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POLIGINIA Y EL MINOTAURO

Escrito por Angel Rumbo | Desde Munich
26 de junio de 2009 a las 13:59h

En estas tres últimas semanas he visto tantos personajes mitológicos en Creta que ya nada me sorprende. Cuando un nuevo Dédalo, Icaro o una Elena o Ariadna pasa a mi lado ni me doy la vuelta para mirarlos. Bueno esto era así, hasta que hoy tempranito me encontré con Poliginia. Estabamos en su tienda de curiosidades queriendo llevarnos de recuerdo una cerámica reproduciendo las tres edades de la mujer o el beso de Gustav Klimt y ni nos habíamos fijado en la dueña de la tienda que parecía normalita, con una cara muy bonita si, pero no media mas allá de metro y medio. Cuando nos oyó discutir en español por cual de las estatuas nos decidiríamos se acercó rapidamente a nosotros y después de presentarse nos dijo que era una apasionada de los toros que le gustaba la fuerza del animal, su bravura y como el hombre era capaz de dominarlo. A medida que iba diciendo esto iba creciendo cual Edith Piaf al Cantar en el Olympia “Ne me quite pas” y llegó a llenar todo el espacio libre que quedaba en su tienda atestada de estatuas y curiosidades varias, ahora era apenas metro y medio de ancho y el triple de altura. Le resbaló lentamente una lagrimita por la mejilla cuando nos comentó sin darle valor ninguno pero poniendo las cosas en su verdadero sitio en la historia que había sido ella y no Teseo la que lidió al minotauro. Con todo lujo de detalles nos refirió el relato aquella mujer inmensa habia tomado sobre sus espaldas la responsabilidad de anular al animal que no se comía a los y las virgenes que cada año le enviaban desde el continente, que barbaridad, quien a visto nunca, nunca, nunca a un bovino comer carne!!!, sino que gozaba de sus favores corporales. Con ella no pudo y me lo creo a pies juntillas cuando dijo dejarlo para el arrastre después del primer envite, como si de una Cristina Sánchez en las Ventas se tratase. Tras la faena y de casualidad pasaba por alli un tal Teseo que simplemente sacó el susodicho exangüe hombretoro del laberinto, naturalmente con ayuda de un ovillo de hilo que le dejó una mujer y dejó que se secara al Sol. Poliginia iba reduciendo su tamaño a sus fragiles proporciones ideales del principio a medida que su relato disminuía de intensidad al aproximarse el final. De nuevo con carita de ángel nos envolvió el busto de Jeane Hébuterne de Amedeo Modigliani y no una de las obras de Klimt. Si queréis verla esta en la tienda de cerámicas o elefteros en la calle androgeos 12 de iraklio. Ya nada de la mitologéa griega me sorprendía hasta que esta mañana me encontre a Poliginia.

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