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Entradas para la categoría ‘México’

Deportes de Riesgo

domingo, junio 1st, 2008

Si al nacer te lanzaste desde el claustro materno al vacío haciendo “puenting” con tu cordón umbilical; si eres de los que se arriesgan mezclando la ropa blanca y la de color; si aparcas en zona azul sin miedo a las represalias de los agentes de la autoridad; si a ti la adrenalina te gusta servida en vaso de tubo… Entonces, te invito a una nueva experiencia que sobrepasa todo lo que nunca jamás haya experimentado un ser humano que siga vivo para contarlo. ¿De qué se trata?

Ser peatón en Guadalajara.

Experimenta el vértigo de los retrovisores de los autobuses acariciando tu cabello; la emoción de cruzar un semáforo en Avenida Vallarta con Juan Palomar y Arias; el chute catecolamínimo de ver a una camioneta acercándose acelerando ante la excitación de poder atropellarte; la indescriptible sensación de respirar el aire plagado de metales pesados en el calor sofocante de mayo mientras los conductores le observan cómodamente desde el interior de sus vehículos perfectamente estacionados en medio del paso de peatones que pretendes cruzar; el amenazante sonido de los motores en el instante inmediatamente anterior a que el semáforo se ponga en verde.

Oferta restringida a Menores de 35 años en buen estado físico. Se requiere pasar test psicotécnico y tener seguro de vida en beneficio de la Mutua de Conductores de Guadalajara. 

Definitivamente…esta no es ciudad para peatones!

La Primera Impresión

martes, mayo 6th, 2008

degollando.jpg La vida fluye por las calles del centro de Guadalajara en forma de puestos de tacos, coches, vendedores ambulantes, predicadores, limpiadores de botas (boleros), mendigos, familias supernumerarias, bullicio, ruido…Es la agitación frenética de un país joven, un tanto anárquico aún, que vive en una particular mezcla entre la tradición hispana y la “gringa” (o “gabacha”, como ellos dicen).  Por un lado la familia extensa y el gusto por la vida en la calle, en las cafeterías, propia de las cultura latina; por el otro, el culto del consumo y del éxito personal encarnado en coches caros y apartamentos en Providencia (una de las zonas “nice” de la ciudad).

Me he venido a vivir por un período inicial de cuatro años y hace sólo unos días que llegué. La ciudad se abre ante mis ojos como un tablón de anuncios lleno de ofertas. Realmente, América sigue siendo una tierra de oportunidades donde la barrera entre la riqueza y la bancarrota es mucho más tenue que en la vieja Europa. La visión del Estado como un paraguas protector que te mantendrá cuando seas lo suficientemente viejo como para habértelo merecido no existe ni a nivel de espejismo y la vida laboral es un período en el que acumular bienes para vivir holgadamente en esos últimos días.

No quiero ser osado con mis conclusiones, desde luego. Soy consciente de que aún me queda mucho por aprender, muchos golpes que recibir y grandes momentos por vivir en esta estancia.

 La globalización nos acerca, sin duda, pero afortunadamente todavía no es exactamente igual estar aquí que en cualquier otro lugar del planeta. Es posible que la economía de mercado y la MTV lo consigan, pero por ahora creo que merece la pena vivir una experiencia como esta.

Temblores

lunes, abril 28th, 2008

Hoy, a eso de las siete de la tarde, tembló. No hubo alerta sísmica porque no sobrepasó el límite para que así fuera. Una vez más, yo no me enteré.
Desde que vivo aquí, son ya varios los temblores que hubo. Siempre con la misma constante: Eva no se entera.

En una ocasión estaba hablando por teléfono con una señorita de una escuela que me dijo “¿Me puede marcar en veinte minutos? Es que está temblando y tengo que evacuar el edificio.” Yo alcancé a decir “¿Temblando dónde?” Una voz desde el cuarto dijo “Aquí, está temblando aquí, ponte debajo de la puerta.” Eso fue lo que hice, no sin antes añadir que no me había dado cuenta.

Otro día, ya de madrugada, estaba en el ordenador trabajando. En la puerta de casa hay colgando un móvil con una pieza de metal que cuando alguien llama y al abrir y cerrar suena. Y sonó sin que nadie la abriera o cerrase. Yo me levanté extrañada, pensando que a semejantes horas sólo podía ser un vecino. Pero me mareé y antes de poder asomarme a la mirilla, la misma voz del cuarto que yo ya hacía durmiendo me observaba desde la puerta de la habitación “¿Que no sientes que estás temblando? Esta vez es fuerte. Ponte debajo del marco de la puerta.” “Me siento mareada.” “Es del temblor, anda y ven aquí”. Y fui. Un ratito después sí que tocaron en la puerta. Era el vecino de enfrente que venía a preguntar si estábamos bien. Él había bajado a la calle por si acaso con todos sus niños y su esposa, y ahora la procesión de pijamas subía las escaleras de regreso a la cama. Ese día me asusté mucho y no precisamente por el temblor, sino por no haberme enterado.

Hoy pasó lo mismo. Sólo que yo estaba en el cuarto. Y la misma voz de siempre desde la sala me dijo “Está temblando. No se siente muy fuerte pero ponte debajo del marco de la puerta.”

Los marcos de las puertas son curiosos. Yo antes no los tenía tan en cuenta en mi vida. Al parecer son cruciales en los terremotos.

Ironías de la vida o casualidades o señales, a saber, cada cuál que lo interprete como guste, cuando México tembló en el 85 en mi casa estuvimos muy pendientes porque uno de mis tíos estaba precisamente aquí.
Fue un terremoto de 8.1 en la escala de Richter, teniendo varias réplicas, una de ellas al día siguiente con una intensidad de 7.9 en la misma escala.
Aquella mañana del 19 de septiembre del 85 mi novio tenía 7 años y vivía con sus papás en el piso trece de un edificio de veinte. En tales circunstancias creo que yo también me hubiera enterado.

Perdone, señorita.

lunes, abril 14th, 2008

“¿Vas a ese sitio que sale tanto en las noticias?” pregunta mi madre al otro lado del teléfono.
“Voy a esa zona, pero no a la ciudad.”

En la región mixteca de Oaxaca. Hace año y medio. En una comunidad de las montañas. Después de hablar con el maestro de la escuela nos reunimos en el patio con los alumnos. Platicamos con ellos. Me toca contar un cuento. El Sol aquí tampoco es implacable. Risas. Preguntas. Temor. Curiosidad. Carcajadas minúsculas como músculos de corazón.

Al final, uno de los niños más chiquitos se me acerca.

“Perdone, señorita, ¿puedo pedirle un favor?”
“Pues claro.”
“¿Podría hablar nomás un ratito normal, así como yo?”

Porque somos así

viernes, marzo 28th, 2008

Yo sé que el picante es patrimonio de todas las culturas del mundo. Es más, en una ocasión, un pimiento de Padrón casi me deja efectos secundarios, porque el picor de todos los que comí ese día se concentró en uno solo que me hizo llorar como solo se llora en las despedidas.

Yo vivo en la bulliciosa ciudad de México, en el Distrito Federal y aquí el picante es la alegría de todas las salsas. Tras dos años, con una gastronomía tan variada cuya base es la harina de maíz, es difícil no admirar los chiles y disfrutarlos, eso sí, en su justa medida. La primera vez que vi cómo tostaban los chiles en el comal (disco de metal sobre el que se calientan las tortillas o se tuestan los chiles) tosí tanto y con tantas ganas a causa del picante que huí de allí y me quedé sin ver cómo se preparaba la salsa, pero fue por un bien mayor: no morir ahogada. No todas las salsas llevan chiles asados, las hay con chile crudo o cocido.

Por muy variada y deliciosa que sea la gastronomía del nuevo lugar y seamos de donde seamos siempre echamos algo de menos.

Una cosa sabrosa que me pasó es que me regalaron una “sopa de sobre” y cuál fue mi sorpresa al descubrir que era caldo gallego. Así como lo escribo, caldo gallego en sobre. El mundo es impredecible y sus innovaciones también. El caso es que este sucedáneo de caldo me supo a gloria. Yo pensé que esta idea era de un gallego agotado por la morriña de su tierra que, pensando en hacerles la vida más llevadera a los que estamos lejos, lo inventó. Porque somos así.