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A3F2S-59

Escrito por José Regueira | Desde el Campo de Gibraltar
30 de septiembre de 2009 a las 23:09h

            El título de este artículo, ciertamente extraño, no es un error. No se trata tampoco de un jeroglífico, de una fórmula química o de una nueva mutación del virus de la gripe A. Sintetiza mi profesión (mi auténtica y primitiva profesión), el año de mi titulación, la ciudad en la que la estudié y la facultad universitaria donde la cursé. Acabemos con la intriga: estas siglas significan Asociación de Antiguos Alumnos de la Facultad de Farmacia de Santiago, promoción 1959. Sé que será una sorpresa para muchos lectores y/o colaboradores de Global Galicia, que probablemente no sospechaban de la que ha sido a lo largo de mi vida mi verdadera y primitiva profesión. Las otras actividades que he realizado y realizo, más conocidas o intuidas (investigación histórica, colaboración en diversos medios, edición de libros) se han ido incorporando vocacional o pasionalmente como consecuencia del impacto que a un gallego como yo le produjo (y le produce) esta fascinante encrucijada de mares, continentes, civilizaciones, culturas y hechos históricos que es el Estrecho de Gibraltar.

 

          Tampoco sospecharíais que haya obtenido la titulación en el año 1959, hace nada menos que cincuenta años. Pero así es y éste es precisamente el motivo inspirador de este artículo y es también la causa de mi estancia estos días en nuestra tierra. Porque he venido a celebrar con mis viejos compañeros de promoción las Bodas de Oro profesionales. Con  algunas sorpresas: la primera, el tiempo. He dejado las cálidas tierras del Sur en plena preparación del aguacero que cayó coincidiendo con mi viaje y me encontré la normalmente gris y brumosa Galicia con un sol radiante y una fenomenal temperatura veraniega. Otras sorpresas me las ha deparado el interesante programa que la Asociación nos tenía preparado: visita a nuestra antigua Facultad en el edificio Fonseca, hoy sede del aula magna de la Universidad, al museo de la Catedral y, sobre todo, visita a los tejados de la misma. Nunca hubiese sospechado los impresionantes tejados de gruesas losas de granito gallego que sustituyen a las tejas y menos la facilidad y naturalidad con la que un grupo de septuagenarios (pero juveniles de espíritu) nos desplazamos por encima de estos tejados catedralicios. Por cierto, desde lo alto de estos tejados pétreos se divisan los de alguno de los edificios de esa polémica Ciudad de la Cultura, que también llevará pétreos tejados…traídos (previo pago de 8,5 millones de euros) nada menos que de Minas Gerais, en Brasil. Con toda la razón los prestigiosos profesionales gallegos de la piedra han puesto el grito en el cielo compostelano. Y no precisamente para elevar plegarias al Apóstol.

 

          La sorpresa mayor la supuso el conocer que en esos pétreos tejados tuvieron su vivienda durante muchos años los campaneros de la Catedral y que allí tenían hasta gallinas. De modo que cuando alguna de estas aves de corral/tejado caían al vacío la gente atribuía a un milagro el hecho de que lloviesen gallinas “del cielo”. Una especie de moderno maná para paliar el hambre del frecuentemente famélico peregrino.

 

          Particularmente para mí supuso un fuerte contraste salir de la cuna de Almanzor y reencontrarte con Santiago Matamoros presidiendo tanto lo más alto del altar de la Catedral como el palacio de Rajoy, en la fachada de enfrente del Obradoiro. Almanzor, nacido en la Cora musulmana de Algeciras, tiene desde la celebración del milenario de su muerte en 2001 una estatua en esta ciudad del Estrecho que no recuerda su innegable faceta de azote del cristianismo, sino la otra que le atribuyen los modernos historiadores de promotor de las artes y las letras en la Córdoba musulmana del siglo X. De modo que lo representan con un libro en la mano. Claro que Santiago nada tiene que agradecerle a quien en el año 998 la visitó no precisamente para ganar el jubileo sino para arrasarla como símbolo del cristianismo hispano que era. Y, como nos recordaba la guía en nuestra visita, para llevarse el extraño (y pesado) souvenir de las campanas de la Catedral. ¿Dejaría en el paro al campanero de las gallinas? Quien no está en paro es el guía marroquí que en Fez me explicó que las impresionantes lámparas campaniformes de su mezquita son las antiguas campanas de Santiago.

 

          Supervivientes de la triple prueba afectiva (triste y sola hemos dejado Fonseca, ahora como hace medio siglo), gastronómica (hemos hecho honor a los frutos galaicos marítimos y terrestres, con sus vinos y licores correspondientes) y física (alpinismo por las altas cumbres catedralicias), nos hemos despedido con una cita: las bodas de platino. Todos aquí: mismo sitio, misma hora… dentro de otros veinticinco años.

3 respuestas a “A3F2S-59”

  1. Kim Basinguer dice:

    Que maravilla, me encantan los reencuentros,llevan mucho emoción y mucha esperanza.

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  2. Ricardo dice:

    Feliz aniversario.

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  3. José Regueira Ramos dice:

    Gracias por vuestra felicitación. Ha sido una nostálgica alegría el reencuentro con viejos compañeros… y una cierta pena comprobar la ausencia, por una u otra causa, de la mayoría… Y es que cincuenta años dejan su huella. Pero gracias a GG y otras colaboraciones y actividades similares, se van llevando dignamente.

    Un afectuoso saludo

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