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Freidores de pescado de La Estrada en Andalucia

Escrito por José Regueira | Desde el Campo de Gibraltar
22 de julio de 2009 a las 22:12h

            Es admirable el ingenio que el gallego ha desplegado para abrirse camino en la vida venciendo las dificultades que el minifundio, la dispersión geográfica, el caciquismo y otras circunstancias adversas le han impuesto especialmente en el medio rural. La emigración intrapeninsular primero, a América a partir del siglo XIX, a Europa o a otras regiones españolas en el XX ha sido la salida más tradicional y una sangría demográfica todavía no interrumpida. Pero el paisano gallego se ha “inventado” otras actividades que, dentro o fuera del territorio regional, de forma estable o adoptando actividades que le obligaban a una vida nómada, le han permitido vivir solventando la sobrepresión demográfica sobre el territorio regional. El caso de los afiladores de Nogueira de Ramuín y otros municipios vecinos es paradigmático. No menos sorprendente es la especialización de la parroquia carballinesa de Arcos en la elaboración del pulpo a la gallega que no en vano se llama también “pulpo a feira” porque la han llevado por ferias, fiestas y mercados hasta convertirlo en una atracción casi imprescindible de estos eventos. También es llamativo el número de cocineros del municipio pontevedrés de Soutomaior repartidos por España, muchos de ellos en algunos de los mejores restaurantes nacionales.

 

            Yo hoy quiero hablaros de una manifestación más del ingenio gallego poco conocida. Sus “inventores” pertenecen a un municipio muy concreto, La Estrada y, dentro del municipio, a unas parroquias muy determinadas de las nada menos que 52 que tiene este municipio y especialmente a una de ellas: la parroquia de Ancorados. También es muy concreto el territorio elegido para crear y desarrollar su “invento”: Andalucía occidental, especialmente el litoral de la Andalucía Atlántica y, muy especialmente, Cádiz y su provincia. La materia prima es el pescado y el proceso culinario es la fritura. Cuando yo llegué a Andalucía la gente me expresaba su certeza de que en Galicia habría muchas y buenas freidurías de pescado porque aquí había muchas y todas, sin excepción, eran de gallegos. Y además de La Estrada. Algo sorprendente. ¿Alguien de vosotros ha conocido alguna vez en Galicia una freiduría de pescado? Yo ni la conozco ni la he conocido.

 

            No hay certeza de la época a que se remonta la presencia de estos freidores estradenses en Andalcía. En algunos comentarios he leído que se inició en el siglo XIX. Era una emigración en cadena, en que unos estradenses iban trayendo a sus parientes y vecinos más jóvenes y así sucesivamente. Hoy ni los más antiguos pueden asegurar desde cuando se inició la cadena, que se remonta a tiempos inmemoriales, según alguno de ellos me ha manifestado. Estas freidurías hasta mediados del siglo pasado solían ser puestos muy modestos ubicados en portales de casas, con instrumental muy elemental y los pescados fritos, normalmente especies baratas, se expendían en unos cartuchos de papel para ser consumidos en casa, en la calle o en bares próximos. Luego se han ido perfeccionando, estableciéndose en locales independientes o adjuntos a bares para terminar integrándose en bares o restaurantes. Quedan todavía muchas de estas familias o sus descendientes dedicados a labores de hostelería. Y otros miembros de ellas integrados en la sociedad en las actividades más diversas.

 

            Algunos de estos freidores venidos de niños a Andalucía llegaron a tener restaurantes de prestigio. Tal es el caso de “Pepiño”, un popular personaje de Cádiz en los años cincuenta a setenta del siglo pasado, propietario del Restaurante El Anteojo, que era el más importante de la ciudad. El caso más llamativo quizá sea el de José Castro Bascuas, famoso no precisamente por su prosperidad en el negocio, ya que pasó serios apuros económicos. Su caso fue sonado por una sorprendente circunstancia familiar. Nacido en Ancorados en 1875, emigró a Sevilla donde ejerció de freidor. Se casó con una salerosa malagueña, Sebastiana Navarrete, con la que tuvo doce hijos. Pasaron muchos apuros que una de sus hijas, Estrella, una niña que heredó la gracia de su madre, trataba de paliar cantando por los bares y calles sevillanas donde recogía algunas perrillas que llevaba a casa para paliar la pobreza familiar. Esta niña creció, siguió progresando en el arte y se convirtió en una primerísima figura de la canción española: Estrellita Castro. No deja de ser curioso que la máxima figura de la canción andaluza (y española) de la época sea hija de un freidor estradense de Ancorados. Y que lleve un apellido tan inequívocamente gallego.

 

            Paralelamente a los estradenses y coincidentes en el tiempo y en el espacio se fueron trasladando  a los puertos andaluces, Cádiz y Huelva especialmente, numerosos barcos pesqueros de La Coruña, Vigo y de puertos de Barbanza y El Morrazo principalmente. Con ellos vinieron numerosísimos pescadores y marineros integrantes de sus tripulaciones, muchos de los cuales acabaron instalándose en el Sur a donde se trajeron sus familias. Hoy sus hijos y nietos forman un importante colectivo galaico-andaluz. Una hija de uno de estos marineros es Esmeralda Broullón, licenciada en Antropología y doctora en Historia, cuya tesis doctoral, que obtuvo el premio extraordinario del doctorado en la Universidad de Cádiz, es un magnífico estudio etnográfico sobre la inserción social de estas familias procedentes de parroquias rurales de municipios costeros gallegos. En una próxima entrada hablaré de este importante y poco conocido capítulo de la emigración gallega.

 

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