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Entradas para la categoría ‘Gran Bretaña’

La matanza

lunes, abril 14th, 2008

En la televisión, una productora intentaba defender la emisión de un programa de cocina en el que se documentaba una matanza en España. Aunque la matanza no tenía lugar en Galicia, inmediatamente sentí cierta necesidad de entender cómo se ve esta tradición nuestra fuera de nuestras fronteras.

Varias personas llamaron por teléfono a este programa de denuncia en directo. Todos se declararon indignados ante el hecho de que el programa se hubiera emitido antes de las 9 de la noche. “Estaba con mi nieto viendo la televisión y de repente apareció en televisión  un hombre acuchillando a un cerdo y una mujer removiendo la sangre caliente dentro de un cubo mientras una voz explicaba cómo esta sangre se utilizaría luego para cocinar”. Este es sólo un ejemplo de las críticas, centradas sobre todo en el hecho de que el programa se hubiera emitido antes de las 9 de la noche, la hora a partir de la cual la televisión británica entra en franja adulta. La mayoría de las protestas venían, eso sí, de esos telespectadores adultos.

En mi condición de gallega fuera de mi tierra, inmediatamente vinieron a mi mente no solo las imágenes sino también los sonidos y los olores de la matanza. Recuerdo vívidamente la llegada del ‘matador’, la reunión de los hombres, la colocación del banco, las órdenes de mi abuela, los chillidos de la víctima y el olor de la carne fresca. Recuerdo también cómo me horrorizaba esta tradición y me recluía en la casa a la espera de que todo se hubiera acabado. No me gustaba pero me parecía normal. Y, claro, lo que me gustaba luego era ver a las mujeres cortando profesionalmente la carne y, más adelante, el ritual de probar la zorza para los chorizos. Y aquí entraban más olores, como el del laurel utilizado para ahumar esos anhelados chorizos caseros.

Supongo que ante el debate sobre la conveniencia o no de enseñar una matanza en directo en televisión, lo que sentí fue la necesidad de defender una tradición que pronto será algo que cuentan los abuelos, también incluso en Galicia. Acepto las quejas en defensa de los niños, que quizás  pudieron encontrar un poco fuerte la imagen del cerdo muriendo. Sin embargo, no entiendo las quejas de los adultos ante una tradición que tenía como único objetivo conseguir la carne que había de alimentar a la familia durante el invierno. Demasiada hipersensibilidad. Yo prefiero saber de donde viene la carne de los chorizos y contar entre mis experiencias la de haber ayudado a mi madre y abuela a hacerlos.

Pulpo con alioli

viernes, abril 4th, 2008

Una voz en off mientras en la televisión se veían imágenes de la costa gallega explicaba que el viaje culinario por España había comenzado en Andalucía y tenía como último puerto la costa de nuestra tierra. Con mi taza de té entre las manos me acurruqué en el sillón expectante ante el programa que prometía traerme los aromas del hogar hasta Oxford. Pero enseguida comenzaron mis dudas sobre cómo de real sería la Galicia que la cocinera conductora del programa me iba a mostrar: “Galicia está al noreste de España” fue la frase que me puso en alerta.

A continuación, la cocinera y su compañero de viaje, un personaje que podríamos definir como aventurero (capaz de bucear para coger navajas o de cazar una cabra salvaje en los Picos de Europa) pescaron un par de pulpos e incluso se atrevieron a acompañar a unos percebeiros. Eso si, los marineros que los ayudaron en estas dos faenas se mostraron un tanto reticentes a probar el pulpo con alioli preparado por la cocinera inglesa a pie de playa.  Y es que la comida española les parece a los ingleses un poco sosa (ellos que están acostumbrados a salsas y especias de todas partes del mundo).

Y esa fue la parte del programa más difícil digerir para mi. Ver a la chef preparar un plato de lubina en filetes muy finitos pero crudos, con unas patatas cocidas por encima, alcaparras y una vinagreta con anchoas y muchísimo zumo de limón al tiempo que repetía una y otra vez que este es un plato muy típico de Galicia se me hizo, para que voy a mentir, un poco difícil.

Al final, mi noche de tele me dejó con cierto sentimiento de nostalgia y con el convencimiento de que transmitir nuestras costumbres no es tan fácil como parece y hay que aceptar la idea de que a nosotros nos parece maravilloso quizás es una nimiedad para el otro. A mí el pulpo que pesca mi padre y cocina mi madre me parece el mejor del mundo (pero ¿no decimos esto todos los gallegos?).

Las “vidas” de Londres

jueves, abril 3rd, 2008

Londres (Reino Unido): Entre 7,5 y 14 millones de habitantes (si incluimos el área metropolitana). El inglés es su idioma oficial, pero la diversidad de su población hace que se puedan escuchar más de 300 lenguas distintas en esta ciudad, la más poblada de la UE.


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Vivir en Londres te asoma al mundo. Londres es una ciudad hecha por sus habitantes: ingleses, irlandeses, originarios de las antiguas colonias como India, Bangladesh, Pakistán, Sudáfrica, Kenya, Hong Kong y las islas del Caribe; además de una gran comunidad procedente de África y de Australia y, por supuesto, de los países de la UE. Los latinoamericanos también se han asentado en la capital; con una afluencia creciente, sobre todo de brasileños. Todas estas gentes, culturas, etnias, clases sociales y vidas te hacen olvidar que eres de un sitio y querer ser de todos los sitios. Otras veces, sientes que la suerte ha estado de tu parte por haber nacido en este lado del globo.

Y hay quien pensará: “¿Diversidad? Para lo bueno y para lo malo”. Yo prefiero centrarme en el “para lo bueno”. Diversidad, lenguas y gentes. Como mis compañeros de trabajo. Como C., un colombiano que nació en un pueblo que no sale en los mapas, junto a la selva, no muy lejos del Pacífico, al que le gustaba ver muertos cuando era adolescente y se acostumbró a ver “soltar” en la plaza de su pueblo los cadáveres de los guerrilleros, a los que bajaban desde las montañas para que fueran reconocidos y enterrados por sus familiares; y que te lo cuenta tan tranquilo y te descubre que el realismo mágico magistralmente narrado por García Márquez no es un invento excepcional, es Colombia. Como S., pakistaní, que se va ahora a su tierra a casarse con una chica preciosa –los padres de ella lo “escogieron” para su hija y a ella le gustó, porque él también es muy guapo-. Muy jóvenes los dos, apenas se conocen, pero él dice que en Europa andamos al revés, que el matrimonio se construye durante el matrimonio, no antes. Y digo yo ¿por qué no? Aunque mis padres nunca han tenido muy buen gusto a la hora de presentarme “sin ningún tipo de intención” al hijo del vecino del pueblo, o de una prima, o de un amigo…

Creo que al final no somos tan distintos.  Sí es verdad que Londres no es la mejor ciudad para aprender inglés (de cualquier forma, desconfío de que se pueda aprender el inglés, o cualquier idioma, en unos meses). No obstante, en el esfuerzo por captar la lengua anglosajona se aguza el oído para otras. Así, llegamos a entender o chapurrar el italiano, el portugués, y hasta un poco de francés (¡vivan las lenguas latinas!).

También en Londres, aunque habrá quien me contradiga,  te sonríe la gente, y te saluda y es amable y educada; y le gusta hablar, incluso en el autobús. Malo, cuando una estaba recién llegada y no se enteraba. Pero bien, la clave está en intercambiar uno, o dos, o tres, sorry (perdone). Nos “sorriamos”  todos ­-que digo yo-, y sonreímos. Siempre una sonrisa. Aunque ya estemos en abril y aún no se vaya el frío.

La emigración de antes… y la de ahora

lunes, marzo 31st, 2008

Me gustaría empezar mi colaboración en Global Galicia repasando un concepto.

Emigrante: Que se traslada de su propio país a otro, generalmente con el fin de trabajar en él de manera estable o temporal (Diccionario de la Real Academia Española, RAE).

En esta definición encajaríamos todos, los que aquí escribimos, los que desde fuera de Galicia buscamos cada día, en este periódico, por ejemplo, una noticia que nos acerque a nuestro país, a nuestra región, a nuestro pueblo. Abuelos, padres, hijos. Y no es ésta, emigrante, una palabra dulce, no. Mucho mejor el término gallegos por el mundo, utilizado para este Blog. Y, aunque mi situación estaría bien descrita por el diccionario de la RAE, no siento yo que mis circunstancias vengan marcadas por lo que este vocablo ha significado.

Desde la experiencia de dos generaciones de verdaderos emigrantes en mi familia, esto en lo que estoy yo ahora, viviendo en Londres, fascinada con esta ciudad, añorando también, pero rodeada de comunicaciones, a una hora y media de Galicia, con suerte por la módica suma de 50 euros, y con algo más que una maleta entre mis manos, es otra cosa. Aprender o perfeccionar idiomas, estudiar, trabajar, hartazgo, amor, desamor, ambición, solidaridad, apertura, la tan mentada globalización, es lo que nos lleva ahora a muchos gallegos de mi generación a emigrar; yo diría, a salir de Galicia. No la pobreza, las guerras, las dictaduras… No hemos vivido aquella desesperación. Sigue sin ser un camino fácil, pero para muchos sí muy enriquecedor y excitante y, sobre todo, con la posibilidad de escoger. Aún así, compartimos todas estas generaciones de emigrantes gallegos las ganas de hallar “un futuro mejor” fuera de nuestra tierra.

Científicos como L. o como M., que en Londres y EEUU tienen más posibilidades de trabajo y más recursos para investigar; arquitectos como E. o como M., mejor pagados en el extranjero; estudiantes como L. o como R., que se han ganado la oportunidad de estudiar en universidades de prestigio mundial y vivir en Nueva York, eso sí, con una beca gallega; “nuevos” emigrantes como alguno de mis compañeros de bitácora; o como yo, que siempre estoy de regreso, pero nunca me quedo.

Tampoco son los mismos tiempos ahora que hace 50 y 60 años, no son los mismos tiempos en Galicia, pero tampoco lo son en “Las Américas” o “Las Europas”. Ya no se hacen “Las Américas”, ni “Las Europas”. Ya no vuelve nadie (o casi nadie) cargado de petrodólares. Ya difícilmente, con esfuerzo, podremos “aspirar” a una hipoteca. Ha cambiado nuestra ambición, que ahora es viajar más, ver más, aprender más. Y un salario no puede dar para todo.

También puede haber algo en lo que éstas, al menos tres generaciones desde mi experiencia, coincidimos: no es fácil hacer el camino de vuelta. Con lo claro que lo teníamos cuando partíamos, siempre con una idea de temporalidad, porque “para siempre” nunca se dice.

Vaya aquí un humilde tributo a los más de un millón de gallegos que habitan otras fronteras, y a los que están en Galicia y se preocupan por los que se han ido. A los que regresan y a los que no. Para todos, por igual, no es tarea fácil. A los “viejos” emigrantes sólo decirles: buen trabajo!

No vengas a Londres a aprender inglés

sábado, marzo 29th, 2008

Ahora que estoy en Londres, puedo hablar con propiedad sobre la ciudad.

 Capital de Inglaterra, sí. Centro de creación de tendencias y grandes eventos, sí. Lugar para que jóvenes españoles vengan a trabajar, sí. A aprender inglés, soberana estupidez, no.

Vamos a ver. Muchos son los jóvenes que vienen a Londres porque es la capital de la magnífica lengua inglesa. Bueno, en esta ciudad afamada por su BBC no pronuncian la H, como nos han enseñado en el colegio. Además el  presente de los verbos no lo conjugan gramaticalemente correcto. lo que a veces lleva a confusión si estan hablando sobre mi, sobre ti o sobre él. La gran variedad de cultural y razas que habitan Londres hacen incluir en la lengua palabras de origen africano, hindú y árabe que no puedes escribir en un examen.

Si nos centramos en los londinenses (con suerte que encontremos alguno de cepa), nos hablarán sin la mitad de las preposiciones y con una jerga rimada que debes aprender antes de llegar a la ciudad. Hablan bastante rápido y sin mucha alteración fónica, lo que lleva a un ignorante de su lengua a no entender ni papa, frustrarse, y volver para España porque no puede hablar para buscar trabajo.

El trabajo es muy sencillo de encontrar si sabemos inglés, pero no debemos olvidar que hay mucha gente que hace lo mismo que nosotros, por lo que no hay que dormirse en los laureles. Lo más gracioso es lo mucho que fastidian a los novatos cuando les piden el número de la segurial social, la cual no te darán si no tienes trabajo y en el trabajo no te pagarán sin una cuenta bancaria, que abrirás cuando tengas el número de la seguridad social. ¿Y cómo vas a encontrar trabajo si no tienes seguridad social porque no has trabajado antes en el Reino Unido?

La educación también da risa. Está llena de siglas que sólo un británico entiende, donde muchas veces ni los británicos saben lo que significan. He sudado mucho intentando entender cómo funciona el sistema educativo, y ahora que lo entiendo, también entiendo por qué muchos ingleses son zopencos y no estudian. Estos tienen mil ramas de estudio, y sus asignaturas son en plan: cine moderno; lingüísticas; moda; psicología…que se lían. Un BUP y un COU no tenía mucho que entender, materias globales para carreras globales, más o menos cercanas a la rama de estudios superiores que querías estudiar y se acababa el cuento. Pero en UK ya hay que empezar a saber la carrera exacta que vas a estudiar, para no tenerte vacilando demasiado tiempo.

El turismo;l os eventos; los conciertos, ¡ay los magníficos conciertos!; teatros…sí. Londres lo tiene todo, me atrevería a decir que es la Nueva York europea, pero hay que pensar que sólo los que tienen dinero pueden disfrutrar de todo eso y más. Los pobres tenemos que conformarnos con dos pintas en cualquier bar, que podría estar en cualquier otra ciudad de Inglaterra y dónde asistir a un evento no gratuito es algo que ocurre una vez cada tres meses.

No quiero dar una mala imagen de la ciudad, sólo la realidad hace de Londres una ciudad complicada de llevarla día a día sí no eres de esos con carreras que visten de traje. En el fondo Londres es  magnífico, yo venía de turista y me lo pasaba pipa….que de multarme por comer pipas hablaré en otra entrada.

Con grelos y albariño, sí

jueves, marzo 27th, 2008

Hacer las maletas y coger un avión el 25 de julio pasado fue fácil, la decisión estaba tomada desde meses atrás. La fecha elegida para cambiar Santiago de Compostela por Oxford también estaba elegida a conciencia. A R. y a mi nos gusta el simbolismo. Ah! R. fue la razón principal de mi mudanza. El resto del empujón vino de la mano del miedo a una vida demasiado cómoda, un trabajo demasiado conocido… y, al fin y al cabo, de un aviso de ‘pepito grillo’: “Ahora o nunca”.

La simetría de las que considero ya mis dos ciudades son claras: Universidad y turismo. Estas dos características me permiten también escuchar castellano en cada rincón de esta ciudad conocida por sus togas, sus bicicletas, sus bibliotecas, su Tolkien, su río, sus remeros…

La asimetría la pone mi vida profesional: de un trabajo en el que mis 10 años de experiencia lo eran todo, a una movilidad laboral que me está enriqueciendo. En poco más de seis meses he tenido tres puestos de trabajo totalmente diferentes, en sectores de lo más distantes, una iniciación al mercado laboral que ya me hubiera gustado encontrar en casa cuando dejé las aulas de la facultad.

A pesar de que había viajado a Inglaterra, y en particular a Oxford, de forma regular durante los dos años anteriores a mi mudanza, no creo que haya nada que te prepare para la inmersión en un país nuevo. Al menos, esa es mi impresión. La expectación, por un lado, y el choque con la realidad de no tener físicamente a amigos y familia a un toque de móvil fueron los territorios en los que me moví durante las primeras semanas en este que ahora ya llamo mi hogar.

Tengo que decir que en este tiempo de adaptación las cosas más tontas me han ayudado a sentirme cerca de casa y de los míos. El título de este comentario lo dice todo: grelos y albariño. Una gallega de Santiago, llegada a Oxford tres años antes que yo, me desveló el nombre de los grelos en inglés (¡quién iba a encontrar este término en los libros de texto!). Tras este hallazgo culinario, R. y yo disfrutamos de un cocido, con grelos y patatas ingleses pero con chorizo y lacón traído de Galicia, al vacío y en maleta. En cuanto al albariño, este es el vino que mis amigos y familia de adopción piden siempre que aparece en las cartas. Creo que es su forma de decirme: “queremos que te sientas en casa”. Y tengo que reconocer que lo consiguen.

Nunca creí que una copa de albariño o unos grelos cocidos pudieran hacerme sonreír como una tonta.