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AGATHA CHRISTIE Y LAWRENCE DE ARABIA EN EL HOTEL BARON DE ALEPPO.

Escrito por Angel Rumbo | Desde Munich
3 de junio de 2010 a las 20:46h

Cuando entré en el salon de desayunos del Baron Hotel, ELLA ya estaba desayunando. Dejó la taza de te con delicadeza sobre su platillo y extrajo con donaire un pitillo con boquilla extralarga.
Los diez brazos dorados de la lampara central y los cinco de cada una de las dos laterales resplandecieron timidamente ante sus provocaciones. Tenia los labios rojos como el rojo cereza intenso de los 5000 grados del infierno. Mi formación como agente secreto se diluía como un terron de azucar en un café caliente. Conociéndome, sabia que A ELLA le confiaría todos los secretos del servicio de inteligencia britanico con tal de tratar de llegarle a la superficie del corazón o aunque solo fuese a la capa mas externa de las meninges.
Para evitar tentaciones me puse en la mesa mas alejada del salon a pesar de que todas las mejor situadas estaban libres. No sirvio de mucho. No me habian servido el te cuando ELLA se aproximó lentamente y me dijo “me das candela joven?”.
Se me cayeron las cerillas, el mechero no aparecia y atusándome mi cabellera rubia me arranqué por peteneras y le espeté: “Ven y tomala en mis labios que yo fuego te daré. Me subi al caballo de alli me marché y fueron sus ojos dos lindos luceros de mayo p’a mi. Ojos verdes, verdes como la albahaca, verdes como el trigo verde y el verde verde limón! Ojos verdes, verdes! brillo de faca que se me han clavado en el corazón”.
Es evidente que mi reacción estaba fuera de lugar: Esta canción sobraba en la escena de espias y mataharis: Lo unico cierto era el Hotel Barón de Aleppo pero ni yo soy T.E.Lawrence ni ELLA es Laurence Bacall.
Ya para el desayuno elfuego bíblico de Helios de Aleppo me está jugando una nueva mala pasada. Vuelvo a la realidad al contemplar en la pared del fondo a Hafed el Assad en una foto de hace cinco lustros y me aseguro de no imitar a T.E.Lawrenc pagando religiosamente mi factura.
La unica comensal de la sala de desayuno sigue alli, ELLA no fuma, no tiene los labios rojos, solo es jovencisima y bellamente tocada de un panuelo gris musulman ultima moda que le dibuja una cara perfecta. Habla por el movil y de vez en cuando toma una aceituna negra o da un sorbito a su te sin leche.
Al subir a mi habitacion paso lejos de la 202 y me pongo de bruces contra el aire acondicionado funcionando al máximo: no se me vaya a ocurrir escribir una novela de misterio por inspiración de Agatha Christie, cuyo espiritu en turnos con el de T.E. Lawrence, todavia vaga insistentemente por este rancio y sin embargo carismatico hotel.

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