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Diario de verano IV

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
12 de julio de 2009 a las 13:45h

Ayer, en una churrascada, discutí con mis amigos sobre los llamados “tópicos nacionales”. Todo empezó porque algunos de ellos estaban de acuerdo en que los andaluces son más vagos que los gallegos, y otros –los menos– decíamos que hablar en general de un grupo humano determinado no es justo y además no sirve para nada. ¿Son, en verdad, TODOS los andaluces vagos, TODOS los catalanes agarrados y TODOS los madrileños chulos?, preguntábamos. No, no todos, nos contestaban, pero sí en líneas generales (sean lo que sean esas líneas generales, primas del “ojo del buen cubero” y del italiano “grosso modo”).

El caso es que a todos, incluído a mí que lo critico, nos resulta prácticamente inevitable hablar por generalizaciones. El hombre abstrae para conocer. Siempre que vuelvo a España y me preguntan cosas sobre Taiwán, acabo explicándome del mismo modo: “pues los taiwaneses son… y los chinos eran… y los españoles… También cuando estoy allí y nos juntamos un grupo de españoles acabamos generalizando: es la manera más práctica de poner en común experiencias, de intentar comprender lo que nos rodea. Pero cuidado: también es la manera de desahogarse, de juzgar lo que no entendemos, y de proyectar las características que consideramos negativas en otros grupos humanos diferentes al nuestro. Por eso nunca decimos: todos los catalanes son simpáticos, todos los madrileños generosos, todos los aragoneses hospitalarios. Las generalizaciones nunca funcionan en un sentido positivo. Curioso.

Hay dos cosas que vengo observando sobre este tipo de generalizaciones. La primera es que son relativas (lo que juega en contra de su veracidad). Es decir: cuando estamos en la aldea, son los de la aldea de al lado los que son tontos, o vagos, o ladrones. Sin embargo, cuando estamos en otra región de nuestro país y encontramos a alguien de esa aldea de enfrente lo percibimos inmediatamente como un hermano. Cuando salimos de España y nos vamos a Alemania, por ejemplo, o a Estados Unidos, y encontramos un español, aunque yo sea de Ferrol y él de Elche, también nos centramos más en nuestras similitudes que en nuestras diferencias –tenemos una lengua en común, una educación similar, el mismo gobierno, la misma tele, los mismos periódicos, etc–. Con los continentes sucede lo mismo: me encanta encontrarme europeos por Asia, y la primera vez que, volviendo de China, aterricé en Helsinki, me sentí en casa.

La segunda de las cosas que he observado es lo fácil que nos resulta generalizar sobre otros y lo difícil –e indignante– que nos parece que generalicen sobre nosotros. Los andaluces son vagos –y falsos, y tirando a ladroncetes– pero ¡qué injusto han sido los españoles de todos los puntos cardinales con los gallegos! Ya les vale, siempre generalizando sin fundamento sobre nosotros. Si es que nos odian, está clarísimo. Esta asimetría favorece la autocompasión de un modo bastante insano. Y es que ya he oído a gallegos, andaluces y manchegos quejarse de que su región es la más vapuleada del topicario nacional. Seguro que en otras partes también lo piensan.

Y es que, aunque todos lo hagamos –lo de generalizar, digo– conviene no creérselo ni lo más mínimo. Vale que lo utilicemos como herramienta de aproximación, pero interiorizar los prejuicios es nocivo para uno mismo y para las víctimas de los tópicos. Porque el único andaluz que conozco bien, un gaditano con el que viví en Italia, se sacó dos carreras mientras trabajaba y entrena para participar en el Iroman, la prueba deportiva más dura del mundo. Por cierto, es diabético. Un vago de tomo y lomo, vamos.

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2 respuestas a “Diario de verano IV”

  1. Paloma dice:

    ¡Hola Miguel! Ante todo, felices vacaciones. Es verdad que no es fácil evitar las típicas generalizaciones. Para mí, que trabajo con adolescentes, es a veces una batalla perdida pues a ellos les encantan y les ayuda a simplificar su ya de por sí simplificado mundo. Cuando los chicos están es su tercer año de español y pueden leer y entender casi cualquier texto sencillo, hacemos un ejercicio que se llama los tópicos sobre los españoles y sobre los alemanes. Reciben una lista de tópicos sobre los españoles y tienen que discutir si creen que es cierto o no. Luego una lista de tópicos sobre los alemanes (no todos negativos) y tienen que decir si creen que es verdad y si ellos mismos son así o cumplen el tópico. Aquí no falla, ellos siempre son la excepción. Después reciben una lista de lo que opinan los españoles sobre los tópicos alemanes después de haber vivido aquí (hecho por un grupo de profes) y lo que ellos opinan sobre lo que generalmente se piensa de los españoles. Siempre se forma una gran discusión y es divertido e interesante. A mis alumnos me los llevé a Madrid de intercambio y vivieron diez días en uan familia española. Luego volvimos a hablar de los tópicos anteriores y fue bastante productivo. También leí con ellos una vez un texto tuyo, aquél sobre “Viajar no sirve para nada”, adaptado a su nivel, y les pareció una reflexión muy sorprendente. Pero luego yo soy la primera que cae en generalizar y achacarlo todo a su manera cuadriculada de ser.
    Saludos,
    Paloma.

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  2. Miguel dice:

    Ni los catalanes son agarrados, ni los madrileños chulos, ni los andaluces vagos y agarrados.

    Los catalanes son las mejores mentes del mundo despues de los judios. Los madrileños son normales y corrientitos. Y los andaluces son precisamente muy trabajadores, y si no dile a tus amigos, los que dicen eso de que son flojos, que se vayan a trabajar a las calles de cordoba o sevilla, o al campo, con 45 graditos a la sombra (que lo que sale en los telediarios tipo: “hoy en sevilla rozaremos los cuarenta” no se lo creen ni ellos mismos, yo he visto con mis propios ojos en una ola de calor, 47 grados A LA SOMBRA.

    Un poquito mas de humildad y menos generalizar no está de más, y aun más cuando no conocemos el lugar ni sus costumbres.

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