesor, se siente motivado y feliz por haber escogido este trabajo. El detalle de los chicos me ha sorprendido tanto que he querido compartirlo con ustedes. Sé que en Galicia más de un profesor sentirá algo de envidia. Sana, eso sí.