La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas para la categoría ‘Andalucía’

Galicia y yo

lunes, mayo 26th, 2008

Antes de nada, disculpar el retraso en publicar un nuevo mensaje, pero he tenido bastante mambo en el trabajo y se me ha ido juntando de todo.

Hoy quiero hablar de mi experiencia gallega. Fue cuando decidí que quería ir a estudiar a Galicia a mis 18 años. Creo que hay gente que aún cree que lo hice solamente porque ligué con un chico de Santiago por Internet (que la verdad, tiró un poco) pero llevaba una temporada que mismo si no tenía problemas con la gente en Andalucía y tenía amigos, no sentía que acabase de encajar y decidí que retornando encontraría a gente más parecida a mí. La teoría no era mala, pero no tuve en cuenta muchos otros factores:

– No tenía muy claro que quería hacer con mi futuro (aún hoy en día tengo en mi cabeza mil cosas que podría estudiar y dedicarme).
– Mi padre ese mismo año iba a trabajar a Bélgica, donde trabajaría durante 4 años y mi familia se uniría a él el año siguiente.
– El jardín parece siempre más verde en la casa del vecino.
– Realmente, no me gusta tanto la química como creía.

Probablemente os estéis preguntando cuantas capulladas me han tenido que aguantar mis padres, la respuesta es: muchas.

Lo primero y más importante es que no vi algo realmente simple. Yo siempre he estado acostumbrada a que el otro lado sea el lado extrovertido que rompe el hielo, se acerca y entabla la conversación, algo muy común en Andalucía, donde la gente es muy extrovertida. En Galicia, la gente encuentro que son mas introvertidas a favor de una amistad más profunda, algo que me gusta mucho y siempre he aplaudido, peeeeeeeeero, cuando llegas a un sitio donde apenas conoces a gente y la mayoría actúan de la misma manera introvertida que yo, de repente todo parece complicado. No sabía como acercarme a la gente, y no es lo mismo estar un sábado por la noche de cachondeo que cuando son vecinos de residencia y uno se centra en los estudios.

Al principio lo pasé un poco mal, porque no sabía como acercarme a la gente. Eventualmente, tuve la maravillosa idea de ser yo el lado abierto y extrovertido. Nadie me lo dijo, pero creo que realmente asusté a algunos, especialmente por las caras que ponían de “¡Que hace la tía esta rara hablándome si no la conozco de nada contándome su vida!”. Después de la desesperación eventual, decidí pasar del tema e ir a los sitios y hacer las cosas por mi cuenta. Ir a las zonas comunes de la residencia y la universidad, salir y básicamente, hacer vida normal. Y fue entonces cuando poco a poco fui conociendo a la gente, por el roce, el día a día que las cosas fueron floreciendo a su ritmo y fue así que conocí a uno de mis mejores amigos después de ya casi 8 años.

En un tono más gracioso, recuerdo como todo el mundo te dice “Ay, pero en Galicia llueve mucho, ¿eh? “, así que te mentalizas de que va a caer el diluvio universal cada día. Ese año, me llamo la atención como mismo los gallegos se quejaban de como llovía, pero yo me lo seguía tomando en plan “Zen”. Resulta que fue uno de esos años con inundaciones por todo y que hacía como 55 años que no llovía de tal manera.

Al final le cogí gustillo al tema, pero llegó la conclusión inevitable que estúpidamente había decidido ignorar, aparte de que soy malísima en química, y es que con toda mi familia directa yendo a Bruselas durante varios años, tenía bastante poco sentido estar en la situación que estaba, aparte de no ser realmente sostenible mientras que estando en casa, los gastos de manutención y residencia los evitábamos, y además en Bélgica, tenía un mayor abanico de posibilidades que en España no tenía acceso por el límite de plazas. Así que finalmente bajándome del burro, dejé Galicia después de un año en el que aprendí muchas cosas y no solamente a nivel académico, pero del tipo que se aprenden cuando uno se quema la mano, tropieza con una piedra o de lo que uno no se da cuenta hasta que le dan una bofetada.

Pienso volver a Galicia, sé que volveré, pero cuando las circunstancias sean las adecuadas y haciendo las cosas bien.

Muchos bicos a todos.

El mirador del estrecho

martes, mayo 13th, 2008

Creo conveniente aclarar algunos conceptos esbozados en mi anterior colaboración, tales como el conglomerado de mares, continentes, nacionalidades y fronteras que yo citaba. ¿Es posible la existencia en la península de un punto en el que todo ese mosaico geográfico-político-administrativo sea abarcable de una sola mirada? Si uno se sitúa en un piso alto del Paseo Marítimo de Algeciras o de alguna otra población de la Bahía, en muchos lugares del litoral entre Algeciras y Tarifa o en algún punto de la carretera que une estas dos poblaciones, podrá contemplar un panorama excepcional, especialmente si es un día claro. Desde allí podrá divisar el Mediterráneo y el Atlántico, Europa y África, el litoral español, Gibraltar, el litoral marroquí y Ceuta. Dos mares, dos continentes, tres nacionalidades (española, británico-gibraltareña y marroquí) y cuatro fronteras (terrestre-marítima española, España con Gibraltar, terrestre-marítima marroquí y la de Marruecos con Ceuta). Una atalaya semejante difícilmente se encontrará en otro sitio de la tierra.

 Si, colocados en este mirador sorprendente, nos ponemos las “gafas de visión histórica”, podremos “ver” numerosos episodios trascendentales en la historia de España. Veríamos los puntos de desembarco durante los años 710 y 711 en Gibraltar y Tarifa de los musulmanes que se establecieron durante ocho siglos en España. Por aquí pasaron en los años veinte del siglo pasado los barcos procedentes de La Coruña y Vigo cargados con miles de gallegos para la guerra de África, gran parte de los cuales murieron en Anual, el Barranco del Lobo u otros desastres de esa guerra colonial. Contemplaríamos los puntos de embarque en Ceuta y los de desembarque en Algeciras, Tarifa y otros puertos cercanos del llamado “convoy de la victoria” con el que se inició en Julio de 1936 la guerra civil española. Y tantos y tantos hechos históricos, en muchos de los cuales hubo una presencia y protagonismo importante de gallegos.

 Si utilizamos las “gafas de visión biológica” podremos ver la extraordinaria actividad que tiene lugar por tierra, mar y aire. La aérea especialmente impresionante e importante para los ornitólogos en época de migraciones, en la que se pueden ver millones de muy diversas especies de aves en sus viajes de ida hacia África y de retorno a Europa. Durante esa etapa migratoria expertos y aficionados españoles y extranjeros se concentran para la observación y contaje en lo que llaman la “Operación Migres”, de la que sacan importantes conclusiones científicas sobre la evolución de estas migraciones, sus causas y consecuencias.

 Por mar es más difícil la observación de especies migratorias como el atún, que ahora en primavera pasan del Atlántico al Mediterráneo para realizar el desove en sus aguas más cálidas y que al principio del verano retornan ya con sus crías al Atlántico. Fenómeno observado ya desde antiguo por fenicios y romanos que desarrollaron actividades de pesca y salazón de estos grandes peces y con los que elaboraban el “garum”, excelencia culinaria muy apreciada en Roma, a donde se exportaba. Fue el origen de las almadrabas que ahora en primavera están colocadas para esta captura de túnidos en sus cuatro sitios tradicionales: Conil, Barbate, Zahara y Tarifa, las únicas de España. Más fácil de observar es la presencia de cetáceos, abundantes también en estas aguas, lo que ha dado lugar a la proliferación de empresas  dedicadas al avistamiento de delfines y ballenas.

 Desde la óptica del transporte marítimo vemos el agua del Estrecho como una superficie surcada por 100.000 barcos anuales, un paso crucial en el transporte marítimo mundial, la llamada “calle más transitada del mundo”. Desde el punto de vista ecológico, una amenaza permanente de contaminación que más veces de las deseadas se convierte en realidad. Ahora mismo se puede ver asomando la punta del puente del chatarrero New Flame, naufragado a un  km. de Gibraltar cargado con muchos miles de toneladas de chatarra.

 Desde una visión de solidaridad humana, esos 14 kms. de mar son una tremenda fosa marina, cementerio para millares de magrebíes y subsaharianos cuya desesperación les llevó a intentar la travesía en patera, en balsas neumáticas o en otros materiales más frágiles. Una tremenda y vergonzosa separación entre el primer y el tercer mundo, que podemos contemplar con la misma nitidez que desde La Coruña se ve Mera y Santa Cruz o Cangas y Moaña desde Vigo.

 Informativamente, una fuente inagotable, diversificada y globalizada de noticias. Algunas iré desgranando desde este blog de nuestra también globalizada Galicia.

Hércules, el Estrecho y La Coruña

miércoles, mayo 7th, 2008

Escribo desde un lugar desde el que diviso dos mares, dos continentes, tres territorios nacionales y cuatro fronteras. Este observatorio privilegiado del mundo no está en territorios lejanos, a miles de kilómetros de España. Está en la propia Península Ibérica, en el Campo de Gibraltar, a orillas del Estrecho. Del Estrecho de Hércules. Porque mi sino ha estado marcado por el “herculismo”: infancia, pubertad y gran parte de la juventud en la ciudad herculina, “la ciudad en la que nadie es forastero”. El resto de mi vida (ya no muy corta, ¡ay) a la orilla del Estrecho Hercúleo, tal como figura en muchos mapas medievales.

Esta doble vinculación biográfica al héroe mitológico trato de explicársela a mi nieta de cuatro años, que ya conoce la relación entre Hércules, las columnas, Gerión y la torre del faro más antiguo del mundo. En versión edulcorada, naturalmente, tolerada para menores de cinco años. De modo que mi nieta sabe muy bien que Hércules era un señor muy fuerte, muy fuerte, que tenía un amigo llamado Gerión a quien hacía mucho tiempo que no veía. Hércules vivía muy lejos, al otro extremo del Mar Mediterráneo. Gerión se había ido con su rebaño muy lejos, a orillas del “mar tenebroso”.  Hércules cogió su barco y se dirigió por el “Mare Nostrum” en busca de su amigo. Al llegar a las columnas, Calpe (Gibraltar) y Abyla (Ceuta), se encontró con que el mar se acababa, no se comunicaba con  el misterioso y tenebroso océano que se extendía al otro lado de las columnas. Era el final de la tierra, el “non plus ultra”. De modo que Hércules se agarró a las dos columnas y empujó muy fuerte, muy fuerte, la tierra se abrió y los dos mares se comunicaron. Este trabajo de Hércules fue tan importante que las dos columnas se incorporaron al escudo de Cádiz, de Andalucía y de España con la inscripción “plus ultra”. Porque ya no era el final, sino que ya el mar y la tierra se prolongaban más allá de las columnas.

Y pudo seguir la navegación en busca de Gerión, a quien  encontró en el “finis térrae”, en la Península Ártabra. Para celebrar este encuentro, los dos amigos decidieron erigir una torre, un faro y una ciudad, a la que llamaron Coruña. Por eso el escudo de la Coruña es esta torre y este faro.

-Abuelo, la calavera y los huesos que están debajo de la torre, ¿qué significan?

Las impertinentes preguntas infantiles, de difícil contestación. Porque ¿cómo le explico a una niña de cuatro años la intención verdadera del viaje de Hércules, la muerte violenta de Gerión y el significado de calavera y tibias cruzadas?

El caso es que en mis dos territorios vitales se ha desatado la “torremanía”. En La Coruña con un torrente de actos y eventos varios destinados a la declaración como Monumento de la Humanidad de la UNESCO. En el Estrecho con un monumento (con inscripción en inglés) en el extremo sur del Peñón, la columna de Calpe. Al otro lado con dos colosales estatuas de Hércules a la entrada del puerto de Ceuta (Abyla, la otra columna). Y en la Bahía de Algeciras se están levantando dos enormes y emblemáticas torres gemelas, las Torres de Hércules, obra del arquitecto De la Hoz, que pretenden ser los edificios más altos de Andalucía. Precisamente estos días se ha celebrado el ecuador de la construcción, la mitad de los 126 metros que tendrá finalmente.

 Quizá por tanta coincidencia biográfica un municipio de este Campo de Gibraltar tuvo la ocurrencia de nombrarme (a mí, un coruñés) como su Cronista Oficial en este territorio del Sur, hoy más herculino que nunca. Esta circunstancia y la apertura desde La Voz del faro abierto con este blog a la Galicia peregrina, a la Galicia Global, parece que me confiere algún tipo de obligación moral de colaboración. La asumiré enviando alguna crónica de y desde esta encrucijada del orbe, paso entre el primer y el tercer mundo, de este escenario plurifronterizo de múltiples episodios trascendentales de la historia de la humanidad y de España. Episodios en los que, por cierto, muchos gallegos tuvieron un protagonismo importante.