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Chile saldrá adelante

Escrito por Angeles Fernández Ramil | Desde Chile
5 de marzo de 2010 a las 4:33h

Cuando este blog se veía en serio peligro de ser capturado por inquietudes tanzaníes, me siento en la obligación de comentarles cómo se está viviendo en Chile el reciente terremoto que, con tsunami incluido, asoló el país el pasado 27 de febrero. En enero, había tenido lugar la segunda vuelta electoral, triunfando el candidato de centro-derecha, Sebastián Piñera lo que hace que, por primera vez en cincuenta años, este sector político llegue al gobierno. Sin embargo, luego de esa novedad, el verano estaba terminando “fome”. Es ésta una palabra muy chilena y que se usa para describir algo que es aburrido,  soso y sin gracia. Salvo el Festival de Viña del Mar, que cada vez está menos lucido y al que se insiste en invitar a estrellas que, si bien fueron exitosas en su tiempo, hoy vienen ya de capa caída (tipo Paul Anka), todos los chilenos se preparaban en el pasado fin de semana para volver a la rutina habitual del trabajo y de los estudios, ya que el inicio del año laboral propiamente tal comienza en estas latitudes el 1 de marzo de cada año.

Pero la naturaleza se encargó de cambiar este libreto repetido. La madrugada del sábado, todos, quien más, quien menos, vivió su propia pesadilla. Yo la viví en Santiago y tengo que agradecer que mi casa demostró ser más sólida de lo esperado. El terremoto, que se produjo a las 3:30 de la madrugada, aproximadamente, me sorprendió en pleno sueño. Mi habitación y mi cama se movían como un barco en medio de un temporal. Mi primera tentación, la tentación que pudiera tener alguien con altos niveles de inconsciencia y que no ha vivido nunca un terremoto, fue seguir durmiendo. Total, llevo ya la friolera de 25 años viviendo ininterrumpidamente en este país y cada cierto tiempo, la tierra tiembla y todos tratamos de seguir tan campantes. Al final, para seguir con sus vidas, los chilenos han desarrollado una percepciòn extrasensorial frente a los movimientos terráqueos, una sensibilidad especial que yo llamo “cultura sísmica” y de la que he tratado de apropiarme. Además, lleguè a Chile dos meses después del último terremoto, acaecido en 1985, donde pude ver la parte antigua de Santiago literalmente en el suelo. Santiago, en alguna de sus zonas, parecía Berlín despuès de la guerra. Por tanto, no había incorporado la experiencia vital de un terremoto. Pero no, no pude seguir durmiendo porque un armario entero de libros se me vino encima, tapando la salida de mi habitación. Con dificultad, traté de salir, saltando por encima de tanto libro, tomé a mi perro que ya está viejo y no acusó recibo del sacudón y volé a colocarme en el dintel de mi puerta. Mientras corría, escaleras abajo, pensaba aceleradamente en que no resulta del todo cierto aquello de que los animales pueden alertar las catástrofes naturales segundos antes. Dentro de mi total falta de dimensión de lo que pasaba, traté de fijar con una mano un plato de cerámica que tengo en la entrada, que recoge en imágenes El Quijote, comprado en la Plaza Mayor de Madrid. No quería que se hiciera añicos.

Luego de tres minutos interminables, todo pasó. Entré en mi casa. No había luz. A los pocos segundos, los vecinos ya habían salido y me estaban tocando a la puerta, preocupándose por mi situación. Uno, veloz, encendió la radio de su auto y ahí comenzamos a dimensionar, lentamente, la tragedia. Es casi seguro que todos uds. han tenido acceso a más información de la que yo poseo por cuanto recién acaba de llegar la luz a mi casa. Es por ello que no he podido ver, hasta ahora, las imágenes dantescas que los distintos canales de televisión han transmitido al mundo.

Por estos días, nos toca convivir con las llamadas “réplicas”. Se ha informado que pueden durar hasta dos meses. Ayer en la noche, por ejemplo, hubo una de 6 grados. Hoy, en la tarde, se reportó un pequeño sismo en el norte, grado 5, en Calama, hacia el interior y las autoridades se ocuparon de precisar que no tiene relación con el que asoló buena parte de Chile pero, en especial, las provincias del Bío-Bío, Arauco y del Maule. Algunas personas lo llevan muy mal y se paralizan cuando se produce alguna. Sin embargo, tendremos que tener temple y acostumbrarnos a lidiar con ello. Es muy importante que la vida sea retomada.

Estoy conmovida por el interés de tantos amigos y personas que están en distintos lugares del mundo, partiendo por los propios gallegos. Ya La Voz de Galicia me contactó. He hablado con el secretario ejecutivo del Lar Gallego en Chile, Francisco Bustos quien, de forma diligente, ya ha tratado de saber el estado de situación de la pequeña comunidad existente en este lejano lugar del mundo, en esta larga franja de tierra que está resultando tan movida. Me informó que no hay desgracias personales que lamentar, salvo derrumbes y desperfectos materiales en algunos lugares de trabajo. En todo caso, todo es perfectamente subsanable. Sin embargo, todavía no es del todo posible hacerse un cuadro de la situación que afecta a los que están en la zona centro-sur, debido a la precariedad de las comunicaciones.

Chile está acostumbrado a estos golpes. Tiene un triste récord: es éste, según dicen, el séptimo terremoto más fuerte de los que se han podido registrar en el mundo pero también tiene el primero, que se produjo en Valdivia, allá por los años 60. Por estos días, se discute mucho acerca de la lentitud de ciertas instituciones para tomar decisiones, para comunicar la alerta de tsunami, para coordinarse entre sí. Chile, con este desastre, también toma conciencia de sus propias miserias y de sus limitaciones, lo que incluye los saqueos y actos vandálicos que han viajado por las pantallas de muchos de uds. y que tanto nos han avergonzado. Es lamentable que esas imágenes no se compensen con otras que son más emocionantes como la enormes cadenas de solidaridad que han emergido, particularmente de jóvenes, que han viajado a la zona de la tragedia para entregar su entusiasmo y energía.

Pero es que Chile, en algún momento, y luego de su reciente ingreso a la OCDE, soñó que estaba más cerca de los “jaguares” asiáticos que de las raíces indígenas de este continente. Chile, o más bien su clase política, parece darle la espalda al barrio en el que está inserto y negar su condición. La élite política chilena peca de una cierta ansiedad por el estatus, lo que se refleja en su deseo de estar en rankings que la acerquen, de alguna manera, a los indicadores del primer mundo. ¿No ha hecho, acaso, méritos suficientes, mostrando una transición a la democracia ejemplar, índices importantes de crecimiento económico y una rigurosa disciplina fiscal?, ¿no ha mostrado ser Chile un país serio, que ostenta niveles de seguridad jurídica inéditos en la región y donde a ninguno de sus mandatarios se le pasaría la cabeza reformar la Constitución, para reelegirse? Efectivamente, todo eso es cierto. Acá no verán a ninguna autoridad decretando el no pago de alguna deuda o expropiando a mansalva. No señor, pero también es cierto que Chile, por momentos, se marea y se siente catapultado a ese mundo soñado. Esta tragedia viene a redimensionar nuestro verdadero tamaño y nuestra condición, donde si bien el país aguantó razonablemente un sismo de 8,8 grados, con un saldo relativamente bajo de víctimas para esa magnitud, también evidenció falencias dramáticas en el ámbito de las comunicaciones y de la construcción. Muchos edificios, así como también infraestructura pública, han demostrado no dar la garantía necesaria para resistir estos embates, en un país que ha sido tradicionalmente celoso de cuidar el carácter antisísmo de tus construcciones.

Además, este terremoto sorprende al país en un momento político raro, con autoridades que ya estaban con sus carpetas listas para ser entregadas a las nuevas, de un color político distinto, el próximo 11 de marzo. Bachelet ha sido cuestionada por su falta de agilidad en la toma de decisiones como fue decretar el Estado de Catástrofe. Ella, hija de un militar asesinado durante la dictadura; ella, que tiene estudios de defensa en Washington; ella, que fue la primera Ministro de Defensa de la región, fue acusada cuando era candidata de ser una “tapada” de los militares. A ello hay que sumarle lo que, quizàs cándidamente, confesó el actual Ministro de Obras Pùblicas: la dificultad, para la coalición gobernante y que luchó contra la dictadura militar, de posibilitar el ingreso de los militares nuevamente a las calles. Este talante dubitativo frente a la emergencia es comprensible, pero no justificable. Partió su gobierno enfrentando una huelga de estudiantes secundarios en el año 2006, que le dio a sus críticos el argumento perfecto para dudar de su autoridad. Termina su mandato, que se empinaba sobre el 80% de popularidad, con dudas semejantes, aunque más elusivas, como si una especie de fantasma la persiguiera, el fantasma de la falta de autoridad que, por lo demás, suele perseguir a las mujeres que ascienden a la más alta magistratura de un país.

Chile se pondrá en pie y saldrá adelante nuevamente porque los chilenos son (somos) sufridos y tenaces, aunque lo que sí está claro es que el ansiado salto al desarrollo para el cual quería prepararnos el Presidente electo, Sebastián Piñera, invitándonos a doblar el ingreso per cápita para acercanos siquiera a Portugal, tendrá que esperar un buen rato.

3 respuestas a “Chile saldrá adelante”

  1. Anton Rocafrey dice:

    hola Angeles:
    Espero que estes bien lo mismo tu familia y todos en general.
    Yo vivo en Panama y por aqui casi todos los meses hay algun terremoto que por suerte no han causado daños mayores, porque tampoco son tan fuertes, pero si, la sensacion es terrible, y mas como en el caso de ustedes ha sido tan fuerte.
    En cuanto a las autoridades chilenas se percibe algo raro eso de no querer ayuda externa y ahora se ve claramente lo mucho que lo necesitan, pero bueno asi son los politicos.
    Estoy muy de acuerdo a que el sr. este de Tanzania ya me aburrey creo que no es ni gallego.
    Saludos para todos .
    Anton

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  2. SOUSA-POZA dice:

    Angeles, si los chilenos hacen las cosas bien, esta catastrofe es tambien una oportunidad para doblar el ingreso per cápita: fue la segunda guerra mundial la que acabo con la gran depresion en los Estados Unidos.

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  3. José Regueira Ramos dice:

    Hola, Ángeles:

    Una alegría comprobar que, al menos físicamente, no te ha afectado el terremoto. Me alegro mucho de que lo hayas comentado aquí porque yo al menos (y supongo que otros blogueros “históricos”) me había acordado y preocupado por tí.

    Ánimo y un afectuoso saludo

    José Regueira

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