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Amiguetes que traducen

Escrito por Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria)
4 de junio de 2009 a las 12:55h

¡Ah, el blog! Últimamente estoy tan ocupado que apenas me acuerdo de él, y cuando lo hago es para sentir una punzada de remordimiento. ¡Más de un mes sin escribir una línea! El fin de la primavera es un mal momento para los profesores. El curso avanza pacífico como un río, pero cuando llega a su trecho final se precipita en una cascada incontenible de pequeñas obligaciones: reuniones, preparación de exámenes, correcciones, alumnos nerviosos –generalmente los que no se han asomado por clase–. Los chicos del máster no me dan problemas, pero la clase de gramática, con sus 80 pasajeros, es un barco difícil de dirigir.

Si a eso se le suma una época complicada en lo personal y grandiosa en lo literario, apaga y vámonos. Y no menciono la literatura porque esté escribiendo una obra maestra, sino porque estoy leyendo cosas que me absorben. Jung, por ejemplo. ¡Qué descubrimiento! No puedo parar de leer y tomar notas, y en eso se me van los días. Pero hoy no escribo para hablar de esos asuntos, aunque también son literarios los que me traen por aquí. Vengo a presumir de amiguetes traductores.

El primero de ellos es ya un viejo amigo. Lo conocí en Coruña, estudiado la carrera. Después el destino nos separó, pero seguimos poniéndonos en contacto de vez en cuando: algún email, algún comentario en nuestros respectivos blogs. El grupo de amigos al que ambos pertenecíamos –aquellos fueron días divertidísimos, de grandes descubrimientos literarios, gracias a la guía de nuestro común profesor, David Pujante– no se reúne ya, pero el aprecio que siento por casi todos sus miembros permanece intacto.

Alfonso Cazenave –así se llama mi amigo traductor– era uno de ellos. Ahora es profesor del Instituto Cervantes en Varsovia. Siempre ha sido un tío interesante. No hace falta más que ver sus fotos para saber que es un artista. Pues Alfonso, decía, publicó hace unos meses la traducción del libro De camino a Babadag, del novelista polaco Andrzej Stasiuk, en la editorial Acantilado, ni más ni menos. Los que leéis conocéis de sobra la editorial: es una de las más importantes del panorama nacional, y tiene un catálogo de títulos espectacular. Así que me apetecía contároslo, porque estoy orgulloso de mi amiguete Alfonso. Yo me lo leo este verano sin falta.

El segundo de mis amigos traductores se llama Luis Roncero, y es una máquina. Lo conocí aquí en Taiwán, donde es casi una leyenda. Tiene mi edad, pero lleva estudiando chino desde la adolescencia. Algunos nativos me han dicho que, si cierras los ojos mientras habla mandarín, apenas puedes distinguir que se trata de un extranjero. Casi nada.Además, maneja con soltura el chino clásico y hace una tesis sobre alquimia interior taoísta, por lo que no solamente conoce el idioma, sino la cultura tradicional china. Es un gusto, en los días que corren, encontrarse con alguien que no estudia lenguas mayoritarias para hacer negocios…

El caso es que Luis, que también practica Taichiquan desde hace años, acaba de publicar, en la editorial Alas, la traducción de un clásico moderno sobre el tema. Se llama Taichi Tueishou, y el autor es Wang Fengmin (en chino, el apellido primero, no lo olvidéis), un maestro de las artes marciales internas. Cinco ediciones en cuatro años, lleva el librito en cuestión en China, así que si estáis interesados en aprender a mover vuestra energía o Qi, comprar este libro será un acierto seguro.

Lo dicho. Me encanta tener amigos que aportan su esfuerzo al enriquecimiento de la cultura española. Es un orgullo para mí poder recomendaros sus libros. Ninguno de los dos, estoy seguro, os decepcionará. ¡Compradlos!

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6 respuestas a “Amiguetes que traducen”

  1. Sousa-Poza dice:

    En el caso de individuos con dotes tan poco comunes como las de Luis Roncero, seguro que el Foreign Office, el MI5, o algun servicio oficial ingles ya le hubiera hecho “una oferta que no podia reusar”.

    Los espanyoles, si saben que existe, … como si no lo supieran. Que yo sepa, los Consulados espanyoles en el extranjero no tienen un registro de ciudadanos con aptitudes o en puestos de relevancia que de alguna manera pudieran serle utiles al Estado.

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  2. Alfonso dice:

    ¡Miguelito! Qué gracia, tanto tiempo sin saber de ti y me entero de que has escrito sobre mí… gracias, por cierto, al comentario que ha dejado en una de mis fotos Carlos Agulló, el que escribió la entrada de este blog que precede a la tuya, el cual ha llegado a mis fotos por medio del enlace que has puesto tú… ¡Qué lío!

    Pues nada, me alegro de saber que sigues bien y te agradezco la confianza al recomendar mi traducción. Advierto que Stasiuk no es nada fácil de leer, exige mucha colaboración del lector, pero creo que merece la pena. Si todo va como debería, en unos meses saldrá mi segunda traducción del mismo autor.

    ¿Qué pasó con Chinotopía? Con lo que me gustaba…

    Un abrazo enorme desde Varsovia.

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  3. agustin dice:

    Ah, caramba !!! ha de ser tortuoso para un escritor consuetudinario, que se dedica integramente a escribir dejar de scribir siquiera un día, porque escribir es como un vicio, quien lo adquiere no deja jamas. el escritor es como el politico, muere con la pluma.

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  4. Miguel Salas | Desde Taiwán (Antes desde Manchuria) dice:

    Pues sí, Avelino, el Sr. Roncero podría ser un espía de película.
    ¡Alfonso! Me alegro de leerte. Perdí la contraeña de tu blog y no puedo entrar. Chinotopía se llama ahora Isla Formosa y lo puedes encontrar en WordPress. ¿Pasas por Galicia este verano? Me encantaría verte y comentar la novela de Stasiuk. ¡Enhorabuena por la segunda traducción! Otro abrazo enorme desde Taichung.
    Agustín, jajajaja, Si te refieres a mí con lo del escritor consuetudinario, no escribo todos los días ni de lejos. ¡Ya me gustaría tener esa disciplina! Yo lo que soy es profe, y como mucho lector.
    ¡Un abrazo a los tres!

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  5. Kim Basinguer dice:

    Como admiro a la gente que habla idioma. Tomo nota de los autores Alfonso Cazenave, y el Sr Roncero.

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  6. Sousa-Poza dice:

    Pues ya ves, Kim: cuando a mi padre alguien le alababa a alguno que hablaba idomas, el siempre contestaba que el conserje del Ritz en Madrid hablaba aun mas. Y es que hay muchos que pueden hablar varios idiomas sin realmente saber decir nada en ninguno. El tener facilidad para idomas es un don, como poder caminar en la cuerda floja pero mas practico. Esta muy bien pero dice muy poco de la inteligencia o la sabiduria de una persona.

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