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Entradas para la categoría ‘China’

El samurai y los libros

sábado, junio 14th, 2008

El ocaso del samurai ((Japón, 2002)), de Yoji Yamada, una película maravillosa, de esas que te reconcilian con el mundo. Inicio de la época Meiji. Japón sufre una profunda transformación que llevará al país a modernizarse. Hablan un samurai pobre y viudo y su hija de diez años, mientras él corta bambú y ella cose a la luz del fuego, poco antes de acostarse.

 

Niña: El maestro dijo: “para gobernar un país de mil carros hay que prestar reverente atención a los negocios y a la sinceridad.”
Samurai: Kayano, ¿estás leyendo las máximas de Confucio? ¿Cuándo empezaste a leerlo?
Niña: A finales del mes pasado. El maestro de la escuela dijo que a partir de ahora las chicas también tendremos que aprender de los libros.
Samurai: eso está muy bien. Recuerdo que cuando era joven las leía una y otra vez. Sigue leyendo.
Niña: Padre, si sigo practicando la costura y llego a hacerlo bien, algún día podré confeccionar kimonos y ropa de verano, ¿verdad?
Samurai: mmmm.
Niña: Pero entonces, ¿de qué me servirá aprender de los libros?
Samurai: Bueno, nunca será tan útil como coser, pero ten en cuenta que estudiar los libros te da el poder de pensar por ti misma, y querrás saber más cosas. Y si piensas en ellas detenidamente llegarás a comprender, y te convertirás en un ser humano más rico. Aunque cambie el mundo, si tienes el poder de pensar siempre podrás sobrevivir de algún modo. Y esto es válido tanto para chicos como para chicas. ¿Me comprendes?
Niña: sí.
Samurai: Venga, sigue leyendo.

 

Los libros dan el poder de pensar, y el poder de pensar ayuda al ser humano a comprender, adaptarse y sobrevivir. ¿Hay mejor definición de la literatura?

 

No os perdáis la película.

Global Galicia, radios y periódicos

viernes, junio 13th, 2008

Parece que la historia de Diego Wang, mi alumno cocinero, ha gustado en Galicia. Es, desde luego, curiosa, y he de decirles que a Diego le ha encantado verse fotografiado, con su nuevo nombre español, en la edición ferrolana de La Voz.

Hoy, cuando volvía a casa después de una jornada agotadora, recibí la llamada de O tren do serán, programa de la Radio Galega: me habían enviado dos emails que ni había visto –el final de curso está siendo frenético– para que hablase de la historia de Diego. Siento no haber avisado en el blog, pero no me ha dado tiempo.

La entrevista ha sido muy simpática, y me han tratado de maravilla. De dos cosas me arrepiento, eso sí: la primera, no haber hablado en galego, aún habiendo estudiado el idioma en la Universidad, por miedo a cometer errores. La segunda, no haber citado Global Galicia, que nos une a tantos gallegos alejados de casa con nuestras familias, amigos y paisanos, y que da a mucha gente la oportunidad de expresar, en un ambiente amistoso y cálido, lo que uno siente cuando su vida se desarrolla lejos de todo lo suyo.

Así que aprovecho para agradecer a Carlos Agulló y a la Voz de Galicia la existencia de nuestro blog colectivo. Me encanta contaros mis andanzas, y me encanta también leer las vuestras. Global Galicia me acerca a mi tierra, y a muchas otras tierras desconocidas para mí, y permite –milagro– que desde ellas lleguen hasta mi puerta voces cercanas y amigas. Además, me divierto un montón leyendo los comentarios, siguiendo las discusiones, y a portando mi granito de arena a este proyecto que está dando que hablar porque lo hace gente que tiene algo que decir.

En fin, que estoy feliz de haberos conocido y de que Global Galicia crezca cada día. Espero que cada vez seamos más y que dure mucho, mucho tiempo.

Un abrazo a todos. Y otro de parte de Diego.

Foto de Diego Wang, mi alumo concinero

viernes, junio 13th, 2008

Queridos amigos:

 

Aquí una foto de Diego Wang, mi alumno cocinero, pasando por el wok los libros de español. La hice para la columna que Beatriz Antón, de La Voz edición Ferrol, dedicó a la futura aventura de mi alumno entre los peroles patrios. Como veréis, Diego tiene un buen sentido del humor. Es un tío grande.

Por cierto, ese que lleva es el pijama en el que me recibe cada mañana para aprender español, no es coña. Algún día hablaré de la falta de pudor de los chinos que, por cierto, a mí me parece maravillosa.

Foto.

 

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El surrealismo en las aulas

miércoles, junio 11th, 2008

El surrealismo ha llegado a las aulas. Acabo de terminar de corregir los exámenes de comprensión auditiva del 4º y último curso. El vídeo hablaba de Nápoles, su historia y su actual situación. He aquí tres preguntas y las respuestas que uno de los alumnos me ha dado:

1. P:¿Qué civilización fundó Nápoles? (Respuesta esperada: los griegos)

R: Napoleón

Quitando el hecho de que se considere a Napoleón una civilización en sí mismo, opinión que compartirían algunos historiadores, es interesante el sentido común del alumno. Napoleón fundó Nápoles, Colón fundó Colonia y Laura Ponte, Pontevedra.

2. P: ¿Qué mar baña las costas napolitanas? (Respuesta esperada: el Mediterráneo)

R: El mar Subterráneo.

El mar Subterráneo es un mar que baña costas sin que nadie se dé cuenta. Lo malo es en verano, porque hay que ser espeleólogo para darse un chapuzón. Hay muchas ciudades bañadas por el mar Subterráneo, como Madrid, La Rioja o Ávila. Lo que pasa es que nadie se da cuenta.

3. P: ¿Cuántos habitantes hay en Nápoles y alrededores? (Respuesta esperada: cinco millones)

R: Cinco mil millones.

Cinco sextas partes de la Humanidad viven en Nápoles y alrededores. Depende de lo que consederemos alrededor de Nápoles: Calcuta, por ejemplo, podría ser un alrededor muy alejado de cualquier otra ciudad. Todo el mundo sabe, por ejemplo, que Galicia son las afueras de Madrid.

Los mil millones que quedan viven en China, que no son alrededores de ningún sitio, sino todo centro.

Si no fuera poco con esto, el otro día fui a darle clase a Diego, mi alumno cocinero. Se había hecho una lista con todo el vocabulario aprendido en las dos clases anteriores. Daba gusto verla: ordenada, limpita, a cuatro colores… La repasé por si se le había escapado alguna letra o acento, pero estaba perfectamente copiada. Excepto en un detalle –pequeño, sí, pero inquietante–: junto a la palabra bed –”cama” en inglés–, no había escrito cama, sino Vulcanita.

¿Cómo ha dado Diego con tal palabra? ¿Ha sido fruto de una casualidad, de una revelación, o ha querido gastarme una broma? Desde que lo leí, estoy desazonado. Es demasiado surrealista, parece una puerta a otras dimensiones.

En fin, les dejo. Es tarde ya y mañana me levanto a las seis de la mañana. Me voy a la vulcanita a tener dulces sueños… O siniestras pesadillas.

Mi alumno el cocinero (cosas veredes…)

lunes, junio 9th, 2008

Tengo alumno nuevo. Llevo con él apenas una semana. Me llamaron del Insitituto Cervantes de Beijing para preguntarme si estaría dispuesto a darle un curso intensivo de 250 horas en apenas seis semanas. Tiene que viajar a España en cuestión de meses. Acepté.

El tío –Allen en inglés, aunque ha elegido Diego como nombre español– es chef en el Shangrilá, uno de los mejores hoteles de Dalian. Allí se encarga del restaurante occidental. Trabaja una media de doce horas al día por una miseria, y está feliz porque va a pasarse un año en España aprendiendo nuevas técnicas.

–¿Dónde? –le pregunto, en inglés, el primer día.

Él intenta responderme, pronunciando, en un idioma que no conoce, una palabra que no tienen ningún sentido para él:

–Abuli –dice. Y añade que cree que es a little famous.

–Ni idea –contesto. Pero Diego parece sorprendido de mi ignorancia. Se acerca al ordenador y me enseña una página web. Miro el nombre: El Bulli.

Así que mi nuevo alumno cocinero, un chaval de 28 años que duerme hacinado en una habitación con otros siete compañeros de trabajo, que gana un sueldo ridículo acambio de su esfuerzo, que nació y vive en un remoto rincón de China, se va a trabajar durante un año a otro rincón perdido del planeta, Cala Montjoi, en Roses, donde –quién lo diría– está el hoy por hoy mejor restaurante del mundo.

Así que dentro de unos meses, cuando un ajetrerado Ferrán Adriá le pida al aprendiz chino no sé qué nuevo y misterioso ingrediente para añadírselo a la cena, Diego contestará con palabras que yo le he enseñado en su cuartito de Manchuria, bebiendo el té que me ofrece cada día a las ocho de la mañana, cuando me lo encuentro en pijama y dispuesto a comerse el mundo.

¿No tiene la vida, en ocasiones, momentos sorprendentes? A mí me divierte un montón la idea de estar enseñándole a un futuro gran cocinero –quizá el primer chino en estudiar en El Bulli, qué se yo– palabras como cazo, espumadera o emplatar, que tan de moda está.

Qué cosas.

Ceísmos

miércoles, junio 4th, 2008

C. es uno de los profesores chinos del departamento de español. Habla castellano con soltura, aunque sólo ha pasado dos meses en un país hispanohablante. Su principal característica es, en mi opinión, una gran creatividad a la hora de usar el idioma, sumada al conocimiento de gran cantidad de vocabulario y a una memoria rápida pero inexacta. La mezcla de estos factores produce frases muy simpáticas. Os pongo algunos ejemplos:

1. C. me habla de un chico de la universidad que se mueve como una chica. Dice de él: “Es muy amenizado, pero no gay.” Os imagináis un cartel de Nochevieja? “Afeminará la fiesta la orquesta del pueblo”.

2. C. me dice que está enfadado con una persona. ¿La causa? “Se ha mentirado conmigo.”

3. C. y yo hemos quedado para hacer algo, pero a última hora me dice que no. Según sus propias palabras, “no tiene apetito de ir.”

4. No sé por qué misteriosos caminos lingüísticos, C. ha llegado por sí mismo a llamar a las galletas “galleticas”, como si fuera de la mismísima Murcia.

5. Un día C. lanzó esta inquietante afirmación: “Los taxistas, de noche, pueden peerse en cualquier parte.” “En España pueden hacerlo durante todo el día”, le contesté muy serio. “¿De verdad?”, me dijo. “¿Pueden peerse en la acera a cualquier hora?” C. mezcló apearse con pararse, y le salió lo que le salió.

6. Contádome C. una aventura de polis y cacos, me dijo que “la policía llamo a los esfuerzos“. “Que llegaron cansadísimos después del refuerzo llevado a cabo”, pensé.

7. Ayer, viendo los autobuses de bote en bote, a la hora en la que la gente sale del trabajo, comentó C.: “Los autobuses van llenos de gente porque es la hora de la puta.” Es difícil saber en qué consiste tal hora, pero seguro que si en España la anunciaran la gente también abarrotaría los autobuses para poder asistir. Luego lo intentó de nuevo: “Quiero decir la hora puta.” Bastante puta sí que es, si te la pasas apretado en un autobús con otros mil chinos.

8. A C., según me confesó ayer, no le gustan las verduras brutas. Yo pensé que a nadie le gusta ir a morder una zanahoria y que te parta la cara, pero C. aclaró rápidamente que las verduras brutas son las que no se cocinan.

También otras personas cometen de vez en cuando ceísmos. F., un alumno de primero, me dijo mientras cenábamos ayer que está leyendo un libro que le encanta, y que en una mañana ha leído más de 100 pájaros. Y a B., mi novia taiwanesa, le encanta ir a la tintontería.
En fin, quién me oirá a mí aprendiendo chino…

Día de la infancia

domingo, junio 1st, 2008

Hoy, 1 de junio, se celebra en China –y no sé, la verdad, en el resto del mundo– el día de la infancia. Vivo enfrente de un parque, y en cuanto me he asomado a la ventana y he visto el ajetreo de chavales, abuelos, papás y mamás y las atracciones –tengo debilidad por las ferias desde pequeñito– me he bajado con la cámara de fotos a disfrutar del día del niño como un ídem.

Lo primero que me ha llamado la atención ha sido la importante cantidad de niños tuneados. Normal. ¿Hay algo más divertido que disfrazarse? Yo me pasé la infancia embutido en un traje del Zorro mucho antes de que Antonio Banderas lo rescatase del olvido. Esta niña, por ejemplo, va vestida de coreana:

 

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Diferencias entre China y Occidente

miércoles, mayo 28th, 2008

Yang Liu –en chino el apellido va primero– es una artista China. Nacida en beijing hace 32 años –madre mía, es de mi edad, y la de cosas que ha hecho–, vive en Alemania desde 1990. Estudió en Bristol y en Berlín y se ha convertido en una de las diseñadoras más importantes de China. En el 2004 fundó en Berlín su propia empresa, Yan Liu Design. En su página web, http://www.yangliudesign.com/, podréis encontrar más información y fotografías de algunos de sus diseños, que a mí me parecen muy buenos.

Si hoy traigo a Liu aquí es por una serie de dibujos que hizo hace algunos años para intentar expresar, de manera esquemática, algunas diferencias que ella aprecia entre su país natal y el de acogida. Procuran ser una forma objetiva, y no crítica, de contemplar ambos mundos. De ahí la elección de muñecos como los de las señales de advertencia. A la izquierda, y en azul, dibujó la versión europea de cada concepto. A la derecha, con fondo rojo, la china. Aquí los tenéis:

1. Opinión (creo que los gallegos entramos en el recuadro rojo, si hacemos caso a los tópicos, en general malos consejeros):

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Corrupción

lunes, mayo 26th, 2008

La he vivido en España. La he vivido en Italia. Y la semana pasada me toco vivirla en China en una forma que hasta ahora desconocía de forma directa.

Es inútil intentar aclarar si la corrupción se da con más frecuencia en tal o cuál país. Cuando en España nos creemos a salvo de semejante plaga saltan a las páginas de los periódicos noticias sobre políticos nepotistas o especuladores, o sobre redes de policías aficionados a la extorsión, de esos de la cicatriz en la mejilla y la frente de búfalo de las películas sobre la mafia de Chicago, pero en versión patria y casposa.

Y eso es, precisamente, lo que me tocó experimentar hace apenas unos días. En China, las cosas se están poniendo para los extranjeros claramente más difíciles de lo que estaban. Si antes se extendían permisos de trabajo por tres meses, ahora es poco frecuente conseguirlos de más de uno. Si los visitantes ociosos entraban en el País del Centro (eso significa Zhong Guo, China en chino) con relativa facilidad gracias a la carísima campaña de promoción turística que ha llevado a cabo el Partido los últimos años, las medidas se están endureciendo. M., mi compañero mexicano, ha tenido que escribir una carta en español y en chino y enviarla a la embajada de China en México para que su hermano pueda venir a visitarle este verano. La malísima prensa internacional –injusta en buena medida– que ha sufrido la actuación china a raíz de los sucesos del Tíbet ha metido el miedo en el cuerpo a los dirigentes. A escasos dos meses y medio de las Olimpiadas, se temen disturbios, protestas organizadas e intentos de dejar en evidencia las carencias que organizaciones como Amnistía Internacional han sacado a la palestra.

Así que los policías se dedican a ir casa por casa buscando extranjeros para que nos demos de alta en la comisaría de nuestro barrio. El otro día, en el portal de mi edificio, un agente alto, de cara roja y poco amistosa, me agarró de la manga y me pidió el pasaporte de muy malas maneras. Se lo enseñé, y me emplazó en su oficina al día siguiente para formalizar mi situación. A pesar de que no tenía nada más que decirme, me retuvo más de veinte minutos, en los que se dedicó a hojear mi pasaporte. Qué buscaba no lo sé, y me parece que él tampoco lo tenía claro. Supongo que es divertido detener la vida de alguien por un rato solamente porque le apetece a uno.

Al día siguiente, después de comer, me planto en la comisaría con el pasaporte, el Carné de Experto, el contrato de la universidad, el contrato de alquiler y el dueño de mi piso, W.B., un hombre de unos cuarenta años que hasta ahora me ha tratado mejor que bien. Nos sientan a los dos con mi amigo el madero de la sonrisa imposible, saco los papeles y empieza entre él y W.B. una conversación en mandarín que me empeño inútilmente en seguir. Al rato, W.B. se dirige a mí en chinglés y me dice que tiene que subir al segundo piso a hacer unos papeleos. Asiento y me quedo solo con el sargento cararroja. El hombre apaga un pitillo, enciende otro, revisa el pasaporte durante otros cinco minutos por si el día anterior se le había pasado algo por alto a su sagaz mirada, apaga el pitillo a medio fumar y enciende uno nuevo, me mira, me pregunta en chino cosas que no entiendo, se ríe de mala gana –¡milagro!– cuando le contesto que no sé chino, vuelve a hojear el pasaporte con muy poco cuidado, y encuentra por fin una pregunta que puedo entender.

–¿Por qué fuiste a Taiwán?

–Mi novia es taiwanesa.

–¿Por qué fuiste a Taiwán? ¿Entiendes lo que digo?

–Mi novia es taiwanesa.

–¿Te gusta Taiwán?

–Me gusta mucho.

–¿Crees que Taiwán es China?

–Sí, Taiwán es China.

–¿La gente en Taiwán creen que son chinos?

–Muchos sí lo creen.

–¿Tu novia lo cree?

Empiezo a ponerme verdaderamente incómodo. La habitación está llena de humo, la puerta cerrada, el policía adopta un tono más que insolente, el tema es muy delicado y la pregunta demasiado personal.

–Sí, ella piensa que Taiwán es China.

–No me gusta que hayas ido a Taiwán. (Silencio). No me gustan los extranjeros (utiliza la expresión Lao Wai, forma despectiva. Me echa el humo a la cara descaradamente. No sé qué decir ni a dónde mirar). Entraste en China el 4 de mayo. Tenías que venir aquí al día siguiente para avisarnos de que habías llegado. Tienes que pagar 500 yuanes (50 euros) por el retraso.

Saco el dinero, que llevo encima porque esa misma mañana he ido al banco. Se lo doy. Se ríe a carcajadas. Fuma y me mira con calma. Tarda en contestar.

–500 yuanes por cada día que te has retrasado. (Saca una calculadora). Son 8.000 yuanes (800 euros).

–¿8.000?

–Sí, 8.000. Me los tienes que dar. Los Lao Wai tienen dinero. ¿Es un problema para ti?

–No tengo ese dinero.

–¿No lo tienes? ¿No lo tienes? (Duda un momento, echa la ceniza en el cenicero). Dame entonces 4.000.

De repente lo comprendo todo. Hasta ese mismo instante me había creído lo de la multa, aunque la cantidad me pareciera excesiva, pero lo que en realidad estaba intentando el agente Nicotina era sacarme los cuartos con malas artes. Pensé que lo mejor era hacerme el loco, abusar del Tin bu tong (no entiendo) y hacer tienpo hasta que W.B. volviera al despacho. Y funcionó, a pesar de que sospecho que lo de mandarle a otra ventanilla formaba parte del paripé. En cuanto mi casero regresó con nosotros, la actitud del policía cambió. Serio como siempre, evitó mirarme lo que duró la entrevista y no volvió a mencionar el dinero. Le conté a W.B., en chinglés también, lo que me había sucedio, y él, con cara de póker, me dijo que no me preocupara: si conseguía arreglarlo de chino a chino, la mordida sería muy inferior a 4.000 yuanes.

Y así fue. La cosa se quedó en unos cuantos cartones de tabaco que W.B, a pesar de mi empeño en ser yo el pagador, dado que mía era la infracción, compró como agradecimiento a la magnífica labor del desgraciado del agente. No quiso mi amigo –porque, a partir de ahora, además de casero, es amigo– que me metiera en esas aguas. “Déjamelo a mí –me dijo–. No es asunto de extranjeros.”

La verdad, aunque la aventura haya quedado en nada, pasé un mal rato en la comisaría. Siempre es desagradable encontrase acudir a casa de la ley y que la única ley allí sea la del más fuerte. Eso no quita, cuidado, que la gran mayoría de los agentes chinos se porten como tienen que portarse. He hablado del tema con muchos extranjeros durante esta semana y soy el único que ha tenido la mala suerte de encontrarse con un corrupto con todas las letras. Por lo demás, el resto de mi experiencia en China –he visitado hospitales, universidades, aduanas y otras comisarías además de esta última– ha sido siempre inmejorable y el departamento de la universidad donde trabajo es, de largo, el que mejor me ha tratado de todos los que conozco. Si es justo que cuente lo poco malo, lo es más que recuerde lo mucho bueno. La anécdota siniestra, ya se sabe, es siempre más llamativa, pero mi trato con las autoridades del país ha sido mayoritaria y abrumadoramente positivo. Y no nos hagamos los nuevos: no hace falte venirse a China para encontrarse un sinvergüenza de tomo y lomo, que nuestro producto típico es reconocido internacionalmente y no tiene nada que envidiarle a la yakuza japonesa.

Y ustedes, los del exilio exterior y los del exilio interior, ¿han tenido alguna experiencia similar, en casa o fuera?

 

El corazón de Confucio

viernes, mayo 23rd, 2008

“Si siento en mi corazón que estoy equivocado, debo pararme temeroso aun cuando mi adversario sea el menos formidable de los hombres. Pero si mi propio corazón me dice que tengo razón, seguiré adelante aunque sea contra miles y decenas de miles.”

 

Toma ya. Lo dijo Confucio (551 A.C.). Pero qué grande es la cultura china.